18 JULIO

Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28
El relato de Ananías y Safira, cuyos nombres se encuentran en los registros cristianos más antiguos a causa de su engaño (Hechos 5:1–11) es perturbador en varios aspectos. A la iglesia primitiva ciertamente le pareció así (5:5, 11). Cuatro observaciones nos ayudan a focalizar los asuntos:
Primero, el avivamiento no garantiza la ausencia del pecado en una comunidad. Cuando muchas personas se convierten y experimentan una genuina transformación, cuando muchos son renovados y verdaderamente aprenden a detestar el pecado, a otros les atrae más verse santos que ser santos. El avivamiento ofrece muchas tentaciones para la hipocresía que serían menos potentes si el ambiente de la época fuera secular o pagano.
Segundo, el tema no es tanto la utilización del dinero que Ananías y Safira recibieron al vender una propiedad, sino más bien la mentira que dijeron. Aparentemente, algunos miembros estaban vendiendo propiedades y donando las ganancias a la iglesia para aportar a sus diversos ministerios, siendo uno de los principales la ayuda a los hermanos necesitados. De hecho, Bernabé era ejemplar en este tema (4:36–37) y le sirve de modelo a Ananías y Safira. Pero estos dos vendieron su propiedad, se quedaron con parte de las ganancias y fingieron estar dándolo todo. Esta alegación de santidad y autonegación, su pretensión de generosidad y piedad, fue lo verdaderamente ofensivo. Si no se le ponía un freno, fácilmente podría multiplicarse. Ciertamente, otorgaría posiciones de honor a personas que no las merecían debido a su conducta. Pero, peor aún, era una mentira rotunda en contra del Espíritu Santo – como si el Espíritu de Dios no pudiera conocer la verdad o no le importara. En este sentido, fue un acto supremamente presuntuoso, tan alejado de la fe genuina que se centra en Dios, que llegó a ser idolatría.
Tercero, otro elemento de este tema fue la conspiración. No bastaba con que Ananías cometiera este acto malvado solo. Actuó “en complicidad con su esposa Safira” (5:2); de hecho, la mentira de ella no fue meramente pasiva, sino activa (5:8), revelando un compromiso compartido para engañar a los creyentes y desafiar a Dios.
Cuarto, en épocas de verdadero avivamiento, el juicio puede ser más inmediato que en momentos de decadencia. Cuando Dios se aleja de la iglesia y le da rienda suelta al pecado multiplicador, es el peor juicio de todos; inevitablemente, acabará en un desastre irreparable. Pero cuando Dios responde al pecado con severidad rápida, se aprende la lección y la iglesia se salva de una desviación mayor. En este caso, un gran temor cayó sobre la iglesia y sobre todos los que escucharon acerca de estos sucesos (5:5, 11).
Escrito está: “El que va por buen camino teme al Señor; el que va por mal camino lo desprecia” (Proverbios 14:2).
Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 199). Barcelona: Publicaciones Andamio.