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Tú coronas el año con tus bienes

1 de agosto

«Tú coronas el año con tus bienes».

Salmo 65:11

Todo el año y en cada hora de cada día, Dios nos está bendiciendo ricamente. Tanto cuando dormimos como cuando estamos despiertos, su gracia nos acompaña. El sol puede dejarnos una herencia de tinieblas, pero nuestro Dios nunca cesa de resplandecer sobre sus hijos con rayos de amor. Su bondad, como un río, fluye siempre con una plenitud inagotable como su propia naturaleza. A semejanza de la atmósfera, que constantemente rodea la tierra y está siempre pronta a mantener la vida del hombre, así la benevolencia de Dios circunda a sus criaturas. En ella como su elemento, viven, se mueven y son (cf. Hch. 17:28). Sin embargo, como el sol en los días de verano nos alegra con rayos más cálidos y brillantes que en otra estación, como los ríos en ciertas épocas del año se llenan por la lluvia, y como la misma atmósfera se carga de elementos más frescos, tonificantes y balsámicos que en los días pasados, así acontece con la misericordia de Dios. Tiene sus horas de oro y sus días de superabundancia, en los cuales Dios magnifica su gracia ante los hijos de los hombres. Entre las bendiciones de orden inferior, los gozosos días de la siega constituyen una época especial de gran favor. Es gloria del otoño el que en su tiempo la providencia nos conceda frutos sazonados en abundancia: es esa la estación de los cumplimientos; mientras que todo lo anterior solo había sido esperanza y expectativa. Grande es el gozo que produce la siega. Felices son los segadores que llenan sus brazos con la generosidad del Cielo. El Salmista nos dice que la siega es la coronación del año. Sin duda, estos beneficios requieren acciones de gracias; rindámoslas, pues, con profundas emociones de gratitud. Que nuestros corazones sean avivados; que nuestros espíritus recuerden esta bondad del Señor y mediten y piensen en ella. Alabémosle luego con nuestros labios y loemos, magnifiquemos su nombre, de cuya liberalidad proviene toda esta bondad. Glorifiquemos a Dios, ofreciendo nuestras ofrendas para su causa: una prueba práctica de gratitud es dar una ofrenda al Señor de la cosecha.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 223). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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