viernes 28 julio

Él (Jesús) les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
Juan 21:6-7
¡Es el Señor!
Lea Juan 21:1-14
Jesús resucitado fue al encuentro de sus discípulos al mismo lugar donde al principio los había llamado para que lo siguiesen. Se presentó a ellos en la orilla del lago de Tiberias, mientras pescaban.
Esto también puede suceder en nuestras vidas, amigos cristianos. Quizás, como los discípulos, estamos ocupados en nuestras actividades y pensamos que Jesús no tiene nada que ver con ellas; pero él viene a nuestro encuentro en nuestras actividades profesionales, sociales y familiares.
Sin ser reconocido, Jesús señaló a sus discípulos el lugar donde podían hallar peces. Escucharon el consejo y capturaron tantos peces que las redes se rompían. Esta pesca extraordinaria abrió los ojos de Juan, quien exclamó: “¡Es el Señor!”. Esto también nos puede suceder a nosotros, cristianos. A veces, en una situación incluso sin importancia, nos damos cuenta de que el Señor Jesús ha intervenido. ¡Nos ayudó, y nuestro gozo se despertó!
Jesús se dio a conocer no solo como el Señor, sino también como el servidor. Encendió el fuego y empezó a asar pescado para los apóstoles. Luego añadió algunos peces de los que ellos acababan de pescar y los invitó a comer. ¡Fue él quien los invitó a cenar!
Todavía hoy, Jesús nos ofrece sus recursos y quiere dirigir nuestras actividades. Aprendamos, en oración y escuchando su Palabra, a discernir su voluntad, a reconocer que él actúa y está presente en el centro de nuestra vida.
1 Crónicas 9 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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