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2 Crónicas 19–20 | Apocalipsis 8 | Zacarías 4 | Juan 7

17 DICIEMBRE

2 Crónicas 19–20 | Apocalipsis 8 | Zacarías 4 | Juan 7

Ya hemos visto a un rey que comenzó bien y acabó mal (Asa; ver 13 y 14 de diciembre), y antes de eso, observamos a un reformador desganado (Roboam; ver 11 de diciembre). Ahora nos encontramos con otro rey, Josafat, quien no se pervierte, ni pasea por las zonas grises entre el bien y el mal, sino que durante toda su vida, demuestra ser muy bueno en algunas áreas y no muy sabio— incluso tonto—en otras (2 Crónicas 19–20).

Los dos capítulos anteriores (2 Crónicas 17–18) se pueden dividir en dos partes. El capítulo 17 presenta las fortalezas de Josafat, el hombre que busca diligentemente al Señor y fortalece todo el reino del sur. Por otro lado, el capítulo 18 nos muestra al Josafat necio, enredado en una alianza innecesaria y comprometedora con Acab, el rey malvado de Israel, y casi perdiendo su vida en una batalla que no era suya. En los capítulos de hoy, el profeta Jehú, hijo del profeta Hanani que fue encarcelado por Asa en su vejez, se enfrenta a Josafat: “¿Cómo te atreviste a ayudar a los malvados, haciendo alianza con los enemigos del Señor? Por haber hecho eso, la ira del Señor ha caído sobre ti. Pero hay cosas buenas a tu favor, pues has quitado del país las imágenes de la diosa Aserá, y has buscado a Dios de todo corazón” (19:2–3).

Luego se repite el patrón. Josafat trabaja con diligencia para eliminar la corrupción de la judicatura (19:4–11). Al enfrentarse a otra crisis militar, esta vez con las naciones de Moab y Amón como aliadas, acude a Dios para pedirle ayuda. La culminación de su oración es intensa y conmovedora: “Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!” (20:12) En su misericordia, Dios envía su Espíritu sobre Jahaziel hijo de Zacarías, quien lleva una palabra profética para fortalecer y animar a Josafat y al pueblo de Judá y Jerusalén (20:15ss). La victoria que obtienen es asombrosa, y el Señor con gracia le impone el “temor de Dios” a los reinos de alrededor, dándole así descanso a Josafat y a Judá.

Entonces, ¿qué hace Josafat? Crea otra alianza estúpida e innecesaria, ahora con Ocozías, el nuevo rey de Israel, y vuelve a ser reprendido fuertemente por otra palabra profética (20:35–37). ¿Es que no aprende este hombre?

Hoy día, tal vez etiquetaríamos estas recurrencias tan profundamente perturbadoras como “defectos de carácter”. Pueden ocurrir en personas cuyas vidas, en muchos niveles, son enteramente dignas de alabanza. En cierto modo, es perfectamente correcto darle gracias a Dios por el bien que hacen estas personas. Ahora bien, ¿no hubiera sido muchísimo mejor si Josafat hubiera aprendido de sus errores iniciales?

¿Sería impertinente preguntar si tú y yo aprendemos de los nuestros?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 351). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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