Al amparo de sus alas

Isha – Salmos

DÍA 95 – Salmo 57

Dosis: Seguridad y Protección divinas

Al amparo de sus alas

“Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro. Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda su apoyo. Desde el cielo me tiende la mano y me salva; reprende a mis perseguidores. ¡Dios me envía su amor y su verdad! (Salmo 57:1–3) (NVI)

Se cree que este Salmo se escribió cuando David se escondió de Saúl en una de esas cuevas (1 Samuel 22–24). Y contrasta magistralmente con los refugios humanos a los que corremos cuando nos sentimos amenazadas y el refugio divino “los mismos brazos de Dios”, descritos una vez más en una bella metáfora: “A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro.”

¿Por qué alas para describir la capacidad protectora de nuestro Dios? En la Biblia encontramos otras referencias a las alas de las águilas que protegen y alimentan a sus crías (Isaías 40:31). Tomando como referencia esta metáfora, las alas de Dios serían como las de las águilas, amplias y protectoras, que proveen seguridad, y apoyo. Jesús también comparó el amor maternal de Dios con las alas de una gallina que junta a sus polluelos para protegerlos del peligro, aludiendo a su inmenso amor y su ternura (Lucas 13:34). Pero esta figura puede referirse también a las alas de los querubines que cubrían el Arca del Pacto que era a la vez otra forma pictórica de representar la protección de Dios en el peregrinaje del pueblo de Israel. ¡Sea cualquiera el sentido, yo quiero vivir amparada bajo las alas de Dios!

Impresiona así, las afirmaciones de esperanza y seguridad del salmista frente al peligro, de quienes lo amenazan y quieren cazarlo como fieras. La fe de David contrasta con la conducta y las mentiras de sus enemigos: “Me encuentro en medio de leones, rodeado de gente rapaz. Sus dientes son lanzas y flechas; su lengua, una espada afilada. Pero tú, oh Dios, estás sobre los cielos, ¡tu gloria cubre toda la tierra! Tendieron una red en mi camino, y mi ánimo quedó por los suelos. En mi senda cavaron una fosa, pero ellos mismos cayeron en ella.”

David aprendió a alabar a Dios y a confiar en su bondad y fidelidad. Aprendió a mirar arriba y lo que descubrió fue que los cielos y la tierra estaban cubiertos de su gloria: ¡Tú, oh Dios, estás sobre los cielos; tu gloria cubre toda la tierra! ¿Podrías alabar de esta manera a Dios en momentos difíciles? A estas alturas del libro, habiendo analizado y reflexionado en más de cincuenta salmos, estoy conmovida al descubrir por qué David fue llamado “un hombre conforme al corazón de Dios”. Un corazón moldeado por la misma mano del alfarero divino que en medio de la lucha, el dolor, el desconcierto, las amenazas y los ataques, seguía confiando en un Dios todopoderoso y en su misericordia, y era capaz de expresarle toda la alabanza y la gratitud resaltando su gloria y su esplendor: “Firme está, oh Dios, mi corazón; firme está mi corazón. Voy a cantarte salmos. ¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día! Te alabaré, Señor, entre los pueblos, te cantaré salmos entre las naciones.”268

Oración: Señor enséñame a morar bajo tus alas eternas y moldea mi corazón según tus propósitos. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 110). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 


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