12 de julio

«Su reino celestial»
2 Timoteo 4:18
La ciudad del gran Rey en el Más Allá es un lugar de servicio activo. Los espíritus redimidos le sirven de día y de noche en su templo. Nunca cesan de cumplir la buena voluntad de su Rey. Siempre «descansan» en lo que a tranquilidad y ausencia de ansiedad se refiere; y jamás «descansan» en lo que tiene que ver con la indolencia y la inactividad. La Jerusalén de oro es el lugar de comunión con todo el pueblo de Dios. Nos sentaremos con Abraham, Isaac y Jacob en permanente compañerismo. Sostendremos elevadas conversaciones con la noble hueste de los elegidos, todos los cuales reinan con Aquel que, por su amor y su brazo poderoso, los llevó con seguridad al hogar. No cantaremos «solos», sino que alabaremos a nuestro Rey en coros. El Cielo es un lugar de victoria consumada. Cristiano, cada vez que consigas alguna victoria sobre tus concupiscencias, siempre que tras un duro batallar dejes sin vida a tus pies a alguna tentación, obtendrás un disfrute anticipado de aquel gozo que te aguarda cuando el Señor aplaste en breve a Satanás debajo de tus pies, y serás más que vencedor por medio de Aquel que te amó. El Paraíso es un lugar de seguridad. Cuando gozas de la plena certidumbre de fe, posees una prenda de aquella gloriosa seguridad que tendrás cuando seas un perfecto ciudadano de la Jerusalén celestial. ¡Oh Jerusalén, mi dulce hogar, feliz puerto de mi alma! ¡Gracias, aun ahora, a Aquel cuyo amor me ha enseñado a suspirar por ti; pero más efusivas gracias aún daré en la eternidad cuando te posea!
¡Oh célica Jerusalén!
¡Oh!, ¿cuándo te veré?
Tu gloria, que los tuyos ven,
¡oh!, ¿cuándo gozaré?
Al rey de gloria, mi Jesús,
allí veré reinar;
mi alma llenará de luz
en la Sion sin par.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 203). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.