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1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

5 SEPTIEMBRE

1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

Ezequiel 8–11 constituye una larga visión.

El primer versículo de Ezequiel 8 indica que esta se produce exactamente catorce meses después de la primera visión del profeta y, por tanto, después de los trescientos noventa días en que estuvo acostado sobre su lado izquierdo censurando a las tribus del norte que ya estaban en el cautiverio, y durante los cuarenta en que lo hizo sobre el lado derecho, denunciando los pecados de Judá y Benjamín. En ese momento, ya había presentado sus credenciales como profeta, por lo que los ancianos de la comunidad en el exilio van a consultarle (8:1). Probablemente, les preocupan estas acciones cargadas de simbolismo y preguntan qué acontecerá a Jerusalén, si podrán volver a casa y cuándo.

Ezequiel no responde rápidamente. Espera y Dios le da otra visión, cuyo contenido transmite finalmente a los exiliados (11:25). En ella, ve algo de Dios en aspectos que recuerdan la del capítulo 1. Dentro de este mundo visionario, el Espíritu lleva al profeta a Jerusalén, cerca de la puerta norte. Allí, le muestra varios ejemplos horribles de idolatría y sincretismo.

Primero, ve al ídolo que provoca los celos de Dios (8:3–6). La puerta del norte era la utilizada por el rey y su séquito para ir al templo. El monarca, cuya responsabilidad es dirigir al pueblo con fidelidad al pacto, es el líder de la transigencia y el sincretismo, y Dios está celoso con razón, acorde con las condiciones de su pacto (véase Éxodo 20:1–17). Segundo, el profeta ve a setenta ancianos adorando a criaturas inmundas según el pacto mosaico, animales que no se podían comer ni tocar (8:7–13). Tercero, ve mujeres profundamente comprometidas con Tamuz (8:14–15). La adoración a este dios era un culto de fertilidad, que atribuía las cosechas abundantes a un dios que moría y volvía a levantarse. Algunos de sus rituales eran terriblemente promiscuos.

Finalmente, Ezequiel ve sacerdotes (ya que únicamente ellos podían estar entre el pórtico y el altar) dando la espalda al templo y adorando al sol, no solo amando a lo creado por encima del Creador (Romanos 1:25), sino violando el pacto (Deuteronomio 4:19), influenciados quizás por el dios sol egipcio Ra.

Las formas modernas de idolatría son diferentes, por supuesto. Seguramente, no hemos llorado por Tamuz. Sin embargo, ¿busca nuestro corazón cosas que ponen celoso a Dios? ¿Amamos algo sucio y prohibido? ¿Atribuimos el éxito a cualquier cosa excepto a Dios? Puede que no caigamos en los rituales de fertilidad, pero ¿no convierte nuestra propia cultura al sexo en un dios?

La adoración corrupta sustituye y relativiza invariablemente a Dios y acaba nublando la visión moral (8:17).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 248). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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