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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

“Más allá de lo que está escrito”

30 AGOSTO

1 Samuel 23 | 1 Corintios 4 | Ezequiel 2 | Salmo 38

En 1 Corintios 3, Pablo les ha enseñado a los corintios cómo no deben considerar a los siervos de Cristo. No deben ver a ningún siervo particular del Señor como un gurú del grupo, pues esto implicaría que los demás siervos son inferiores. Cuando cada grupo dentro de la iglesia tiene a su propio gurú cristiano, ocurren dos males: división innecesaria dentro de la iglesia y un paternalismo crítico que emite juicio sobre quién es digno de ser gurú y quién no. Pablo afirma que todo lo que Dios tiene para la iglesia en un Pablo o un Apolos o un Cefas le pertenece por derecho a toda la iglesia (3:21–22).

Al principio de 1 Corintios 4, Pablo pasa a instruir a los corintios sobre cómo sí deben mirar a los siervos de Cristo: como los “encargados de administrar los misterios de Dios” (4:1). La palabra traducida como “misterios” no se refiere a cosas crípticas que sólo puede entender la élite de los elegidos. En el Nuevo Testamento, por lo general se refiere a algo que Dios había mantenido, en cierta medida, velado, escondido o secreto en el pasado, pero que ahora ha revelado claramente en Jesucristo. En resumen, a estos “siervos de Cristo” les ha sido encomendado el evangelio: todo lo que Dios ha aclarado con la venida de Jesucristo.

Quienes han sido encargados de algo deben demostrar ser fieles a aquel a quien han de rendir cuentas (4:2). Por esa razón, Pablo sabe que no es tan importante la manera en que los corintios lo ven; de hecho, tampoco tiene mucho peso la manera en que él mismo se evalúa (4:3). Pablo entiende que lo importante es mantener una conciencia clara delante del Señor. Ahora bien, es posible tener clara la conciencia y aún así ser culpable de muchas cosas, porque la conciencia no es un instrumento perfecto, ya que puede estar mal informada o endurecida. La única persona cuyo juicio siempre es absolutamente correcto—y de suprema importancia—es el Señor (4:4). La conclusión de esto es que los corintios no deberían nombrarse a sí mismos jueces sobre todos los “siervos de Cristo” a quienes el Señor envía. Cuando él regrese, todas las cuentas quedarán finalmente claras. En ese momento, dice Pablo, “cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (4:5). Es un pensamiento hermoso, pues tal parece que el Juez final será más alentador y positivo que muchos de los jueces humanos.

En la iglesia, sigue habiendo un espacio para el discernimiento y el juicio: ¡lee la meditación de mañana! Pero siempre hay multitud de críticos que van mucho “más allá de lo que está escrito” (4:6) con pruebas legalistas que ellos mismos han inventado y se aferran a sus gurús a la vez que abominan a los demás. Suelen pensar que son proféticos cuando, en efecto, sus pretensiones están muy cerca de usurparle el puesto a Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 242). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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