15 de noviembre

«Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros».
Salmo 68:28
Aparte de una señal de sabiduría, el suplicar a Dios continuamente que confirme lo que ha hecho en nosotros es también nuestro deber. Por haber descuidado esto, muchos cristianos llegan a sentirse culpables de las pruebas y la aflicción de espíritu que se originan en la infidelidad. Es cierto que Satanás procura anegar el hermoso huerto del corazón y transformarlo en un lugar desolado; pero también lo es que muchos cristianos dejan abiertas las compuertas y permiten que penetre la espantosa riada mediante el descuido y la falta de oración a su poderoso Ayudador. Nos olvidamos, a menudo, de que el Autor de nuestra fe debe ser también su Preservador. La lámpara que ardía en el Templo nunca debía apagarse: cada día tenía que llenarse con nuevo aceite. Así, también, nuestra fe solo puede vivir cuando se alimenta del aceite de la gracia, el cual únicamente podemos obtener de Dios. Si no adquirimos el aceite necesario para nuestras lámparas, demostraremos ser unas vírgenes insensatas. Aquel que hizo el mundo, también lo sustenta; de lo contrario, este se derrumbaría con tremendo estrépito. El que nos hizo cristianos tiene que sustentarnos con su Espíritu; de no ser así, nuestra ruina será rápida y definitiva. Acerquémonos, pues, noche tras noche, a nuestro Señor, para obtener la gracia y la fortaleza que necesitamos. El sólido argumento de nuestra petición es que aquello que le pedimos que confirme es su obra de gracia; es decir, como lo expresa el texto «Lo que has hecho para nosotros». ¿Crees que el Señor dejará de proteger o sustentar esa obra de gracia? Si tan solo tu fe se enciende con el poder del Señor, todas las fuerzas de las tinieblas, guiadas por el diablo —señor del Infierno— no podrán arrojar siquiera una nube o una sombra sobre tu gozo y tu paz. ¿Por qué sufres derrotas cuando puedes ser un vencedor? ¡Oh, toma tu vacilante fe y tus lánguidas virtudes y llévalas a Aquel que puede hacerlas revivir!, y dile con fervor: «Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros».
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 330). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.