“Volvieron a los suyos”

17 JULIO

Josué 24 | Hechos 4 | Jeremías 13 | Mateo 27

Cuando Pedro y Juan fueron liberados de su primer encuentro con la persecución, “volvieron a los suyos” (Hechos 4:23). La iglesia se reunió para orar usando las palabras del Salmo 2 (Hechos 4:25–26). Ellos entendían que el texto del Antiguo Testamento era palabra de Dios (“dijiste”) mediante el Espíritu Santo, en labios de David (4:25).

En cierto sentido, el Salmo 2 es un himno de coronación. No obstante, una vez más, vemos que la tipología de David es potente. Los reyes de la tierra y los gobernantes se reunieron en contra del Señor y de su Ungido (el Mesías) – de manera culminante cuando “en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste” (4:27). Estos primeros hermanos y hermanas en Cristo nuestros piden tres cosas (4:29–30): (a) que el Señor considere las amenazas de sus enemigos, (b) que ellos mismos puedan ser capacitados para hablar la palabra de Dios con denuedo y (c) que Dios hiciera señales milagrosas y portentos mediante el nombre de Jesús (lo cual, en su expectativa, puede querer decir “a través de los apóstoles”; cf. 2:4; 3:6 y ss.; 5:12).

Pero antes de presentar sus peticiones, estos guerreros de la oración, tras mencionar la malvada conspiración de Herodes, Pilato y el resto de ellos, se dirigen de manera calmada a Dios con una confesión eminentemente importante: “Ellos hicieron lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera” (4:28). Observa:

Primero, la soberanía de Dios sobre la muerte de Cristo no mitiga la culpa de los conspiradores humanos. Por otro lado, la maldad de su conspiración no tomó a Dios por sorpresa, como si él no hubiera previsto la cruz ni la hubiera planificado. El texto afirma claramente que la soberanía de Dios no se ve mitigada por las acciones humanas, y la culpa humana no se elimina al apelar a la soberanía divina. Esta dualidad se conoce a veces como compatibilismo: la absoluta soberanía de Dios y la responsabilidad moral del ser humano son compatibles. Esto es un asunto complicado, pero no podemos dudar realmente de que los escritores bíblicos enseñaron y presupusieron esta postura (ver meditación del 17 de febrero).

Segundo, en este caso es doblemente necesario ver cómo ambos hechos encajan el uno con el otro. Si Jesús murió únicamente como consecuencia de una conspiración humana, y no por designio y propósito de Dios, es difícil entender que su muerte es la respuesta divina a nuestra necesidad desesperada, planificada con muchísima anticipación. Y si la soberanía de Dios sobre la muerte de Jesús exonera a los autores humanos del acto, ¿no sería esto cierto en toda situación en la que Dios sea soberano? Si es así, ¿dónde está el pecado que necesita ser pagado por la muerte de Jesús? La integridad del evangelio depende de este elemento del Teísmo cristiano llamado compatibilismo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 198). Barcelona: Publicaciones Andamio.


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