El noviazgo

El noviazgo

Aprendiendo a esperar

por June Hunt

a1En la versión fílmica de Blanca Nieves, la hermosa joven canta lo que toda muchacha soltera anhela en su corazón.
Algún día vendrá mi príncipe,
Algún día llegará mi amor,
¡Oh, que emocionante será el día,
en que llegue el príncipe de mis sueños!
Pero, ¿cómo se encuentra el amor de su vida? y, ¿cómo es que el príncipe encuentra su amor? Ese cuento de hadas trata de que ambos, hombre y mujer, deben aprender a esperar. Si usted está aprendiendo a esperar, sea paciente. Espere a que Dios le indique su mejor elección de un novio(a) para usted que tal vez se convierta en su compañero(a).

“Porque en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová Dios mío”
(Salmo 38:15).

I. DEFINICIONES

A. ¿Qué es el noviazgo?

Es la relación entre un hombre y una mujer que participan de actividades sociales por mutuo consentimiento. Tener novio significa apartar tiempo para tener interacción social con una persona del sexo opuesto.

“¿Qué tan importante es el noviazgo? Tengo más de veinte años y nunca he tenido novia. No siento necesidad sexual por nadie. No me siento atraído sexualmente por las mujeres (pero no soy homosexual)”.

Existen matrimonios muy felices entre personas que nunca tuvieron novio hasta que llegó el tiempo indicado por Dios a sus vidas. La intención del Señor es que la actividad sexual se practique exclusivamente en el matrimonio. Dios tiene una voluntad perfecta para cada individuo, sea soltero a casado. A medida que profundiza su relación con Dios y su amor hacia los demás, Dios dirigirá su vida y le dará aquello que llene los deseos más profundos de su corazón.
“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).

B. ¿Qué es el cortejo?

En el mundo occidental el cortejo se ha ido generalizando entre la juventud y aun en los adolescentes. El término cortejo se utiliza para referirse a un varón que se propone ganar la atención y el favor de una mujer con la intención de llegar a establecer un compromiso formal y consumar el matrimonio.

“Si en verdad nos amamos, ¿qué diferencia hay entre tener un noviazgo y casarse con alguien de distinta fe?”

Puesto que las emociones son inestables, el amor pasional puede sentirse hoy y terminar mañana. Los tribunales arrojan estadísticas que confirman cuán poco duradero es el amor “romántico”. Por eso, la unidad matrimonial debe construirse sobre fundamentos más sólidos y comunes como…

• Las mismas tradiciones religiosas
• Los mismos valores morales
• El mismo sistema ético
• La misma base espiritual

Una casa nueva tiene mayores probabilidades de resistir si se construye sobre cimientos sólidos. Cuando nos unimos en “yugo igual”, con alguien de la misma fe, adquirimos un alto sentido de unidad, cohesión y afinidad sobre el cual pueden crecer ambas personas.
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14)

C. ¿Cuál es el propósito de Dios para el noviazgo?

La Biblia declara que Dios nos creó cuidadosamente; no dice que fuimos creados para vivir aislados el uno del otro. Al contrario, después de haber creado a Adán, Dios dijo:

“No es bueno que el hombre este solo”.
(Génesis 2:18)

Dios creó a Eva para que se casara con Adán. Pero, ¿Cómo saber si una persona ha encontrado a la persona correcta para un noviazgo? O ¿cómo puede alguien convertirse en la persona correcta para otra persona? Considere algunas de las oportunidades positivas que ofrece el noviazgo.

Con el noviazgo, usted tiene la ventaja de…

• aprender a comunicarse con una persona del sexo opuesto
• definir las características importantes que desea en su futuro cónyuge
• conocer a candidatos potenciales para el matrimonio
• crecer social, emocional y espiritualmente

“¿Qué debo hacer cuando me invita a salir alguien que no me interesa?… o ¿que dice: ‘Dios me dijo que te invitara a salir’ o ‘Dios me dijo que me casara contigo?’ “No quiero luchar contra la voluntad de Dios”.

Cuando uno dice “no”, no significa que está contra la voluntad de Dios. Si Dios quisiera que esa persona fuera su novio, se lo hubiera comunicado también a usted. Usted puede contestar de la siguiente manera: “Gracias por el honor de tu invitación. Yo creo que debemos estar atentos a la dirección de Dios, pero yo no siento la misma dirección. Debo rechazar tu invitación. Quizá Dios te esté dirigiendo a buscar a otra persona y sinceramente no creo ser esa persona. Mientras sigas buscando la voluntad de Dios, él te guiará a la persona indicada”. Tal vez esto parezca descortés, pero no lo es cuando uno trata de evitar que alguien salga herido o se desvíe del camino. La sinceridad siempre es la mejor opción.
“El que habla verdad declara justicia; mas el testigo mentiroso, engaño”. (Proverbios 12:17)

D. ¿Cuál es la diferencia entre enamoramiento y amor?

Todos nos hemos enamorado en alguna ocasión, es lo que llamamos “amor platónico”. ¿Alguna vez cambió de dirección para pasar cerca de alguien deseable? ¿Procuró vez arreglarse mejor pensando que esa persona especial podría encontrarle? ¿Saltó su corazón con emoción cuando sin querer hizo contacto visual con aquella persona? ¿Cómo saber si estos sentimientos demuestran enamoramiento o amor duradero y verdadero? El enamoramiento es una expresión de admiración o atracción excesiva que no está guiada por el buen juicio. El tiempo y la madurez nos dan la habilidad de reconocer la diferencia entre la fantasía y la realidad. Mientras tanto, es bueno esperar juiciosamente para evitar cometer un error y sufrir innecesariamente.6

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
(Proverbios 4:23)

Enamoramiento
Amor

• repentino
• gradual
• altamente emocional
• fiel y consistente
• idealista
• realista
• basado en las emociones
• basado en un compromiso
• se debilita por la distancia
• se fortalece en la separación
• quiere que lo hagan feliz
• quiere hacer feliz a la otra persona
• se centra en las características externas
• se fija más en el carácter interno
• quiere recibir
• quiere dar
• es posesivo
• libera
• enamorado de los “sentimientos”
• enamorado de la “devoción”

“Más bienaventurado es dar que recibir”
(Hechos 20:35).

“Mi novio y yo vivimos juntos. Él dice que me ama, pero que no está preparado para el matrimonio. ¿Cómo lo puedo animar a casarse?”

Si usted ha permitido que su novio disfrute de la sexualidad sin compromiso, él no tiene ninguna motivación para casarse. Practicar la intimidad sexual fuera del matrimonio rebaja la esencia del amor. Bíblicamente, ni usted ni su novio se están dando amor verdadero. Pida a su novio que dejen de vivir juntos. Si la ama de verdad, él la seguirá amando (no sólo por el sexo) y estará dispuesto a esperar hasta después del matrimonio.
“El amor es sufrido”. (1 Corintios 13:4)

II. CARACTERÍSTICAS DE UN NOVIAZGO EXITOSO

A. Características bíblicas en un noviazgo

Todos queremos encontrar un amor que dure para siempre. El problema es que lo queremos AHORA. En su desesperación, algunos comienzan a jugar coqueteando y enamorándose y arriesgándose a caer en la seducción sexual. Algunos no están dispuestos a esperar lo que Dios tiene para ellos. No saben que Dios ha establecido reglas para el noviazgo. Sencillamente, él quiere que esperemos el momento que él ha escogido. El Señor sabe lo que es mejor para nosotros, así que dejémosle a él la decisión.

“El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos”.
(Proverbios 16:9)

RUT Y BOOZ

La de Rut y Booz es una de las historias de amor más grandes de todos los tiempos. Desde Moab, Rut, una joven viuda viajó a Israel con su suegra, Noemí, que también acababa de enviudar. Cuando llegaron al pueblo natal de Noemí, Belén, no sabían la sorpresa que Dios les había preparado. Rut, motivada por el hambre, echó mano de la ley que permitía a los pobres recoger las sobras que dejaban los que cosechaban. Por diseño divino, el campo a donde se dirigió, pertenecía a Booz, un pariente lejano de Noemí.
Al darse cuenta de esto, él pidió que se investigara quién era la mujer y se enteró que Rut había dejado su tierra y su parentela por amor a su suegra. La fidelidad de Rut impresionó a Booz y le tuvo compasión. Le ofreció comida y bebida y ordenó a los que cosechaban que la dejaran recoger con ellos los manojos que iban cosechando. Noemí trató de crear en Rut interés por Booz mientras éste buscaba la forma de reclamar del pariente más cercano los derechos de matrimonio por la vía legal para casarse con Rut. Logró esto y se casaron. Dios los bendijo con hijos entre los cuales uno se llamaba Obed, que fue el abuelo del rey David.
Este hermoso final no habría sido posible si Rut y Booz no hubieran manifestado las características del amor que Dios puede usar mientras esperaban el momento señalado por Dios.

EL LIBRO DE RUT

Hombre
Mujer

• responsable en lo económico
v. 2:1
• diligente
v. 2:2
• liderazgo firme
v. 2:5
• sumisa
v. 2:22–23
• protector
v. 2:9
• sabia
v. 3:10
• observa el carácter
v. 2:11
• virtuosa
v. 3:11
• generoso
v. 2:12)
• no envidiosa
v. 2:18
• compasivo
v. 2:15
• agradecida
v. 2:10
• sabe tomar decisiones
v. 3:11
• valerosa
v. 3:1–3, 5
• digno de confianza
v. 3:14
• digna de confíanza
v. 3:7–8
• industrioso
v. 4:1–4
• trabajadora
v. 2:6
• comprometido
v. 4:9–10
• comprometida
v. 1:16

B. La importancia del carácter

Es crucial descubrir el carácter de la persona que se está considerando para un noviazgo, antes de involucrar al corazón en una situación que podría resultar dolorosa. Conteste las siguientes preguntas para discernir el carácter del candidato potencial al noviazgo. Esto le ayudará a medida que aplique la sabiduría y se rodee de personas sabias.

“El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado”.
(Proverbios 13:20)

A nadie le gustan las sorpresas desagradables y menos en el noviazgo. La Biblia nos exhorta a buscar consejo, adquirir sabiduría y discernimiento para tomar buenas decisiones en la vida. Coloque una marca (√) junto a cada cualidad de carácter que represente a la persona por la cual siente atracción.
¿Tiene estas características la persona con quien salgo?
q ¿Tiene sabiduría y discernimiento?
q ¿Tiene el corazón dispuesto en buscar lo mejor para mi?
q ¿Posee sensibilidad consciente con respecto a lo bueno y malo?
q ¿No usa a los demás para lograr sus metas?
q ¿Es aceptado por las personas que más me aman?
q ¿Tiene buena reputación de cumplir sus compromisos?
q ¿Termina con responsabilidad lo que comienza?
q ¿Demuestra respeto hacia las autoridades?
q ¿Tiene una actitud positiva hacia la vida?
q ¿Vive en disciplina y dominio propio?
q ¿Administra bien el dinero?
q ¿Sostiene el contacto visual cuando habla con la gente?
q ¿Es amable en su trato con los demás?
q ¿Tiene una vida espiritual activa de estudio de la Biblia y oración?

“El corazón del entendido adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia”.
(Proverbios 18:15)

“Tengo un noviazgo de varios años con alguien que amo. Tiene muchas cualidades, pero también es muy negativo, posesivo y controlador. ¿Debo ignorar la presión que siento y fijarme más en las áreas positivas?”

Imaginemos que cuando sale de compras ve unos zapatos que le gustan mucho. Si esos zapatos le quedan apretados y le presionan mucho los pies, ¿los compraría? No importa cuán atractivos sean los zapatos, si los compra, no le quedarán bien. Asimismo, si usted se siente demasiado presionada en su noviazgo ahora, considere que es una señal y que nunca llegará “a ajustar bien”.
“[El amor] no busca lo suyo” (1 Corintios 13:5)

III. CARACTERÍSTICAS DE UN NOVIAZGO FRACASADO

Muchos noviazgos carecen de significado porque no siguen el orden correcto y comienzan con desviaciones sexuales. Si siente que su noviazgo no es satisfactorio, ¿podría ser porque no siguió el proceso correcto de un noviazgo correcto? Un noviazgo sólo puede ser fuerte cuando ambos se comprometen con Dios a seguir su proceso y con paciencia esperan el momento indicado. Dios les cuidará en el camino y dará dirección a su noviazgo.

“Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos”.
(Proverbios 2:8)

A. El proceso distorsionado del noviazgo

A todos nos agrada la palabra amor. Los libros que llevan esa palabra en su titulo, automáticamente garantizan altas ventas. Lo mismo sucede con la música. En español existe una sola palabra para el concepto de amor, pero en griego existen varias palabras con distintos significados.
En la sociedad actual, la mayoría de los noviazgos comienzan con amor eros: la pasión o emoción temporal. (Algunas parejas nunca pasan de la etapa eros.) Posiblemente después pasen al segundo nivel de amor que se denomina fileo, amor afectuoso que se funda en querer sinceramente a la otra persona; el amor de amistad. El tercer tipo de amor es el agape: amor incondicional que procura el mayor bien para la otra persona.
Infortunadamente este orden está equivocado. Todas las relaciones, incluyendo el noviazgo, deberían comenzar con agape, es decir, desear lo mejor para los demás. Si usted esta dispuesto a comprometerse con Dios a seguir su dirección hacia un noviazgo correcto, usted no puede fracasar. Dios nos advierte específicamente contra las prioridades equivocadas en cuanto a las pasiones desordenadas.

“Él morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura”.
(Proverbios 5:23)

• Eros, el amor emocional, pasional
—Eros fue diseñado por Dios para obtener satisfacción física y emocional dentro del matrimonio.
“Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre”. (Proverbios 5:15, 18–19)
—La pureza física es necesaria para obtener la pureza espiritual.
“Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”. (1 Tesalonicenses 4:3–5)

• Fileo, el amor afectivo, amistad, gozo mutuo.
—Fileo es amar al prójimo. Es comparable al amor por uno mismo.
“Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo”. (1 Samuel 18:1)
—Fileo procura fortalecer a su prójimo de manera espiritual.
“Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios”. (1 Samuel 23:16)

• Ágape es el amor sin egoísmo, es comprometerse a procurar lo mejor para el prójimo, sin importar su reacción.
—Agape se origina en Dios.
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros”. (1 Juan 4:10–11)
—El agape de Dios es la fuente que nos brinda la habilidad para amar a los demás.
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”. (1 Juan 4:7).

DESARROLLO DEL NOVIAZGO SEGÚN LA SOCIEDAD
Comienza y acaba con eros y no tiene profundidad

DESARROLLO DEL NOVIAZGO SEGÚN DIOS
Comienza de adentro hacia afuera con agape, pasa al fileo y es posible que culmine en eros

B. Patrones destructivos del noviazgo

Si usted encuentra algunas de estas señales de advertencia en su noviazgo, tome tiempo para reflexionar y tenga mucha precaución.

• tener un noviazgo por razones equivocadas
• ceder a la presión de los amigos
• dejarse llevar por apariencias engañosas
• abandono de los estándares personales
• tener un concepto distorsionado del amor
• incursionar en la actividad sexual
• discrepar de los estándares morales
• desobediencia a la estructura de autoridad
• desviarse del orden progresivo de Dios
• dependencia del novio o novia para darle identidad personal

“El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y llevan el daño”.
(Proverbios 27:12)

“Mi novio dice que tenemos que estar seguros de que somos sexualmente compatibles. ¿Qué debo hacer si yo no estoy de acuerdo? Dice que no compraría un auto sin antes probarlo o manejarlo”.
Usted no es un auto ni una simple posesión, sino una muy valiosa criatura de Dios. Después que su novio le de la patada a las llantas, igualmente podría hacerlo con usted y mandarla lejos. Mejor espere a un hombre que respete sus convicciones morales. Su deseo de guardarse pura agrada a Dios.

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”.
(Hebreos 13:4)

C. La raíz del problema

Dios nos creó con las tres necesidades internas de: amor, significado (o reconocimiento) y seguridad. La mayoría de la gente busca a alguien, en el matrimonio, para cubrir esas necesidades básicas. Sin embargo, esto no sucede como se piensa. Dios no diseñó a ningún ser humano para satisfacer todas las necesidades de otro ser humano. Aunque Dios sí ha puesto a personas especiales a nuestro alrededor que cubren algunas necesidades de compañía, de aprendizaje o para ayudar a moldearnos, él quiere que le permitamos ser nuestra verdadera fuente de satisfacción.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
(Filipenses 4:19)

CREENCIA FALSA:

“Quiero encontrar a la persona indicada para casarme, porque de otro modo nunca serán cubiertas mis necesidades”.

CREENCIA CORRECTA:

Tengo el deseo de tener un noviazgo y casarme, pero le doy a Dios mi futuro. Él no llama a todos al matrimonio, pero sí promete llenar nuestras necesidades de amor, significado y seguridad. Pongo mi confianza en que Dios me guiará y cubrirá mis deseos más profundos.

“Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”.
(Isaías 58:11)

IV. PASOS PARA ENCONTRAR LA SOLUCIÓN

Un hombre que tiene un relación de noviazgo y dice: “No puedo vivir sin ella…, tengo que estar con ella”, también esta diciendo que su identidad personal esta ligada a esa mujer. ¿Qué pasaría si ella muriera repentinamente? Si su identidad depende totalmente de ella, se va a quedar sin saber quién es, y perderá su propia identidad.Nadie debe perder su identidad. Puede unir su vida a alguien y seguir siendo una persona independiente. Usted es una persona, una unidad y con Jesucristo, usted está completo.

A. Versículo clave para memorizar

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”. (Salmo 119:9)

B. Pasaje clave para leer y meditar

Proverbios capítulos 1–7

C. Directrices para encontrar a la pareja correcta

¡Cuán fácil es en el noviazgo… caer en la trampa de ver sólo las apariencias o ser guiados por las pasiones y acabar en un callejón sin salida! Para evitar una decepción del corazón, defina sus normas personales. Cuando usted se prepara de antemano, se puede mantener dentro del camino correcto en el trayecto que se recorre por el impredecible mundo de las relaciones humanas.

“La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño”.
(Proverbios 14:8)

• Defina sus convicciones para el noviazgo; escríbalas y póngalas en un lugar accesible y visible.
• Comparta esas convicciones con alguien que pueda ayudarle a cumplirlas.
• Busque amistades en vez de relaciones sexuales.
• Conviva con amistades que compartan sus mismas convicciones.
• Manténgase lejos de las actividades que le orillen a comprometer sus convicciones o a caer en pecado.
• Escoja bien el tipo de videos, música, programas de televisión y de Internet que debe ver.
• No acepte entrar a la habitación, casa o departamento de su novio(a) si no hay nadie presente.
• Evite entrar en una relación seria con alguien que habla mal de los demás… lo más seguro es que pronto hablará mal de usted.
• Proteja la reputación de las personas con que sale.
• Acostúmbrese a decir no a los demás para que pueda decir sí a Dios.

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
(Gálatas 1:10)

D. Qué hacer y qué no hacer en un noviazgo

Una pareja puede estar convencida de que está enamorada, cuando realmente solo están “enamorados del amor”. Si ese noviazgo culmina en matrimonio, puede enfrentar grave peligro porque ellos no han esperado el suficiente tiempo para que Dios los guíe. Más bien, se engañan a sí mismos con su “amor de fantasía”. Aun cuando alguien les diga que deben esperar a que madure más su relación, son demasiado impacientes e impetuosos. Serían muy sabios si se detuvieran a considerar lo que dijo el salmista.

“¿Hasta cuándo… amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira?”
(Salmos 4:2).

• No… ponga énfasis en el romance sino en la amistad.
“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. (Proverbios 17:17)
Sí… tenga cuidado de los beneficios y peligros de un noviazgo.
“La necedad es alegría al falto de entendimiento; mas el hombre entendido endereza sus pasos”. (Proverbios 15:21).

• No mienta si realmente no desea salir con esa persona.
“El labio veraz permanecerá para siempre; mas la lengua mentirosa sólo por un momento”. (Proverbios 12:19)
Sí… sujétese a la autoridad de sus padres (si aún vive con ellos).
“Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez”. (Proverbios 19:20)

• No… confunda el amor con la pasión.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. (1 Corintios 13:4–7)
Sí… refleje los valores cristianos en sus relaciones.
“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio”. (Filipenses 1:27)

• No… inicie un noviazgo con un incrédulo.
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. (1 Corintios 2:14)
Sí… confíe en que Dios tiene un plan para su vida.
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. (Jeremías 29:11)

• No… espere para decidir cuáles son sus estándares.
“Permanezca el amor fraternal”. (Hebreos 13:1)
Sí… conviértase en un novio(a) digno de honra.
“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”. (1 Corintios 10:23–24)

E. Actitudes destructivas en un noviazgo

¿Es posible que usted se encuentre involucrado en un noviazgo destructivo? Es difícil identificar una relación deficiente sin aplicar un criterio objetivo. Si actualmente está en un noviazgo, lea los siguientes renglones y marque con un círculo el “sí” o “no” que mejor describa su relación.

Cuando no cumplo sus deseos me rechaza o subestima.

Cuando no le agrado, me siento mal o inferior.

Me siento forzado(a) y hago lo que sea para darle lo que quiere.

Cuando me habla con frases como “debieras…” o “tienes que…” me siento culpable si no cumplo.

Me siento responsable por su felicidad o falta de ella.

Siempre me echa la culpa sin tomar en cuenta sus debilidades o faltas.

He permitido que tome el lugar en mi vida que sólo Dios debe tener

Se atribuye la autoridad absoluta en la relación.

No tiene el menor interés en mis sentimientos o deseos personales.

En privado me denigra, critica mis ideas y a mis amistades, pero en público, aparenta ser muy amable.

Me ha amenazado.

Ha ejercido control físico sobre mí.

Trata de controlar mi tiempo, a dónde voy y lo que hago.

Es excesivamente celoso(a) y posesivo(a).

No permite la confrontación ni el diálogo.
Si usted marcó algún SÍ en cualquiera de las características anteriores, su noviazgo esta teniendo un impacto destructivo en su vida y es necesario hacer algunos cambios.

“El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y llevan el daño”.
(Proverbios 27:12)

“Mi novio fácilmente se irrita y es muy explosivo. Aunque lo quiero mucho, ¿debo seguir con él?”
No. La Biblia no guarda silencio acerca de este aspecto. Determine en su corazón que no puede seguir saliendo con él. Si no se pone un alto a la ira destructiva, Ésta progresa y se convierte en violencia doméstica una vez casados.

“No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojo”.
(Proverbios 22:24)
F. Fórmula para poner fin a un mal noviazgo
Como expresaba una antigua canción popular: “Terminar es muy difícil”. A menudo, sólo una de las dos personas se da cuenta de que el noviazgo no funciona bien, que la interacción ha resultado en perjuicio más que en beneficio. Lo mejor para ambos es terminar la relación, aunque sea temporalmente. No obstante, al terminar, siga la recomendación del apóstol Pablo en Efesios 4:15. Hágalo“siguiendo la verdad en amor”.

EL FIN DE UNA RELACIÓN

Si usted es el que toma la iniciativa…
Si el otro es el de la iniciativa…
• Sea sincero y claro. No invente razones. La persona podría tratar de justificarse e inventar razones para que la relación no termine.
• Escuche con atención, mas no tome literalmente todo lo que diga. Considere todos los detalles y busque la verdad en las razones expuestas.
• No ofrezca esperanzas falsas prolongando el dolor si usted no contempla la posibilidad de volver.
• No ruegue, suplique ni insista, sino acepte la decisión. Haga preguntas claras y directas para mejorar en un noviazgo futuro.
• Ore a Dios y piense antes de hablar. No utilice frases como “no es por ti es por mi”. Tampoco culpe a la persona.
• No amenace ni levante la voz. Escuche y antes de responder asegúrese que entendió lo que se dijo.
• Trate de mantener el tiempo breve y no use mucho emocionalismo. Pida perdón por cualquier herida que le cause como resultado del fracaso de la relación.
• Tome tiempo para hacer oración y pensar antes de decir o hacer algo. Si ha ofendido a la persona discúlpese y pida perdón.
• Evite hacer investigaciones innecesarias sobre la otra persona si no tiene intenciones de reconciliarse.
• Procure no hablar de la persona porque lo que diga puede afectarle en un futuro.
• Ore por su ex-novio y pida sabiduría, discernimiento y dirección para escoger a un futuro prospecto.
• Perdone y entregue a la persona en las manos de Dios. Pida que Dios bendiga a la persona y que la experiencia traiga lecciones importantes que la acerquen a Dios.

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar”.
(Eclesiastés 3:1, 5)

Sugerencias para cuando deba terminar una relación

• “Puedo ver que esta relación no se dirige al matrimonio…”
• “No siento paz siguiendo dos direcciones diferentes…”
• “No creo que nos estamos edificando mutuamente para crecer espiritualmente…”
• “Nuestra relación no contribuye a ser mejores…”
• “Al parecer, ninguno de los dos ayuda al otro a dar lo mejor…”

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
(Filipenses 3:13–14).

G. La pureza como prioridad del noviazgo

Toda pareja debe conocer que existen límites físicos que no deben cruzar en su relación. Para la mayoría, los besos los llevan a un estímulo difícil de controlar. Muchos ya saben que si se encuentran solos en un lugar propicio para las tentaciones sexuales, fácilmente caerán en tentación. En los momentos de calma, cada pareja debe hablar de la tentación y establecer los límites para mantener la prioridad de que su relación sea pura.

“¿Con qué limpiará el joven su camino? con guardar tu palabra”.
(Salmo 119:9)

Ponga como prioridad seguir el estándar de pureza que Dios estableció para el noviazgo.
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).
Asuma su responsabilidad personal de la forma en que trata el cuerpo de su pareja.
“Que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado”. (1 Tesalonicenses 4:6)
Arrepiéntase y vuelva a comenzar si ya perdió el control sexual.
“Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor”. (1 Tesalonicenses 4:3–4)
Pónganse metas que agraden a Dios.

• Motivaciones limpias para un noviazgo
• Decisiones sabias para escoger pareja
• Comportamiento piadoso en sus citas
“Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. (2 Corintios 5:9–10)
Confíe en que el tiempo de Dios es mejor.
“Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba”. (Génesis 29:20)
Ríndale a Dios su derecho a tener novio y a casarse.
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mateo 6:33)

“Ahora que soy cristiano, tengo temor de escoger a la persona equivocada. ¿Cómo puedo superar ese temor?”

No se preocupe tanto por encontrar a la persona ideal. Más bien, prepárese para ser la persona ideal que Dios quiere que sea. Si esta dentro de los planes de Dios que usted se case, no se preocupe, él traerá a la persona indicada a su tiempo.
“Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá”. (Proverbios 19:21)

En su próximo noviazgo, piense en su futuro cónyuge. ¿Cómo le gustaría que trataran a su futuro cónyuge ahora? Por eso, dé a la persona con quien está saliendo el mismo respeto que le gustaría que recibiera su futura pareja. Aplique la regla de oro que Dios estableció (Mateo 7:12) para evitar la irresponsabilidad sexual: ¡Haga con su novio(a) lo que quiere que hagan con su futuro esposo(a)!
—June Hunt

Mitos y verdades acerca del noviazgo

MITO:
“Necesito la “seducción” para atrapar novio(a)”.
La técnica de la carnada fingir que los intereses del otro son los propios.
“En verdad me interesan las cámaras”.
La técnica del accidente utilizar un supuesto “accidente” para pedir ayuda
“Lamento haber dejado caer todas las monedas”.
La técnica de la compra utilizar la “necesidad” para pedir ayuda.
“¿Podría ayudarme a escoger un buen melón?”
VERDAD:
Las técnicas engañosas no honran a Dios y él no las bendice.
“Aparta de mí el camino de la mentira, y en tu misericordia concédeme tu ley”.
(Salmos 119:29)

MITO:
“Me siento culpable porque voy a la iglesia o al estudio bíblico con la esperanza de encontrar novio(a)”.
VERDAD:
Esa es culpabilidad falsa. Dios desea que usted conozca y se relacione con otros cristianos. Y, ¿qué mejor lugar para encontrar personas adecuadas que en la iglesia o los estudios bíblicos?
“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (Hebreos 10:25)

MITO:
“Si me caso con un(a) incrédulo(a), Dios me usará para cambiarlo(a)”
VERDAD:
No existe esa garantía. La Biblia no apoya los “matrimonios para evangelizar” ni casarse con una persona para hacerla blanco de su trabajo misionero. Supongamos que se une en yugo desigual con un incrédulo. Si él se dirige a las tinieblas, ¿a dónde será usted llevada? Hacia las mismas tinieblas. Si él vive lejos de Dios, ¿a dónde se dirige usted? A alejarse de Dios. Si ese incrédulo no es salvo, espere a que lo sea, espere a que reciba la salvación y sea transformado por Dios. Entonces tal vez Dios la dirija a ser su novia y posiblemente a casarse con él.
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? (2 Corintios 6:14–15)

MITO:
“No importa que tenga un novio incrédulo porque al fin y al cabo planeo casarme con un cristiano”.
VERDAD:
Salir con un incrédulo la pone en peligro de involucrarse emocionalmente y unirse en yugo desigual.
“El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño” (Proverbios 22:3)

Las porciones son tomadas de la versión Reina-Valera 1960 Copyright © 1960 Sociedades Bíblicas en
América Latina; Copyright © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso.
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Traducción: Elizabeth Cantú de Márquez
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BIBLIOGRAFÍA

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Eble, Diane. The Campus Life Guide to Dating. “Guía para el noviazgo en la universidad”, Grand Rapids: CampusLife, 1990.
Gaddis, Patricia Riddle. Dangerous Dating: Helping Young Women Say No to Abusive Relationships. “Noviazgos peligrosos: Cómo ayudar a la mujer a decir “no” a las relaciones destructivas” Colorado Springs, Colo.: Shaw, 2000.
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Hunt, J. (1990–2011). 100 Claves Bíblicas para Consejería (Vol. 71, pp. 1–16). Dallas, TX: Esperanza para el corazón.

Predica la sana doctrina

Predica la sana doctrina – 1 Timoteo 1:3–11

Autor: Estudios Bı́blicos ELA.

a1Los apóstoles velaban por la sana doctrina. Esta enseñanza da vida y salud espiritual porque es la doctrina cristiana verdadera. En todas las epístolas del apóstol Pablo, en total trece cartas del Nuevo Testamento, él expuso las bellas verdades de la salvación que se obtienen por medio de Jesucristo e instruyó a los cristianos acerca de su nueva vida. Pero también, en todas sus epístolas, tuvo que combatir las enseñanzas equivocadas que amenazaban la salud de las iglesias.

Las verdades del mensaje de la Biblia son el corazón del cristianismo. Cuando los hombres se apartan de esa verdad, debilitan el mensaje. Si cambian las verdades fundamentales, la doctrina deja de ser el mensaje cristiano bíblico. Son herejías, enseñanzas que no redimen al hombre de sus pecados, que no le proporcionan la vida eterna, que no lo transforman en una nueva criatura ni le ubican en el camino que se dirige al cielo.

Las doctrinas falsas toman muchas formas. En nuestro día, algunos grupos ponen la tradición de la iglesia, la experiencia personal u otros escritos en lugar de la Biblia, como la autoridad final del cristianismo. Algunos elevan al hombre al nivel de Dios y bajan a Jesucristo al nivel de un profeta o maestro. Otros enseñan que el bautismo o el cumplimiento de otro rito es necesario para recibir la vida eterna. Según otros, las Escrituras, aún en su forma original, contenían errores.

Entre los errores que más amenazaban a las nuevas iglesias del primer siglo, estaba el legalismo, la trágica enseñanza que dice que el hombre puede ser redimido o que el cristiano puede ser santificado si cumple con ciertos ritos, normas o reglamentos. Lamentablemente, este error continúa en las iglesias cristianas, minando sutilmente la pureza del evangelio y fomentando una “santidad” externa y superficial.

El ser humano ama el legalismo. Siempre se ha sentido atraído a él, porque piensa que cumpliendo ciertos ritos y reglas le hacen ser cristiano y no tiene que humillarse y aceptar por fe la salvación de Dios que no merecemos. El legalismo supuestamente da al hombre el control sobre su vida y destino. El cristiano también ama el legalismo, porque al conformarse a algunos requisitos de su iglesia y evitar algunos pecados escandalosos, le da la apariencia de santo, sin que haya una entrega del corazón a la voluntad de Dios. No experimenta una transformación interna del afecto, los móviles, las actitudes y los pensamientos. Sólo Dios, por el Espíritu Santo, puede obrar estos cambios, y solamente cuando el hombre se somete de corazón al control de él.

Una iglesia ejemplar conserva la sana doctrina, evita el error del legalismo y mantiene la pureza del evangelio de la gracia de Dios. ¿Cómo pueden los cristianos evitar el error del legalismo y otras doctrinas falsas?

¡PENSEMOS!

¿Dónde estaba trabajando Timoteo? (v. 3) Según los versículos 3–4, ¿Por qué había dejado Pablo a Timoteo en Éfeso? Haga una lista de las características del error que se enseñaba (vv. 3–4). ¿Qué es una fábula? Piense en alguna leyenda, regla, creencia o superstición que es común, aún entre los cristianos pero que no es bíblica. Según el v. 5, ¿cuál era la meta de Pablo al mandar prohibir la doctrina falsa? Según los vv. 8–9 y Tito 1:14, ¿cuál fue el origen de la falsa enseñanza que había en esa época?

DEBEMOS PROHIBIR LAS DOCTRINAS FALSAS 1:3

A primera vista, la instrucción de Pablo parece muy drástica: “que no enseñan diferente doctrina”. Algunos dirían: “A Pablo le faltaba tolerancia. No tenía una mente abierta. Además, era soberbio porque pensaba que sólo él tenía razón. Ser tan drástico causaría más problemas en la congregación, debía tener más amor”.

Pero recordemos la naturaleza del cristianismo. No es una filosofía humana, con la cual debemos comparar otras formas de pensamiento para decidir cuál tiene la razón. La fe cristiana llegó al hombre por revelación divina en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Una parte de la revelación fueron los eventos históricos ineludibles de la venida, vida, enseñanza, muerte y resurrección del Hijo de Dios. Esta revelación divina concluyó con las enseñanzas autorizadas y normativas de los apóstoles. Los cristianso no tienen la opción de introducir nuevos pensamientos al cristianismo. Han de comparar toda enseñanza con la norma divina que se encuentra en las Escrituras.

Por eso, Pablo puede hablar de diferente doctrina. ¿Diferente de qué? De la que enseñaban los apóstoles. La doctrina de ellos es norma para todos los cristianos. Pablo dice en Gálatas que no hay otro evangelio, porque ningún otro mensaje trae “buenas nuevas”. Escribió: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:6–10). Veremos más adelante que esta “falta de tolerancia” no implica que el cristiano no tiene amor. Por el contrario, ser fiel al mensaje cristiano manifiesta verdadero amor.

DEBEMOS MANDAR:

1. “QUE NO ENSEÑEN DIFERENTE DOCTRINA” (v. 3)
2. “NI PRESTEN ATENCIÓN A FÁBULAS.…” (v. 4)

NO DEBEMOS ESCUCHAR ERRORES HUMANOS 1:4

“No presten atención a fábulas y genealogías interminables”. Algunos maestros de la iglesia de Éfeso habían introducido enseñanzas que no eran bíblicas. En Creta, Tito se enfrentó con doctrinas semejantes: “…no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (Tito 1:14). “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley…” (3:9).

¿Cuáles eran esas fábulas y genealogías? Había una práctica que había comenzado entre los judíos que consistía en ampliar las listas de nombres que aparecían en las genealogías del Antiguo Testamento añadiendo historias ficticias, supuestamente para ilustrar el trato de Dios con el pueblo judío. Estaban agregando material mitológico a la palabra de Dios.
De estas fábulas y de la ley mosaica los maestros habían sacado aplicaciones y mandamientos para la vida de los creyentes. Esto no producía la salvación ni la espiritualidad como ellos decían, sino disputas, contenciones y discusiones vanas y sin provecho (Tito 3:9).

Hoy en día, algunos cristianos siguen reglamentos y normas que no vienen de las Escrituras, y se consideran más espirituales por guardar esos mandamientos de hombres. El legalismo surge de ideas humanas que no están basadas en la palabra de Dios, sino que está motivado por el deseo de ser exaltado a los ojos de los demás. El legalismo produce orgullo, en el hombre, porque éste se cree superior a los demás.

Los cristianos tenemos que rechazar la enseñanza que dice que para ser cristiano, el hombre necesita hacer algo más que confiar en la muerte de Cristo. Al testificar del Señor, debemos tener cuidado de no agregar alguna norma humana o un reglamento de nuestra iglesia como requisito para que la gente se haga cristiana.

No midamos nuestra santidad o espiritualidad sólo porque no practicamos ciertos vicios o actividades que los cristianos desaprueban. La santidad es una condición interna que brota del amor y temor a Dios. Es motivada por el deseo de agradar y glorificarlo a él. La santidad comienza con entregarnos totalmente al dominio divino para cumplir su voluntad. El Espíritu obra cuando nos alimentamos con la palabra de Dios y cuando la obedecemos. Es experimentar una transformación interna de los móviles, actitudes, afectos y pensamientos. Entonces la santidad interna producirá la conducta correcta. El Espíritu Santo quiere conformarnos a la imagen de Jesucristo, desde lo más profundo de nuestro ser.

DEBEMOS TENER AMOR Y HUMILDAD 1:5–7

El v. 5 es muy importante. Pablo afirma que si la iglesia enseña sólo la doctrina bíblica, esto producirá amor entre los cristianos. Las enseñanzas no bíblicas producen disputas y disensiones. Ser fiel a las Escrituras une a los miembros de la congregación en una sola convicción. Están de acuerdo en su enseñanza. A su vez, la enseñanza correcta resulta en: 1) un cambio en el corazón de la persona, no sólo en la superficie; 2) una conciencia que no le acusa porque es obediente a Dios; y 3) una confianza en Dios que no es hipócrita, sino que es genuina y de corazón.

DOCTRINA CORRECTA → AMOR Y UNIDAD

Estos cambios profundos en la vida crean relaciones de verdadera comunión, unidad y afecto entre los miembros de la congregación.
Los que enseñaban cosas diferentes en Éfeso habían dejado la obediencia y la comunión. A través de las cartas pastorales se nota el contraste de la vida que Pablo manda con la que proponían los maestros del error. En vez de tener un corazón sincero, engañaban y eran engañados (2 Timoteo 3:13). En vez de una buena conciencia, la tenían cauterizada (4:2). En vez de una fe no fingida, habían naufragado en cuanto a la fe (1:19).

EL PROPÓSITO DE ESTE MANDAMIENTO ES EL AMOR NACIDO:

1) DE CORAZÓN LIMPIO,
2) DE BUENA CONCIENCIA,
3) DE FE NO FINGIDA…” (v. 5)

El v. 7 señala otra debilidad de los que querían imponer mandamientos y reglamentos no bíblicos “queriendo ser doctores de la ley” Se creían superiores a los demás porque suponían que guardando algunos reglamentos externos se hacían más espirituales que los demás. Esta actitud de soberbia es una de las consecuencias del legalismo. En realidad, es relativamente fácil conformarse a ciertas normas externas. No requiere someter la vida a la voluntad de Dios y alimentarse diariamente con su palabra. Tampoco exige edificar a otros y ser edificado por ellos, ni crecer en el conocimiento de Dios y experimentar progresivamente la transformación de las ambiciones y los móviles humanos. No requiere el cambio del carácter egocéntrico en una persona que manifiesta el fruto del Espíritu Santo.
Por otra parte, la persona que está creciendo espiritualmente no siente orgullo, sino humildad, porque reconoce cuánto le falta para llegar a ser como Jesucristo.

DEBEMOS USAR LA BIBLIA CORRECTAMENTE 1:8–11

En el v. 8, Pablo llega al corazón del problema doctrinal de Éfeso. Algunos maestros no usaban las Escrituras correctamente. Se basaban en el Antiguo Testamento y especialmente en las leyes. Exigían que los hombres guardaran las normas de la ley de Moisés para ser salvos y para ser más espirituales.
Vimos en el v. 4 que algunos enseñaban fábulas que habían sido agregadas a las Escrituras. Ahora, vemos que usaban la ley de Dios, pero no en forma legítima.
Es importante observar que Pablo no sólo señala los errores de estos maestros, sino también provee enseñanza positiva para aclarar el buen uso que se debe dar a la ley de Dios. En los sermones y enseñanzas de la iglesia, se deben señalar los errores y también exponer la doctrina bíblica. La ley no tiene poder para salvar al pecador ni santificar al pueblo de Dios. Tiene la función de manifestar la justicia divina y la desobediencia de los humanos. Pablo insistió en Romanos 3:20: “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.

“…PORQUE POR MEDIO DE LA LEY ES EL CONOCIMIENTO DEL PECADO” Romanos 3:20

Nótese una nueva expresión que se encuentra varias veces en las epístolas pastorales: la sana doctrina. La enseñanza de los apóstoles es sana porque es saludable y produce sanidad. En cambio, la doctrina falsa produce enfermedad espiritual, como Pablo escribió en 6:4 del que “delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas”. En 2 Timoteo 2:17, el autor advirtió refiriéndose a estos maestros que “su palabra carcomerá como gangrena”. La doctrina que no es bíblica contagia a las personas y enferma a la congregación y por lo mismo, no produce una iglesia saludable.
El v. 11 dice que esta enseñanza está basada en “el glorioso evangelio del Dios bendito”. El evangelio dice que por la gracia de Dios somos salvos y santificados, no por el esfuerzo de la carne ni por el mérito humano:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:8–10).

¡PENSEMOS!

Evalúe su vida personal con respecto al amor que siente hacia otros creyentes, a un corazón limpio, a una buena conciencia y a una fe genuina. ¿Qué debe hacer el cristiano a quien le falta alguna de estas características?
Si usted tiene oportunidad de enseñar o predicar la palabra de Dios, ¿se cuida de no agregar sus propias ideas al mensaje de Dios? ¿Interpreta y utiliza bien la palabra? ¿Ha vencido la ambición de ser conocido como “experto” y “erudito” en materia espiritual? ¿Hay alguna norma de conducta sobre la cual los miembros de su iglesia no están de acuerdo? ¿Existen disensiones por eso? ¿Es posible que se está exigiendo una norma que no tiene base bíblica o que se basa solamente en una norma de la ley de Moisés? ¿Cómo podría usted contribuir a resolver el conflicto, sin manifestar un espíritu de superioridad.

Orth, S. (1996). Estudios Bı́blicos ELA: Una iglesia ejemplar (1ra Timoteo) (pp. 15–23). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

El Matrimonio que Vive Sabiamente

El Matrimonio que Vive Sabiamente

1 Pedro 3:1–7

Autor: Estudios Bı́blicos ELA: Remando contra la corriente (1ra Pedro)

a1El alto índice de divorcios muestra que la fibra que une a nuestra sociedad es muy frágil. En algunos lugares, hay tantos divorcios como bodas. En realidad, este no es el único problema, porque muchas parejas mantienen la fachada y permanecen casadas pero sin unidad en el pensamiento, las metas y los valores. No se conocen realmente y no se apoyan mutuamente.

La clave para entender estos versículos es observar la relación que tienen con el capítulo 2. La palabra asimismo con que se inicia 3:1 relaciona el pasaje acerca del matrimonio con el ejemplo de Jesucristo. El, con paciencia y propósito, se sujetó a los demás y sufrió para llenar las necesidades de otros. Este es el secreto de un matrimonio feliz y duradero.

Imitar buenos modelos asegura el éxito en la vida personal y conyugal. Lo triste es que gran número de personas sólo han visto los modelos de padres y familiares que no pudieron desarrollar un matrimonio estable y feliz. Muchos ven telenovelas o leen revistas que reportan las vidas de las estrellas del cine con todos sus altibajos emocionales. Estas personas no practican los fundamentos del matrimonio cristiano.

Pedro nos recuerda el comportamiento de Jesucristo que es Dios mismo y quien diseñó el matrimonio, por lo que es el experto en relaciones humanas. La Biblia es el manual del fabricante que instruye a las parejas sobre el buen funcionamiento de esa institución.

El pasaje tiene dos párrafos dirigidos primero a la mujer y después al varón.

3:1–6  La belleza que necesita la esposa
3:7 La sabiduría que necesita el esposo

LA ESPOSA HERMOSA 3:1–6

Aquí instruye a la mujer en los secretos de la belleza personal, que bien entendida tiene poder, junto con la obra del Espíritu Santo, para ganar al esposo para Cristo

¡PENSEMOS!

Medite en los versículos 1–6. ¿Cuáles son las características de la mujer cristiana que pueden ganar a un esposo que no conoce al Señor? ¿Cuáles son los dos tipos de belleza que Pedro menciona? ¿Qué caracteriza a cada uno? ¿Cómo se muestra hoy en día el espíritu afable y apacible? ¿Qué aprende la mujer del modelo de Sara? ¿Por qué se comportaron así las santas mujeres? ¿Cuáles pueden ser algunos temores de la mujer actual? ¿Cómo puede la conducta correcta evitar el temor?

La belleza interna impacta al esposo (3:1–2)

En primer lugar, la mujer ha de seguir el ejemplo de Cristo; él mostró fuerza, paciencia y ternura, aun en medio de circunstancias que amenazaban su vida y controlaba sus reacciones para no pecar. Soportó los insultos y mal trato de sus enemigos. Dio su vida por los demás; es el tierno Pastor y Obispo de las almas.

Pedro instruye a las mujeres acerca de su relación con su esposo, sea creyente o no y aclara que, para ganar al esposo que no conoce a Cristo, es más importante la conducta que las palabras (sin palabra). La constante e insistente predicación de la esposa puede alejar al esposo y endurecer su corazón.

La hermosura de un espíritu colaborador y respetuoso tiende a suavizar al marido. En el versículo 2, la palabra considerando sugiere que el esposo tiene la oportunidad de observar detenidamente la diferencia que el evangelio hace en la vida de su esposa.

Note que la exhortación a que las esposas se sometan a sus maridos no sugiere inferioridad. Cristo no era inferior a quienes lo maltrataron y mataron. Un soldado puede ser mejor persona que un general. En todos los niveles de la sociedad existe el liderazgo, pero esto no significa que una persona sea superior a otra. Tanto la mujer como el hombre fueron hechos a la imagen de Dios; él les dio a los dos el dominio de la creación. Cuando reciben a Cristo, los dos vienen a ser uno en él.

Y DIJO JEHOVA DIOS: NO ES BUENO QUE EL
HOMBRE ESTE SOLO; LE HARE AYUDA IDONEA
PARA EL (GENESIS 2:18)

Tampoco debemos pensar que la mujer es la sirviente del hombre; ni debe ser maltratada o explotada porque Dios la creó para complementarlo. Ella es lo que él no puede ser y hace lo que hace mejor. La Biblia no humilla a la mujer sino que la dignifica como una persona que ayuda a su marido para que él sea mejor y más efectivo. Para este fin, ella ha de sentir confianza de expresar sus ideas y deseos. Su marido aprovechará su sabiduría femenina, conocimientos e intuición.

Ella por su lado, debe apoyar, animar y escuchar a su esposo; no manipularlo ni engañarlo. Tampoco despreciarlo ni criticarlo porque después de Dios, es la persona más importante en su vida.

El Señor ha creado el orden en el universo y también en el hogar para que haya unidad y tranquilidad. Los cónyuges no son competidores, sino socios en la tarea de crear un hogar que contribuya al bienestar, crecimiento y santidad de la pareja, de los hijos y de otras personas.

La belleza interna agrada a Dios (3:3–4)

En el primer siglo, la mujer invertía dinero y tiempo para adornarse según se indica en el versículo 5. ¿Cuáles son las tendencias de la mujer actual al respecto?
La pureza y modestia son cualidades internas que afectan la conducta y el adorno externo. Pedro no prohibe esto último; más bien enseña que el creyente no debe dejarse influir por la sociedad en su deseo de atraer la atención a través de la ostentación y la pompa. El apóstol dice que lo que está adentro es el adorno más valioso e impactante.

La mujer no ha de imitar la corriente de este mundo. Su encanto reside en una actitud pacífica de cooperación con su marido, sin mostrar rebeldía ni resentimientos.

Es evidente que Pedro no infiere que la mujer descuide su aspecto físico. El vocabulario que usa indica que es de esperarse que ella busque ser atractiva. Sara, el modelo de santidad, era una mujer conocida por su belleza y atractivo.

…QUE ENSEÑEN A LAS MUJERES JOVENES A AMAR
A SUS MARIDOS Y A SUS HIJOS, A SER
PRUDENTES, CASTAS, CUIDADOSAS DE SU CASA,
BUENAS, SUJETAS A SUS MARIDOS, PARA QUE LA
PALABRA DE DIOS NO SEA BLASFEMADA
(TITO 2:4–5).

La belleza interna ha sido comprobada a través de la historia (3:5–6)

Pedro cita los nombres de mujeres de la antigüedad que poseían cualidades sobresalientes de espíritu y conducta que adornaban sus vidas
En el versículo 5 menciona tres de estas características:

1) santas,

2) esperaban en Dios, y

3) sujetas a sus maridos.

“Santa” corresponde a la palabra “casta” que mencionó en el versículo 2. La esperanza que tenían puesta en el Padre celestial tiene relación con “afable” que usa en el versículo 4. Este adjetivo describe a la persona que vive tranquila porque acepta la voluntad del Altísimo para su vida. Aunque las circunstancias, incluso las del hogar, no son lo perfectas que quisiera, ella pone su fe en Dios para que él llene su vida de gozo y contentamiento.

Sara es ejemplo de sumisión. Si la mujer de hoy la imita, entonces será llamada “hija de Sara”, así como los que son salvos por la fe son “hijos de Abraham” (Gálatas 3:7).
En el versículo 6, el autor menciona dos cualidades más:

1) “hacer el bien” que significa cultivar y practicar el estilo de vida que este pasaje describe, y

2) estar sin temor. Esto último significa literalmente estar libre de pánico o agitación y exhibir serenidad. Esta característica es consecuencia de confiar en su esposo y reconocer que él es responsable delante de Dios del bienestar del hogar. Como dice el libro de Proverbios: “…no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo. Y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás, y tu sueño será grato. No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere, porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso” (3:21–26)

¡PENSEMOS!

Para la mujer: ¿Cuáles son las cualidades personales en los versículos 1–6 que usted necesita cultivar más? ¿En qué formas puede mostrar respeto y admiración a su esposo? ¿Ha de someterse la esposa a su marido aun cuando él no demuestra amor? ¿Pueden existir circunstancias en las cuales la mujer no deba obedecer a su esposo? ¿Qué significa para usted el ser casta y santa? ¿Cuáles son algunos temores comunes de las esposas? ¿ ?Cómo puede la conducta correcta evitar el temor? Comparta algo que usted ha aprendido acerca de la sumisión en su vida matrimonial.

Para el hombre: ¿Qué puede hacer el esposo para hacer más fácil que su esposa se conduzca en la forma correcta?

EL ESPOSO SABIO 3:7

Es importante notar que Pedro dedica más espacio a la mujer que al hombre en este pasaje. No se debe a que el hombre tiene menos necesidad de orientación. En Efesios 5, Pablo dice mucho más al hombre que a la mujer. Posiblemente Pedro sabía que en aquellas congregaciones había muchas señoras cuyos maridos no eran creyentes todavía o conocía que eran rebeldes no sólo en las relaciones con el gobierno y sus amos, sino también en el hogar.

¡PENSEMOS!

¿En qué debe ser el comportamiento del hombre semejante al de la mujer? ¿En qué forma puede un esposo mostrar sabiduría en su relació con su compañera? ¿Qué significa que la mujer es un “vaso más frágil”? ¿Encuentra la idea de sumisión en las instrucciones a los hombres? ¿Qué significa para usted “coherederas de la gracia de la vida”?

El hombre también debe sujetarse

El escritor continúa la misma cadena de ideas. Empezó el versículo 1 diciendo: asimismo y en el 7 repite: igualmente para indicar que tanto las esposas como los maridos han de imitar a Jesucristo en el sometimiento y control personal. Ellos deben ejercer su liderazgo con amor, no buscando su propio bien y comodidad sino el bienestar de su esposa e hijos; deben entregarse a los que son de su familia y tratar de llenar sus necesidades. Esto requiere sacrificar sus deseos egoístas y sujetarse a los demás.

El hombre ha de ser sabio

“Vivid con ella sabiamente” significa adquirir conocimientos acerca de la naturaleza y necesidades especiales de su pareja. También quiere decir que el esposo ajusta su conducta de acuerdo a ellas y que se adapta a la naturaleza más frágil de la mujer.

El marido no puede disfrutar de autonomía personal. En primer lugar, Dios lo hace responsable del bienestar de los miembros de su familia y tendrá que rendirle cuentas de este importante encargo.

En segundo lugar, el esposo acepta el privilegio y el deber de compartir su vida con otro ser humano y guiar el hogar de manera que haya reciprocidad. El liderazgo del esposo es un ministerio, de manera que su esposa se siente amada, apoyada y edificada. El debe dedicarse a servir a los de su hogar administrándolo de tal manera que traiga seguridad, estabilidad, felicidad y desarrollo emocional y espiritual.

MARIDOS, AMAD A VUESTRAS MUJERES, ASI
COMO CRISTO AMO A LA IGLESIA, Y SE ENTREGO
A SI MISMO POR ELLA (EFESIOS 5:25).

Para comprender a su esposa, el marido necesita involucrarse con ella y sus preocupaciones, escucharla y dialogar con ella. El matrimonio provee una oportunidad única de conocer a otra persona, sus gustos, intereses, talentos, temores y ansiedades. La esposa anhela ser comprendida y
esto le hará sentir segura y amada.

El hombre ha de honrar a su esposa

Como la esposa ha de respetar a su esposo, también el marido tiene que asignarle una posición de honor, sabiendo que no es inferior, sino que tiene cualidades personales y habilidades únicas y valiosas. El esposo le hace sentir que es importante, atractiva y esencial para él.

Pedro explica que existen dos razones por las que la esposa merece consideración especial. En primer lugar, porque es más frágil. Es posible que se refiera a que por lo general, es más sensible y vulnerable emocionalmente. Por ejemplo, se siente profundamente lastimada cuando no ve afecto, lealtad y apoyo de su esposo.

En segundo lugar, Pedro dice que es “coheredera de la gracia de la vida”. En el matrimonio cristiano, ambos cónyuges son iguales porque los dos poseen la vida de Dios y tienen los mismos privilegios delante de él así como la misma responsabilidad de cumplir la voluntad divina; ambos son siervos del Altísimo.

MARIDOS, AMAD A VUESTRA MUJERES, Y NO
SEAIS ASPEROS CON ELLAS (COLOSENSES 3:19)

¿Cómo respeta y honra el hombre a su esposa? Cuidando su manera de hablar y siendo cortés; manifestando delante de otras personas su aprecio y respeto. Le asegura su lealtad y fidelidad, dando evidencias de que la ama y la hace sentir segura y apreciada por medio de los actos de apoyo, cariño y colaboración.

Un hombre así conserva la comunión con Dios

La relación que se desarrolla en el matrimonio es tan importante como cualquier otra conducta que Dios nos manda. Tiene muchas repercusiones para la tranquilidad del hogar, el testimonio a los demás, la unidad de la iglesia, la seguridad de los hijos y el crecimiento espiritual de los esposos. Además, también afecta nuestra relación con el Señor.

Cuando el esposo no vive sabia y respetuosamente con su mujer, se interrumpe su comunión con el Altísimo. Desobedecer el patrón divino para el matrimonio es pecado. Esta desobediencia y rebelión impide la comunicación y oración con el Señor. Mantener la armonía en el hogar es de suma importancia. El esposo, como líder, es la persona responsable por mantener el martimonio en el camino correcto. La oración es uno de los recursos más potentes que él y su esposa tienen.

¡PENSEMOS!

Para el hombre: ¿Qué debe hacer usted para llegar a comprender mejor a su esposa? ¿Está usted seguro que su esposa sabe que usted la ama? ¿Que ella siente que usted es leal y que la apoya? ¿Que usted la considera esencial? ¿Que aprecia su valor y su atractivo como persona? ¿Cómo podría mejorar su comunicación y su conducta para que ella sepa todo esto?

Para la mujer: ¿Cómo puede usted facilitar que su esposo la conozca mejor? ¿Necesita hacer combios en su comportamiento y comunicación para que le sea más fácil amarla y respetarla?

Para ambos: ¿Somos socios o competidores? ¿Contribuye cada uno a que el otro esté más cerca de Dios? ¿Nos entendemos mejor? ¿Tomamos en cuenta los sentimientos del otro? ¿Contesta Dios nuestras oraciones? ¿El matrimonio enriquece nuestras vidas? O, ¿estamos robándonos unos a otros la bendición de Dios?

Orth, S. (1991). Estudios Bı́blicos ELA: Remando contra la corriente (1ra Pedro) (pp. 85–95). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A C.

El Ladron Moribundo

El Ladron Moribundo

Autor: D. L. Moody

 

a1Léase Lucas 23:39-43. Voy a tomar como texto un pasaje que se refiere al último hombre que fue salvado por Cristo antes de ir Él al cielo o antes de morir en la cruz, y la historia de su conversión debería llenar de esperanza a todos.

Tenemos relatos de la conversión de toda clase de personas en la Biblia. No hay ninguna clase social descuidada.

Hay el más rico y el más pobre; el mayor y el más pequeño; toda clase de personas, hombres y mujeres.

Hay también muchas personas hoy día que hablan contra las conversiones súbitas, de modo que yo creo que lo mejor que podemos hacer es buscar lo que la Biblia dice sobre este asunto; ver lo que tardó Dios en convertir un alma. Si yo leo la Biblia de modo correcto, hubo ocho mil personas convertidas en dos días. Éste es un buen número y en poco tiempo, ¿verdad? Nosotros no hemos llegado a tanto. Ojalá pudiéramos. Pero estoy seguro que si la Iglesia de Dios se despertara veríamos otra vez algo semejante.

Nunca es demasiado tarde

Este hombre no sólo era un ladrón, sino uno que se había mofado de Dios en el mismo umbral de la eternidad; un ser desgraciado, una piltrafa humana. Mateo nos dice: «Y lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.» Uno podría esperar que hicieran algo distinto hallándose ya ellos mismos tan cerca de la tumba y es que sus pensamientos serían solemnes hallándose frente a la muerte, más aún, del mismo juicio.

En vez de esto estaban injuriando a Cristo y echando acusaciones contra Él unas pocas horas antes de morir. Bien, no creo que este ladrón pudiera haberse hundido más hasta que se hundiera en el infierno. Pero por más que estuviera lejos Jesús le encontró. Mateo y Marcos nos dicen los dos que estos ladrones injuriaban a Jesús. Juan no dice nada sobre las injurias; de hecho ni nos dice que uno de ellos se convirtiera.

Las noticias las hallamos en Lucas 23:40, donde vemos que le dice al otro ladrón: «¿No temes tú a Dios?» Salomón el sabio dice: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.» Ahora bien, aquí tenemos el principio de la sabiduría en este ladrón. Empezó temiendo a Dios. Estoy seguro que hay centenares de personas en este edificio que temen a Dios, porque éste es el verdadero principio de la sabiduría.

La convicción de pecado

Después de esto vemos que el ladrón fue redargüido de pecado. Sintió sobre sí la carga el pecado. No es probable que nadie se convirtiera a menos que empiece siendo redargüido de pecado. ¿Y qué fue lo que le convenció de pecado? No oyó ningún, sermón de Jesús; los gobernantes se burlaban de E príncipe de los sacerdotes, prácticamente el jefe del Estado de su propio país, le había hallado culpable de blasfemia y le condenó a morir en la cruz. Las personas más importantes del reino meneaban las cabezas y se burlaban de Él.

¿Qué es, pues, lo que convenció a este hombre de pecado? No había visto a Jesús ejecutando ningún milagro; no había oído palabras maravillosas de sus labios; no había visto una corona resplandeciente sobre su frente. Es verdad que habían escrito sobre su cruz: «Jesús, Nazareno, rey de los judíos», pero ¿dónde estaba el reino? No vio que los judíos le rindieran homenaje. Los judíos le daban muerte. No tenía un cetro en la mano. Es verdad que le habían coronado un poco antes, pero sólo de espinas y, con todo, en medio de todo esto, este pobre ladrón fue redargüido de pecado cuando cayó sobre él el temor.

El poder del amor

¿Qué fue lo que le convenció? Voy a deciros lo que creo le convenció, aunque no puedo ser dogmático en esto; creo que fue la oración del salvador. Cuando el Señor Jesús exclamó desde lo más profundo de su alma: «Padre, perdónalos», el hombre quedó convencido de pecado. Tiene que haberse dicho: «¡Cómo! Éste es mas que un hombre; tiene un espíritu muy distinto del mío. Yo no podría pedirle a Dios que los perdonara. Yo llamaría fuego del cielo que los consumiera y clamaría a Dios que los cegara, como hizo Elías, y los barrería de esta montaña si tuviera el poder de hacerlo.»

Esto es lo que tiene que haber pensado el ladrón mientras escuchaba el conmovedor grito: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» ¡Ah!, era un amor que partía el corazón. En aquellos días cuando crucificaban a un hombre acostumbraban azotarle. Este pobre hombre había sido llevado ante el tribunal y juzgado y, finalmente, condenado a muerte por el juez, pero esto no le había partido el corazón. Se lo habían llevado y lo habían azotado, pero esto no le había partido el corazón. Y ahora le habían clavado en la cruz, pero ni aun esto le había partido el corazón. Estaba allí ultrajando a Dios. Pero cuando vio al salvador amante pudo darse cuenta de su amor y esto bastó para partirle el corazón.

Oí una vez de un joven cuyo corazón era duro como el pedernal. Su padre le amaba más que su propia vida y había tratado de hacer todo lo posible para ganarse a aquel hijo pródigo. Cuando el padre se estaba muriendo enviaron a buscarle, mas él se negó a ir. Pero después de la muerte del padre regresó a la casa para asistir al entierro, pero no brotó ni una lágrima de sus ojos.

Siguió a su padre hasta su último hogar de descanso y no derramó una, lágrima sobre su tumba. Pero cuando llegó a la casa y se leyó el testamento hallaron que el padre no había olvidado al hijo pródigo, sino que le había recordado con cariño en su testamento y esta prueba de amor del padre le partió el corazón. Y así yo creo que esto es lo que tiene que haberle ocurrido a este ladrón cuando oyó al salvador que decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Penetró en su corazón como un dardo y fue redargüido de pecado.

La confesión sigue a la convicción

El siguiente punto que vemos en este hombre es que confiesa su pecado. Dice a su compañero ladrón: «Nosotros sufrimos justamente; lo merecemos.» No he visto nunca que un hombre se salvara a menos que ocupara su sitio como pecador. Caín no confesó nunca su pecado. Judas no confesó nunca su pecado a Dios, aunque fue y lo confesó a los hombres.

Ahora bien, quiero decir que no he venido para instaros a que confeséis vuestros pecados a ningún hombre a menos que hayáis cometido un pecado contra otro y éste esté tropezando en él; si es así id y confesadlo, ciertamente. No hemos de confesar nuestros pecados a nadie sino a Dios. No tengo mucha simpatía por las personas que siempre están corriendo a otros para confesarles sus pecados. No hay sacerdote en la tierra que pueda perdonar pecados. Tengo un sumo sacerdote que es «sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec», el único hombre del cual nos dicen las Escrituras que confesó sus pecados a los hombres fue Judas y éste fue y se colgó.

La fe en Cristo

Lo que sigue respecto a este ladrón es su fe en Cristo Jesús. Hablamos de la fe de Abraham y de Moisés, pero este ladrón tuvo la fe más notable de que tenemos referencias. Se colocó a la cabeza de todos pasando a muchos que tuvieron una fe maravillosa. No había oído ningún sermón, no había visto el cetro en las manos de Cristo ni corona en su cabeza, no había presenciado ninguna de sus obras maravillosas y, con todo, tuvo una fe maravillosa. Dios estuvo veinticinco años afinando la fe de Abraham.

Dios visitó a Moisés en la zarza ardiendo e Isaías vio a Dios elevado en su trono, pero no vemos nada de esto en el caso del ladrón. Hubo muchos que habían conocido a Cristo y visto sus actos estupendos. Los discípulos habían oído sus sermones y le habían visto resucitar muertos y, con todo, le habían olvidado y abandonado. En cambio, en medio de las tinieblas, este pobre ladrón tiene fe en Él, porque aunque los judíos habían clavado sus pies y manos a la cruz, él tenía los ojos abiertos y podía mirar a Jesús. No clavaron su corazón a la cruz y es con el corazón que cree el hombre, según leemos en Romanos, y es con el corazón que creyó. Aquí hay fe digna de ser emulada.

No se avergonzó de Cristo

Lo siguiente es que confesó a Cristo en este período sombrío. Era la hora más negra del peregrinaje de Cristo aquí abajo. No vamos a ver una hora más negra en este mundo. El pecado del mundo estaba sobre Él; el cielo estaba cerrado contra Él, cerrado bajo siete llaves. Y ahora estaba colgando del madero llevando nuestros pecados, y está escrito: «Maldito el que es colgado de un madero.» Y aun Dios tenía que esconder su rostro de Él porque no podía contemplar el pecado y Cristo estaba llevando el pecado de todo el mundo.

Creo que esto es lo que quiere decir Cristo cuando en el huerto de Getsemaní ruega que pase de Él aquella copa si es posible. Hasta aquel momento había visto el rostro de su Padre y sabía que era bendito en Él, y ?e vez en cuando llegaba una voz del cielo que decía: «Este es mi hijo amado.» Pero ahora estaba ocupando nuestro lugar delante de Dios como si fuera un pecador, y Dios había escondido su rostro de ÉI.

Sí, esto partía el corazón del salvador y ahora, cuando se acercan las tinieblas sobre la creación y la luna se ha de tornar en sangre y el sol ha de velarse porque no puede contemplar la terrible escena y Pedro, uno de los discípulos más conspicuos, le había negado con una maldición y jurado que no le conocía, y Judas, uno de sus propios discípulos, le había vendido por treinta piezas de plata, y los hombres principales de la nación se burlaban de Él diciendo: «A otros salvó; sálvese a sí mismo si es el Cristo», entre las sombras y tinieblas aparece esta señal de fe del ladrón: «Señor acuérdate de mí.» Le llamó Señor allí mismo y le dijo al otro ladrón: «Este hombre no ha hecho nada malo.» Gracias a Dios por esta confesión. Éstas son una fe y una confesión verdaderas. Si quieres ser salvo has de tener fe en Cristo y estar dispuesto a confesarle ante los hombres.

«Señor, acuérdate. »

Demos una mirada a la oración del ladrón. La gente dice: «Oh, si oras pidiendo la salvación la conseguírás.» Sí, pero recuerda que has de tener fe en Cristo antes de orar. Él tenía fe en Cristo y ahora le llama «Señor». Era la voz de un joven convertido: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.» No fue una oración muy larga, pero sí una oración al rojo vivo que salía de su corazón. Algunos dicen que no se puede orar sin un libro de oraciones.

Pero el pobre ladrón no tenía ningún libro de oraciones y si en aquel entonces hubieran existido no había nadie más que se lo diera. Quería la salvación, simplemente quería ser salvo, y exclamó desde su corazón: «Señor, acuérdate de mí», y no se ha pronunciado u oído una oración más elocuente que ésta en la tierra. Pero no sólo esto, consiguió más de lo que pedía, porque sólo pedía que se le recordara. Siempre obtenemos más de lo que pedimos cuando vamos al Señor.

La última mirada del mundo a Cristo

Cuando muere un gran hombre todo el mundo está ansioso de conocer sus últimas palabras y actos. Es dulce conocer las últimas palabras del Hijo de Dios. La última vez que el mundo pudo contemplar a Cristo fue cuando estaba en la cruz. No le había visto más desde entonces. No se nos dice que ningún gentil contemplara a Cristo después que se levantó de los muertos.

La última ocasión en que el mundo vio a Cristo fue cuando salvó a un pobre pecador que colgaba de la cruz, salvándole de las mismas garras del infierno, del poder de Satanás. Cristo le sacó de entre la mismas garras de Satán y le dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso.» El león de la tribu de Judá venció al león del infierno y arrebató al ladrón moribundo, como un cordero, de las fauces de Satán. «Hoy estarás conmigo en el paraíso.» Éste es el glorioso evangelio. Libre de la ley. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. ¡Libre! ¡Libre!

En los días de Wilberforce, cuando fue abolida la esclavitud y se decía que ningún esclavo vivía bajo el poder de Norteamérica, la noticia se esparció rápidamente y cuando el capitán de un barco iba a una isla distante, en los dominios en que había esclavos, los negros procuraban conocer la noticia y saber si era verdad. Estaban ansiosos de saber si se había aprobado la ley que los hacía libres. Y cuando el capitán llegó a la vista de la pequeña isla y ellos estaban esperando la noticia, el capitán se puso un altavoz en la boca y gritó: « ¡ Libres! ¡ Libres! » Y el grito, resonó por toda la isla. ¡Libres! ¡Libres! Y gritaban de gozo, porque ya no eran esclavos. Yo os traigo buenas noticias. El Hijo de Dios dirá la palabra: «Libres.» Dijo la palabra en la cruz y el pobre ladrón era un hombre libre y Satán no podía apoderarse de él.

¡Pensemos en el tremendo contraste! Por la mañana, llevado como un pobre reo, maldiciendo y apostrofando al Hijo de Dios mismo; por la tarde cantando el cántico nuevo de la redención. Aquella noche estaba junto al trono cantando el dulce cántico de Moisés y del cordero. Por la mañana maldiciendo, por la noche cantando: «Gloria a Dios en las alturas.» ¿No es esto un gran cambio? ¡Qué contraste! ¡Piénsalo, pecador! Condenado por la mañana por los hombres, echado de la tierra por ser demasiado vil, y por la noche bueno para el cielo, lavado por la sangre del Cordero y Cristo dispuesto a recibirle en el reino del cielo.

Cristo no estaba avergonzado de andar por las calles de oro del cielo con él. El ladrón oyó la exclamación en la cruz cuando Cristo dijo: «Consumado es.» ¡Qué gozo debe haber inundado su alma al oír este grito! «Mi salvación ha sido completa ahora.» Vio la lanza que se hundía en el costado y la sangre que fluía, y yo puedo ver el brillo de su faz iluminada por la gloria. «Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados.» Era una vista triste, pero gloriosa.

Lo mejor que se puede hacer

Ahora, joven, ¿quieres ser salvo? ¿Estás dispuesto a confesar a Jesús como tu Señor y salvador y ocupar tu lugar junto al maestro y decir: A partir de este momento serviré al Señor Jesús? Si es así será la mejor noche de tu vida hasta ese momento. Todo cristiano verdadero debería seguir este consejo y si yo pudiera gritar de forma que se me oyera en el trono y preguntara al salvador qué es lo que Él quiere que tú hagas se oiría una voz desde los cielos que diría: « Dile que busque la salvación.»

Cuando el pobre ladrón se convirtió probablemente era la primera vez que había oído hablar del Señor Jesucristo o que había sido invitado. Pero con toda seguridad no se da este caso con respecto a ti. ¡Cuántas personas hay que aplazan una y otra vez la salvación hasta que ya es demasiado tarde! Hay muchos que viven en el futuro. Es mejor ser prudente y entrar en el reino de Dios ahora. Que tu oración, como la del pobre ladrón, suba al cielo desde tu corazón: «Señor, acuérdate de mí», y no pedirás en vano.

Una conversión oportuna

Un ministro de Edinburgo cuenta la historia de la conversión de un joven que trabajaba en uno de los distritos mineros. Cuando hubo terminado la reunión en una de las Iglesias, cierta noche, el ministro le vio de pie junto a una columna, en la Iglesia, cuando ya casi todos se habían ido y le preguntaron por qué no se había ido ya a su casa. El joven contestó: «He decidido que no voy a salir de esta Iglesia hasta que me haya hecho cristiano», así que se quedaron y hablaron con él.

Era lo mejor que podía hacer. Quisiera que cada uno aquí hiciera lo mismo. Decídete, no salgas de aquí hasta que hayas puesto en orden tu alma para la eternidad. En el caso de este joven, al día siguiente, mientras trabajaba en la mina, cayó sobre él un gran pedazo de carbón y lo mató. Acababa de decir a uno de sus compañeros: «Hice muy bien en resolver este asunto anoche, ¿no?» Joven, voy a dejarte que contestes la pregunta: ¿No fue bueno que el minero de esta historia resolviera la cuestión aquella noche?

Un joven que estaba en el ejército durante la guerra civil me dijo que cuando supo que su hermano, de quien nunca se había separado, se había alistado en cierto regimiento, fue él mismo y escribió su nombre debajo del de su hermano. Comían juntos, marchaban juntos y luchaban uno al lado del otro. Al fin el hermano fue herido por una bala minnie y cayó a su lado mortalmente herido. El joven vio claramente que el hermano había de morir y como la batalla estaba en lo más encarnizado y él no podía hacer nada por el hermano le puso la mochila bajo la cabeza para que estuviera lo más cómodo posible e inclinándose sobre él le besó, se despidió de él y le dejó para que muriera.

Cuando se alejaba su hermano le llamó: «Charlie, ven otra vez, quiero volver a besarte.» El joven se inclinó hacia el hermano herido y éste le besó y le dijo: «Toma este beso para mi madre y dile que morí orando por ella.» «Cuando me aparté», dijo el joven, «pude oír que decía: «Esto es la gloria y le miré, lleno como estaba de sangre por todo el cuerpo y me pregunté qué querría decir. Le pregunté qué era la «gloria», y él dijo: «Charlie, es el morir mirando y viendo a Cristo en el cielo.»»

Morir mirando hacia arriba

Si quieres morir mirando y viendo a Cristo busca el reino de Dios. Es posible que no oigas la llamada otra vez. No dejes este lugar sin haber dejado resuelta esta solemne cuestión de la eternidad. ¡Hazlo al instante!

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El evangelio y la riqueza

 

Autor: Juan Stam

El evangelio y la riqueza: el paradigma cristológico (2 Cor 8-9)

a1«Porque ya conoceís la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
que por amor a vosotros se hizo pobre,
siendo rico,
para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.» (2 Cor 8.9)

Debe ser axiomático para todos los que nos llamamos cristianos, que el modelo supremo de nuestra vida, nuestras actitudes y nuestra conducta, tiene que ser el mismo Jesús, según las escrituras. Jesús advertía en muchas ocasiones contra el amor al dinero y a la riqueza y dijo que es imposible servir a Dios y a Mamón (dinero, riqueza). En este texto de 2 Corintios, Jesús mismo nos da el ejemplo, despojándose de sus propias riquezas para compartir con los demás.

Otro pasaje, el gran himno cristológico de Filipenses 2, nos cuenta que Cristo, siendo Señor de señores, aceptó venir a esta tierra en forma de siervo. Y nos dice el texto, «no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse» (Fil 2.6). Llama la atención que estos y otros cambios en la vida de la segunda persona de la trinidad son siempre cambios de Dios el Hijo hacia lo contrario de lo que había sido y de lo que esperaríamos de Dios: el Verbo se hizo carne Jn 1:14; el Señor se hizo siervo Fil 2:6-8; el Rico se hizo pobre 2 Cor 8:9; el Justo fue hecho pecado 2 Cor 5:21; y el Amado fue hecho maldición Gal 3.13. Todos son una especie de «movilidad social» hacia abajo ((se hizo pobre, siervo, carne, pecado, maldición).

El contexto de 2 Corintios 8 y 9

San Pablo, al ir concluyendo su labor misionera, tuvo el gran sueño de llevar a Jerusalén una comitiva de los primeros creyentes (las primicias) de las diversas provincias romanas que él había evangelizado, junto con una generosa ofrenda para los pobres (Rom 15.25-28; 1 Cor 16.1-4; Hch 20.22-24; 21.4,10-14; Gál 2.10). En eso tuvo una doble intención: aliviar la extrema pobreza de los santos de Jerusalén y, segundo, dar un gesto de unidad de la iglesia, ya que las relaciones entre la iglesia de Jerusalén y la misión de Pablo habían sido tirantes. Pablo sabía bien que esa misión sería peligrosa, aun para su vida, pero se mantuvo inconmovible en su propósito.

En los preparativos para esa misión a Jerusalén, Pablo visitó las distintas iglesias solicitando ofrendas para llevar consigo a Jerusalén. En esas giras, tanto la iglesia de Macedonia como la de Corinto habían prometido sus aportes. Los hermanos de Macedonia, desde su pobreza y con mucho sacrificio, habían cumplido lo prometido (8.1-6), pero los de Corinto no (8.7-8). En ese contexto, es claro que Pablo escribe aquí para presionar a los corintios a entregar lo que habían prometido.

Lo sorprendente es que, para pedir fondos, Pablo no apela a la lástima ni al deber, sino a la gracia de Dios. En ningún momento apela a la lástima o la filantropía. Palabras como eleêmosunê (misericordia) o filanthropia (filantropía) o agathôsunê (generosidad, beneficencia) no aparecen en todo el pasaje. Más bien, la palabra clave de los dos capítulos es jaris (gracia), que se usa diez veces: siete veces como designación de la ofrenda para los pobres de Jerusalén (8.1,4,5,7,19; 9.8,14), una vez para la gracia de Cristo (8.9), y dos veces con el sentido de gratitud (9.15 gracias a Dios por su don inefable; 8.16 gracias por la solidaridad de Tito). El apóstol no fundamenta su solicitud de fondos ni en la lástima ni en la necesidad misma, sino en toda una teología de la gracia divina realizada en la acción social por los necesitados.

A partir de este carácter de gracia que reviste la generosidad, Pablo utiliza otros términos teológicos para describir este proyecto de acción social. Son frases del más alto significado teológico, y Pablo las va acumulando para un máximo de énfasis. Esa sencilla contribución monetaria sería «la jaris de la koinonia de la diakonia (8:4). Será un acto de justicia (9.9-10, dikaiosunê). La diakonía de esta leitourgia no sólo suplirá la necesidad de los pobres sino que redundará en mucha eujaristia (9.12) y en mucha doxa (gloria) para Dios (9:13). De esta forma el Apóstol invoca una serie de los términos teológicos más elevados, todo para describir una recolecta monetaria para los pobres. Ese ofrenda era una koinonía, una diakonía, una liturgia y una eucaristía.

El compartir con los necesitados es un carisma (jarisma) que el Espíritu otorga dentro del cuerpo de Cristo («los que ayuden a otros», 1 Co 11.28). La gracia de Dios se revela en la generosidad cristiana con los pobres. Nuestro Dios es un Dios que da alimento a todo ser viviente (Sal 136.25; Eclo 7.32-33); como Dios de gracia y misericordia, es el Dios de los necesitados y las viudas, el Padre de los huérfanos y el defensor de los desahuciados. H.H. Eller afirma que en la enseñanza de Jesús, járis nunca tiene el sentido de «favor inmerecido», sino que consistía esencialmente en la solidaridad de Dios con los débiles, pobres, despreciados y desesperanzados (Mt 11.5,28-30; Mr 10.26-28; Lc 15).

Tres textos resumen el argumento de estos dos capítulos:

1) 8.9 el modelo cristológico, que siendo rico se hizo pobre;

2) 9.8-11 Dios es poderoso para hacer que abunde en vosotros toda gracia, para que teniendo en
todo lo suficente, estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad;

3) 9.15 ¡Gracias a Dios (járis) por su don inefable! (nuestra respuesta eucarística).

¿En qué sentido era «rico» Cristo antes de encarnarse? A primera vista responderíamos, «espiritualmente rico», pues en el cielo no existen bienes materiales. Sin embargo, eso rompería el paralelismo con la segunda frase (Jesús no era pobre espiritualmente sino materialmente) y no concordaría con el énfasis económico de todo el pasaje. No era un mensaje «espiritual» que Pablo quería comunicar a los corintios.

En el pensamiento hebreo, Dios es el dueño de toda la tierra, y Dios es el único dueño. «De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan» (Sal 24.1). «Pues míos son todos los animales salvajes, lo mismo que los ganados de las serranías; mías son las aves de las montañas y todo lo que bulle en el campo. Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, pues el mundo es mío, con todo lo que hay en él» (Sal 50.10-12, Dios Habla Hoy).

Básica a la teología de la tierra en las escrituras hebreas, es la convicción de que nadie puede ser dueño de nada, porque es Dios quien reparte la tierra entre los seres humanos, que no son más que mayordomos. Por eso, «la tierra no debe venderse a perpetuidad; la tierra es mía, y ustedes sólo están de paso por ella como huéspedes míos» (Lev 25.23 DHH). Por supuesto, no queda ninguna posibilidad del concepto de propiedad privada en esa teología.

Si el Hijo de Dios, Co-Propietario del universo entero, estuvo dispuesto a hacerse pobre para enriquecernos a nosotros, cuánto más debían los cristianos de Corinto compartir sus bienes con los pobres de Jerusalén.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre. Su vida comenzó en un pesebre prestado y lo sepultaron en una tumba también prestada. Se crió en una familia de la clase obrera, y durante dieciocho años de su vida ejerció el oficio de carpintero (su ministerio profético, en cambio, duró sólo unos tres años). En una ocasión dijo, comparándose desventajosamente con las zorras y las aves, «las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo de hombre no tiene donde recostar la cabeza» (Lc 9.58). Cristo bendijo a los pobres y denunció a los ricos (Lc 6.20,24; 18.25). Jesús optó libremente por ser pobre y encarnó para nosotros un estilo sencillo de vida.

Después de citar el paradigma cristológico, Pablo introduce una serie de nuevos temas, pero en 2 Cor 9.8-11 aclara el sentido de la última frase de 8.9, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Este pasaje del capítulo 9, muy citado por la teología de la prosperidad, merece un análisis cuidadoso:

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra, como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra. y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad…

Dos frases aquí aclaran el enriquecimiento que Cristo nos da: «teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra» y «para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad» (que repite el mismo verbo de 8:9). Este lenguaje está muy lejos de una teología de la afluencia capitalista y consumista; habla sólo de «tener lo suficiente», que es lo que Dios quiere para todos sus hijos e hijas. Específicamente, para los corintios, significaba tener suficiente para vivir con dignidad y también contribuir para los pobres de Jerusalén, lo que describe como «justicia». No dice nada de una situación económica holgada ni de una vida de abundancia de bienes materiales. Eso, por supuesto, estaría en total contradicción con el paradigma cristológica de 8:9.

Los predicadores de la prosperidad gustan hablar de «la ley de siembra y cosecha», en el sentido moderno de una ley de causa y efecto. Pero este texto (junto con 9.6-7) no sugiere que Pablo estuviera formulando alguna especie de «ley», en el sentido moderno de causa y efecto; lo de la siembra y la cosecha no es más que una ilustración. Además, todo el énfasis de estos versículos, como de los dos capítulos, es sobre la generosidad en compartir los bienes que tenemos, no en acumular más bienes. Debe notarse, también, que Pablo no está pidiendo para sí mismo ni para su labor misionera sino para los pobres de Jerusalén. Qué diferente a las «maratónicas» de algunos canales de televisión y emisoras de radio, que recaudan grandes cantidades de dinero pero lo que menos se les ocurriría es repartirlo entre los pobres.

En los versículos finales del capítulo (9.11-14) Pablo describe la reacción en cadena que ocurre cuando compartimos con los pobres: El clímax de esta solicitud de ofrendas es un verdadero éxtasis de alabanza por las consecuencias de la gracia de Dios encarnada en ayuda a los pobres. En esa situación de extrema pobreza en Jerusalén, y de relativa comodidad en Corinto, la gracia de compartir hará nacer una nueva esperanza. Terminada la ingrata tarea de solicitar fondos, Pablo irrumpe en una cascada de júblio que anticipa las consecuencias de la contribución de los corintios:

«[Dios] hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia. Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias (eujaristia) a Dios. Esta ayuda (diakonia) que es un servicio sagrado (leitourgia) no sólo suple las necesidades de los santos sino que también redunda en abundantes acciones de gracias (eujaristia) a Dios. En efecto, al recibir esta demostración de servicio (diakonia), ellos alabarán (doxazô) a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión (homologia) del evangelio de Jesucristo, y por su generosa solidaridad (koinônia) con ellos y con todos. Además, en las oraciones de ellos por ustedes, expresarán el afecto que les tienen por la sobreabundante gracia (jaris, ¡la ofrendita de los corintios!) que ustedes han recibido de Dios.

¡Gracias (jaris) a Dios por su don inefable! (9.10-15 DHH).

Algo muy extraño y muy importante está occurriendo aquí. En medio de la necesidad de los pobres de Jerusalén y la renuencia de los acomodados de Corinto, la gracia de Dios ha entrado en acción. Pablo da por sentado que los corintios van a responder y enviar su ofrenda y da rienda suelta a su fe y su exuberante imaginación creativa para anticipar todos los trascendentales resultados de dicha gracia. Nada indica que el aporte de ellos iba a ser de sumas grandes; lo grande sería la gracia de Dios en la práctica consecuente de ellos.

Y es que la praxis del amor eficaz logra una transformación de la realidad. La esperada ofrenda de los corintios ha transformado el círculo vicioso de la des-gracia en el círculo eucarístico de la gracia. La práctica de la justicica introduce situaciones totalmente nuevas, donde la gracia de Dios comienza a actuar en reacción de cadenas de bendición.

Para que haya igualdad (8.13-14). Hay otro énfasis en estos capítulos que merece atención especial. Dos veces en dos versículos Pablo insiste en el ideal cristiano de la igualdad:

«No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasan necesidad; se trata más bien de que haya igualdad. Ahora ustedes tienen lo que a ellos les falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falta a ustedes, y de esta manera habrá igualdad» (8:13-14 DHH).

El paradigma cristológico de 8.9, que domina todo este bloque textual, implica también un compromiso con la igualdad. Siendo inmensamente rico (según el pensamiento hebreo y paulino), Jesucristo quiso «anivelarse» con nosotros y vivir como un pobre entre los pobres (aunque tampoco en miseria).

De hecho, la igualdad es el principio central de toda la enseñanza social y económica de Israel. Partiendo del principio de que Dios es el único dueño de todos los bienes, la legislación hebrea estaba diseñada para defender al pobre y buscar la mayor igualdad posible en el pueblo. El intento evidente del sistema socio-económico propuesto para Israel era evitar que la prohibición del hurto se malinterpretara como justificación de la acumulación desigual de riquezas. Dios se declara padre de los huérfanos, abogado defensor de las viudas, y amigo protector de los extranjeros y los desahuciados (Dt 10.18; Sal 68.5; Ex 22.21-24). La visión profética es de una sociedad en que «todos vivirán sin temor, y cada cual podrá descansar a la sombra de su vid y su higuera» (Miq 4.4; Zac 3.10).

El tema de la legislación social de Israel es amplísimo, pero ahora sólo podemos mencionar un aspecto central: el año sabático y el Jubileo. Las fiestas judías se configuraron mayormente por la experiencia histórica del éxodo, y se destaca entre ellas una triple secuencia a base de ciclos de siete. El séptimo día de cada semana se celebraba el Shabat; cada séptimo año se debía celebrar el año sabático de la tierra (Dt 15.1-11; Lv 25.1-7.18-22); y después de siete sábados de la tierra (49 años), el siguiente año debía ser un año de jubileo (Lv 25.8-17,23-34; 27.16-25). La estructura simétrica de este ciclo, a base de sietes (derivado también de la creación), acentúa su importancia.

En breve resumen, el día del sábado significaba una declaración de libertad para el trabajo humano y el descanso semanal para la tierra y los animales (Ex 23.12). Por otra parte el sábado de la tierra, entre sus varias versiones, incluía tres elementos: (1) barbecho de la tierra durante el año, con sus productos no cultivados designados para los pobres (Ex 23.10s; Lv 25.2-7; Neh 10.32); (2) la liberación de todo israelita bajo servidumbre (Ex 21.2-11; Dt 15.12-18; Jer 34.8-17); (3) la condonación de toda deuda contraída (Dt 15.1-11). Hoy día, ante la agobiante crisis de la deuda externa de los paises del tercer mundo, esta teología del préstamo ha captado la atención de muchos líderes latinoamericanos (¡hasta de Fidel Castro! Ocurrió en una consulta sobre la deuda externa en la Habana en los años 80).

El Jubileo se describe sólo en Lev 25 y está menos documentado que el año sabático. Se menciona también en Lev 27.17-24, Nm 36.4 y Ezq 46.17, con alusiones también en Jer 34 («promulgar cada uno libertad a su prójimo» 34.8,15,17) e Isa 61 («proclamar libertad a los cautivos» 61.1; «proclamar el año agradable de Yahvé» 61.2) y algunos otros pasajes. Su base histórico-salvífica es la repartición original de la tierra en igualdad y justicia: «A los grupos más numerosos les darás una porción mayor, y a los grupos menos numerosos una porción menor», a cada tribu según el censo (Nm 26.54; 33.54). El Jubileo formula legalmente lo que los profetas articulan moralmente cuando denuncian la acumulación de propiedades (Is 5.8; Miq 2.2).

«Pregonareís libertad en la tierra a todos sus moradores» (Lv 25.10) es la consigna del Jubileo. Y como no puede haber libertad sin justicia económica, el otro tema es la tierra familiar. Christopher Wright afirma que el sistema socioeconómico de Israel «tenía dos características que contrastaban totalmente con la estructura económica cananea»: (1) la distribución equitativa y (2) la inalienabilidad de la tierra, para que no pasara definitivamente a otras familias.

Para lograr la justicia y la igualdad, el autor sacerdotal no confía simplemente en la conciencia moral y la buena voluntad, ni iniciativas individuales privadas; plantea más bien un sistema de legislación nacional con un plan detallado de reforma agraria cada 50 años (Lv 26.10-17,23-34). En contraste con el neoliberalismo, diseñado a favor de los poderosos para crear desigualdad a base de la libre competencia y la no-intervención estatal, el Jubileo pretende legislar un sistema social que rectifique periódicamente la infraestructura económica para defender la máxima igualdad social.

Es cierto que hay problemas históricos en cuanto a esta legislación, pero es claro que el Jubileo (junto con el año sabático) expresaba la profunda convicción de los autores bíblicos, especialmente los profetas. No cumplirlo era una violación del pacto, que Dios también castigaría (Lv 26.34,43; 2 Cr 36.21; Jer 34.16-18). Cuando no se cumplía, era por el pecado humano. Por eso, en los profetas, este doble tema va tomando dimensiones mesiánicas y escatológicas (Is 35; 58; 61; Ez 47.14). Esta esperanza, postergada y profundizada a la vez, se expresa elocuentemente en Is 61.1-3:

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha consagrado;
me ha enviado a dar buenas nuevas a los pobres,
a aliviar a los afligidos,
2a anunciar libertad (QâRâA DeRôR) a los presos,
libertad a los que están en la carcel,
a anunciar (QâRâA) el año favorable del Señor,
el día en que nuestro Dios
nos vengan de nuestros enemigos.
Me ha enviado a consolar a todos los tristes,
3a dar a los afligidos de Sión
una corona en vez de ceniza,
perfume de alegría en vez de llanto,
cantos de alabanza en vez de desesperación… (DHH)

Siglos después, según San Lucas (4.18s), Jesús en su proclama inaugural aplica este pasaje jubilar (más una frase de Is 58.6, otro pasaje jubilar) a su propio ministerio redentor. Igual que en Is 61.2, «el año favorable del Señor», que proclama libertad a los cautivos, debe entenderse como el Jubileo. En este «manifiesto de Nazareth» Jesús asume el rol del Ungido que había de traer el Jubileo («El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» 4.18; cf 3.22) e identifica las metas y valores de su Reino con los del Jubileo. Su ministerio era en verdad «buenas nuevas para los pobres»; sus milagros eran señales del Jubileo prometido.

La proclama de Jesús en Nazaret se reafirma en el día de Pentecostés. Como era el día del sábado al año sabático (séptimo día y séptimo año), era también el día de Pentecostés al año de jubileo (50 días, 50 años). Es impresionante ver el paralelo de Hch 2 con Isa 61 y Lc 4. Al inicio del capítulo «el Espíritu del Señor» viene ahora sobre sobre la iglesia, cuerpo vivo del Mesías resucitado (Hch 2.1-13; cf Is 61.1). Y al final del capítulo, la comunidad mesiánica practica el Jubileo y realiza «buenas nuevas para los pobres» con un proyecto de comedores populares (Hch 2.42-47; 4.31-5.11, 6.1-7). El ideal del año sabático, que «no habrá pobres entre ustedes» (Dt 15.4), se realizó en la comunidad pentecostal: «No había entre ellos ningún necesitado» (Hch 4.34) porque «ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía» (4.32). En el día de Pentecostés, el Espíritu inspiró un verdadero Jubileo y un anticipo de la comunidad de bienes de la Nueva Jerusalen.

El proyecto económico que comenzó el día de Pentecostés se prolongó hasta el final del ministerio de San Pablo. Cuando Pablo y Bernabé subieron a Jerususalén para consultar con los apóstoles sobre la misión a los gentiles, éstos les dieron su aval pero «solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado hacer con todo cuidado» (Gál 2.10 DHH). Uno de los primeros proyectos de Pablo como cristiano fue el de llevar ayuda a los necesitados de Judea (Hch 11.29s). Y al final de su ministerio, en el corazón de Pablo nace el sueño osado de juntar a los primeros creyentes de las comunidades gentiles y monedas de las distintas provincias del imperio, para llevarlo a Jerusalén para los pobres (Ro 15.25-26; 1Co 16.1-4; 2 Cor 8-9; Hch 20.22s; 21.10-14). Pablo dedicó la culminación de su ministerio al mismo proyecto de Jubileo que nació el día de Pentecostés.

Esa visión escatológico-económica se realiza plenamente en Ap 21-22. La igualdad es un valor bíblico; la desigualdad, un anti-valor anti-bíblico. En el reino de Dios todos seremos reyes y sacerdotes; nadie será más rey y sacerdote, nadie será menos rey y sacerdote. Entoces el oro y las perlas y las piedras preciosas, antes prostituídas en las manos del imperio, serán de todo el pueblo (las calles y muros y fundamentos del pueblo: Apoc 21:9-21). De hecho, la visión de abundancia e igualdad con que concluye la Biblia no es sino la culminación de toda una teología bíblica de los bienes materiales. Desde el pentateuco hasta el Apocalipsis, la teología bíblica de lo económico es un mensaje de justicia e igualdad. La visión de la Nueva Jerusalén debe ser la inspiración y la orientación de los cristianos de hoy ante los desafíos complejos del futuro de nuestro continente.

La literatura apocalíptica judeo-cristiana, siguiendo fielmente esta larga tradición bíblica, hace también aportes valiosos a esta visión de abundancia para todos. Muy citada es 2 Baruc 29.4:

La tierra dará frutos diez mil veces mayor. Cada vid tendrá mil ramas, y cada rama producirá mil racimos de uvas, y cada rácimo producirá mil uvas, y cada uva dará un cor de vino [200 litros]…Y los hambrientos se gozarán y verán maravillas cada día. Vientos saldrá cada mañana de delante de mí a llevar la fragancia de frutos aromáticas, y nubes al final del día destilarán el rocío del cielo. Y en aquel tiempo los tesoros del maná caerán de nuevo del cielo, y comerán de él.

La alusión al `»maná escondido» en Ap 2.17 muestra que Juan conocía la misma tradición de 2 Baruc 29 y corrobora el cuadro de abundancia para todos que nos dan los últimos capítulos del Apocalipsis.

Otra literatura antigua judeo-cristiana confirma dramáticamente el ideal de igualdad en el reino mesiánico:

…y todos disfrutarán de vida común y riqueza. La tierra será de todos por igual; sin estar dividida por muros ni cercados, producirá algún día frutos más abundantes. Y dará frutos de dulce vino, de blanca leche y de miel…cuando Dios haga cambiar los tiempos…y transforme el invierno en verano. (Oráculo Sibilino 8.208-215)

La tierra, de todos por igual, sin estar dividida por muros ni cercados, producirá entonces frutos más abundantes por sí sola. Compartirán los recursos sin dividir la riqueza, pues allí no habrá ni pobres ni ricos, ni amos ni esclavos, ni grandes ni pequeños, ni reyes ni caudillos. En común y unidos vivirán todos. (Or Sib 2.319-324)

Esta visión judeo-cristiana es el proyecto económico de Dios para la historia humana. Por ella oramos cuando decimos «venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo». Nuestras opciones y nuestra conducta se orientan por el mandato de «buscar primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mat 6:33) y, en términos escatológicos, su abundancia y su igualdad. Cualquier otro programa es el proyecto de la bestia, no de Dios y su Cordero.

Muy de acuerdo con esta visión profética son las palabras de nuestro gran poeta costarricense, Jorge Debravo:

Yo deseo que todo, que la vida sea nuestra
como el agua y el viento.
Que nadie tenga más patria que el vecino.
Que nadie diga más la finca mía…
sino la finca nuestra, de nosotros los hombres.
(del poema «Nosotros los hombres»)

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como se tiene tierra;
que todos tengan tierra
como tienen el aire.
(del poema «Nocturno sin patria»)

BIBLIOGRAFÍA:

Camargo, Jesús, «Realidad económica y fe cristiana», Boletin Teológico #65, enero-marzo 1997, 27-58

de Vaux, R, Instituciones del Antiguo Israel (Barcelona: Herder 1985)

Eller, H.H., «Gracia» en Lothar Coenen et al., Diccionario teológico del Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme 1980), Tomo II, p.237-238.

Gnuse, Robert, Comunidad y propiedad en la tradición bíblica, Verbo Divino, Estella, Navarra, 1987.

Maertens, Thierry Fiesta en honor de Yahvé (Madrid: Cristiandad 1964)

Richard, Pablo, «Ya es tiempo de proclamar un jubileo», Vida y Pensamiento 18:2 octubre 1998, 7-34

Stam, Juan, «El poder económico de la gran bestia» en Apocalipsis y Profecía (Buenos Aires: Kairós, 1998).

Stam, Juan, «La sobreabundancia de la multiforme gracia de Dios» en Gracia, Cruz, Esperanza, Israel Batista ed (Quito: CLAI 2004), pp. 25-40

Wright, Christopher, Wright, Anchor Bible Dictionary, 1992, Tomo III, pP. 1025-1029

Wright, Christopher, «Sabbatical Year» Anchor Bible Dictionary (NY: Doubleday 1992) Tomo V, pp. 857-861

http://www.juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryId/185/Default.aspx

ELOGIO A LA MUJER VIRTUOSA

ELOGIO A LA MUJER VIRTUOSA,  Proverbios 31:10–31

Autor: Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O

1. La mujer anhelada, 31:10–12

a1Esta sección se desarrolla dentro de una estructura del alfabeto hebreo (ver 2:1–22; Sal. 34). El v. 10 empieza con una palabra con la primera letra del alfabeto hebreo, alef (es decir, mujer). El último versículo (v. 31) comienza con la palabra hebrea que tiene la letra tau, la última letra del alfabeto hebreo (es decir, dadle). El texto dado en la RVA empieza cada versículo con la palabra que tiene la letra hebrea correspondiente. Tal sistema sirve como una ayuda a la memoria. Por supuesto, la pregunta acerca del origen de esta sección puede contestarse como una extensión de las palabras de la madre de Lemuel (ver 31:1–9) o con un origen desconocido.

El último ejemplo de la mujer en Proverbios destaca a la mujer virtuosa (ver 3:15; 8:11; 20:15). La pregunta retórica del v. 10 busca la respuesta “nadie”. De hecho, el maestro sabio ha mostrado que la esposa prudente es un don de Dios (ver 18:22; 19:14). El tema de la esposa es frecuente en Proverbios (ver 12:4; 18:22; 19:13, 14; 21:9, 19; 25:24; 27:15, 16; además de los pasajes acerca de la mujer adúltera en 2:16 ss.; 5:3 ss.; etc.). La mujer virtuosa de 31:10–31 es anhelada por muchos jóvenes.

El v. 11 pone énfasis en la palabra confía (la letra hebrea es bet). Así la primera característica que se ve en ella es la confianza de parte de su marido. La confianza es algo que cuesta lograr, pero fácil de perder. Hay que cuidar la confianza que alguien ha puesto en uno. Por lo tanto, el v. 12 muestra cómo la esposa es una ayuda idónea para su marido y la edificación del hogar.

Semillero homilético

Una mujer digna 31:10–31

Introducción: Solemos pensar que las mujeres no tenían mucha influencia ni autoridad en el Cercano Oriente en la antigüedad. Pero este proverbio presenta otra perspectiva.

I. Colabora con el esposo, vv. 11, 12, 23, 28, 29.
1. Es digna de confianza, v. 11.
2. Es fuente de bien, v. 12.
3. Es causa de respeto, v. 23.
4. Es objeto de elogio, v. 28.

II. Ejecuta sus negocios con eficacia, vv. 14, 16, 18, 24.
1. Trae mercancía desde lejos, v. 14.
2. Tiene buena cabeza para los negocios, v. 16.
3. Administra sabiamente, v. 16.
4. Aprovecha el mercado y produce hasta lo máximo, v. 18.
5. Sabe tratar con mercaderes, v. 24.

III. Atiende la casa con cariño, vv. 13, 19, 21, 22, 27, 28.
1. Sabe suministrar la ropa para la familia, vv. 13, 19.
2. Provee comida y ropa según la necesidad, v. 21.
3. Vigila la administración del hogar, v. 27.

IV. Simpatiza con los desheredados de la sociedad, v. 20.
1. Los pobres.
2. Los necesitados.

V. Consagra su vida a Dios, v. 30.
1. Un temor sano de Jehová.
2. Tiene hermosura y madurez espiritual.

VI. Merece una recompensa especial, vv. 25, 28.
1. De parte de los hijos, v. 28a.
2. De parte del esposo, v. 28b.

Conclusión: Este proverbio presenta los ideales que representan un desafío para cualquier mujer, mientras desafía al esposo y a los hijos a brindarle el respeto que se merece.

2. La mujer creativa-industriosa, 31:13–19
La mujer muestra su valor en los vv. 13–19. Las diversas actividades dentro del hogar y fuera del hogar sorprenden al lector casual. ¿Cómo es posible que una sola mujer tenga tantas actividades? ¿Se trata de una mujer real o alguna imagen o ficción?

Las actividades muestran la vida cotidiana de aquel entonces. Sus días son largos, desde temprano hasta la noche (vv. 15, 18). Ella, de verdad, se quema las pestañas. Sus manos son muy útiles, tejiendo lana y lino. Se escucha el sonido de la rueca y del huso. Ella rebusca en el mercado los productos necesarios y los mejores precios. Además, invierte en el futuro, comprando un campo y plantando una viña (v. 16). En medio de todas estas actividades, es una ama de casa que prepara la comida diaria para la familia y los siervos (v. 15). Ella nunca se queda con los brazos cruzados, aumentando el valor de los bienes familiares.

3. La mujer íntegra, 31:20–27
Sigue el diálogo sobre la mujer valiosa. Por palabra (v. 26) y por hecho (v. 20), ella muestra la misericordia a los más desafortunados, cumpliendo así lo dicho en 11:25. Además de invertir en el futuro por medio de la viña (v. 16), ella tiene la ropa preparada para su familia cuando la nieve comienza a caer, hasta tejiendo abrigos más gruesos (ver 6:8).
La risa de ella en el v. 25 muestra su confianza absoluta (v. 21; ver Sal. 2:4). Ahora ella es un vendedora de telas y cintas (v. 24), una ocupación común en el mundo antiguo y dentro de los pueblos indígenas de América Latina hoy en día.

El marido de la mujer valiosa es un líder dentro del pueblo (v. 23; ver Rut 4:1–13). Su éxito sin duda es en parte debido a la calidad de la mujer valiosa (ver 1 Tim. 3:4 y 5). Su fuerza y honor (v. 25) junto con su capacidad para hablar con sabiduría (v. 26) se reflejan en el bienestar y el prestigio de su familia dentro de la comunidad. El v. 22 da una lista de los símbolos de la riqueza, que es sólo un factor en el éxito y no el factor del éxito.

El v. 27 vuelve a tratar el tema del cuidado del hogar. Aunque hayan muchas actividades de la mujer, ella no ignora la marcha de su casa (vv. 15, 27). Es una verdadera ama de casa, que no come el pan (ver 4:17; 9:17) de ociosidad (ver 2 Tes. 3:8; Don Quijote, 2.5, donde Teresa, la esposa de Sancho Panza, dice que “los escuderos andantes no comen el pan de balde”).

Semillero homilético

Símiles de la mujer en Proverbios 11:22; 19:13; 27:15; 12:4; 31:10–31

Introducción: Los Proverbios nos ofrecen varios símiles que presentan en forma dramática cualidades, positivas o negativas, de la mujer.

I. Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo, 11:22.
1. Puede ser una persona bella pero mal ubicada.
2. Puede ser inteligente pero testaruda.
3. Puede saber la etiqueta pero no practicarla.

II. Como gotera continua es la mujer rencillosa, 19:13; 27:15.
1. Sus palabras irritan.
2. Sus palabras son persistentes.
3. Sus palabras fatigan y fastidian.

III. Como carcoma en los huesos, 12:4.
1. La mujer mala obra en forma paulatina, para perjudicar.
2. La mujer mala despilfarra lo que logra el esposo.

IV. Como corona de su marido, 12:4, 19:14; 31:1–31.
1. La mujer prudente es dádiva de Dios.
2. La mujer virtuosa luce al esposo, 12:4.

Conclusión: ¿A cuál de estas símiles te pareces tú? ¿Has demostrado a través de tu comportamiento que eres una corona, o quizás eres un anillo de oro en el hocico de un cerdo, o una gotera continua, o carcoma en los huesos?

4. La mujer querida, 31:28–31
Los vv. 28 y 29 revelan el cariño de parte de los hijos y del marido. Bienaventurada (ver 3:13, 18; 8:32, 34; 16:20; 28:14; 29:18), de parte de los hijos, resume lo que ellos han visto en ella: Una mujer profundamente espiritual y trabajadora, en la que la presencia y la bendición divinas se pueden ver concretamente. Lo dicho por el marido es aun más especial. El reconoce que hay muchas mujeres en el pueblo que hacen el bien, ¡pero ella es la mejor! Estas palabras tan sencillas han de escucharse de parte de muchas mujeres cristianas dentro de la América Latina. El marido reconoce la joya que él tiene y no la quiere perder.

Los vv. 30 y 31 son un comentario dado por el maestro de la sabiduría. Es una exhortación y una evaluación de la manera apropiada para juzgar el valor de la mujer. Se da una advertencia contra dos características populares de la mujer. En primer lugar, la Escritura declara que engañosa es la gracia. Nos hace recordar el encanto de la mujer adúltera en 5:3 s. y 7:21 s. En segundo lugar, se afirma que vana es la hermosura. En un canto por Antonio se habla de “las hipócritas hermosuras que engañan al Amor mismo” (ver Don Quijote, 1. 11). Se recuerda el engaño de las mujeres en la vida de Sansón (ver Jue. 14:1 ss.; 16:1 ss.). Este engaño era principalmente la culpa de Sansón mismo, en su forma de evaluar a la mujer. Un escrito judío aconseja que “el joven pone los ojos no sobre la belleza sino sobre la familia potencial” (ver Misná, Taan 4:8). Pablo exhorta a las mujeres a una vida moderada (ver 1 Tim. 2:9 y 10).

La segunda parte del v. 30 subraya la característica esencial de la mujer. Se recalca la naturaleza espiritual de la mujer (es decir, teme a Jehovah como en 1:7; 2:5; 3:7). No hay nada más aburrido que estar con alguien por largo tiempo y que no tenga una espiritualidad desarrollada. Esta característica ha de ser alabada y tal mujer ha de ser reconocida públicamente en la sociedad, un ejemplo digno de imitar (v. 31). Es interesante que las puertas de la ciudad designan el lugar público y aquí también se encuentra el marido (v. 23). La mujer virtuosa cumple el mandamiento de Jesús más tarde: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (ver Mat. 5:16).

¡Que se cumpla lo dicho por Sancho: “Se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena”! (Don Quijote, 1. 31)

 

Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Proverbios-Cantares (1. ed., pp. 269–273). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

LAS FINANZAS DEL HOGAR

LAS FINANZAS DEL HOGAR

Autor: Guillermo Taylor

a1Hay un sentimiento muy arraigado dentro de nosotros de creernos dueños de lo que poseemos. Por el mero hecho de haber logrado ganar dinero y con ello adquirir cosas, ya nos creemos los propietarios absolutos de todas las cosas. Pero ¿es así según la Biblia? ¿Qué nos dice Dios acerca del dinero y las cosas materiales? ¿Qué abarca la «mayordomía cristiana»? Estas y otras cuestiones fundamentales serán tratadas en este capítulo.
En este estudio

1. Definiremos lo que significa «mayordomía cristiana».
2. Conoceremos actitudes correctas hacia el dinero.
3. Advertiremos la importancia de un presupuesto familiar.
4. Confeccionaremos un presupuesto tentativo.

Mayordomía cristiana es el servicio que el cristiano rinde a Dios, reconociendo que todo lo que es y tiene es un regalo de Dios y debe ser administrado de acuerdo con Su voluntad y para Su gloria.

De esta definición nacen varios principios que pueden guiarnos a establecer actitudes cristianas respecto al dinero. En primer lugar, tengo que reconocer que todo lo que soy y tengo es de Dios. Recordemos Santiago 1:16–17:

«Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»
Pablo aclara en 1 Corintios 4:7 con palabras fuertes:

«Porque, ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?»

Nada de lo que soy y tengo es mío, sino de Dios.

Aunque parezca ilógico, la administración sabia del dinero en el hogar se hace posible cuando, en primer lugar, la vida de los cónyuges se ha entregado a Dios. Este es un golpe duro al materialismo que proclama que la equitativa distribución de la riqueza solventará los problemas del mundo. También golpea al que cree que la adquisición de cosas le traerá satisfacción. Si hemos llegado al reconocimiento de que todo es de Dios y nada de lo que poseemos es nuestro, entonces tenemos la actitud correcta y la capacidad adecuada para administrar el dinero. Entregue toda su capacidad para ganar dinero a Dios. Entréguele el «título de propiedad» de todos sus bienes.

Un segundo principio, que se desprende del anterior es, simplemente, que 100% de mi dinero pertenece a Dios. Muchas veces sentimos como cristianos que lo que sí es de Dios es sólo el porcentaje que «le regalamos», pero lo que resta (la mayor parte),«eso sí que es nuestro». La Biblia no condena esa actitud; más bien juzga al cristiano que opera bajo tales móviles inadecuados. A Dios le interesa el 100% de mi dinero.

Por otro lado, algunos creen que el dinero en sí es la raíz de todos los males, citando mal 1 Timoteo 6:10. Pablo aclara que es el «amor al dinero» la raíz de todos los males. Esto toca mis motivos más profundos, mis actitudes, y el comportamiento que surge de ellos. Pero, ¡qué libertad más grande surge cuando nos damos cuenta de que todo es del Señor!

La verdad es que nunca tendremos «suficiente» dinero para estar satisfechos. Aquí solamente hay que observar a algunas de las personas más ricas del mundo. Nunca descansan.

Siempre quieren más, y muchos no se preocupan por los medios que utilizan para adquirir bienes materiales. En el plano de la familia ordinaria cristiana, que no gana tanto, nunca parece haber «suficiente», ni mucho menos un superávit. Y así es la vida, porque nuestro apetito económico crece mucho más rápido que nuestra capacidad para obtener lo que buscamos. En tercer lugar, será fundamental que toda familia se fije prioridades concretas para las necesidades de su vida. Las Escrituras tienen muchos pasajes que afirman este principio.

Lucas 12:13–21 desarrolla un diálogo y ofrece una parábola para enseñar acerca de las prioridades en esta área. Las palabras de nuestro Señor son fuertes en cuanto a la avaricia, problema que todos hemos enfrentado de vez en cuando. Pero Él no termina ahí, sino que continúa enseñando directamente sobre los valores y el dinero. Noten Lucas 12:22:34.

Observen cuántas veces Cristo enfatiza las tensiones y las actitudes con «no os afanéis», o «no os preocupéis», o «no temáis». Esta lección es tremendamente difícil de aprender para muchos, porque, francamente, desconfían de la capacidad divina para proveer lo necesario para su vida y sustento.

El verdadero discípulo de Jesús no es ni un avaro ni un pródigo; es un mayordomo.
—William HIram Foulkes

El último versículo pone el dedo en la llaga. Cristo entendía los problemas de los hombres, y sabia que era muy fácil confundir las prioridades. Qué gozo ha sido para mí conocer a cristianos a quienes Dios les ha dado mucho en lo material; parece que Dios puede confiar en estos hermanos. Tienen mucho, pero obviamente su corazón no está enfocado en los tesoros materiales, porque ellos regalan un porcentaje muy alto de sus ingresos. En cambio, conozco a otros cristianos con un espíritu de codicia, ansiosos de adquirir más, y amargados porque tienen tan poco.

Aquí tenemos que considerar nuestras actitudes hacia lo más importante en la vida. Si Dios me ha dado un empleo en el cual gano poco, regular o bien, debo darle gracias a Él por el trabajo. Y mi trabajo, cualquiera que sea, debe ser excelente en calidad, siendo fiel a las normas cristianas del trabajador. Debo ser constante y honrado en mi trabajo.

El cuarto principio enfoca una dimensión algo diferente: cultive un espíritu de contentamiento con lo que Dios le ha dado. 1 Timoteo 6:6–8 trata esta actitud:

«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento: porque nada hemos traído al mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.»

A la vez, Dios ha puesto en nuestro corazón el impulso de la superación. Nadie debe concluir que enseño que uno no debe avanzar en responsabilidad, trabajo, y remuneración. Sí, debemos esforzarnos por una superación económica y debemos estudiar más, si es que esto nos va a abrir la puerta. Debemos cambiar de trabajo, ordenadamente y respetando las normas, si en el cambio podemos proveer mejor para la familia. En todo caso, cuidémonos de la codicia y la avaricia.

Una quinta sugerencia destaca nuestra responsabilidad con nuestros hijos. Enseñemos a nuestros hijos a desarrollar actitudes bíblicas en cuanto al dinero y a ser responsables en su manejo. Todos nosotros como padres hemos tenido que luchar con peticiones de los chicos que, aparentemente, dan por sentado que el dinero viene «así porque sí». Nos piden cosas que no podemos comprar, y parece que ellos siempre quieren más. ¿Cómo vamos a enseñarles actitudes correctas en las finanzas?

Comencemos demostrando nuestras propias actitudes correctas hacia el dinero. Si en la casa los niños escuchan a sus padres en discusiones y peleas por motivos de dinero, ellos captarán esa actitud. Pero si los padres viven en carne propia las prioridades cristianas hacia el dinero, esa actitud buena será también captada por ellos. Además, es conveniente darles una pequeña suma semanal para su propia administración. Esto puede comenzar cuando ellos inician sus estudios de primaria. No tiene que ser mucho, y siempre tiene que ir acompañado por una instrucción inicial.

Otra manera de enseñarles responsabilidad es dándoles trabajo en casa. Los niños pueden barrer, fregar, trabajar en el jardín o huerta, sacar la basura y, por cierto, cada uno debe hacer su propia cama por la mañana. Estos trabajos pueden variar con frecuencia, y tal vez algunos pueden ser remunerados con pequeñas sumas. ¡No debemos comunicar la idea de que el hacer un trabajo requiere un pago de los padres!

También podemos enseñar a los hijos a ahorrar, si es posible dentro del presupuesto familiar.
En sexto lugar, salga cuanto antes de todas sus deudas. Proverbios 22:7 advierte que «el rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta». Y Romanos 13:8 dice: «No debáis nada a nadie.»

El principio final es tal vez el más difícil: preparar un presupuesto y aprender a vivir bajo el mismo. Muchas personas me han dicho: «Es que mis entradas fluctúan de mes a mes. Si tuviera un salario fijo entonces si podría funcionar con un presupuesto.» Otras dicen: «Intentamos hacerlo así una vez, pero no funcionó.» Todo esto no es nada más que falta de conocimiento o la excusa de perezosos mentales. Todos podemos hacerlo, aunque no es fácil.

 

MODELO DE PRESUPUESTO

AÑO_______ MES_______

 

INGRESOS ESTIMADOS

Salarios  ______________$

Donaciones  ___________$

Ingresos extras  _________$
TOTAL_______________

 

EGRESOS ESTIMADOS PRIORITARIOS

Diezmos______________$

Ofrendas______________$

Donaciones____________$
GASTOS FIJOS

Impuestos_____________$

Luz__________________$

Teléfonos______________$

Gas__________________$

Agua_________________$

Alquiler o cuota
de la vivienda___________$

Seguros_______________$

Otros________________$
NECESIDADES HOGAREÑAS

Alimentos_____________$

Medicamentos__________$

Estudios______________$

Viáticos_______________$

Vestimenta____________$

Otras________________$

 

AHORROS

Vacaciones____________$

Futura vivienda_________$

Otros________________$

 

IMPREVISTOS

Emergencias___________$

Reparaciones__________$

 

TOTAL______________

 

Total ingresos estimados:____$

Total egresos estimados:____$
SALDO

Si el saldo es $0.00, deben dejarse las cifras como están.

Si el saldo es deudor o acreedor, el ajuste debe hacerse en los rubros 4 y 5.

Este presupuesto es un modelo. Cada familia debe ajustarse a lo que son sus necesidades y posibilidades y de acuerdo con los bienes que se disponen. Se mencionan estos cinco grupos de gastos como orientación; también puede haber más o menos grupos. Lo importante es que el presupuesto se respete y se controlen los gastos de acuerdo con el mismo. El presupuesto no es nada en sí mismo si no se respeta su cumplimiento.

ADMINISTRE CON UN PRESUPUESTO

¿Quién administra el dinero? Una de las ventajas de vivir bajo un presupuesto es que se elabora con la participación del esposo y la esposa. Creo que por razones bíblicas, de orden y de liderazgo, el hombre es el llamado a guiar el hogar en la vida financiera. Sin embargo, no todos los hombres tienen habilidades administrativas, y hay casos en que la esposa es una excelente administradora. En estos siempre hay diálogo en cuanto a la distribución del dinero, pero los detalles podrán dejarse al más capaz en la administración. El presupuesto permite que los dos se involucren en determinar cómo y dónde se distribuirá el dinero.

Una de las primeras cosas es unificar las entradas. Tal vez solamente el esposo trabaje fuera del hogar (la esposa siempre trabaja «sin salario» en el hogar). Si la esposa también gana un salario, las dos fuentes entran a la caja común. No es un asunto de que «lo mío es mío» y «lo tuyo es tuyo». No, los dos son uno. Si hay hijos mayores en la casa que ganan un sueldo, hay que tener esa fuente en cuenta. Ellos tienen la responsabilidad de contribuir a la caja familiar, asegurando que cubren por lo menos su parte de los gastos en forma generosa.

Recuerdo un caso que asesoré hace unos años. La pareja vino en busca de orientación previa al matrimonio, y cuando llegamos al tema de las finanzas, la diferencia de opinión y práctica casi se sentía en el ambiente. La novia tenía en mente que ella continuaría con «mi trabajo y mi salario», y el novio con el suyo. Lo delicado era que ella ganaba más que él, y que no estaba dispuesta a unificar los salarios en la caja común familiar. Fue por medio de la elaboración del presupuesto que se logró la unidad.

Los siguientes pasos pueden servir de guía en la preparación de un presupuesto. Primero, estimar cuáles son sus entradas por mes de todas sus fuentes: salario o sostén profesional, intereses, remesas familiares, alquileres, cosechas y toda otra posibilidad.

En segundo lugar, determine sus gastos mensuales. Estos son los gastos fijos: ofrendas al Señor, impuestos, deudas, ahorros, alquiler o paga mensual de la casa, luz, agua, gas, calefacción, etc. Estos son los gastos que casi no varían de mes a mes. [Eso corresponderá a algunos países, porque lo que es en otros, como la Argentina, se ha llegado al «invento nacional» de inflación de todo, y en dólares!] El renglón de ahorros también sirve para emergencias.

Todas las cosas del mundo no nos sirven más allá de su utilidad. De todo lo que almacenamos podemos disfrutar solo aquello que podemos utilizar, y no más.
—DeFoe

Haga luego la lista de los otros gastos: alimentación, medicinas, ropa, transporte, dinero para uso personal de la esposa y el esposo, material para lectura y si queda algo, diversión y recreación.

Habiendo apuntado todos los gastos, súmelos y anote la diferencia entre entradas y salidas. Estos estimados constituyen la médula de su presupuesto mensual. Normalmente, sus entradas deben exceder a sus gastos, pero algunos meses habrá más gastos que entradas. El ahorro, cuando es posible, puede ayudarles aquí también para el equilibrio financiero.

Si los gastos exceden grandemente a las entradas, su responsabilidad es doble: o bajar los gastos, o buscar más entradas. Generalmente hay que hacer lo primero.

Ya con un presupuesto, deben adquirir una pequeña libreta para ir apuntando diariamente las salidas de dinero. Después de apuntar estas salidas, pueden compararlas con el presupuesto elaborado para la revisión y ajuste necesarios.

SUGERENCIAS PARA SUS COMPRAS

Generalmente, uno como adulto tiende a actuar tal y como lo criaron en su propio hogar. Si nuestros padres fueron responsables en el uso del dinero, así lo seremos nosotros.

Desafortunadamente, muchísimas personas vienen de hogares caracterizados por el descontrol y la irresponsabilidad financiera. Estas personas, al crecer y formar su propio hogar, tienen que esforzarse mucho para adquirir hábitos sanos en el uso del dinero. Aquí les doy algunas ideas sencillas que les podrán servir de ayuda en sus compras.

En primer lugar, antes de comprar, compare valores. No se habitúe a comprar siempre en los mismos negocios. Y al comparar valores, no sólo compare precios, sino también la calidad, el diseño y el propósito del producto.

Segundo, seleccione estilos básicos. Mientras más simple sea el estilo, más inversión se habrá hecho en los materiales mismos y menos en decoración y mano de obra. Y en asuntos de vestido, los modelos más sencillos tienen menos tendencia a pasar de moda. Para el cristiano creo que es saludable no ser el primero ni el último en ajustarse a las modas cambiantes.

En tercer lugar, compre productos conocidos, fabricados por las mismas casas comerciales o marcas que son nacional o internacionalmente conocidas. Haga esto tomando también en cuenta la calidad de los productos.

Cuarto, manténgase en los precios intermedios. Muchas veces uno compra barato pensando que así va a ahorrar, pero lo que ha comprado se desgasta o deshace pronto. Pero muchas veces cuando se compra un producto (por ejemplo de ropa) un poco más caro, le va a durar mucho más tiempo y le servirá mucho más.

Quinto, revise los ingredientes antes de comprar. Muchos expertos en mercadería y propaganda saben que la mayoría de la gente es ingenua al comprar. Supe de un experimento que se hizo: al cambiar solamente la etiqueta de cierto producto alimenticio, la gente afirmaba que el sabor del «nuevo producto» era mucho mejor. Estaban influidos sólo por la etiqueta.

En asuntos de comida, averigüe si el producto tiene conservantes químicos. Uno debe evitar ingerir estos elementos. En compras de cereales para el desayuno, asegúrese de que la comida tiene valor alimenticio. No se deje llevar por lo atractivo del paquete o por los regalitos que trae adentro. Al comprar ropa, busque qué fibra es, prefiriendo materiales naturales como algodón o lana.

Sexto, no pague más sólo por conveniencia. Invierta tiempo para comprar a mejor precio. La tendencia es la de comprar cerca de casa, pero puede ser más caro en la tienda pequeña, mientras que a una distancia mayor se puede ahorrar bastante. Trate de establecer cuánto paga por empaque y transporte.

Séptimo, aproveche las ventas de oportunidades en gangas o rebajas. Conozca sus necesidades familiares de antemano y manténgase a la expectativa de oportunidades y ofertas, en vez de esperar hasta que la necesidad imperiosa se haga presente y usted tenga que comprar «ya» y más caro. Muchas tiendas de alimentos tienen días de ofertas. Compre en esos días para ahorrar.

Octavo, si puede, compre al por mayor y en tamaños grandes. De esta manera se puede ahorrar a la larga, aunque haya que hacer un gasto más alto al principio. Pero siempre asegúrese de que sí está ahorrando. Otra variante de este ahorro viene al asociarse a ciertas cooperativas de consumo donde se han hecho las compras al por mayor y los miembros comparten las responsabilidades de compra y venta.

Noveno, evite comprar a crédito cualquier producto, y salga lo antes posible de todas sus deudas. Evite el uso de tarjetas de crédito que muchas veces engañan al comprador haciéndole pensar que es una gran ventaja. Las tarjetas de crédito son un enorme negocio porque cobran intereses mensuales altísimos.

Finalmente, evite la tendencia a comprar sin previa evaluación. Mi esposa me manda al supermercado siempre con una lista concreta, pero ella sabe que soy propenso a comprar impulsivamente. Se ha establecido que el varón es menos disciplinado en las compras en el mercado y esto puede representar un peligro para el presupuesto familiar.

Ya habrán notado que en el modelo de presupuesto las ofrendas al Señor aparecieron en el primer renglón. Se hizo así porque así debe ser. Muchas familias ofrendan al Señor «lo que sobre», y por eso son dadores de limosnas. Normalmente, es un paso arriesgado poner la cantidad fija de la ofrenda al inicio del presupuesto, pero Dios está muy dispuesto a bendecir a la familia que tiene estas prioridades establecidas.

 

Taylor, G. (2003). LAS FINANZAS DEL HOGAR. En La familia desde una perspectiva bíblica (pp. 135–148). Miami, FL: Editorial Unilit.

¿Qué es el legalismo?

¿Qué es el legalismo?

En el cristianismo, el legalismo es usar excesiva e inapropiadamente la Ley (los 10 mandamientos, las leyes de santidad, etc.). Este legalismo puede tomar formas diferentes. La primera de estas es cuando una persona intenta guardar la Ley para obtener la salvación. La segunda, es cuando una persona guarda la Ley para poder guardar su salvación. La tercera, es cuando un cristiano juzga a otros cristianos por no guardar ciertos códigos de conducta que piensa que necesitan ser observados. Vamos a examinar cada uno estos más de cerca.

Primero: Guardar la ley de Dios para obtener la salvación. Esto es, una herejía, una doctrina completamente falsa. No somos capaces de obtener la salvación porque guardemos la Ley.

  • Romanos 3:28: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”
  • Romanos 4:5: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”
  • Gálatas 2:21: “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”

Simplemente, no es posible guardar la Ley de ninguna manera para ser salvo. Por lo tanto, pensar que podemos obtener la salvación a través de nuestros propios esfuerzos es una falsa enseñanza. Es tan falsa, que aquellos que la apoyan, no pueden ser cristianos ya que negaría la salvación por gracia a través de la fe.

Segundo: Guardar la Ley con la intención de guardar la salvación. Esta también es una falsa doctrina. Nosotros recibimos nuestra salvación por fe (Ef 2:8-9), no por nuestra capacidad de hacer lo “bueno” porque ninguno de nosotros hace lo bueno:

  • Romanos 3: 10-12: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

Como enseñan claramente Romanos 3:28; 4:5 y Gálatas 2:21, somos justificados por fe; no por fe más obras. Aun más, hay advertencias estrictas acerca de intentar guardar la Ley con la intención de mantener la salvación:

  • Gálatas 3:10: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”
  • Santiago 2:10: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”

Por lo tanto, si una persona está buscando ser salva por sus obras (Ley) o pretende sostener su salvación por sus obras (Ley), entonces, está en la obligación de guardar “toda” la Ley; y si falla en un solo punto, la persona se hace culpable delante de Dios. Sin embargo, considere las palabras de Jesús:

  • “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

Jesús los condena porque estaban confiados guardando su salvación basados en su fe y en el hacer lo bueno. Por lo tanto, deberá ser obvio para nosotros que no podemos guardar nuestra salvación por nuestros esfuerzos.

Tercero: Cuando un cristiano guarda ciertas leyes y juzga a otros cristianos por no guardarlas, considerando que su nivel de santidad es más alto, mirando el de otros con desprecio; este es, de hecho, un problema frecuente en la iglesia.

Ahora bien, queremos ser claros en que todos los cristianos deben abstenerse del pecado: fornicación, adulterio, pornografía, de la mentira, del robo, etc. Los cristianos tienen el derecho de juzgar la espiritualidad de otros cristianos en las áreas donde la Biblia habla claramente del pecado. Pero en las áreas discutibles necesitamos ser muy cuidadosos y es donde el legalismo es más difícil de definir. Romanos 14:1-12 nos dice que no estamos para juzgar a nuestros hermanos en temas que son discutibles. Una persona puede comer cierta clase de comida mientras que otra persona no la come. Una persona puede adorar en un día particular mientras que otra, pudo haber escogido otro día:

  • Romanos 14:5: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.”

En la medida en que nuestra libertad no viole las Escrituras, entonces, todo deberá estar bien.

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¡Predicadores honestos!

¡Predicadores honestos!

a1Si hay alguien sincero debe ser el predicador. La sinceridad de un predicador consta de dos aspectos: habla en serio al estar en el púlpito y practica lo que dice cuando no está allí. De hecho, ambas cosas van de la mano inevitablemente, puesto que como dijera Richard Baxter: «quien habla en serio seguramente cumplirá lo que habla».

La juventud contemporánea nada detesta más que la hipocresía, y nada le es más atractivo que la sinceridad. Además, con ello refleja la mente de Cristo quien reservó sus denuncias más severas para los hipócritas. Los jóvenes detestan nuestras hipocresías y subterfugios de adultos. Tienen una percepción muy sensible, por la cual perciben el más pequeño olor a hipocresía religiosa a una distancia considerable. Sospechan especialmente de nosotros los predicadores y de nuestras pretensiones enfáticas; olfatean para ver qué inconsistencias pueden descubrir, así como los perros tras una rata que se esconde. No es que ellos sean por su parte invariablemente honestos y consecuentes; ¿qué ser humano caído lo ha sido alguna vez? Sin embargo, tienen razón en esperar altos niveles de integridad en nosotros puesto que los predicadores no son catedráticos que diserten sobre temas lejanos a su propia experiencia, interés y creencias; están comprometidos personalmente con su mensaje. Por ello, si hay alguien sincero debe ser el predicador.

La sinceridad de un predicador consta de dos aspectos: habla en serio al estar en el púlpito y practica lo que dice cuando no está allí. De hecho, ambas cosas van de la mano inevitablemente, puesto que como dijera Richard Baxter: «quien habla en serio seguramente cumplirá lo que habla».

La persona del Predicador

Su conversión. – La primera y más elemental aplicación del principio arriba mencionado para el predicador es que quien proclama el evangelio debe haber recibido el evangelio él mismo, y quien predica a Cristo debe conocerlo. ¿Qué diremos, entonces, acerca de la peculiaridad de un predicador inconverso, o un evangelista no evangelizado? Spurgeon lo retrata con su habitual agudeza:

  • Un pastor sin la gracia es un ciego elegido como catedrático de óptica, que filosofa acerca de la luz y la visión… ¡al tiempo que él mismo está en absoluta oscuridad!
  • Es un mudo elevado a la cátedra de música; ¡un sordo que escribe fluidamente sinfonías y armonías!

Nos reímos de esta imagen retórica bien ilustrada, pero no con la grotesca anomalía que ella describe. Sin embargo, aún existen personas así en los púlpitos de algunas iglesias.

No es posible citar una instancia más notable que la del Reverendo William Haslam. Ordenado al ministerio de la Iglesia de Inglaterra en 1842, trabajó arduamente en una parroquia del norte de Cornwall. Era un clérigo tratadista a quien le desagradaban verdaderamente los protestantes que no pertenecían a la Iglesia Anglicana; era además una autoridad en antigüedades y arquitectura. Pero no estaba satisfecho; no había una fuente de agua viva en su interior. En 1851, nueve años después de su ordenación, se encontraba predicando el evangelio del día en base al texto: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (Mt 16.15), el Espíritu Santo (sin duda en respuesta a muchas oraciones) abrió sus ojos y su corazón para ver al Cristo del que hablaba y poder creer en él. El cambio que tuvo lugar en él fue tan obvio que un predicador local presente en la iglesia saltó y gritó: «¡El pastor se convirtió! ¡Aleluya!», en ese instante su voz se ahogó en las alabanzas de la congregación de 300 ó 400 personas. Haslam, por su parte, «se unió a la explosión de alabanza, y para hacerla más ordenada… entonó la doxología… y la gente cantó con la voz y el corazón, una y otra vez». Volaron las noticias de que «¡el pastor se había convertido, y este por su propio sermón, en su propio púlpito!».

Su conversión fue el comienzo de un gran avivamiento en su parroquia, que duró alrededor de tres años con un sentimiento vivo de la presencia de Dios, y conversiones casi diarias; en años posteriores, Dios lo llamó al ministerio sumamente inusual de llevar a muchos clérigos al conocimiento personal de Jesucristo.

Su vida privada. – Sin embargo, los miembros de la iglesia tienen derecho a esperar que el Espíritu Santo haya hecho más en la vida de los pastores que llevarlos a la conversión. Naturalmente, buscan también el fruto del Espíritu, es decir, la madurez del carácter cristiano. Pablo instó a Timoteo y a Tito a ser modelos del comportamiento cristiano. De forma similar, Pedro instruyó a los ancianos a ser «ejemplos para el rebaño», en lugar de dominarlo. El énfasis es claro. La comunicación se realiza por medio del símbolo como por el habla. Porque «un hombre no puede predicar solamente, también debe vivir. Y su vida, con todas sus pequeñas peculiaridades, hace una de dos cosas: o bien coarta su predicación, o le da carne y hueso». No podemos esconder lo que somos. Por cierto, lo que somos habla tan claramente como lo que decimos. Cuando se unen ambas voces, se duplica el impacto del mensaje; pero al contradecirse, incluso el testimonio positivo de una es negado por la otra. Este fue el caso del hombre que Spurgeon describe como un buen predicador pero un mal cristiano: «Predicaba tan bien y vivía tan mal, que cuando estaba en el púlpito todos comentaban que jamás debería dejarlo, y cuando lo dejaba todos declaraban que no debía subir a él de nuevo».

Es en este aspecto que se nos presenta un problema práctico. Se les enseña a los pastores a ser modelos de madurez cristiana. La congregación tiende a vernos como tal, a ponernos en un pedestal, a idealizarnos e incluso a idolatrarnos. Sin embargo, sabemos que la reputación que nos atribuyen es al menos parcialmente falsa, puesto que, si bien la gracia de Dios ha estado obrando en nosotros y continúa haciéndolo, no somos los ejemplos máximos de virtud que ellos tienden a pensar que somos. ¿Entonces, qué debemos hacer? ¿No es la misma sinceridad que estamos discutiendo la que exige que destruyamos el mito que han creado, y que divulguemos la verdad sobre nosotros mismos? ¿Qué grado de apertura personal es apropiado en el púlpito? Mi respuesta a estas importantes preguntas es que una vez más debemos evitar las reacciones extremas.

Por un lado, convertir el púlpito en un confesionario sería inapropiado, indecoroso, y no ayudaría a nadie. Por otro, disfrazarse de perfecto sería deshonesto de nuestra parte, además de desalentador para la congregación. Por ello, ciertamente debemos admitir que somos seres humanos caídos y frágiles, vulnerables a la tentación y al sufrimiento, que luchan con las dudas, el temor y el pecado, y que necesitan depender continuamente de la gracia de Dios que perdona y libera. De esta forma, el predicador puede seguir siendo un modelo, pero un modelo de humildad y verdad.

El cuidado de sí mismo. – A partir de lo anterior, nuevamente es obvio que la predicación no puede ser reducida al aprendizaje de algunas técnicas retóricas. Subyace toda una teología, y todo un estilo de vida. La práctica de la predicación no puede divorciarse de la persona del predicador.

De allí proviene el énfasis neotestamentario en la autodisciplina del pastor. «Tengan cuidado de sí mismos», fue la admonición de Pablo a los presbíteros de la iglesia de Éfeso, antes de agregar, «y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios» (Hch 20.28). Del mismo modo, escribió a Timoteo: «Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza» (1 Ti. 4.16). Este orden es vital. Los pastores tenemos responsabilidades asignadas por Dios tanto hacia la congregación como hacia la doctrina que enseñamos, porque ambas nos han sido encargadas. Sin embargo, nuestra responsabilidad primera es hacia nosotros mismos; guardar nuestro caminar personal con Dios y nuestra lealtad hacia él. Nadie puede ser un buen pastor o maestro para otros si no es en primer lugar un buen siervo de Jesucristo. Los hábitos disciplinados de visitación y consejería pastoral por un lado, y de estudio teológico y preparación del sermón por el otro, se convierten en ejercicios infructuosos, a menos que vayan sustentados por hábitos de devoción personal, especialmente en meditación bíblica y oración.

Cada pastor sabe cuán exigente es su ministerio. Es posible que encontremos falta de comprensión e incluso oposición; ciertamente nos agotaremos en cuerpo y mente; puede que también debamos soportar la soledad y el desaliento. Incluso las personalidades más fuertes colapsan bajo el peso de estas presiones, a menos que el poder de Dios se esté revelando en nuestra debilidad, y la vida de Jesús se revele en nuestros cuerpos mortales, de modo que por dentro nos vayamos renovando día tras día (2 Co 4.7–11 y 16).

La relación indisoluble entre el predicador y la predicación se refleja en muchas de las definiciones de esta última. Una de las más conocidas fue la de Phillips Brooks:

  • La predicación es la comunicación de la verdad de un hombre a los hombres. Contiene dos elementos esenciales: la verdad y la personalidad. No es posible que carezca de alguno de ellos y continúe llamándose predicación.… La predicación es traer la verdad mediante la personalidad … la verdad es en sí misma un elemento fijo y estable; la personalidad es un elemento que varía y crece.

Henry Ward Beecher:

  • Un predicador es, en alguna medida, una reproducción de la verdad en una forma personal. La verdad debe existir en él como una experiencia viva, un glorioso entusiasmo, una intensa realidad.

Es posible discernir un énfasis algo similar en la definición de predicación del laico congregacional Bernard Lord Manning:

  • Una manifestación de la Palabra Encarnada, a partir de la Palabra Escrita, y mediante la Palabra Hablada. Es un acto de adoración extremadamente solemne, en que lo entregado, el Evangelio del Hijo de Dios, eclipsa e incluso transfigura al predicador que lo declara.

Es ciertamente inconcebible que un predicador no se conmueva con lo que predica. Es el mensaje el que hace al predicador, controla sus pensamientos e inspira sus obras. Estas tres definiciones enfatizan que existe un nexo indispensable entre el predicador y el acto de predicación.

Argumentos a favor de la sinceridad

Para la mayoría de las personas la sinceridad es una virtud que no necesita explicación; rara vez necesita ser mencionada. Sin embargo, la facilidad con que todos nos alejamos de la estricta honestidad y caemos en algún grado de fingimiento o hipocresía indica que sería prudente armarnos de argumentos. No es difícil encontrarlos; el Nuevo Testamento expone al menos tres.

Los peligros inherentes de ser un maestro. – Ciertamente la enseñanza es un don espiritual, y su ministerio es un gran privilegio. Al mismo tiempo, se trata de un ministerio lleno de peligro, puesto que los maestros que instruyen a otros no pueden aducir que ignoran su propio currículum. Tal como, escribiera Pablo sobre un rabino judío: «Ahora bien, tú que… estás convencido de ser guía de los ciegos y luz de los que están en la oscuridad, instructor de los ignorantes, maestro de los sencillos, pues tienes en la ley la esencia misma del conocimiento y de la verdad; en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? (Ro 2.17–21). La razón por la que la hipocresía es particularmente desagradable en los maestros es que no tiene excusa. De ahí la dureza del juicio de Jesús sobre los fariseos: «porque no practican lo que predican» (Mt 23.1–3). Ésta es también la razón para el sorprendente consejo de Santiago: «Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad» (Stg 3.1).

La hipocresía causa gran ofensa. – Sin duda, muchas personas se han apartado de Cristo por el comportamiento hipócrita de algunos que dicen seguirlo. Pablo lo sabía, y estaba decidido a no ser piedra de tropiezo para la fe de otros: «Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio. Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios» (2 Co 6.3, 4). Luego procedió a mencionar su resistencia y carácter como evidencia de la realidad de su fe. No existía dicotomía entre su mensaje y su comportamiento.

Con otros predicadores es distinto. Mientras estamos en el púlpito abogamos en gran manera por Cristo y por la salvación que él provee, pero cuando descendemos de él lo negamos y no damos, más que cualquier otro, evidencias de haber sido salvados. Es entonces cuando el mensaje carece de credibilidad. Si nuestra vida lo contradice, nadie aceptará nuestro mensaje cristiano más de lo que aceptarían un remedio para el resfrío recomendado por un vendedor que tose y estornuda entre cada frase. Obstaculizamos tremendamente nuestro trabajo si edificamos con nuestras bocas los domingos durante una o dos horas y luego derribamos todo con nuestras manos durante el resto de la semana:

  • Un error palpable en aquellos ministros que crean tal desproporción entre su predicación y su vida es que estudian arduamente para predicar correctamente y estudian poco o nada en absoluto para vivir correctamente [cursivas añadudas]. La semana completa no alcanza para estudiar cómo hablar por dos horas; y sin embargo una hora parece ser demasiado para estudiar cómo vivir toda la semana… Debemos estudiar con el mismo ímpetu tanto para vivir bien como para predicar bien. (Richard Baxter. The Reformed Pastor.)

La influencia positiva de ser una persona genuina. – Ello era evidente en el caso de Pablo. No tenía nada que esconder. Cuando se decidió a renunciar definitivamente a «todo lo vergonzoso que se hace a escondidas», su política fue «la clara exposición de la verdad», y recomendarse de este modo «a toda conciencia humana en la presencia de Dios» (2 Co 4.2). Detestaba la artimaña y el engaño. Ejerció su ministerio abiertamente, y podía apelar tanto a Dios como al hombre como testigos suyos (por ejemplo, 1 Ts 2.1–12). Su convicción personal, solidez de conducta y rechazo de todo subterfugio proporcionaron un fuerte fundamento a todo su ministerio. Nada de su vida o estilo de vida impedía que creyeran sus oyentes o podía ser usado como excusa para no creer. Creyeron en él porque era digno de buena fe. Lo que era y lo que decía era lo mismo.

Estoy convencido de que en nuestros días la simple sinceridad no ha perdido nada de su poder de atracción o impresión. Fue en 1954 cuando Billy Graham alcanzó los titulares por primera vez en Gran Bretaña, con su Gran Cruzada de Londres. Aproximadamente 12.000 personas llegaron a Haringay Arena cada noche durante tres meses. La mayoría de las veces estuve presente, y al mirar la vasta muchedumbre a mi alrededor no pude evitar compararla con nuestras iglesias medio vacías. «¿Por qué viene esta gente a escuchar a Billy Graham,» me preguntaba, «y no viene a escucharnos a nosotros?» Estoy seguro de que había muchas respuestas justas para esa pregunta. Pero lo que seguía respondiéndome a mí mismo era: «Ese joven evangelista norteamericano es de una sinceridad indisputable. Aun sus críticos más acérrimos coinciden en que es sincero. Realmente creo que es el primer predicador cristiano sincero y transparente que muchas personas han oído». Hoy, años después, no he encontrado razón para cambiar de opinión. Es así como la hipocresía siempre repele, pero la integridad o autenticidad siempre atraen.

Una de las principales evidencias de la autenticidad es estar dispuesto a sufrir por lo que creemos. Pablo hablaba de sus aflicciones como credenciales. El predicador insincero diluye el evangelio de la gracia, para evitar «ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo» (Gá 5.11–6.12). El verdadero siervo de Dios, por otro lado, se acredita en todo por su resistencia a la oposición (2 Co 6.4, 5). Sus sufrimientos pueden ser asimismo internos puesto que el predicador es particularmente vulnerable a las dudas y la depresión. A menudo es mediante una lucha oscura y solitaria que ha emergido hasta alcanzar la luz de una fe serena. Sus oyentes pueden discernirlo, y le prestarán mayor atención. Colin Morris lo ha expresado de esta acertada forma:

  • No es desde un púlpito sino desde una cruz que se enuncian las palabras llenas de poder. Para ser eficaces, los sermones necesitan ser vistos ademas de escuchados. La elocuencia, la habilidad homilética y el conocimiento bíblico no bastan. La angustia, el dolor, el compromiso, el sudor y la sangre acentúan las verdades explícitas que escuchan los hombres.

La sinceridad personal es probablemente el mejor contexto para mencionar las materias prácticas de reproducción de la voz y los gestos, lo cual es causa de ansiedad para la mayoría de los predicadores jóvenes e inexpertos. Es comprensible que sientan aprehensión por su forma de hablar («¿cómo se oye?») y su porte («¿cómo me veo?»). En consecuencia, algunos deciden averiguar. Se paran ante el espejo, adoptan una variedad de poses y se observan al gesticular; también se escuchan por medio de una grabadora.

De hecho, hoy en día se combina la imagen y el sonido en la cámara de vídeo, la cual es usada regularmente por los seminaristas norteamericanos que aprenden a predicar, y también en otros países. Ahora bien, no es mi intención vedar el uso de estos aparatos, porque no me cabe duda de su utilidad. Y ciertamente la cinta audiovisual es preferible al espejo, puesto que delante del espejo de hecho se actúa, mientras que la cinta permite la evaluación posterior objetiva de un sermón, que ocurre en forma completamente natural. Sin embargo, aún quisiera advertirles de sus peligros. Si se mira al espejo y se escucha en un cassette, me temo que es posible que continúe observándose y escuchándose a sí mismo al estar en el púlpito. En ese caso, el predicador se condenará a una esclavitud paralizante de preocuparse por sí mismo justo en el momento— en el púlpito—en que es esencial cultivar el olvido de sí mismo mediante la creciente conciencia de la presencia de Dios. Además, el predicador no debe olvidarse que habla en nombre de Dios y se dirige a su pueblo. Sé que los actores hacen uso del espejo y la cinta, pero los predicadores no son actores ni el púlpito es un escenario. Así es que ¡cuidado! Puede tener más valor pedirle a un amigo sincero acerca de la voz y gestos en el púlpito, en especial si necesitan corrección. Un proverbio hindú dice que «quien tiene un buen amigo no necesita espejo». Luego podrá ser usted mismo y olvidarse de sí mismo.

Puedo dar testimonio del gran valor de tener uno o más «críticos laicos». Cuando comencé a predicar, a fines de 1945, le pedí a dos estudiantes de medicina, amigos míos, que asumieran ese papel. (¡Los médicos son excelentes para esta tarea porque están entrenados en el arte de la observación!) . Si bien recuerdo haber quedado devastado por algunas de las cartas que me escribieron, su crítica siempre fue sana. Ambos son hoy eminencias en el campo de la medicina. El predicador que pertenece a un equipo ciertamente debe solicitar el comentario de sus colegas. De hecho, la evaluación ocasional en grupo, ya sea del equipo pastoral o de un grupo de personas, convenido especialmente y que incluya a laicos, ha probado ser de inmenso valor para los predicadores. La evaluación irá más allá de la forma de hablar y gestos al contenido del sermón, incluido nuestro uso de la Escritura, nuestra idea principal y objetivo, nuestra estructura, palabras e ilustraciones, y nuestra introducción y conclusión.

En su Segunda Serie, Spurgeon incluye dos charlas sobre «Postura, acción y gestos, cuando se predica un sermón, ilustradas con caricaturas de clérigos que gesticulan en forma grotesca. Estas charlas contienen muchos consejos sabios y divertidos, y aun así es obvio que le preocupa que sus estudiantes preserven la naturalidad. Preferiría que fueran torpes e incluso excéntricos a que comiencen a «posar y actuar».20 Al respecto escribe:

Espero que hayamos abjurado de los trucos de los oradores profesionales: la tensión que busca el efecto, el clímax estudiado, la pausa preestablecida, el pavoneo teatral, la pronunciación afectada de las palabras y quién sabe qué más, lo cual es posible ver en ciertos clérigos pomposos que aún sobreviven en la faz de la tierra. Ojalá se conviertan pronto en animales extintos, y aprendamos todos una forma simple, natural y viva de explayarnos sobre el evangelio, puesto que estoy persuadido de que Dios bendecirá dicho estilo.

«Caballeros», dijo a sus estudiantes en otra charla, «retomo mi regla: usen su propia voz natural. No sean monos, sino hombres; no loros, sino hombres que muestren originalidad en todas las cosas… Yo repetiría esta regla hasta cansarlos, si creyera que la olvidarían: sean naturales, sean naturales, sean naturales siempre».

Esta naturalidad es hermana de la sinceridad. Ambas nos prohiben imitar a otros. Ambas dicen que seamos auténticos.

La predicación no puede ser aislada jamás del predicador. Es él quien determina tanto lo que dice como forma de expresión. Puede ver la gloria de la predicación y comprender su teología. Puede estudiar arduamente y prepararse bien. Puede ver la necesidad de relacionar la Palabra con el mundo, y tener el genuino deseo de ser un constructor de puentes. Sin embargo, puede que aún carezca del ingrediente vital (cuya falta nada puede compensar): la realidad espiritual personal. La sinceridad es una cualidad que es fruto del Espíritu Santo, que simplemente describe a una persona que cree en lo que dice y lo siente.

John R. W. Stott es conocido en todo el mundo como un experimentado pastor, evangelista, predicador, escritor y erudito reformado. Fue rector de «All Souls Church» (Londres), y fundador y director de «London Institute for Contemporary Christianity».

¿Por qué pasan cosas malas?

¿Por qué pasan cosas malas?

Autor: Stacy James

a1La mayor de las preguntas acerca de la maldad es, «¿por qué Dios no previene que pasen?» ¿Si Dios es realmente todo bondad y todo poderoso, por qué el no hace algo?

Primero que todo. Dios no crea maldad: él permite que ocurra. Cuando él creó originalmente el mundo, creó todas las cosas buenas. Él creó la gente, pero al mismo tiempo, con libertad de discernimiento. Esto incluye la libertad de hacer buenas o malas decisiones. Usualmente malas decisiones conllevan a malas consecuencias que terminan por afectarnos a nosotros mismos o a otros. A veces inocentes que no lo merecen.

Como estudiante de educación superior, yo quede paralítica en un accidente saltando al agua. Dios no me obligó a meterme en el agua para castigarme o necesariamente enseñarme una lección; yo elegí saltar desde los hombros de mi amigo. Tan horribles fueron las consecuencias, que yo sólo me culpé a mi misma y a nadie más.

Por supuesto, Dios puede intervenir y controlarlo todo en nuestras vidas, tanto lo bueno como lo malo. Pero entonces nosotros seríamos solo robots y no realmente libres. Él podría incluso forzarnos a amarlo si él quisiera, pero entonces amor forzado no es realmente amor. Él nos da la libertad de elegirlo o no, la libertad de vivir y disfrutar la vida, y la libertad de hacer buenas y malas decisiones. Desdichadamente, nosotros estamos incapacitados de controlar nuestras propias consecuencias y menos las de las acciones de otros.

El autor C. S. Lewis dijo que 80% del sufrimiento proviene de la maldad humana. ¿Entonces que pasa con el otro 20%? Hay cosas que jamás realmente entenderemos en la tierra.

Hay buenas noticias de todas maneras. Primero que nada, el Dios de amor es también el Dios de justicia. Para todos aquellos que hacen malas decisiones, hieren inocentes y no sufran los efectos inmediatamente, vendrá el tiempo cuando ellos enfrentarán las consecuencias de sus acciones. Dios es el Juez Supremo y en el momento preciso, Dios juzgará a cada uno por todas sus faltas. «Nada en la creación está escondido de la presencia de Dios». Todo está descubierto y revelado a los ojos de él a quien nosotros daremos cuentas» (Hebreos 4:13)

Segundo, Dios usualmente utiliza los momentos difíciles para un buen fin, desarrollando nuestro carácter y haciéndonos mejores personas. De esta manera nosotros podemos ayudar a otros en similares circunstancias. Personalmente he sido capaz de alcanzar estudiantes deshabilitados (¡después de haber cambiado mi carácter de condescendiente a compasivo!). Las pruebas también nos fuerzan a darnos cuenta que es lo realmente importante en la vida y usualmente nos conducen a Dios cuando ninguna otra cosa lo haría. Vemos la importancia de la fe, el amor, solidaridad la familia y amigos.

Tercero, Dios a provisto una salida. Viene el tiempo cuado no habrá ya más sufrimiento. En el cielo, la gente disfrutará de un paraíso más allá de la imaginación. Dios a creado un lugar de eterna gloria donde no habrá más lloro, dolor, enfermedad o muerte; un lugar donde la gente compartirá gozo para siempre.

Y finalmente, a Dios le importamos. Él nunca prometió una vida libre de problemas, pero prometió estar con nosotros. Jesús mismo se enamoró, compadeció, lamentó y se acercó como imán a aquellos que fueron lastimados. Dios, en su amor, quiere establecer una relación con nosotros. «Porque Dios amó al mundo, que envió a su único hijo, para que quien creyera en él no perezca, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16)

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