Jul 7 – Respuestas inesperadas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 7 – Respuestas inesperadas

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Nancy Leigh DeMoss: Dios no hace las cosas como nosotros las haríamos. Si supiéramos cómo escribir este guion, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios nos dice, «Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guion. Yo sé lo que estoy haciendo». Aquí es donde tienes que confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y su propósito es bueno.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado en una serie llamada Habacuc: del temor a la fe . Ha sido asombroso ver cómo las preocupaciones de un profeta del Antiguo Testamento se parecen mucho a los de nuestros días.

¿Por qué permite Dios que pasen cosas malas? ¿Es Él realmente bueno? ¿Puedo confiar en Él? Nancy continuará explorando las preguntas de Habacuc- y quizás las tuyas también.

Nancy: Espero que ya hayas encontrado en tu Biblia el libro de Habacuc- ese pequeño libroestá hacia el final del Antiguo Testamento, escrito alrededor de 600 años antes de Cristo.

Estamos pasando varias semanas caminando despacio, tomando nuestro tiempo, yendo versículo por versículo, frase por frase a través del libro de Habacuc porque en este pequeño libro, están las semillas de muchos temas bíblicos poderosos y verdades del Nuevo Testamento.

De hecho, vamos a ver las semillas del Evangelio en el libro de Habacuc. Vamos a ver la evidencia de Cristo en el Antiguo Testamento al estudiar el libro de Habacuc, y estamos aprendiendo mucho del corazón y de los caminos de Dios.

Hemos visto que Habacuc era un profeta de Dios. Era un hombre que tenía una carga en su corazón mientras miraba a su alrededor y veía la violencia y la injusticia y la opresión y la lucha que había entre el pueblo de Dios. Él vio al pueblo de Dios hacer alarde de su ley, rompiendo las leyes y nadie haciendo nada al respecto; la gente que se suponía debía estar a cargo no estaba haciendo nada.

Luego Habacuc miró hacia arriba y dijo, «Dios, tampoco parece que Tú estés haciendo algo al respecto». Él le hizo a Dios unas preguntas sinceras y honestas, «Dios, ¿por qué estás permitiendo que estas cosas pasen entre Tu pueblo? ¿Por cuánto tiempo oraré a Ti y no harás nada?

Bueno, después de que Habacuc ha derramado su corazón delante Dios en el primer párrafo del capítulo 1, Dios le responde a Habacuc, y le dice (como vimos en la última sesión) en el versículo 5 de Habacuc capítulo 1 : «Mirad entre las naciones, y observad.» En otras palabras, «abre tus ojos. Ten una perspectiva amplia. Obtén una visión más grande. Has estado muy limitado solo viendo lo que está pasando a tu alrededor. Levanta tus ojos».

«Mira y ve lo que estoy haciendo entre las naciones…porque estoy haciendo una obra en tu día que no lo creerías si te lo dijeran». Lo que Dios le está diciendo a Habacuc es, «Esto es algo que si lo pudieras ver y si lo supieras, te maravillarías. Te asombrarías de ver lo que estoy haciendo».

Dios desafía a Habacuc, «Mira lo que estoy haciendo. Observa que sí estoy obrando en tus días. No estoy dormido. No soy pasivo. No soy indiferente a tu apuro. Si estoy interesado. Y si estoy obrando».

Espero que, al mirar tu propia vida, esto te anime. Pienso en unos correos electrónicos que recibimos aquí en Aviva Nuestros Corazones, y nos encanta recibir esos correos. Tenemos un equipo de personas que ora por esas peticiones.

Pero algunas de ellas parecen no tener esperanza- mujeres que están enterradas en circunstancias de la vida que son realmente muy desesperantes. Nuestro corazón late con ellas, y clamamos y decimos, «¡Oh Señor, ayúdalas! ¿Qué se puede hacer?»

A veces parece que en medio de esas circunstancias estas mujeres sienten que no está pasando nada. Nada está cambiando. Estoy orando, pero Dios no está haciendo nada. Dios nos tranquiliza. Él dice, «Estoy obrando en tus días- en este mundo. Estoy obrando. Confía en mí. Yo sé lo que estoy haciendo, estoy obrando».

Ahora bien, mientras Dios le contesta a Habacuc y le dice, «Estoy escuchando tu oración, y estoy obrando,» Habacuc tenía una noción preconcebida acerca de cómo Dios le contestaría sus peticiones.

No estamos seguras de qué era lo que él esperaba , pero sí sabemos que lo que Dios procede a decirle no es lo que él esperaba. Habacuc pudo haber sido un niño durante los días del rey Josías, quien, si no recuerdo mal, fue el último rey bueno en Judá.

Y un hombre que daba honor a Dios, y bajo el reinado de Josías hubo un avivamiento. Dios trajo al pueblo a un lugar de arrepentimiento- a amar la Ley de Dios. Fue un tiempo de avivamiento espiritual en Judá.

Ahora vemos que Habacuc ya es un hombre adulto, y clama al Señor, y está viendo que el pueblo se está descarriando -otra vez. Me pongo a pensar si quizás él estaba esperando que Dios respondiera su oración mandando otro avivamiento para tratar con la corrupción y la maldad entre el pueblo de Dios.

Lo que fuera que él estaba pensando, lo que fuera que él estaba esperando, Habacuc no estaba preparado para la respuesta cuando Dios finalmente le da la respuesta a su oración. Dios le dice en el versículo 5, «haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara,» y esa declaración termina siendo una descripción insuficiente de lo que realmente vendría.

Porque después que Dios le dice esto, Habacuc le dice , «Estas en lo cierto, ¡no lo creo!» Mira el versículo 6 del capítulo 1 de Habacuc. «He aquí» Dios le dice, «Yo levanto a los caldeos». Algunas de sus Biblias dicen los babilonios. Es lo mismo -los caldeos son los babilonios.

«Estoy levantando a los caldeos, esa nación feroz e impetuosa, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas».

Ahora, mira el panorama aquí. Habacuc está en Judá derramando su corazón delante de Dios acerca de la condición del pueblo de Dios. Se lamenta por la corrupción de la justicia que está ocurriendo entre el pueblo de Dios.

Al mismo tiempo, a 900 millas en Babilonia, Dios está organizando los eventos para contestar la petición de Habacuc- pero de una manera que Habacuc nunca lo hubiera soñado.

Dios le dice, «Estoy levantando a los caldeos». Ahora, en ese momento, como dijimos antes en la serie, los asirios eran el poder dominante del mundo, pero los babilonios, los caldeos apenas comenzaban a tener poder.

Estaban empezando a conquistar naciones. Unos 15 o 20 años después, tomarían el control sobre Judá. Pero era un pueblo muy poco conocido para Habacuc. Realmente no le era familiar. Es como cuando escuchas de una guerra en algunos países del mundo, y dices, «me parece que escuché de ese lugar cuando estaba en octavo grado en la escuela , pero no sé exactamente dónde está ese país».

Estos caldeos comienzan a hacerse más importantes a hacerse más poderosos, y luego Dios continúa describiendo cómo eran los caldeos (ya que Habacuc realmente no los conoce) .

Quiero leerles del versículo 6 al 11, y mientras lo hago, escuchen las características de los Caldeos. Dios dice que era un:

«Pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas, imponente y temible es; de él mismo proceden su justicia y su grandeza.

Sus caballos son más veloces que los pardos y más astutos que lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes, sus jinetes vienen lejos, vuelan como águila que se precipita a devorar.

Vienen todos ellos para hacer violencia, su horda de rostros avanza, recoge cautivos como arena. Se mofa de los reyes, y los gobernantes le son motivo de risa; se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla. Entonces pasará como el viento y seguirá, y se le tendrá por culpable, porque hace de su poder su dios.»

Esa es la descripción que Dios hace del pueblo que Él está levantando para contestar la oración de Habacuc. Eran corruptos, agresivos, crueles, maliciosos, fieros, fuertes, y bestiales. Estaban decididos a dominar el mundo. Los puedes ver tomando el control como una tormenta -barriendo con todo y conquistando al mundo conocido.

Invencibles – por lo menos ellos pensaban que lo eran. Irresistibles. Todos caían como pequeñas víctimas bajo su ataque. Inconquistables, indomables, inquebrantables, abrumadores -ese es el sentir que nos da.

Arrogantes, orgullosos. Ellos adoraban su propia fuerza. «su poder es su dios» (versículo 11). Ellos piensan que son Dios. Se trata de un poder mundano, arrogante, despiadado, cruel y estos son los instrumentos que Dios ha escogido y tiene la intención de usar para cumplir Sus propósitos en el mundo.

Dios le dice, «Estoy obrando en tu día, y esto es lo que estoy haciendo. Estoy levantando un grupo de terroristas despiadados, arrogantes para cumplir mis propósitos y para contestar tus oraciones. Por medio de ellos trataré con el pecado y la injusticia de Judá».

Dios está obrando, pero no es lo que nosotros esperábamos. No es la manera que nosotros hubiésemos escrito el guión porque es una obra de juicio. Dios va a traer ira y juicio, y Él va a usar esta nación violenta, perversa, arrogante- a los babilonios – para hacerlo. La gente está anonadada. Por eso Dios dijo, «asombraos y admiraos».

No lo pueden creer. No es lo que ellos hubieran esperado que Dios hiciera. Dios dice, «Voy a tratar con los pecados de mi pueblo por medio de un pueblo que es aun más malo». Dios les dice, «Estoy levantando a una nación malvada, pagana, impía, despiadada, violenta para realizar Mis propósitos con Mi pueblo escogido».

Tienes que ponerte a pensar, así como Habacuc- nos daremos cuenta por qué Dios usó a los caldeos. Me pongo a pensar si quizás fue con la intención de ser la imagen en lo que Judá se convertiría si se dejaba sin corrección; si no era castigada por Dios. Allí es hacia donde te guiará el pecado.

Estaba con unas amistades, con una familia que estaba de vacaciones este verano pasado, y juntos estudiamos el libro de Habacuc, y había algunos jóvenes en aquella familia.

Mientras discutíamos el libro de Habacuc, surgió esta pregunta, «¿Por qué Dios escogería a los caldeos, un pueblo como ese para realizar Sus propósitos?» Uno de esos jóvenes dijo, «Dios ha de haber estado muy molesto con el pecado de Su pueblo para usar a gente como los babilonios para tratar con ellos».

Pensé que este comentario traía una buena perspectiva. Dios dijo, «Esto es lo mucho que me molesta tu pecado. Esto es lo mucho que me importa. Así de afligido estoy por tu pecado. Voy a levantar a un pueblo que es feroz e impetuoso, violento, perverso y despiadado para venir a castigarte».

Si estuviéramos escribiendo esto en estos días modernos, sería como si Dios nos dijera, «Estoy levantando a los de Corea del Norte, o a Al Qaeda, o a los iraquíes para aterrorizar tu nación, para conquistar, para perseguir y encarcelar a todos los creyentes».

«Van a venir. Van a dominar el mundo, y van a dominar tu país, y van a dominar tus familias y tu tierra.» Hemos estado orando por avivamiento, y decimos, «Señor, pero no es así como me imagine que lo harías!»

Bueno, quizás no sería un gran poder mundial como esas naciones que acabamos de nombrar. Quizás Dios diría, «Voy a levantar jueces, oficiales públicos y legisladores corruptos, un cónyuge abusivo, un jefe impío y malvado, un maestro escolar o un entrenador impío en la vida de tu hijo».

Dios en ningún momento está aprobando estas obras malvadas, pero lo que Dios está diciendo es, «Puedo usar cualquier instrumento para cumplir Mi propósito en las vidas de Mis hijos». A veces, Dios escoge y usa los instrumentos más inesperados, y esa es una clave para entender el libro de Habacuc. Dios a menudo obra de maneras inesperadas.

Dios no hace las cosas como nosotras las haríamos. De nuevo, si nosotras supiéramos cómo escribir este guión, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios dice, «Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guión. Yo sé lo que estoy haciendo». Aquí es donde tienes que confiar que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y Su propósito es bueno.

Ahora, déjame hacer algunas observaciones y señalar unos puntos importantes que pienso tienen aplicación para nosotras. En primer lugar, es obvio por este pasaje que Dios conoce todo acerca de nuestros opresores.

Las circunstancias y las personas en nuestras vida que nos oprimen no toman a Dios por sorpresa. Dios es el que da la descripción que acabamos de leer en el capítulo 1. Habacuc no es el que da la descripción de los caldeos, la descripción la ofrece Dios.

Realmente al ver esto parecería que si Dios conoce a esta gente muy bien. Dios fue que dijo que eran despiadados; salvajes; aterradores. Dios los describió, y Dios conoce todos los detalles y las características de la gente y de las circunstancias que te están oprimiendo.

A veces nos preguntamos si Dios realmente sabe lo malo que son los malos, o cuánto nos están afectando o el mal tiempo que estamos atravesando, o lo que ellos están planeando. Solo quiero asegurarte por medio de este pasaje que- Dios sí sabe.

No tienes que ponerte a pensar -cuando te sientas ahogada por estas circunstancias terribles, «¿Tendrá Dios alguna idea de lo que está pasando aquí?» Él sabe. Dios fue el que la describió.

Dios sabe. Él ve. A veces él permite que hombres malos lo destrocen todo. ¿Puedo recordarte que aun los malvados son parte del plan de Dios para los justos? Aun los malvados son parte del plan de Dios para manifestar y exhibir Su gloria en el mundo.

Dios es quien dice, «Algún día causare que aun la ira de los hombres me alabe». No es como si Dios tuviera un plan, que esté tratando de realizar Sus propósitos en el mundo, pero que todos estos hombres y naciones y circunstancias malvadas están interrumpiendo ese plan de Dios. ¡No! No lo toman por sorpresa. Dios no tiene que estar a la defensiva.

«Oh, ¿Qué voy a hacer con los caldeos?», o «¿Qué voy a hacer con este jefe malo o este entrenador o esta persona o esta nación?» No. En realidad Dios usa a los malvados como instrumentos y herramientas en Sus manos para realizar Sus propósitos.

Ahora, no me pidas que lo entienda enteramente o que te lo explique. Porque no puedo, y tú tampoco podrás. Pero puedes confiar que es cierto. Dios dice, «estoy levantando a los caldeos». Dios es el que está ordenando y disponiendo y organizando todas las circunstancias aquí para realizar Sus propósitos.

Vemos la soberanía de Dios sobre los asuntos mundiales. Dios es soberano sobre las naciones, sobre los reyes, sobre los eventos, sobre la historia. En última instancia cada nación en este mundo y cada persona en este mundo está bajo la mano y el control de Dios.

Si eres una hija de Dios, no hay persona o circunstancia o nación o terrorista o ladrón o cosa alguna que pueda venir a tu vida, fuera del permiso y del plan de Dios.

Ahora eso plantea algunas cuestiones difíciles. ¿Ordenó Dios que esta cosa mala ocurriera en mi vida? Dios nunca hace que ocurra el pecado, pero este es un mundo caído y un planeta caído. Dios está en el proceso de redimir y de hacer todas las cosas nuevas. Parte del proceso es que Dios obra soberanamente – aun a través de gente mala y de circunstancias y eventos malos.

Leer un versículo que dice «Estoy levantando a los caldeos,» es preocupante para nuestra teología, aflige nuestras mentes débiles. Sería una cosa si Dios dijera, «Los caldeos vienen, y voy a obrar a pesar de ellos,» pero eso no es lo que dice aquí.

Dios dice, «Estoy levantando a los caldeos -esas naciones, esos reyes malos, esos gobernantes malos». Dios los está moviendo como piezas en un tablero de ajedrez y usándolos para realizar Sus propósitos soberanos.

Los caldeos pensaban que ellos eran soberanos, independientes, y poderosos. Y no se daban cuenta que solamente eran instrumentos en las manos de un Dios soberano y que ese Dios los tomaría en Su mano y los levantaría de tal manera que tendrían un impacto significativo sobre Su pueblo y cumplirían Sus propósitos en el mundo.

Dios es soberano. Recuerda que Dios a veces contesta nuestras oraciones dejando que las cosas vayan de mal en peor. A veces, las cosas empeoran antes de mejorar, y gritamos chillamos y arrastramos los pies y decimos, «¡oh Dios, no! ¡Esto no es lo que quería decir! ¡esto no es lo que yo tenía en mente! ¿Cómo puedes hacer esto? No entiendo».

Lloramos, y nos quejamos, y nos preocupamos y nos estresamos, y batallamos, y peleamos con Dios. Pero entiende que a veces Dios contesta nuestras oraciones con aquello mismo que estamos resistiendo.

No le puedes decir a Dios cómo contestar tus oraciones ni cómo manejar tus preocupaciones. Habacuc le dijo a Dios, «¿Por qué no haces algo?» Dios respondió y dijo, «Sí estoy haciendo algo».

Cuando lleguemos a la próxima sesión Habacuc va a decir, «Dios, esto no es exactamente lo que tenía en mente. Esta no es la manera en que yo quería que actuaras». Estamos orando por avivamiento, y Dios dice, «¿Quieres avivamiento? Puedo escoger castigar y purificar Mi pueblo en esta nación con sufrimiento, con aflicción, con desastre financiero, con terrorismo».

Cuando leo esa frase en el versículo 10 acerca de Babilonia, «Se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla… se mofa de los reyes y los gobernantes le son motivo de risa». Recordé el 11 de septiembre y vino a mi mente la idea de los terroristas yendo contra los símbolos de fortaleza más inquebrantables y riéndose mientras los volaban en pedazos.

Gente mala haciendo cosas despiadadas. Y pensábamos que éramos invencibles. Pero Dios dice, «¿Crees que eres invencible? Solo déjame enseñarte que no lo eres». Oramos por avivamiento, y Dios dice, «Voy a derribar las cosas en las que tú confías».

Todavía en mi país confiamos en el dinero. Confiamos en nosotros mismos. En realidad, no somos tan distintos a los caldeos. No somos tan distintos a los babilonios, y Dios dice, «Yo sé cómo tratar contigo. Yo sé cómo castigarte. Yo sé cómo cumplir Mis propósitos en tu vida».

Pides avivamiento, y luego Dios manda hambre o peligro o espada o desastre financiero o plagas o enfermedades. Y decimos, «Señor eso no es lo que tenía en mente. No era como esperábamos que ibas a contestar. No es lo que pensábamos que ibas a hacer».

Pero Dios dice, «Déjame a Mí contestar. Déjame hacerlo a Mi manera. Estoy obrando en tu día. Es Mi obra. Confía en Mí». ¿Quieres que Dios trate con tu esposo inconverso? ¿Quieres que Dios lo cambie? Ora por él.

Y quizás tu oración es «Dios, salva a este hombre,» o, «Dios salva a este hijo,» y luego Dios trae desastre a sus vidas. Quizás empeoran antes de mejorar. Si tu esposo pierde su trabajo por ser falsamente acusado, o tiene un jefe impío y tu esposo se siente miserable, y quizás estás pensando, «Oh Dios, yo no quiero que se sienta miserable. yo sólo quiero que sea salvo».

Dios está diciendo, «Puede que tenga que hacerlo miserable antes que llegue al fin de sí mismo y se salve». Y vemos a nuestros seres queridos y los vemos miserables, y los queremos rescatar de la Cruz. Pero Dios dice, «No, Yo estoy obrando. Yo estoy levantando a este jefe. Yo estoy levantando estas circunstancias. Yo estoy levantado estas situaciones. Déjame ser Dios, y déjame contestar la oración en la manera que yo sé que es mejor».

Sí se puede confiar en Dios. Él sabe lo que está haciendo. Él está obrando en nuestros días. Admiraos y asombraos. Él está haciendo una obra que si la pudiéramos ver ahora, nos asombraríamos. No lo creeríamos.

Cuando Dios nos dice cuál es la obra, Él nos ofrece una perspectiva fresca. «Estoy trayendo estas circunstancias, esta situación, este mal, esta atrocidad horrible, esta cosa en tu vida o en tu mundo o en tu casa o en tu iglesia». Deja que Dios sea Dios. Déjalo que use a los caldeos, si Él quiere, para cumplir Sus propósitos. Ahora bien, ese no es el final de la historia, y por eso espero que no dejes de escuchar esta serie porque no es el final, es solo un capítulo.

Es un capítulo importante. Es un concepto importante. Necesitas saber que más allá de utilizar a los caldeos, Dios tiene planes más grandes y magníficos. Admírate. Asómbrate, y confía.

Carmen: Si le has estado pidiéndole a Dios que conteste tu oración, la enseñanza de hoy de Nancy Leigh DeMoss puede ayudarte y ofrecerte una perspectiva más amplia de cómo Él podría responder. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, Habacuc: del temor a la fe. Hemos estado estudiando el temor de Habacuc, pero no hemos llegado a la parte de la fe todavía .

Como Nancy mencionó, estamos viendo algunas de las partes más difíciles del libro, así que no te rindas. Si te has perdido alguno de los programas de esta serie, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Cuando Dios te disciplina, nunca es con un sentido de venganza. Él no te hace pagar antes de que esté dispuesto a perdonarte -entonces ¿por qué nos disciplina? ¿Cuál es su propósito? Exploraremos eso la próxima vez.

Para cerrar el programa de hoy, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, estas cosas están más allá de nuestro entendimiento, y solo nos recuerdan que no somos Dios, pero Tú sí lo eres. Confiamos en Ti. Queremos confiar más en Ti. Necesitamos confiar más en Ti.

Quiero pedirte por aquella mujer escuchando hoy que está sintiendo que está siendo derrotada por los caldeos. Ayúdala a ver que Tú has levantado circunstancias en su vida, y que Tú las estás usando para Tus propósitos.

No traerás el castigo por un tiempo más largo o con más dolor que el que absolutamente necesitas para cumplir Tus propósitos. En medio de la dificultad, en medio de los desafíos, te pido que nos ayudes a confiar y a saber que Tú eres Dios, y que Tú estás cumpliendo Tus propósitos. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Soberano Salvador, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

37/41 – Matando la Ansiedad

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

37/41 – Matando la Ansiedad

Stephen Davey

Texto: Filipenses 4:6-7
Los cristianos no son inmunes a la ansiedad. Es por eso que en estos versículos el apóstol Pablo nos enseña a cómo lidiar con ella y así lograr vivir con la paz que solo viene de Dios, una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Jul 6 – Dios está trabajando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 6 – Dios está trabajando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/dios-esta-trabajando/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss tiene una palabra importante para aquellas que han olvidado la habilidad que Dios tiene para cambiar vidas.

Nancy Leigh DeMoss: Dios está obrando en tu vida . Dios está obrando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está obrando en el mundo musulmán. Dios está obrando en la China. Dios está obrando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está obrando.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Imagina que le compraste un regalo a tu hijo. Y —mientras esperas el momento adecuado para dárselo— te suplica que se lo compres, como si dudara de que tienes la mejor de las intenciones, preguntándose si lo has abandonado. ¿Alguna vez te has dirigido a Dios como ese hijo?

Piénsalo al tiempo que Nancy continúa la serie llamada Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Alguna vez te han preguntado tus hijos «¿Mami, no me estás oyendo? Y tú les contestas, «¿te refieres a cuántas veces te he escuchado hoy o cuántas en el día de ayer?» «No me estás escuchando. Tú no me estás escuchando».

Ahora bien, también es cierto que tus hijos podrían decirte eso porque, verdaderamente, no los estás escuchando. Las madres tienen la capacidad de aislar lo que ocurre a su alrededor. De la misma forma, en algunas ocasiones sí los estás escuchando, pero lo que tus hijos realmente están diciendo es esto: «mami, no me estás respondiendo lo que yo quiero que me respondas»; «No estás haciendo lo que quiero que hagas». Por lo que entonces preguntan «¿me estás oyendo?»

Algunas veces pensamos que porque Dios no ha hecho lo que queremos que Él haga y lo que esperamos que Él haga no nos está escuchando. Como esos niños decimos «Dios no me estás oyendo?» o «¡No me estás oyendo!»

Mientras estudiamos la primera parte del libro de Habacuc, vemos que Habacuc acusa a Dios de no estarlo escuchando, de no estar oyendo sus súplicas.

Pero —a medida que avanzamos en el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que Dios lo había estado escuchando todo el tiempo. Y Dios respondió a las súplicas de su profeta. Dios no estaba callado.

El hecho de que Dios responde -y veremos lo que hace en el versículo 5 del capítulo 1- evidencia que Él sí ha estado escuchando las oraciones de su profeta.

Habacuc empieza su historia, este intercambio, diciendo: «Señor, ¿cuánto más tendré que suplicarte por las cosas que están pasando a mi alrededor? ¿Por cuánto tiempo voy a seguir orando mientras Tú no haces nada? ¿Y por qué estás permitiendo que todas estas cosas sucedan? ¿Por qué toda esta lucha, violencia, discusión y destrucción entre tu pueblo? Estás viéndolo sin hacer nada. Estás viendo lo que pasa, y no haces nada al respecto. No parece que estés escuchando.»

Finalmente, en el versículo 5 del capítulo 1, Dios habla. Déjame decirte, por cierto, como hemos dicho a lo largo de esta serie: espero que no estés splo oyéndome enseñar el libro de Habacuc. Espero que estés abriendo tu Biblia, leyéndolo por ti misma, haciendo anotaciones, buscando patrones, tratando de entender lo que Dios está diciendo.

Obtendrías muchísimo más de la Biblia si la escudriñas por ti misma. El Espíritu Santo te enseñaría cosas y aplicaciones del pasaje que quizás yo no he visto.

Ahora, en el versículo 5, Dios finalmente responde la oración de Habacuc. Y le dice a su servidor: «Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara».

Dios le dice «Miren. Miren entre las naciones». Ese verbo mirar y el verbo observar en Hebreo están en plural. Dios no sólo le está hablando a Habacuc. Él le está hablando a todo Su pueblo, a la colectividad y les está diciendo «Ustedes todos». No sólo Habacuc, sino todos ustedes. Miren y observen.

El Señor le está diciendo a sus siervos -Habacuc y a todo el pueblo- «Amplíen su perspectiva. Miren entre las naciones y observen». Dios les está diciendo «La visión de ustedes no es lo suficientemente amplia. Ustedes han estado muy centrados en sus propias situaciones y circunstancias. Ustedes necesitan observar entre las naciones. Su perspectiva es demasiada estrecha».

Muy a menudo nosotros solo podemos ver un pedacito de todo el panorama. Vemos nuestra salud, nuestros problemas, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro país, nuestras circunstancias; y nos vemos absortas en lo que nos está pasando a nosotras. ¿Sabes por qué? porque vivimos como si todo se tratara de nosotras. Esa es nuestra perspectiva de la vida. Tenemos una perspectiva miope cuando estamos centradas en nosotras mismas. Todo se trata de lo que me esté sucediendo a mí. Todo se trata de cómo me afecta a mí.

Pero lo que Dios está diciendo es «Levanta los ojos y mira el panorama completo. No vivas tan absorta en tu situación personal».

Es más, desafortunadamente, tenemos la tendencia de leer la Biblia de esa misma manera. Siempre vemos «lo que dice para mí». Y eso es algo bueno de preguntarnos. Queremos ver cómo se aplica en nuestras vidas. pero también queremos decir «Señor, ¿cómo lo que estás haciendo, o lo que está sucediendo y lo que estás diciendo se aplica a tu plan cósmico del universo para darte gloria ante el mundo y ante las naciones?»

¿Qué tanto te preocupa esto? ¿Qué tanto énfasis y tiempo le dedicas cuando estás orando? ¿O es casi todo «mi familia, mi iglesia, mi situación, mi salud, mis necesidades, mi trabajo -mi, mi y mi? Lo que Dios está diciendo es: «Tu mundo es muy pequeño. Mi corazón es para el mundo. Mira entre las naciones y observa».

A Dios le importa Su gloria y el destino de este planeta. Dios siempre está trabajando para llevar a cabo la inmensidad de sus propósitos. Lo que está pasando en nuestras vidas es un pedacito microscópico de un panorama mucho más amplio. Y nos vamos a desencantar y a frustrar mientras mantengamos los ojos puestos solo en lo que está pasando a nuestro alrededor.

La pregunta que debemos hacer es «Señor, ¿cómo encaja esto en la totalidad de Tu panorama? ¿Cómo se acomoda en el todo? Dame la perspectiva». Mirad a las naciones y observad.

Luego dice «asombraos, admiraos». Si pudiéramos ver lo que Dios ve y supiéramos lo que Él sabe, nos asombraríamos y admiraríamos. La palabra asombraos habla de «ensimismamiento, de estar estupefactas». Nos asombraríamos si pudiéramos ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe acerca de lo que está pasando en el mundo, pero desde Su punto de vista. La perspectiva de Dios es mucho más grandiosa y diferente que la nuestra. ¡Si pudiéramos tener ojos para ver!

¿Recuerdas al sirviente de Eliseo cuando vio la casa en la que ellos se hospedaban rodeada por el ejército Sirio… que se llenó de espanto de miedo? El Se asustó muchísimo. Eliseo oró pidiendo «Dios, abre sus ojos para que vea lo que en realidad está pasando». Y el sirviente vio los ángeles de Dios, los guerreros, las carrozas de fuego rodeando al enemigo (2 Reyes 6: 15-17, parafraseado)

Una vez el sirviente tuvo ojos para ver la realidad espiritual, ¡quedó asombrado! No tuvo más temor, ni desencanto ni depresión. Si pudiéramos ver la realidad espiritual como Dios la ve, nos maravillaríamos. Nos asombraríamos. Nos quedaríamos estupefactas y sin habla.

Ahora bien, esas dos palabritas «mira y observa, mirar y observar» -una vez más, cuando estés estudiando las Escrituras busca las palabras que se repiten. En el libro de Habacuc es imposible obviar el hecho de que las palabras «mirar y observar o ver» se repiten muchas veces. De hecho, ¡9 veces en los primeros 18 versículos! Mirad, observad, mirad, observad. ¡Abre tus ojos!, es lo que dice Dios.

Tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Estás obsesionada con tu propio mundo, o estás mirando entre las naciones para ver todo el panorama de lo que Dios está haciendo?

Levanta tus ojos hacia arriba. Observa la mano de Dios en las cosas del mundo. Cuando leas las noticias en el Internet, las veas en la televisión o las escuches por la radio, no asumas que los periodistas saben lo que está pasando. Ellos pueden relatarte los hechos aparentes, pero lo que no te pueden, ni te van a decir es «¡¿Qué está haciendo Dios en todo esto?!»

Verás, todos esos asuntos mundiales y toda la historia de la humanidad es -en realidad- la historia del plan redentor de Dios para este mundo. Es la imagen y la historia del reino de Dios y la gloria de Dios avanzando en nuestro mundo.

Por lo que cuando escuches acerca de guerras, hambre, peligros inminentes, tsunamis, huracanes, terremotos, plagas, problemas de tránsito o de lo que sea- que no te quepa duda de que Dios está haciendo algo en este mundo para hacer avanzar Su reino, para promover Su gloria. Mira entre las naciones, mira y pregunta «¿Dios qué estás haciendo?»

Pídele a Dios que te de ojos para ver desde Su ventajosa posición – para que veas a tu familia, tu iglesia, el vecindario, el mundo, el gobierno, otros países-para que los puedas ver desde la perspectiva de Dios.

Tengo a un amigo, Dick Eastman, que me viene a la mente en este momento. Él es el líder de un gran ministerio internacional -uno de los ministerios más grandes del mundo. Por muchos años, décadas, Dick Eastman ha orado todos los días por 200 países y protectorados del mundo, con un mapa mundi, orando por cada país y llamándolo por su nombre. Nombres que ni siquiera puedo pronunciar, países que han sido puestos en el mapa desde que él ha estado orando.

Él los presenta al Señor. Él es un hombre que mira entre las naciones y observa. Él dice «Dios, ¿qué estás haciendo? Dios, que Tu Reino venga. Que Tu voluntad sea hecha en la tierra así como se hace en el cielo».

Él, aunque ora por sus asuntos personales, no se centra solo en ellos. Él ora por mí. Él ora por Aviva Nuestros Corazones. Él ora por su familia. Él tiene asuntos que le conciernen y ora por ellos, pero no limita sus oraciones a sus asuntos personales.

Al pensar en tu vida de oración, ¿está debidamente balanceada? ¿Estás buscando entre las naciones? ¿Estás observando lo que Dios está haciendo?

Hay un asunto con esto de ‘las naciones’ y la ‘tierra’. Esas son un par de palabras que se repiten a lo largo del libro de Habacuc. En trece ocasiones se hace referencia a las naciones o a la tierra. Dios quiere que sepamos que Su corazón es para el mundo. A Dios le importan las naciones. A Dios le importa la tierra. Hoy en día, Dios está lidiando con las naciones de este mundo.

  • Vamos a ver en este libro la soberanía de Dios sobre las naciones.
  • Vamos a ver que Dios juzga a las naciones malvadas.
  • Pero Dios tiene un corazón compasivo y tiene misericordia y anhela que las naciones se arrepientan y vengan a los pies de Cristo.

Quiero tener un corazón como el de Dios para con el mundo. Recuerdo que cuando era niña tenía un corazón más así que ahora. Mi familia solía tener un mapa mundi colgado en la pared de nuestro desayunador. Tenía fotos pagadas en el borde de los diferentes misioneros -a quienes mi familia apoyaba- y desde esas fotos salían hilos que los unían con los países en los que estaban esos misioneros trabajando. Orábamos por esos misioneros. Leíamos sus cartas. Mis padres querían que creciéramos con un corazón sensible al mundo.

Pero confieso que -algunas veces- solo me preocupo por mi mundo y el de nuestro ministerio. Una de las cosas que me retan -en el libro de Habacuc- es que necesito tener el corazón de Dios para con el mundo. «Miren entre las naciones y observen. Maravillense y quédense estupefactas».

¿Qué es lo que Dios quiere que Habacuc vea? Mira la segunda parte del versículo 5: «porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara». Dios le dice «Habacuc estoy trabajando en tu época y en tus días».

Si has escuchado las primeras sesiones de esta serie, sabrás que Habacuc se estaba quejando de que Dios no estaba haciendo nada. «Oh, Dios, por cuánto tiempo clamaré por ayuda y no vas a escucharme? ¿O gritarte «¡Violencia!» y no salvas?» (1:2) Señor, ¿Por qué no haces nada?

Dios parecía ser indiferente. Dios parecía estar pasivo. Dios parecía estar inactivo. Y Dios le dice a Habacuc «Estoy trabajando en tus días. No estoy siendo pasivo. No estoy siendo indiferente. No estoy inactivo».

¿Podría sugerirte que Dios está siempre trabajando? Dios nunca duerme. Nosotras dormimos. Pero Él nunca está somnoliento ni duerme. Dios siempre está trabajando en cada tiempo, en cada circunstancia, en cada estación, en cada situación de la vida. Dios está trabajando en nuestros días.

Desde que era niña, siempre he tenido una carga en mi corazón por el avivamiento de la iglesia. Y tengo que decir -desde mi perspectiva- que no estoy segura de estar cerca de que ahora suceda uno. Cuarenta años atrás empezó a ser una carga en mi corazón y aun ahora no veo gran diferencia.

Pero esa es solo mi perspectiva. Algunas veces, me quedo mirando las iglesias y pienso «Señor, nada bueno está pasando, nada que evidencie Tu mano. ¿Por qué no lidias con la situaciones de estas iglesias, con esas «que dicen ser cristianas», pero viven como el mundo?»

Pero Dios dice «Mira. Abre tus ojos. Mira las realidades espirituales. Si no lo puedes ver con tus propios ojos, créelo por fe porque sí estoy trabajando en tus días. Dios siempre está trabajando. Incluso cuando aparenta estar en silencio, pasivo o ausente. Incluso cuando no podemos ver lo que está haciendo. Incluso cuando no sabemos lo que está haciendo. Dios está trabajando.

Esto se ha convertido en una de mis frases favoritas del libro de Habacuc: «Estoy trabajando en tus días.» Créelo por fe. Y veremos que en el libro de Habacuc, es la única forma de que encuentres paz en la vida. La única forma en la que tendrás gozo es si vives creyendo que lo que Dios ha dicho es verdad.

Ya sea que lo puedas ver o no, Dios está trabajando.

  • Él está trabajando.
  • Él no es pasivo.
  • Él está presente.
  • Él está activo.
  • Él está comprometido.
  • Él está involucrado.
  • Él es soberano sobre las vidas y los asuntos de Su pueblo y los de este mundo. El hecho de que no lo podamos ver, no quiere decir que Él no esté trabajando.

Jesús dijo en Juan capítulo 5 versículo 17, «Hasta ahora mi Padre trabaja y yo también trabajo». Dios está trabajando. Y Jesús está trabajando. Él está edificando Su iglesia. Él está forjando Su Reino. Él está planificando y trabajando para mostrar Su gloria en la tierra. Y vamos a ver, cuando veamos Habacuc capítulo 2, que el día llegará cuando la gloria de Dios llene y cubra la tierra así como las aguas cubren los mares.

Dios está trabajando para ese día. Su verdad está en marcha. Dios trabaja y Su trabajo es asombroso. Es sobrenatural. Está más allá de todo entendimiento humano. Por lo que el mensaje aquí es créelo dentro de tu corazón. Ten fe. Anímate. Dios está trabajando.

William Cowper fue un poeta y escritor de himnos del siglo XVIII. Él fue un hombre interesante. Era amigo de John Newton y ambos sirvieron y trabajaron juntos en una iglesia de Olney, Inglaterra por muchos años. Pero Cowper sufrió severas depresiones casi toda su vida. Él trató de suicidarse y por momentos pensó en que iba a perder la cabeza. Él tuvo una vida de altas y bajas.

Pero en sus momentos de mayor oscuridad escribió-en medio de lo que llamaríamos una enfermedad mental. No sé exactamente de lo que se trataba, pero -en esos períodos oscuros de su vida- afloraron las ideas más asombrosas acerca del corazón y de los caminos de Dios.

William Cowper escribió un poema que quizás es familiar para algunas de ustedes, pensé en él mientras leía este pasaje de Habacuc que describe cómo Dios está obrando en nuestros días, dice así:

«Dios se mueve de manera misteriosa» :

Dios se mueve de manera misteriosa

para realizar maravillas;

Sus huellas planta en el mar

cabalga sobre la tormenta.

En la profundidad inescrutable

El guarda destrezas y habilidades

Donde atesora sus brillantes diseños

Y obra Su soberana voluntad

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;

las nubes que tanto teméis

están llenas de misericordia y se abrirán

con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguéis al Señor con vuestros

débiles sentidos,

sino confiad en Su gracia;

detrás de una providencia fruncido

Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos cumplira con rapidez,

Revelandose hora tras hora;

el capullo tendrá amargo sabor,

mas dulce será la flor.

La fe ciega nos llevará al error,

Y en vano discernir su obra.

Dios es su propio intérprete y lo dejará ver claramente.

(William Cowper. «God Moves in a Mysterious Way»)

Puedes ver aquí un corazón que tiene fe en que Dios siempre está trabajando. Siempre se está moviendo para llevar a cabo Sus santos, maravillosos y eternos propósitos sobre nuestras vidas en esta tierra.

Alguien me señaló recientemente uno de mis versículos favoritos, Isaías capítulo el 50 versículo 10, dice «¿Quién hay entre vosotros que tema al SEÑOR, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?

Él está hablando de una persona que trata de agradar al Señor, que trata de servir al Señor, pero en un momento de la vida en el que no puede ver lo que está sucediendo.

No lo puedes descifrar. Estás, más bien, confundida y sin respuestas.

¿Y cuál es la respuesta de Dios? ¿Qué debemos hacer? Confía en el nombre del Señor y en Su palabra. Caminamos por fe, no por vista.

El piloto de un avión no se guía por lo que ve. Él confía en sus instrumentos. Incluso cuando no puede ver hacia dónde va y no puede ver lo que está sucediendo, él confía en sus instrumentos.

Confía en quien controla todos los instrumentos. Que no te quepa duda de que Dios está trabajando en nuestros días. Dios está trabajando en tu iglesia, independientemente de si las circunstancias son exasperantes o no. Dios está trabajando en la vida de tu esposo cuando parece que él no le está prestando atención a Dios, que no está cambiando en lo absoluto, que no está siendo sensible. Dios trabaja en tus días.

Dios está trabajando en tus hijos universitarios aunque estén lejos de ti, no los puedas ver y te preguntas con quienes se estarán juntando. Recuerdo llevar al hijo de una amiga a la universidad -hace unos años atrás- dejarlo en el dormitorio que le correspondía, ver algunos carteles colgados en la pared y pensar «Oh, Dios, ¿cómo podemos dejar a este muchacho aquí?»

Y recuerdo orar como una loca cuando partí dejándolo allí. «Señor, mantén el temor de Dios en ese joven mientras sus padres y amigos lo dejan en ese campus». Dios está trabajando y Dios trabajó durante ese tiempo en el que estuvo en la universidad. Dios está trabajando. Cuando no lo puedes ver, cuando no puedes retener el control, cuando no puedes hacer que las cosas sucedan, Dios está trabajando. «Estoy haciendo una obra en tus días».

Dios está trabajando en tu comunidad. Dios está trabajando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está trabajando en el mundo musulmán. Dios está trabajando en China. Dios está trabajando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está trabajando.

«Yo estoy trabajando en esta época». Por lo que mira. Mira entre las naciones y observad. Maravíllate y sorpréndete. «Estoy trabajando en tus días y no lo creerías si te lo dijera».

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar a orar con nosotras en un minuto. Basado en lo que hemos escuchado hoy, la respuesta a esa oración podría no parecer lo que esperamos. Pero será una buena dádiva de Su mano.

Quizás estás luchando con una oración sin contestar o las cosas no han salido como esperabas. ¿Podrías explorar el libro de Habacuc para que aprendas más de la oración, el silencio y las respuestas inesperadas? Te dará una perspectiva cuando Dios no esté contestando tus oraciones. Profundizará en tu entendimiento de la adoración.

Si estuvieses escribiendo el guión de tu vida, ¿estaría desarrollándose como lo está haciendo ahora? Aprende mañana acerca de cómo confiar en el autor de nuestra fe cuando Nancy continúe escudriñando el libro de Habacuc.

Ahora, Nancy nos va a guiar en oración.

Nancy: Padre cuanto te agradecemos el que estés trabajando en el hoy y ahora. Nunca cesas de glorificarte y redimir a este planeta y este mundo caído. Haces todas las cosas nuevas. Estás trabajando —indistintamente— en aquello que podemos ver y en lo que no podemos ver.

Por lo que ayúdanos, Señor cuando no podamos ver. Ayúdanos a confiar en que lo que has dicho es verdadero y que Tú siempre estás trabajando en aras de lograr tus propósitos para este mundo. Que esta realidad nos traiga gozo. Que esta realidad nos deje maravilladas y asombradas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

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1/14 – «Adversidad y Sabiduría»

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Eclesiastés

1/14 – «Adversidad y Sabiduría»

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

67 – «Prácticas de la Libertad Cristiana»

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

67 – «Prácticas de la Libertad Cristiana»

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

Jul 3 – ¿Por qué?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 3 – ¿Por qué?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-que/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestros propios corazones. Hay una diferencia entre esas preguntas sinceras, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos y en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss ¿Le has preguntado a Dios por qué? Si es así, tú estás en la compañía de un grupo de personajes bíblicos que cuestionaron a Dios: Moisés, David, y el profeta del cual oiremos el día de hoy. Aquí está Nancy en la serie titulada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Algunas de ustedes me han escuchado compartir esto antes, porque nunca lo voy a olvidar. Tuvo un gran impacto en mi vida hace muchos años atrás mientras estaba en el servicio fúnebre de mi hermano de 22 años de edad quien había muerto en un accidente automovilístico. Un hermano que había estado preparándose para el ministerio, un hermano que había llegado amar al Señor y que tenía un corazón genuinamente apasionado por Cristo y por las personas, y en un instante había perdido su vida. En la inescrutable elección, voluntad y providencia de Dios, David había partido.

Yo recuerdo estar sentada en el servicio fúnebre y escuchar a uno de los predicadores decir: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. No con un puño amenazador sino para examinar la conciencia. Tú puedes decir las mismas palabras y solo Dios sabe algunas veces si tu corazón se está examinando o está amenazando.

Ayer hablamos acerca de Joni Eareckson y de cómo ella fue víctima de aquel accidente de clavado que la dejó paralítica del cuello hacia abajo, y como en los primeros días después de su accidente ella tenía muchas preguntas. Ella se sentía enojada con Dios. ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué me pasó esto a mí?

Y después de estas preguntas Joni continúa reflexionando y dice,1

La mayoría de las preguntas que hice en los primeros días de mi parálisis fueron preguntas hechas con un puño amenazante, para descargar mis emociones, para desahogar mi ira. Yo no sé qué tan sinceras eran mis preguntas. Yo estaba simplemente enojada. Pero después de muchos meses, esas preguntas hechas con un puño amenazante hacia Dios se convirtieron en un examen de conciencia. sincera y honestamente, quería encontrar respuestas.

Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. Hay una diferencia entre esas preguntas solemnes, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos, en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Ahora a medida que he estado estudiando el libro de Habacuc, me he preguntado muchas veces si Habacuc estaba haciendo estas preguntas con un puño amenazante o con un examen de conciencia. En el primer párrafo del capítulo 1, él hace dos preguntas que con mucha frecuentemente son hechas por todos los seres humanos: «Oh Dios, ¿hasta cuándo seguirá esto? ¿Hasta cuándo y Tú no haces nada con mis oraciones? Y Dios, ¿por qué?» (verso 2 parafraseado).

¿Hasta cuándo? y ¿por qué? -Las dos preguntas de la condición humana. Las dos cosas que queremos saber de Dios. Él hace estas preguntas, y él prosigue a formular preguntas severas en el transcurso del primer capítulo.

He tratado de entender el corazón de Habacuc y he tratado de discernir si él estaba haciendo preguntas solemnes y honestas o estaba acusando a Dios. «Tú no oyes. Tú no salvas. Tú no estás haciendo nada». Mientras leía unos comentaristas, algunos están muy seguros que él preguntaba con un puño amenazador pero otros comentaristas están igualmente seguros de que él estaba cuestionando con un corazón humilde.

Yo he concluido que sé la respuesta. y la respuesta es que: Nosotros no sabemos. Nosotros no sabemos qué había en el corazón de Habacuc. Yo no puedo saber qué hay en tu corazón, y tú no puedes saber qué hay en mi corazón cuando hacemos esas preguntas.

Dios es el único que escudriña nuestros corazones y Dios es el único que sabe.

  • ¿Estamos cuestionando a Dios con un puño amenazante?
  • ¿Estamos enojadas con Dios?
  • ¿Lo estamos acusando?
  • ¿Estamos demandando que Él haga las cosas a nuestra manera?
  • ¿O estamos cuestionando con humildad, concienzuda y honestamente a Dios.

Nosotros sabemos que Habacuc, independientemente de lo que había en su corazón en estas primeras preguntas y en el transcurso del libro, llega a un momento de fe. Tú vas a oír esta palabra una y otra vez durante en esta serie. Fe. Hay un punto decisivo en este libro donde su duda se convierte en fe. Su temor se convierte en fe. Su queja y su preocupación se convierte en adoración. En adoración basada en la fe.

No precisamente porque sus preguntas fueron contestadas, sino porque él llega al punto de descansar en Dios para sus preguntas y decir: «yo no tengo que saber las respuestas, pero si necesito conocer a Dios. Yo quiero conocer a Dios». El luchador (que Habacuc significa «uno que lucha») se convierte en uno que abraza, uno que se aferra fuertemente a Dios diciendo, «Yo confio en ti aunque Tú no me des respuestas».

Como empezamos a ver en la última sesión sobre las circunstancias y la situación de Habacuc, vimos que él estaba muy preocupado por la corrupción, la injusticia, la violencia que había entre el pueblo de Dios.

Esto no está simplemente ocurriendo en el mundo. Esto está sucediendo en medio del pueblo de Dios. Él no estaba tan preocupado por las naciones paganas. De hecho, en la primera parte de este libro, Habacuc no tiene ningún interés por lo que está pasando en las naciones para nada. Él está preocupado por lo que está sucediendo con el pueblo de Dios.

Él está perplejo por la supuesta indiferencia de Dios y por la falta de respuesta a sus oraciones. Él dice, «Yo he estado orando por avivamiento, he estado orando para que tú hagas algo, orando para que tú traigas convicción, orando para que tú cambies los corazones de las personas, pero nada está ocurriendo».

Te da la impresión aquí de que él ha estado orando por mucho tiempo. No era como que él había acabado de orar esa mañana y no había obtenido respuesta en la tarde y se haya enojado con Dios. No, esto ha estado sucediendo por mucho tiempo.

Así que él dice en el versículo 3 del capítulo 1, «¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (NVI). En la última sesión, vimos la pregunta del «hasta cuándo». Hoy veremos en este tercer versículo la pregunta del «por qué». Es una pregunta recurrente. ¿Por qué? El pregunta tres veces en este capítulo. ¿Por qué? «¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (NVI)

Mientras pensaba en esa frase, «¿por qué debo contemplar el sufrimiento?», recordé una experiencia de años atrás. estaba viajando, y tenía que trasbordar en el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington. Y fui y me senté en uno de esos pequeños restaurantes del aeropuerto.

En esos días yo tenía un maletín, uno de esos maletines duros y yo lo deje en el piso justo a mi lado mientras ordenaba algo para comer. En un instante durante mi comida, un hombre que estaba sentado cerca de la mesa, vestido con un traje -si mal no recuerdo- se puso de pie de su mesa, caminó hacia mí donde yo estaba sentada, tomo mi maletín y se fue.

Claramente no era su maletín era mi maletín. Estaba justo a mi lado. Bueno, inmediatamente tomé dominio de la situación, y vi que allí cerca había un oficial de la policía, y le dije: «Ese hombre se llevó mi maletín». El oficial de policía no hizo nada.

Ciertamente, me siento agradecida de que la mayoría de los oficiales de policía hacen algo cuando están uniformados y están en la escena del crimen. No quiero decir que esto es una característica de los oficiales de policía, pero en ese momento -si mal no recuerdo la situación- simplemente recuerdo haber estado sorprendida de que este oficial de policía, teniendo una posición de autoridad, y escuchándome decir, que este hombre se había llevado mi maletín, solo se quedará ahí parado sin hacer nada. Y hoy puedes notar, veintitantos años más tarde, que todavía continúo irritada por esto.

Cuando pienso en Habacuc diciéndole a Dios, «Tú contemplas el sufrimiento. Tú ves lo que está pasando. Tú sabes acerca de la situación, y si no sabías acerca de ella, yo te lo acabo de decir, y aún así Dios no estás haciendo nada».

Bueno, tal vez te preguntes qué hice acerca de ese maletín. Hice algo que -en retrospectiva- no puedo creer que lo haya hecho. Fue muy insensato de mi parte pero yo camine tras este hombre yo misma. Él iba cambiando por un pasillo donde había mucha gente.

Caminé hacia él y le dije, «Discúlpeme, creo que eso que usted tiene es mío». Él simplemente me lo devolvió, me dio la espalda y se fue caminando. Cuando pienso lo que pudo haber sucedido, me doy cuenta de que no fue lo mejor que pude haber hecho, pero si el oficial de policía no estaba haciendo nada, yo sí tenía que hacer algo al respecto.

Bueno, hay muchas situaciones mucho más serias en la vida donde se están cometiendo crímenes, donde hay peligro, y hay gente que solo se para a mirar y no hace nada. Recuerdo a una mujer que recientemente escribió a Aviva Nuestros Corazones y compartió que desde niña su padre la había violado cada noche por años, mientras desde la perspectiva de esta niña pequeña, su madre se hizo de la vista gorda y no hizo nada.

Nos da un gran sentido de injusticia. ¿Por qué contemplas el sufrimiento? Dios tú lo estás viendo. ¿Por qué no estás haciendo algo al respecto?

John Stott dice,

La punzada real del sufrimiento no es la calamidad en sí misma, ni siquiera el dolor o la injusticia de esta, es más bien el abandono aparente de Dios en medio de ella. El dolor es soportable, pero la aparente indiferencia de Dios no lo es.

Por cierto, ¿no es esta una ilustración de lo que tal vez Jesús sintió en la cruz cuando dijo, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:47 RV-1960). En un sentir es, «Yo pudiera aguantar esto si tan solo supiera que Tú estás aquí haciendo algo al respecto».

Así que Habacuc le dice a Dios, «Tú me haces ver el mal y Tú ves la maldad, pero no haces nada». Él está preocupado por la aparente pasividad de Dios, Su indiferencia, Su inactividad». «¡No te quedes solo ahí, haz algo por favor! ¿Por qué contemplas el sufrimiento y no haces nada?»

Después él dice, «Veo ante mis ojos destrucción y violencia» (verso 3 NVI). Verás la palabra violencia aparece seis veces en el libro de Habacuc. Es un tema. Es algo por lo cual él está preocupado.

Esto está pasando entre el pueblo de Dios. Destrucción, violencia, riñas y contiendas. Versículo 4:

«Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia».

Ahora, es importante que mientras tú lees estos versículos te des cuenta que Habacuc está turbado por la maldad y la injusticia que está sucediendo entre el pueblo de Dios y por la aparente apatía y negligencia de Dios sobre la situación, aún a pesar de las constantes oraciones fervientes de Habacuc. Esto no le parece correcto.

Destrucción, violencia, riña, contienda. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia, entre los que se llaman creyentes en la iglesia. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia. La ley y el orden dejaron de funcionar. Las personas que deberían ejercer autoridad espiritual están cerrando sus ojos para no ver. Están escondiéndolo debajo del tapete. Ellos no están haciendo nada al respecto.

No te engañes a ti misma al pensar que las cosas que le preocupaban a Habacuc en su tiempo no están sucediendo en las cuatro paredes de nuestros propios hogares cristianos y en nuestras iglesias de hoy en día. La violencia y la injusticia prevalecen. Te preguntarás cómo. Divorcio. Si eso no es violencia, si eso no es riña y contienda, no sé entonces qué es.

No me sorprende o me asombra que los no creyentes se divorcien. ¿Cómo podrían mantener un matrimonio unido? Tienes a dos personas egoístas que no conocen a Dios, pero el pueblo de Dios, que alega tener el amor de Cristo, que ha sido perdonado, ¿no puede mantener sus matrimonios unidos por medio del perdón?

Riña y contienda. Disputas familiares. Divisiones en la iglesia. Conflictos no resueltos. Relaciones rotas en el cuerpo de Cristo.

En las últimas semanas he estado escuchado muchas historias. Estoy prácticamente sola sentada en mi estudio la mayor parte del tiempo. No salgo ni ando por ahí la mayor parte del tiempo. Pero aun en mis breves encuentros y conversaciones con la gente, escucho historias de personas que se llaman cristianos haciendo cosas no muy cristianas. Algunas de estas personas participan activamente en el ministerio. Hay amargura, conflictos no resueltos durante mucho tiempo entre creyentes.

La semana pasada escuché acerca de dos profesores de una universidad cristiana que están involucrados en un romance. Ahora bien, los de la universidad todavía no lo saben, y me pregunto, ¿por qué no saben acerca de esto? Digo, uno escucha estas cosas. Uno piensa, estas personas están enseñando a nuestros hijos en una universidad cristiana, mientras ellos están teniendo una relación adúltera.

Pornografía. Adulterio. Bromas vulgares. Profanación. Baile vulgar. Lenguaje sugestivo. Todo esto he escuchado en tan solo las últimas semanas y está sucediendo dentro el pueblo de Dios. Y la gente lo está justificando, defendiendo, riéndose de esto a veces, siendo entretenido por esto. Personas en posición de liderazgo. Y uno clama con Habacuc, «¡¿O Dios, hasta cuando?! ¿Por qué dejas que esto siga? ¿Por qué te sientas y miras esto y no haces nada al respecto?»

Hace poco un amigo me dijo acerca de un jefe que él tiene que dice ser cristiano. Él es un miembro activo de su iglesia y también es dueño de un comercio, y abiertamente está admitiendo trámites ilegales en su contratación de empleados y en su ética laboral. Y después él va a la iglesia y está involucrado en grupos pequeños y en liderazgo, pero en su trabajo es un hombre completamente diferente, evade la ley, hace cosas que no son triviales y que son totalmente ilegales.

Este joven que trabaja para él está viendo todo esto y está hablando con el hombre, y el hombre reconoce que está mal, pero sigue haciéndolo. ¿Por qué Dios no hace algo al respecto? Uno ve personas en liderazgo que no están haciendo nada al respecto y que algunas veces de hecho están participando en ello. Y uno dice, «Dios, ¿Cómo puedes contemplar esto y no hacer nada?»

¿Quizás piensas que sueno preocupada y alterada en este momento? Ese es el espíritu que percibes de Habacuc a medida que él medita en estas cosas, a medida que él ve que estas cosas ocurren. Tú sientes su preocupación intensa acerca de la condición espiritual y moral de Su pueblo. Esto perturba a Habacuc.

Mientras meditamos en este pasaje, quisiera preguntarte, «¿Te perturba esto a ti?»

  • ¿Te duele ver el pecado, el pecado no arrepentido, el pecado continuo, el pecado habitual, los patrones de pecado en la conducta del pueblo de Dios?
  • ¿Te duele?
  • ¿Te rompe el corazón?
  • ¿Te asombra?
  • ¿Te sientes irritada por esto?
  • ¿Te lamentas del pecado y la violencia entre el pueblo de Dios?

Y pienso, desafortunadamente, que la mayoría de nosotras nos hemos adaptado a esta actitud complaciente: y decimos bueno así son las cosas. Los niños no dejarán de ser niños: esa fue la respuesta que una autoridad le dio a una amiga mía cuando ella le comentó su preocupación de algo que los jóvenes estaban haciendo en una escuela cristiana en particular. «Los niños no dejarán de ser niños. Así son las cosas. Somos solo humanos. Tú eres una perfeccionista. Tú eres una legalista».

Si tú expresas preocupación por algunas de estas cosas hoy en día, este es el tipo de respuesta que vas a recibir. Una amiga me dijo, «cuando menciono estas cosas, la gente me mira como si estuviera loca». «¿Estoy loca porque me preocupan estas cosas? ¿Soy la única que está perturbada por esto?» Bueno, es muy triste que nos tengamos que hacer esta pregunta, ¿verdad? ¿Te sientes contristada? ¿Te cargan las cosas que contristan el corazón de Dios?

Siglos atrás Juan Calvino escribió un comentario sobre el libro de Habacuc, él dijo,

Este pasaje nos enseña que todo aquel que realmente sirve y ama a Dios tiene que arder con una indignación santa en cualquier momento que vean la maldad reinando sin control entre los hombres, y especialmente en la iglesia de Dios. No hay nada que nos debe causar más dolor que ver a hombres violentos, con un desprecio profano hacia Dios y sin ninguna consideración hacia Su ley y por Su verdad divina.

Así que Habacuc hizo esto un asunto sobre el cual interceder; una petición de oración. Él llevó su preocupación a Dios porque él se dio cuenta que no había otro lugar donde llevarla. No hay nadie más que pueda hacer algo al respecto.

Amigas, una cosa es estar molesta, hablar una con la otra acerca de lo terrible que están las cosas, conmiserarse junto a otras, escribir cartas, quejarse, gritarle a la televisión cuando veas algo que te molesta. Pero, la pregunta es: ¿has orado al respecto? ¿Has orado por lo que estás viendo en tu familia, lo que estás viendo en tu iglesia, en nuestra cultura… has orado al respecto? Eso es lo que Habacuc hace.

Y porque la maldad sigue y sigue a pesar de sus oraciones, Habacuc equivocadamente concluye que Dios no está haciendo nada, que Dios es indiferente. Recuerda, Dios parece ser indiferente, solo desde el punto de vista de Habacuc. Pero Dios no es indiferente. Dios nunca está inactivo, Dios nunca está ocioso. Dios siempre está haciendo algo, y lo veremos a medida que avanzamos en este pasaje.

A medida que pensamos en esta maldad que continúa, déjame leerte unos cuantos escritos de creyentes antiguos que me han sido de gran ayuda al pensar en este pasaje.

Primero, he estado leyendo recientemente de uno de mis autores tradicionales favoritos, Fenelon. En su libro «Perfección cristiana» ( Christian Perfection ) él dice,2

Una cosa que me confunde es entender cómo Tú permites que tanta maldad se mezcle con lo bueno.

Él está hablando con Dios. Y él le dice,

Tú no puedes hacer el mal. Todo lo que haces es bueno. ¿Entonces por qué la faz de la tierra está cubierta con crímenes y miseria? Es como si el mal prevaleciera en todas partes por encima del bien. Tú hiciste el mundo solamente para Tu gloria, y estamos tentados a creer que se está volviendo en Tu deshonra. El número de los malvados infinitamente sobrepasa el número de los buenos, aun en la iglesia.

Esto fue escrito siglos atrás. Él sigue diciendo,

Toda carne ha pervertido su camino… todos sufren. Todo está en un estado de violencia… ¿Por qué esperas tanto, Señor, para separar el bien del mal? Apresúrate. Glorifica Tu nombre. Haz saber a esos que lo blasfeman lo grande que es. Te lo debes a Ti mismo, el restablecer el orden de las cosas.

Después él dice, «Pero oh mi Dios, cuán profundos son tus juicios». Aquí es cuando tu preocupación se vuelve adoración. Aquí es cuando el temor se convierte en fe. Él dice,

Tus caminos son más altos que nuestros caminos, así como los cielos están de la tierra. Nosotros estamos impacientes porque nuestra vida entera es solo un momento. En contraste, Tu gran paciencia está fundamentada en Tu eternidad, para la cual mil años son como un ayer que acaba de pasar.

Después está este recordatorio de Oswald Chambers, otro de mis autores favoritos, como lo escribe en » En pos de lo Supremo «3, él dice:

Hay momentos cuando tu Padre aparentarará ser… insensible e indiferente, pero recuerda que Él no lo es… Si hay una sombra en el rostro del Padre por ahora, puedes estar segura de que, al final, Él mal mostrará Su revelación y Él será justificado en todo lo que ha permitido… Mantente firme en tu fe, creyendo que lo que dijo Jesús es cierto, aun si por el momento tú no entiendes lo que Dios esté haciendo. Él tiene asuntos más importantes en mente que las cosas que tu estás pidiendo. Dios tiene un propósito mayor. Dios tiene un plan más grande.

Ahora bien, cuando volvamos en la próxima sesión, vamos a ver que Dios no está en silencio. Él oye las oraciones de Habacuc. Él responde a la oración de Habacuc. Él no es pasivo. Él no es indiferente.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá para orar con nosotras. Ella solo nos dio un adelanto de lo que escucharemos en la próxima sesión de la serie actual llamada Habacuc: Del temor a la fe. Hemos estado viendo unas preguntas serias que Habacuc hizo y a medida que la serie progrese, encontraremos por qué Habacuc pudo cambiar su enfoque para empezar a adorar a Dios.

Cuando Dios responde las oraciones, el resultado puede ser muy diferente a lo que esperabas. Esto es lo que descubrió Habacuc, y es lo que veremos en la próxima sesión. Por favor sintonízanos de vuelta mañana. Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Padre, solamente quiero agradecerte porque podemos confiar en Ti. Si algo he aprendido en estos 50 años de caminar contigo, es que Tú eres fiel, sabio, amoroso, y bueno, independientemente de que tan nublada Tu providencia parezca ser a veces o cuán inescrutables tus caminos. Todas las cosas son conocidas por Ti. Todas las cosas son claras para Ti.

Es solo nuestra finitud, nuestra carne, nuestra debilidad que las hace misteriosas para nosotras. Pero gracias, Señor, que un día la fe será por vista. Todo será claro y todo el mundo adorará tus caminos y afirmara que Tú has hecho todas las cosas bien. Así que hasta ese día, Señor, ayúdanos a no vacilar en la fe y aferrarnos a Ti, aunque aún estés velado para nosotros. Te adoramos, Te esperamos y nos entregamos a Ti completamente. En el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1http://www.powertochange.com/changed/jeareckson.html 2 Fenelon. Christian Perfection. (San Francisco: Harper & Brothers, 1947). p. 125-6. 3 Oswald Chambers. My Utmost for His Highest. 9/12.

Música: Oh Que Amigo Nos Es Cristo (What a Friend We Have in Jesus), Integrity Worship Singers, Himnos de Inspiración ℗ 2001 Integrity Media, Inc.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Está permitido el divorcio dentro de las enseñanzas bíblicas?

No es tan simple como parece

¿Está permitido el divorcio dentro de las enseñanzas bíblicas?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

http://www.integridadysabiduria.org

ELISABETH ELLIOT

BITE

Serie: Biografías

ELISABETH ELLIOT

La mujer que RINDIÓ toda su vida a la voluntad de Dios

Elisabeth Howard nació en 1926 en Bruselas, Bélgica, hija de padres misioneros que eran miembros de la Misión Evangélica Belga en el momento de su nacimiento. Los Howard regresaron a los Estados Unidos siendo Elisabeth aún bebé.

Elisabeth, conocida cariñosamente como “Betty” entre su familia y amigos, creció en un hogar piadoso que le brindó seguridad. Con el tiempo, creció en su corazón, la semilla de dedicarse al trabajo misionero.

Mientras estaba en el Colegio, Elisabeth estuvo involucrada en el periodismo como redactora editorial para el periódico estudiantil. También fue miembro del equipo de debate. Su especialización fue el griego, que eligió por su deseo de trabajar en el campo de la traducción bíblica. Uno de sus compañeros fue Jim Elliot que también eligió el griego por las mismas razones. Los dos comenzaron a salir durante el último año de Elisabeth.

No tardaron mucho en darse cuenta de la atracción que sentían el uno por el otro; pero Jim creía firmemente que Dios lo llamaba a una vida como soltero en el campo misionero. Así comenzaron varios años de espera para descifrar la dirección de Dios para su relación. Ambos jóvenes deseaban estar seguros que su matrimonio no los alejaría de su devoción individual a Dios ni de Su Voluntad.

Elisabeth se graduó en 1948 y se inscribió ese verano en el Instituto de Lingüística auspiciado por los Traductores de la Biblia Wycliffe. También asistió al Prairie Bible Institute como preparación adicional para el trabajo misionero. Durante el verano de 1949, trabajó en Canadá con la Misión de la Escuela Dominical Canadiense.

En 1952, Elisabeth y Jim se fueron de forma independiente a Ecuador como trabajadores de la misión. La tarea de Elisabeth fue con los indios Colorados de la selva occidental. Jim comenzó a trabajar con los indios quechua del área de la selva oriental. Cuando una inundación requirió la reconstrucción de parte de la estación donde vivía Jim, él y Elisabeth decidieron casarse. La ceremonia civil tuvo lugar en Quito el 8 de octubre de 1953. El 27 de febrero de 1955 nació su hija Valerie. Luego empezaron a trabajar en la traducción del Nuevo Testamento al idioma quechua.

La proximidad de los remotos Waorani, o como lo llamaban sus vecinos Aucas o salvajes, había estimulado previamente la determinación de Jim Elliot de intentar el contacto y la evangelización. En 1955, se hicieron planes para contactar a esta apartada tribu. Rudimentos del idioma waorani fueron estudiados y transmitidos desde el avión durante estos contactos. El lenguaje había sido traducido por Rachel Saint, hermana de Nate, a través de su trabajo con Dayuma, una niña refugiada de la tribu Waorani cuya familia había sido asesinada por miembros de la tribu.

El 2 de enero de 1956, Saint y Elliot, con Peter Fleming, Roger Youderian y Ed McCully, aterrizaron en el Rio Curaray y establecieron un campamento. Después de una visita aparentemente amistosa de dos mujeres y un hombre de la tribu Waorani, los cinco hombres fueron asesinados con lanzas de madera el 8 de enero de 1956. La muerte de los misioneros causó revuelo internacional.

Después de la muerte de su esposo, Elisabeth regresó brevemente a la casa de sus padres en Nueva Jersey, pero decidió regresar con Valerie, su hija, y continuar el trabajo con los quechuas. Durante los siguientes dos años, se hicieron más contactos con las tribus Waorani y el 8 de octubre de 1958, Rachel Saint, Elisabeth y Valerie, acompañadas por Dayuma, se mudaron con la tribu en su aldea remota a vivir con el grupo familiar que había matado a los hombres. Allí estudiaron el idioma y trabajaron en traducciones de la Biblia. Los asesinos de Jim Elliot y otros miembros de la tribu se convirtieron más tarde al cristianismo.

En el verano de 1960, Elisabeth regresó a los Estados Unidos durante un año, para impartir conferencias y escribir. Poco después de su regreso en el verano de 1961 a Ecuador, delegaron su trabajo entre los waorani y regresaron a trabajar con los quechuas. Elisabeth regresó con su hija a los Estados Unidos en 1963 para continuar su carrera como oradora y escritora.

Elisabeth se hizo muy conocida en el mundo evangélico gracias a sus libros y conferencias, pero por sobre todo a su gran testimonio de valentía y entrega a la voluntad de Dios. En 1988, comenzó su propio programa de radio llamado Entrada al Gozo.

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23/42 – Lee la Biblia: Abdías

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23/42 – Lee la Biblia: Abdías

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Abdías, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Abdías anuncia la caída de Edom a manos de Babilonia, lo cual es una imagen de cómo Dios destruirá a todas las naciones arrogantes y violentas. #BibleProject #VideosDeLaBiblia #Abdías