Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

viernes 8 septiembre

David… escogió cinco piedras lisas del arroyo… y se fue hacia el filisteo.

1 Samuel 17:40

Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

Juan 6:9

Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

1 Corintios 14:19

Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

A menudo ponemos como pretexto nuestra falta de medios o de conocimiento para no cumplir un servicio para Dios. Tres ejemplos nos animan a no dar marcha atrás.

–David era un joven pastor; ¿qué podía hacer ante Goliat, quien se burlaba de Dios? No comparó su estatura con la del gigante, sino que era consciente de la grandeza de Dios y había experimentado su ayuda en otras ocasiones. Escogió, pues, cinco piedras en el torrente, pero una sola le bastó para matar con su honda al adversario: fue dirigida por la mano divina hacia el único defecto de la coraza.

–Miles de hombres y mujeres rodeaban a Jesús y a sus discípulos. Estos querían despedirlos, pues no había casi nada para comer. Pero no contaban con el poder de Jesús. Por mandato del Señor la multitud se sentó en la hierba, y asistieron al milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que un muchacho había traído. ¡Todos quedaron saciados!

–Cinco palabras no es mucho para una predicación, sin embargo, si instruyen y animan, tendrán más impacto que un largo discurso.

Sentimos nuestra pequeñez ante las necesidades que vemos a nuestro alrededor, pero nuestro Dios lo sabe y nos dice, como dijo a Gedeón en otra época: “Ve con esta tu fuerza… ¿No te envío yo?” (Jueces 6:14), o como a Pablo: “Bástate mi gracia… mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

2 Crónicas 24 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

LA BONDAD DE LA SABIDURÍA DE DIOS

LA BONDAD DE LA SABIDURÍA DE DIOS

9/7/2017

También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.

Isaías 28:29

La manera más directa en la que vemos la bondad de la sabiduría de Dios es cuando Él la comparte con nosotros. El apóstol Pablo pedía que Dios les concediera a los creyentes de Éfeso y de todas partes el “espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Ef. 1:17). Expresó conceptos similares en su carta a los colosenses: “Nosotros… no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (1:9). “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (3:16).

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Los adversarios y la fe: ambos puestos por Dios

SEPTIEMBRE, 07

Los adversarios y la fe: ambos puestos por Dios

Devocional por John Piper

Solamente comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo… de ninguna manera amedrentados por vuestros adversarios… Porque a vosotros se os ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él. (Filipenses 1:27-29)

Pablo le dijo a los filipenses que vivir de una manera digna del evangelio de Cristo significaba no temer a sus adversarios. Luego continuó con la lógica de por qué no debían temer.

La lógica es que Dios nos dio dos dones, no solo uno: la fe y el sufrimiento. Eso es lo que dice el versículo 29.

En este contexto, lo que eso significa es que tanto la fe en la faz del sufrimiento, como el sufrimiento en sí, son regalos de Dios. Cuando Pablo dijo que no debían tener miedo de sus adversarios, tenía en mente dos razones por las que no debían temer:

  1. Los adversarios están en la mano de Dios. Las dificultades que nos presentan son un regalo de Dios. Él los gobierna. Ese es el primer punto acerca del versículo 29.
  2. Actuar sin temor, es decir, nuestra fe, también está en la mano de Dios. También es un regalo. Ese es el segundo punto del versículo 29.

Por lo tanto, la lógica que rige nuestro coraje frente a las adversidades es una verdad doble: tanto la adversidad como la fe frente a la adversidad son regalos de Dios.

¿Por qué se le llama a esto «[comportarse] de una manera digna del evangelio de Cristo»? Porque el evangelio es la buena nueva de que la sangre del pacto de Cristo infaliblemente logró, para todo su pueblo, que la obra soberana de Dios nos dé fe y que gobierne sobre nuestros adversarios — siempre con miras a nuestro bien eterno—.

Por eso, no temamos. Nuestros adversarios no pueden hacer más de lo que Dios les permita hacer, y él nos concederá la fe que necesitamos. Estas promesas fueron pagadas y selladas con sangre. Son las promesas del evangelio.


Devocional tomado del articulo “La Lógica de la Intrepidez”

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Hay ansiedad como en el mar que no se puede calmar

7 de septiembre

«Hay ansiedad como en el mar que no se puede calmar».

Jeremías 49:23 (LBLA)

Sabemos poco acerca de qué ansiedad puede haber en el mar en estos momentos. Nosotros estamos seguros en nuestras tranquilas habitaciones; pero lejos, en el salado mar, la tempestad estará, quizá, segando las vidas de los hombres. ¡Oye cómo los demonios de la muerte braman entre el cordaje, cómo cruje cada tabla cuando las olas caen como demoledores arietes sobre la nave! ¡Dios te ayude, pobre marinero empapado y fatigado! ¡Mi oración se eleva al Señor del mar y de la tierra para que él calme la tormenta y te conduzca al deseado puerto! No solo debo orar, debo también beneficiar a esos hombres intrépidos que constantemente arriesgan sus vidas. ¿He hecho alguna vez algo por ellos? ¿Qué puedo hacer? ¡Cuán a menudo el turbulento mar se traga a los que navegan por él! Miles de cadáveres yacen en lo profundo, donde están las perlas. Hay en el mar una ansiedad de muerte, que tiene su repercusión en el prolongado gemido de las viudas y los huérfanos. La sal del mar está en muchos ojos de madres y de esposas. ¡Olas crueles, vosotras habéis devorado el amor de las mujeres y el sostén de las familias! ¡Qué resurrección habrá de aquellos que yacen en lo profundo del mar, cuando este entregue sus muertos! Hasta entonces, persistirá la ansiedad en el mar. El mar, como si quisiera mostrar su simpatía con los dolores de la tierra, está siempre agitándose a lo largo de mil riberas; gimiendo con un gemido lastimero, igual que el de sus aves; retumbando con un estrepitoso estallido de desasosiego; enfureciéndose con ruidoso disgusto; irritándose con enardecida ira y riñendo con los ruidos de diez mil guijarros. El rugido del mar, quizá sea placentero para algún espíritu alegre, pero para el hijo del dolor, el océano es más triste que la tierra. No es este el lugar de reposo (cf. Miq. 2:10): las inquietas olas así nos lo dicen. Hay un mundo en donde el mar no existirá más; nuestros rostros están vueltos resueltamente hacia él. Nos dirigimos al lugar del cual el Señor nos ha hablado; hasta entonces, seguiremos echando nuestras aflicciones sobre el Señor que anduvo sobre el mar y abrió para su pueblo una senda a través de sus profundidades.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 261). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La liberación de Dios

7 Septiembre 2017

La liberación de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 54

El versículo final del Salmo 54 describe un cambio repentino. Los primeros versículos describen una situación caótica, que hacen que David pida la ayuda de Dios. Cuando llegamos el versículo 7, su desesperación se ha convertido en un triunfo. David dice: «me has librado de toda angustia». Y esa frase tiene el verbo conjugado en el tiempo pasado perfecto. Cuando leemos la literatura hebrea con frecuencia se utiliza el tiempo perfecto para declarar un evento futuro. David no sabe cuando ni cómo Dios va actuar a su favor; sin embargo, él escribe con total confianza:

Porque me has librado de toda angustia.
Mis ojos han visto la derrota de mis enemigos.

Cuando leemos 1 Samuel 23:26-29, nos damos cuenta de que Dios intervino para proteger a David de sus enemigos:

Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres iba por el otro lado del monte. David se daba prisa para escapar de Saúl, porque Saúl y sus hombres estaban rodeando a David y a sus hombres, a fin de capturarlos. Entonces llegó a Saúl un mensajero, diciendo:
—Date prisa y ven, porque los filisteos han hecho una incursión en el territorio.
Por tanto, Saúl desistió de perseguir a David y partió contra los filisteos. Por esta razón pusieron por nombre a aquel lugar Sela-hamajlecot.
De allí David subió y habitó en los lugares de difícil acceso de En-guedi.

De un momento a otro, quizás tan pronto como David dijo: Daré gracias a tu nombre, oh Señor, porque es bueno», sus enemigos regresaron a su tierra y la amenaza del peligro inmediato se fue con ellos. Note  que David dijo que sus «ojos han visto la derrota de mis enemigos». Otras versiones de la Biblia agregan la frase, «con satisfacción» dándole una mayor claridad a esta expresión hebrea. Las palabras que usó David denotan un hombre sin amargura. Él podía ver a sus enemigos de frente sin malicia o resentimiento. Él los había entregado a Dios y Dios había tratado con ellos de manera perfecta y soberana.

Si vamos a declarar la guerra que sea en contra de esos hábitos que cultivamos en contra de los demás. Me refiero a los sentimientos negativos, a la falta de perdón, al resentimiento, a la competitividad, a la envidia, la venganza, el odio, el chisme, la crítica y la sospecha. ¡Abandonemos ese camino de una sola vez y para siempre! La única ruta alterna que debemos tomar es la ruta del amor. Los años y el tiempo con Dios (y con los demás), me han enseñado a responder a la mayoría de personas problemáticas con un amor inmerecido, sincero y lleno del poder del Espíritu Santo. A eso le llamo yo poner en práctica la gracia de Dios. Una vez que Cristo es el centro de atención, es asombroso ver lo poderoso que es el amor.

Le dejo con un extracto del hermoso libro que escribió Amy Carmichael titulado, «Si…» y que nos habla de esto exactamente:

«Si denigro a aquellos a los que Dios me llama a servir, si hablo de sus puntos débiles comparándolos con mis puntos fuertes; si adopto una actitud superior, olvidando que Dios nos hizo diferentes y que lo que tengo no es mío si no lo he recibido, entonces no sé nada acerca del amor del calvario.

Si me ofendo con facilidad, si me alegro en no hacer amigos, aun cuando la amistad es una posibilidad, entonces no sé nada acerca del amor del calvario.

Si siento amargura hacia los que me condenan pensando que injustamente lo hacen, sabiendo que si ellos me conocieran tanto como yo me conozco mi misma, me condenarían mucho más, entonces no sé nada acerca del amor del calvario.«

Afirmando el alma
Una vez más, vuelva a la lista de las personas difíciles. Ya usted les perdonó. Ahora, dé un paso más. Es momento para que la gracia y el amor fluyan. Ore por cada una de esas personas. No solo para que se sometan a la voluntad de Dios o «vean la luz». Pídale a Dios que proteja a cada uno de sus enemigos y que les provea sus necesidades (Lucas 6:28). ¿Qué cree usted que el Señor hará para contestar esa oración?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Es tiempo de luto, no de chisme!

7 SEPTIEMBRE

2 Samuel 1 | 1 Corintios 12 | Ezequiel 10 | Salmo 49

Cuando David se entera de la muerte de Saúl y Jonatán (2 Samuel 1), su luto no es meramente formal. Tenía que saber que se le había abierto el camino hacia el trono. Sin embargo, su dolor fue tan genuino, que compuso un extenso lamento (1:19–27), le puso música y se lo enseñó a los hombres de su tribu (1:18) para que se cantara por largo tiempo como una de las baladas populares de la tierra.

Muchos elementos de este lamento merecen una larga reflexión. Hoy meditaré sobre un solo versículo: “No lo anunciéis en Gat, ni lo pregonéis en las calles de Ascalón, para que no se alegren las filisteas, ni lo celebren esas paganas” (1:20). En términos formales, el texto es suficientemente claro. Gat y Ascalón eran las dos ciudades principales de los filisteos. David está diciendo, en efecto, que no se informe a los filisteos sobre la muerte de Saúl y de Jonatán, para que no se alegren ni se regocijen.

Por supuesto que los filisteos inevitablemente se enterarían y David, en especial, lo sabía. Pero su propósito al escribir estas palabras no era literalmente mantener a los filisteos en la ignorancia un poco más. ¿Cómo iba a serlo? Ya habían colgado el cuerpo de Saúl en el muro de Betsán (1 Samuel 31:10) y habían enviado mensajeros con la noticia por toda la tierra de los filisteos (31:9). Entonces, si estos versos de la pluma de David no funcionan como un consejo literal, ¿cuál es su función?

En parte, es sencillamente un lamento. Es una manera poderosa de decir que los enemigos de Israel se deleitarían en la noticia y, por tanto, su placer da medida de la tragedia. Pero sospecho que hay otra insinuación. Cuando uno de nuestros líderes cae, compórtate de tal manera que no le des fuerza a la oposición.

Esta lección debe ser aprendida una y otra vez en la iglesia. Cuando se descubre que un ministro del evangelio ha adulterado o malversado fondos de la congregación, ciertamente es necesario aplicar inmediatamente el principio bíblico de la disciplina. Si ha quebrantado la ley, hay que contactar con las autoridades civiles. Si hay familias afectadas, será necesario mucho trabajo pastoral. No obstante, debemos entender bien que muchos no creyentes estarán frotándose las manos y diciendo: “¿Veis? ¿Qué se puede esperar? Todo eso de la religión es pura hipocresía y falsedad”. Así, se desprecia a Cristo y la credibilidad del testimonio cristiano disminuye. Los cristianos deben refrenar sus lenguas, vigilar lo que dicen y ser especialmente cuidadosos en no decir nada innecesario a los no creyentes. Es tiempo de luto, no de chisme. “No lo anunciéis en Gat…”

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 250). Barcelona: Publicaciones Andamio.

No hay paz sin Dios

jueves 7 septiembre

 

En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural… crueles, aborrecedores de lo bueno.

2 Timoteo 3:1-3

Mas ya habéis sido lavados… santificados… justificados en el nombre del Señor Jesús.

1 Corintios 6:11

No hay paz sin Dios

El siglo 18 fue llamado el «siglo de las luces». La revolución francesa es considerada como la culminación de esta época marcada por corrientes de pensamientos opuestos a la idea de un Dios vivo que interviene en la vida de los hombres. ¿Qué sucede ahora? Nuestra sociedad trata, hoy más que nunca, de borrar toda referencia al cristianismo. Rechaza a Dios pero conserva una total confianza en la razón humana para resolver los problemas.

Sin embargo, después de muchos decenios, el balance de este modo de pensamiento que pretendía traer la libertad es muy negativo: delincuencia, violencia, confusión aumentan constantemente. ¿Y qué decir de las guerras en este mundo? ¡La paz está muy lejos! Ahora bien, desde el primer siglo el apóstol Pablo anunció que las cosas “irán de mal en peor” (2 Timoteo 3:13).

Dios no propone mejorar la sociedad. Sin embargo no abandona al hombre, dejándolo sin guía. Conoce sus necesidades, sus sufrimientos y sus dudas. Dios ama a todos los hombres y desea que todos “sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Se reveló por medio de Jesucristo, su Hijo, quien vino para acercarse al hombre a fin de liberarlo de las tinieblas morales y de la muerte. Jesús dio su vida por pecadores perdidos y alejados de él. Mediante su sacrificio, ofrece a todos los que creen en él un sentido a la vida presente y un futuro más allá de la muerte: la vida eterna.

2 Crónicas 23 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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LA BONDAD DEL PODER DE DIOS

LA BONDAD DEL PODER DE DIOS

9/6/2017

Jehová es tardo para la ira y grande en poder. Nahum 1:3

El poder de Dios, uno de sus atributos principales, se muestra a menudo para nuestro bien. Nos apoya en nuestros problemas y fortalece nuestra vida espiritual. Casi al fin de su vida, Moisés le dijo al pueblo de Dios: “El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos” (Dt. 33:27).

En sus palabras de despedida a los discípulos, antes de su ascensión, Jesús prometió: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

Sean favorables o desfavorables nuestras cir­cuns­tan­cias externas, estas y otras promesas divinas acerca del poder de Dios están allí para que las reclamemos.

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Un amor poderoso y presente

SEPTIEMBRE, 06

Un amor poderoso y presente

Devocional por John Piper

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8:35)

Hagamos tres observaciones acerca de Romanos 8:35:

1. Cristo nos ama ahora mismo.

Una esposa podría decir acerca de su marido fallecido: «Nada me separará de su amor». Es posible que quiera decir que el recuerdo del amor de su esposo será dulce y poderoso por el resto de su vida. Sin embargo, no es eso a lo que Pablo se refiere en este pasaje.

Romanos 8:34 dice claramente: «Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros». La razón por la que Pablo puede afirmar que nada nos separará del amor de Cristo es que Cristo está vivo y nos está amando ahora mismo.

Él está a la diestra de Dios y, por lo tanto, gobierna para nosotros. También está intercediendo por nosotros, lo que significa que se está encargando de que su obra de redención terminada nos salve minuto a minuto y nos conduzca sanos y salvos al gozo eterno. Su amor no es un recuerdo. Es una acción constante del Hijo de Dios, vivo y omnipotente, para llevarnos al gozo eterno.

2. El amor de Cristo es eficaz en protegernos de toda separación y, por lo tanto, no es un amor universal por todos, sino que es un amor particular por su pueblo —por aquellos que, según Romanos 8:28, aman a Dios y son llamados conforme a su propósito—.

Este es el amor de Efesios 5:25: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella». Este es el amor de Cristo por la iglesia, su esposa. Cristo tiene un amor que es por todo ser humano, y un amor que es especial, salvífico y protector por su esposa. Ustedes saben que son parte de esa esposa si confían en Cristo. Cualquiera —sin excepciones— cualquiera que confíe en Cristo puede decir que es parte de su esposa, su iglesia, que es uno de sus llamados y escogidos, aquellos que el versículo 35 dice que son guardados y protegidos para siempre, sin importar lo que suceda.

3. Este amor omnipotente, eficaz y protector no nos libra de las calamidades en esta vida, sino que nos conduce sanos y salvos al gozo eterno con Dios.

La muerte es algo que todos experimentaremos, pero que no nos separará de Cristo. Por lo tanto, cuando Pablo dice en el versículo 35 que la «espada» no nos separará del amor de Cristo, lo que quiere decir es esto: ni siquiera si nos matan nos separarán del amor de Cristo.

Por consiguiente, esta es la síntesis de lo que expresa el versículo 35: Jesucristo ama poderosamente a su pueblo, con un amor omnipotente y constante que no siempre nos rescata de las calamidades, sino que nos guarda para el gozo eterno en su presencia, incluso a través del sufrimiento y la muerte.


Devocional tomado del sermón“Nada nos podrá separar del amor de Cristo”

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Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley

6 de septiembre

«Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley».

Gálatas 5:18

El que considera su carácter y su posición desde el punto de vista legal, no perderá toda esperanza solo cuando llegue al final de su cálculo, sino que, si es hombre sabio, la perderá al comenzar. Pues si se nos va a juzgar sobre la base de la ley, ninguno será justificado. ¡Cuán precioso resulta saber que moramos en los dominios de la gracia y no en los de la ley! Cuando pienso en mi estado delante de Dios, no pregunto: «¿Soy perfecto ante la ley?», sino: «¿Soy perfecto en Cristo Jesús?», lo cual es muy distinto. No necesitamos inquirir si «por naturaleza, estamos sin pecado»; debemos más bien averiguar si hemos sido lavados en el «manantial [que fue abierto] para la purificación del pecado y de la inmundicia» (Zac. 13:1). La cuestión no es «si por mí mismo soy agradable a Dios», sino si soy «[acepto] en el Amado» (Ef. 1:6). El cristiano examina su posición desde la cumbre del Sinaí y se alarma en cuanto a su salvación. Sería mejor que leyera sus títulos a la luz del Calvario. Además dice: «Mi fe contiene incredulidad; no me puede salvar». Si hubiese considerado el objeto de su fe, en lugar de su fe misma, entonces hubiera dicho: «No existe falta en Cristo; por tanto, estoy seguro». El tal suspira por su esperanza diciendo: «¡Ah, mi esperanza está desfigurada y empañada por una angustiosa ansiedad en cuanto a las cosas presentes, cómo puedo ser acepto!». Si hubiese considerado la base de su esperanza, entonces habría visto que la promesa de Dios permanece segura y, cualesquiera que sean nuestras dudas, el juramento y la promesa nunca fallarán. ¡Ah, creyente, es siempre más seguro para ti dejarte guiar por el Espíritu a la libertad del evangelio que llevar el yugo de la ley! Júzgate, más bien, en lo que Cristo es que en lo que eres tú mismo. Satanás procurará turbar tu paz, trayéndote a la memoria tus pecados e imperfecciones, pero puedes hacer frente a sus acusaciones asiéndote fielmente del evangelio y rehusando llevar el yugo de servidumbre.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 260). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.