¡Sólo necesitamos imitar a Jesucristo!

8 SEPTIEMBRE

2 Samuel 2 | 1 Corintios 13 | Ezequiel 11 | Salmo 50

A pesar de que 1 Corintios 13 forma parte de un argumento sostenido desde el capítulo 12 hasta el 14, el pasaje es una unidad tan hermosa con tantos versos maravillosos y evocadores, que ha suscitado innumerables y extensos tratados. Hoy reflexionaré un poco sobre los primeros tres versículos.

Este texto no dice que el amor lo es todo y que las otras cosas mencionadas—hablar en lenguas, el don de profecía, la capacidad de entender los misterios y todo el conocimiento, una fe que mueve montañas, negarse a sí mismo y repartir todas las posesiones por amor a los pobres y sufrir el martirio—no son nada. Más bien, afirma que esas cosas son absolutamente insignificantes a menos que vayan acompañadas de amor. El amor no las desplaza, pero su ausencia les quita el sentido y las vuelve inútiles.

Este párrafo está pensado para humillar a los arrogantes. La historia nos ofrece ejemplos tristes de personas que se han vuelto orgullosas de su don de lenguas, de su don profético, incluso de su filantropía y sacrificio. Pero sería un contrasentido enorgullecerse del amor que uno tiene, al menos en el sentido cristiano del amor. Tal vez esa es una de las razones por las cuales estas otras virtudes quedan anuladas si se hacen sin amor.

Una de las cualidades más impresionantes de esta declaración sobre el amor es que deja fuera de juego a una de las definiciones de amor que todavía persiste en algunos círculos cristianos. En ellos se afirma que el amor cristiano no pertenece al ámbito emocional, sino que es sencillamente una decisión inmutable de buscar el bien del otro. Por eso, dicen, se nos puede ordenar que amemos: a uno le puede caer extraordinariamente mal la otra persona, pero si se compromete conscientemente con el bien de él o de ella, y actúa de esa manera, sigue siendo amor. Francamente, este tipo de casuística no es más que una tontería reduccionista. Lo que han denominado como “amor” no es otra cosa que un altruismo decidido. Pero, en estos versículos, Pablo distingue con firmeza entre el altruismo y el amor: “Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas” (13:3): aquí están tanto el altruismo como el sacrificio, pero Pablo puede visualizar a ambos sin amor. De manera que el amor debe ser algo diferente de—o más que—mero altruismo y sacrificio.

Puede que sea difícil presentar una definición perfecta del amor cristiano, pero es fácil encontrar su ejemplo supremo. El amor de Cristo por nosotros no se fundamenta en nuestra belleza, sino en su propio carácter. Su amor no es meramente sentimental, pero está cargado de afecto incalculable y calidez. Es decidido en su sacrificio, pero jamás es meramente una autodisciplina mecánica. Si queremos conciliarnos con la descripción apostólica del amor cristiano como el “camino más excelente” (12:31b; ver también la meditación de 11 de octubre) que todos los creyentes deben seguir, sólo necesitamos imitar a Jesucristo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 251). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Es tiempo de luto, no de chisme!

7 SEPTIEMBRE

2 Samuel 1 | 1 Corintios 12 | Ezequiel 10 | Salmo 49

Cuando David se entera de la muerte de Saúl y Jonatán (2 Samuel 1), su luto no es meramente formal. Tenía que saber que se le había abierto el camino hacia el trono. Sin embargo, su dolor fue tan genuino, que compuso un extenso lamento (1:19–27), le puso música y se lo enseñó a los hombres de su tribu (1:18) para que se cantara por largo tiempo como una de las baladas populares de la tierra.

Muchos elementos de este lamento merecen una larga reflexión. Hoy meditaré sobre un solo versículo: “No lo anunciéis en Gat, ni lo pregonéis en las calles de Ascalón, para que no se alegren las filisteas, ni lo celebren esas paganas” (1:20). En términos formales, el texto es suficientemente claro. Gat y Ascalón eran las dos ciudades principales de los filisteos. David está diciendo, en efecto, que no se informe a los filisteos sobre la muerte de Saúl y de Jonatán, para que no se alegren ni se regocijen.

Por supuesto que los filisteos inevitablemente se enterarían y David, en especial, lo sabía. Pero su propósito al escribir estas palabras no era literalmente mantener a los filisteos en la ignorancia un poco más. ¿Cómo iba a serlo? Ya habían colgado el cuerpo de Saúl en el muro de Betsán (1 Samuel 31:10) y habían enviado mensajeros con la noticia por toda la tierra de los filisteos (31:9). Entonces, si estos versos de la pluma de David no funcionan como un consejo literal, ¿cuál es su función?

En parte, es sencillamente un lamento. Es una manera poderosa de decir que los enemigos de Israel se deleitarían en la noticia y, por tanto, su placer da medida de la tragedia. Pero sospecho que hay otra insinuación. Cuando uno de nuestros líderes cae, compórtate de tal manera que no le des fuerza a la oposición.

Esta lección debe ser aprendida una y otra vez en la iglesia. Cuando se descubre que un ministro del evangelio ha adulterado o malversado fondos de la congregación, ciertamente es necesario aplicar inmediatamente el principio bíblico de la disciplina. Si ha quebrantado la ley, hay que contactar con las autoridades civiles. Si hay familias afectadas, será necesario mucho trabajo pastoral. No obstante, debemos entender bien que muchos no creyentes estarán frotándose las manos y diciendo: “¿Veis? ¿Qué se puede esperar? Todo eso de la religión es pura hipocresía y falsedad”. Así, se desprecia a Cristo y la credibilidad del testimonio cristiano disminuye. Los cristianos deben refrenar sus lenguas, vigilar lo que dicen y ser especialmente cuidadosos en no decir nada innecesario a los no creyentes. Es tiempo de luto, no de chisme. “No lo anunciéis en Gat…

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 250). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La única “manera digna” de acercarse a esta Cena es la contrición y la fe

6 SEPTIEMBRE

1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

Tres observaciones sobre la Cena del Señor, de las muchas que pueden surgir de la exposición de Pablo al respecto (1 Corintios 11:17–34):

Primero, es una ordenanza temporal. Ha de observarse “hasta que él venga” (11:26). En parte, esto se debe a su función como “memorial” (“haced esto en memoria de mí”, 11:24). En el nuevo cielo y la nueva tierra, los creyentes transformados no necesitarán un rito como este para “recordar” a Jesús, pues él será perpetuamente el centro de su existencia y adoración. Al saber esto, cada vez que participamos de la Cena del Señor, esta nos ayuda no sólo a mirar hacia atrás al cuerpo quebrantado de Jesús, sino hacia delante a la consumación.

Segundo, si se observa correctamente, la Cena del Señor debe tener una función kerygmática. Esta palabra viene del verbo kerysso, que significa “proclamar”. Pablo dice que, mediante esta Cena, proclamamos la muerte del Señor hasta que él venga (11:26), aunque aquí usa un verbo diferente. Por lo general, este verbo se utiliza en el contexto evangelístico: proclamamos o anunciamos el evangelio a los que aún no se han convertido. Si Pablo se refiere a esto, entonces una de las funciones de la Cena del Señor—su función kerygmática—es la evangelización. Ciertamente, he estado en iglesias en que sucede así. Los no creyentes son parte del culto. Se les advierte que no participen, pero se les anima a observar y reflexionar sobre lo que ven y escuchan. Se explica algo sobre la importancia del rito, tal vez su función como testimonio de Jesús, el pan de vida que da su vida por la del mundo (Juan 6:51). La ordenanza y la palabra juntas proclaman la muerte del Señor.

Tercero, el acercamiento a la Cena del Señor suministra una oportunidad para que cada cristiano se examine antes de comer el pan y beber la copa (11:27–28). Los intérpretes están en desacuerdo en cuanto al significado de no discernir el cuerpo del Señor (11:29). No es posible evaluar las alternativas en este contexto. Sencillamente, compartiré mi conclusión: Pablo advierte que “el que come y bebe sin discernir el cuerpo del Señor”, que fue ofrecido en la cruz y de lo cual este ritual testifica, “come y bebe su propia condena”. ¿Cómo no va a ser así? Decir mediante la participación que “recordamos” y “proclamamos”, a la vez que disfrutamos del pecado, es acercarse a esta mesa de manera indigna. Es “pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor” (11:27). Sea o no correcta esta interpretación particular, la advertencia se debe tomar muy en serio. No se trata de ser suficientemente bueno, porque nadie lo es. La única “manera digna” de acercarse a esta Cena es la contrición y la fe.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 249). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Pasajes dignos de una meditación!

5 SEPTIEMBRE

1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

1 Corintios 10 incluye varios pasajes dignos de una meditación prolongada. Pero hoy reflexionaremos sobre un pasaje que, superficialmente hablando, es uno de los más fáciles.

Pablo dice a los corintios que las cosas que la Escritura señala que les sucedieron a “nuestros antepasados” (10:1) ocurrieron “para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos” (10:6). Después de dar varios ejemplos, el apóstol vuelve a decir: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos” (10:11).

(1) Es importante observar la diversidad de propósitos que tienen las Escrituras. En otra parte, por ejemplo, aprendemos que el Antiguo Testamento (o algunas partes del mismo) fue dado: para mostrar el pecado como la atrocidad que es, nada menos que transgresión; para preparar el camino de Cristo, no sólo mediante palabras proféticas, sino con modelos, patrones y “tipos” que anticiparan cómo sería el Cristo; para anunciar el tiempo en el que Dios actuaría definitivamente a favor de su pueblo; para advertir en contra del pecado y el juicio; y por muchas otras razones. Pero aquí la Biblia nos presenta ejemplos para evitar que persigamos cosas malvadas. Esto significa que, si bien los relatos del Antiguo Testamento nos ofrecen indudablemente más que “meras” lecciones morales, tampoco es menos que esto. A la vez que buscamos los complejos niveles de conexión interna en el canon, no podemos ignorar la instrucción moral que yace en la superficie misma del texto.

(2) Los pecados flagrantes que Pablo expone como ejemplo—idolatría, inmoralidad sexual, “poner en prueba” a Dios (es decir, dudar de su bondad o capacidad, como en Ex. 17:2) y murmuración (10:7–10) —no nos son ajenos a los creyentes contemporáneos.

(3) Según Pablo, la intención de Dios era que, al figurar este material en la Escritura, nosotros nos beneficiáramos; “nosotros” se refiere a aquellos a quienes “nos ha llegado el fin de los tiempos” (10:11). Sin duda, esto no se debe tomar como una declaración exhaustiva de la intención de Dios, pero ciertamente es fundamental. Por tanto, desde la perspectiva de Dios, los libros del Antiguo Testamento no eran sólo para su audiencia original. Son también para “nosotros” que vivimos en este momento formidable de la historia en el que estamos experimentando la primera etapa del cumplimiento de promesas eternas.

(4) La implicación de esto es que resulta mucho más chocante si nosotros, que hemos recibido tanta instrucción y advertencias desde la antigüedad, ignoramos el arsenal de beneficios que nos pertenece. En nuestra ceguera, a veces nos asombramos de que los personajes o grupos del Antiguo Testamento abandonaran tan rápidamente la herencia santa y el pacto que habían recibido. ¡Cuánto peor si lo hacemos nosotros!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 248). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El negro corazón de toda idolatría

4 SEPTIEMBRE

1 Samuel 28 | 1 Corintios 9 | Ezequiel 7 | Salmo 45

Hay varias preguntas en cuanto a la adivina de Endor (1 Samuel 28) para las que no tenemos respuestas. ¿Realmente evocó ella, mediante sus actividades de médium, al profeta Samuel, o se trató de una especie de engaño demoniaco? Si hizo que Samuel apareciera, ¿fue esto una excepción a lo que Dios normalmente permite o sanciona? Y si realmente era Samuel, ¿por qué le responde a Saúl, satisfaciendo así la sed que este tenía de conocer el futuro por cualquier medio, aunque fuera un método específicamente condenado en Israel?

Aunque es difícil ofrecer respuestas seguras a algunas de estas preguntas, pueden destacarse ciertos aspectos.

(1) Lo malo del espiritismo no es que nunca funciona (es posible que algunas cosas sean estupideces manipulativas y otras en realidad provean respuestas), sino que es hacerle el juego a los poderes demoníacos. Sobre todo, hace que las personas se alejen de Dios, quien es el único que controla tanto el presente como el futuro. Buscar dirección para la vida a través de estos medios sólo acabará por desviarnos, tarde o temprano y, además, es de por sí una señal de rebelión: una terrible burla a Dios.

(2) Saúl actúa aquí hipócritamente. Por un lado, ha desterrado a todos los médiums y espiritistas del país (28:3); por otro, él mismo busca uno desesperadamente. Si Saúl hubiera vivido más tiempo, no hubiera podido mantener escondido del pueblo su doble juego. Los fundamentos mismos del orden y la justicia de una sociedad se deshacen cuando las autoridades no sólo se permiten las hipocresías personales que aquejan a nuestra humanidad caída, sino que cometen infracciones públicas de la ley que han jurado sostener.

(3) Cuando Dios no responde por ninguno de los medios que él mismo ha designado (28:6, 15), esto no nos da permiso para desafiarle, sino que debe llevarnos al arrepentimiento, a la perseverancia y a la paciencia. Es deprimente y patético ver que alguien busca el consejo de Dios a la vez que tranquilamente da pasos que Dios mismo ha prohibido.

(4) La raíz del pecado de Saúl ha sido la misma durante mucho tiempo. Él quiere un dios domesticado, alguien como el genio de la lámpara de Aladino, uno que jure hacerle cosas maravillosas mientras él aguante la lámpara. De alguna manera, siente que David tiene ahora la lámpara y desea mantenerse en el poder, pero no percibe que el Dios verdadero debe ser adorado, reverenciado, obedecido, temido y amado, incondicionalmente. Aquí tenemos a un hombre que se cree el centro del universo y piensa que los dioses que existan deberían servirle a él. Si el Dios de Israel, el Dios del pacto, no le ayuda como él quiere, Saúl está dispuesto a encontrar otros dioses. Un claro ejemplo del negro corazón de toda idolatría.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 247). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

Aparentemente, algunos cristianos en Corinto, firmes en su conocimiento de que los ídolos no son nada y de que toda la carne ha sido creada por el único Dios verdadero, por lo cual es buena para comer aunque haya sido ofrecida a un ídolo, sienten la maravillosa libertad de comer lo que se les antoje. Otros, tal vez convertidos tras una vida encadenada a supersticiones paganas, detectan lo demoniaco de los ídolos y creen que es peligroso comer algo que se les ha ofrecido (1 Corintios 8). La conclusión principal del argumento de Pablo es suficientemente clara: Los que tengan una conciencia bien formada sobre estos asuntos deben estar dispuestos a renunciar a sus derechos para no perjudicar a los demás hermanos y hermanas en Cristo.

Ahora bien, podríamos precisar la aplicación si destacamos algunos elementos:

(1) El asunto trata acerca de algo que no está intrínsecamente mal. Uno no puede imaginarse al apóstol enseñando que si unos cristianos piensan que el adulterio está bien, mientras otros no piensan lo mismo sobre dicha práctica, aquellos deberían tal vez renunciar a su libertad para no ofender a estos. En ese caso, nunca hay excusa, pues está prohibido. De manera que los principios que Pablo presenta aquí sólo se aplican a acciones que en símismas son moralmente neutrales.

(2) Pablo supone que está mal ir en contra de la conciencia, porque esta puede quedar herida (8:12). Una conciencia endurecida en un área, sobre algún asunto indiferente, puede también endurecerse en otra, con algo más crucial. Desde luego, lo ideal sería que la conciencia se alinee de manera perfecta con lo que Dios dice en la Escritura, para que, en asuntos triviales, el individuo quede libre. Podemos instruir y moldear la conciencia mediante la verdad, pero, hasta que la conciencia haya sido reformada por la Escritura, es mejor no ir en contra de ella.

(3) El hermano “débil” de este capítulo (8:7–13) es uno cuya conciencia es “débil”; es decir, uno que cree que determinada acción está mal a pesar de que no hay nada intrínsecamente malo en ella. Por tanto, el hermano “débil” está más atado por las reglas que el “fuerte”. Ambos adoptarán las que conciernen a actos verdaderamente malos, pero el hermano débil añade normas en cuanto a cosas que no están mal en realidad, pero que para él, en ese momento, son malas porque él piensa que lo son.

(4) Pablo hace que el mayor peso de responsabilidad recaiga sobre los “fuertes”, indicándoles que restrinjan su propia libertad por amor a los demás. En otras palabras, nunca basta que el cristiano se pregunte: “¿Qué se me permite hacer? ¿Cuáles son mis derechos?” Los cristianos sirven a un Señor que definitivamente no se aferró a sus derechos cuando fue a la cruz. Siguiendo la autonegación de Jesús, ellos también preguntarán: “´¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?”

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡El tiempo es corto!

2 SEPTIEMBRE

1 Samuel 26 | 1 Corintios 7 | Ezequiel 5 | Salmos 42–43

Al referirse a las personas “solteras” (1 Corintios 7:25–38; la palabra alude a los que no han tenido experiencias sexuales, ya sean hombres o mujeres), Pablo escribe: “a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está” (7:26). Así que, es bueno que el célibe siga siéndolo, que el casado no procure el divorcio y así sucesivamente. Esto no significa, añade Pablo, que si se casa una soltera, comete pecado. Pero sí insiste en que “el tiempo es corto” (7:29). ¿Qué quiere decir esto?

(1) Algunos argumentan que, al igual que todos los demás miembros de la iglesia primitiva, Pablo creía que Jesús iba a regresar muy pronto, definitivamente mientras ellos aún estaban vivos. Con un horizonte tan limitado, Pablo dice que, en general, es mejor que los que están solteros se queden sin casarse. Ahora bien, esta lectura del pasaje significa que Pablo y el resto de la iglesia primitiva estaban claramente equivocados: Jesús no regresó tan pronto. Pero hay tantos pasajes en el Nuevo Testamento que visualizan la posibilidad de una espera larga, que no podemos mantener la noción de que los primeros cristianos sufrían este delirio particular.

(2) Otros han explicado que “la crisis actual” (7:26) se refiere a un período de persecución particularmente difícil. Si las autoridades están buscando a los cristianos, sobre todo a sus líderes, sería una ventaja estar soltero: uno tiene más movilidad, es más fácil esconderse y las autoridades no pueden ejercer presión amenazando a la familia. Pero esta interpretación tiene dos problemas insuperables. (a) Puede que encaje con los solteros, pero no con todos los demás que Pablo menciona: por ejemplo, los que lloran deben vivir como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran (7:29–30). (b) Sobre todo, no hay suficiente evidencia que demuestre que los corintios estaban amenazados por la persecución. El tono general de esta carta insinúa que estaban tomando la vida muy ligeramente.

(3) El término traducido como “crisis” sencillamente significa “necesidad” o “compulsión”. Pablo no se refiere al regreso de Cristo ni a la persecución, sino a la necesidad presente, la compulsión de vivir con el finalmente. Contrario a los paganos o seculares, no podemos hacer del matrimonio nuestro gozo principal, ni de la prosperidad o de ninguna otra cosa temporal. Todos están bajo la fórmula de “como si no”: vivir “como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer” (7:31). Hay maneras responsables en que los cristianos pueden disfrutar de estas cosas, o llorar o ser felices, pero nunca como si estas fueran lo máximo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 245). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Lecciones importantes para muchos líderes

1 SEPTIEMBRE

1 Samuel 25 | 1 Corintios 6 | Ezequiel 4 | Salmos 40–41

A pesar de que es muy interesante e incluye hábiles caracterizaciones, uno se pregunta por qué se incluyó el relato de 1 Samuel 25. ¿Cómo contribuye al adelanto de la trama de 1 y 2 de Samuel?

Una vez comprendemos las convenciones sociales de la época, el relato en sí es claro. Aparentemente, en este momento, Saúl no estaba persiguiendo activamente a David (ver 1 Samuel 24), pero las relaciones aún son tan delicadas que David y sus hombres se mantienen alejados de Saúl. Gran parte de esta cultura estaba unida a dos valores que muchos en Occidente rara vez experimentan: (1) Toda buena obra tiene que ser recompensada con otra. La cortesía se extendía a la práctica recíproca de dar regalos. Fallar en este aspecto suponía vergüenza para la persona que había incumplido y se consideraba que esta había tratado a la otra con desprecio. (2) Las exigencias de la hospitalidad implican que es inadecuado rechazar a alguien o no recibirlo en la casa. Esto indicaría avaricia y grosería. La mera cortesía demandaba que uno ofreciera lo mejor a sus invitados, sobre todo si era adinerado.

De manera que cuando los hombres de David aparecen en la puerta de Nabal, no están pidiendo dinero de protección. Cuando Nabal los hace irse con las manos vacías, no se está comportando como un hombre recto que se niega a que un bandido le intimide, sino como un desgraciado ingrato que recibe de todo el mundo y nunca da nada a cambio; alguien que ignora con altivez las cortesías y convenciones de la cultura y trae sobre sí vergüenza, sin importar lo que piensen los demás, y que trata con un desdén insoportable al hombre que ha contribuido a su riqueza y bienestar.

Abigail es la figura que sale mejor parada en este relato. Con gracia y tacto, aplaca la ira de David y salva la vida a su esposo y a sus empleados. David es una figura mixta. De acuerdo con las costumbres de la época, seguramente estaba justificada en cierta manera la venganza que planificó, pero sólo serviría como un presagio de más matanza y de un estilo de liderazgo que mancillaría el trono que algún día iba a ocupar. Abigail ve todo esto y, de manera encantadora, le convence de que ella tiene razón.

¿Por qué, entonces, se incluye este relato? De entrada, por supuesto que hay pistas que nos sugieren que David se acerca cada vez más al trono. Samuel, el profeta que lo ungió, ha muerto (25:1). David dirige un ejército de seiscientos hombres. Abigail representa el aumento de la cantidad de israelitas que reconocen que, tarde o temprano, David será su rey (25:28–30). Pero, sobre todo, David se encamina ahora en una dirección moral contraria a la de Saúl. A medida que el poder de Saúl ha aumentado, también ha crecido su sed de venganza. David estaba a punto de seguir la misma dirección malvada, hasta que Abigail se lo impidió, y él mismo lo reconoce (25:32–34). Aquí, hay lecciones importantes para muchos líderes cristianos poderosos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 244). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Los cristianos deben juzgar a “los de adentro”, mientras que Dios juzga a “los de afuera”

31 AGOSTO

1 Samuel 24 | 1 Corintios 5 | Ezequiel 3 | Salmo 39

Si alguno leyera 1 Corintios 4 y llegara a la conclusión de que no se debe mantener ningún tipo de listón en la iglesia—dado que mantener un listón exige juzgar, ¿no es así?—,el siguiente capítulo (1 Corintios 5) presenta un caso en el que Pablo reprende a la iglesia de Corinto por no ejercer el juicio y la disciplina. Debemos reflexionar un poco sobre este caso en sí mismo y, además, sobre cómo conecta con el capítulo anterior.

En cuanto al hombre que menciona en el 5:1, Pablo afirma que hay dos males evidentes. El primero es sexual: un miembro de la iglesia “tiene la mujer de su padre”. El lenguaje peculiar sugiere que se está acostando con su madrastra. En cualquier caso, el pecado es tan tremendo, que sería chocante aun entre los paganos. El segundo es la respuesta tan débil de la iglesia. A pesar de esta maldad que ocurre entre ellos, no disminuye su tendencia a pavonearse con arrogancia, algo que se menciona muchas veces en 1ª y 2ª de Corintios. Debieron haberse lamentado profundamente y expulsado al hombre que cometió este acto (5:2).

No podemos reflexionar sobre todos los elementos de este juicio, pero observemos lo siguiente:

(1) El juicio que Pablo quiere que emitan ha de ser comunitario. Toda la iglesia, reunida “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (5:4), conscientes de su poderosa presencia, debe tomar acción. Por tanto, dejar de hacerlo es un fracaso de la iglesia entera.

(2) Una de las razones para tomar esta acción es porque “un poco de levadura hace fermentar toda la masa” (5:6). Si hay maldad en la iglesia y nadie hace nada, pronto se verá afectada toda la congregación.

(3) Esto no tiene nada que ver con disciplinar al mundo exterior. Pablo da por sentado que el mundo fuera de la iglesia permitirá que el pecado se encone. Lo que él tiene en mente es la disciplina dentro de la iglesia de Dios (5:9–10).

(4) La conducta que Pablo entiende que debe estar sujeta a la disciplina eclesial no se limita al ámbito sexual ni a esta forma particular de pecado sexual. Él quiere incluir las deserciones morales importantes y presenta una lista ejemplar: avaricia, idolatría, calumnia, borracheras y estafas. En otro lugar, añade a la lista de desviaciones morales severas dos elementos adicionales: el serio desvío doctrinal y la insistencia en crear divisiones.

Ahora bien, en todo este pasaje, Pablo usa abiertamente el término “juzgar” (5:12–13). Los cristianos deben juzgar a “los de adentro”, mientras que Dios juzga a “los de afuera”. Como mínimo, debemos mantener la tensión creativa entre los capítulos 4 y 5. Aún más importante, los corintios en el capítulo 4 estaban imponiendo juicios “más allá de lo que está escrito” (4:6); es decir, utilizaban pautas y criterios que no estaban fundamentados en la revelación de Dios, sino más bien en los intereses de ciertas partes. En el capítulo 5, no estaban juzgando a pesar de lo que la Escritura, comprendida correctamente, dice. Ambas cosas quebrantan la revelación divina.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 243). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Más allá de lo que está escrito”

30 AGOSTO

1 Samuel 23 | 1 Corintios 4 | Ezequiel 2 | Salmo 38

En 1 Corintios 3, Pablo les ha enseñado a los corintios cómo no deben considerar a los siervos de Cristo. No deben ver a ningún siervo particular del Señor como un gurú del grupo, pues esto implicaría que los demás siervos son inferiores. Cuando cada grupo dentro de la iglesia tiene a su propio gurú cristiano, ocurren dos males: división innecesaria dentro de la iglesia y un paternalismo crítico que emite juicio sobre quién es digno de ser gurú y quién no. Pablo afirma que todo lo que Dios tiene para la iglesia en un Pablo o un Apolos o un Cefas le pertenece por derecho a toda la iglesia (3:21–22).

Al principio de 1 Corintios 4, Pablo pasa a instruir a los corintios sobre cómo sí deben mirar a los siervos de Cristo: como los “encargados de administrar los misterios de Dios” (4:1). La palabra traducida como “misterios” no se refiere a cosas crípticas que sólo puede entender la élite de los elegidos. En el Nuevo Testamento, por lo general se refiere a algo que Dios había mantenido, en cierta medida, velado, escondido o secreto en el pasado, pero que ahora ha revelado claramente en Jesucristo. En resumen, a estos “siervos de Cristo” les ha sido encomendado el evangelio: todo lo que Dios ha aclarado con la venida de Jesucristo.

Quienes han sido encargados de algo deben demostrar ser fieles a aquel a quien han de rendir cuentas (4:2). Por esa razón, Pablo sabe que no es tan importante la manera en que los corintios lo ven; de hecho, tampoco tiene mucho peso la manera en que él mismo se evalúa (4:3). Pablo entiende que lo importante es mantener una conciencia clara delante del Señor. Ahora bien, es posible tener clara la conciencia y aún así ser culpable de muchas cosas, porque la conciencia no es un instrumento perfecto, ya que puede estar mal informada o endurecida. La única persona cuyo juicio siempre es absolutamente correcto—y de suprema importancia—es el Señor (4:4). La conclusión de esto es que los corintios no deberían nombrarse a sí mismos jueces sobre todos los “siervos de Cristo” a quienes el Señor envía. Cuando él regrese, todas las cuentas quedarán finalmente claras. En ese momento, dice Pablo, “cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (4:5). Es un pensamiento hermoso, pues tal parece que el Juez final será más alentador y positivo que muchos de los jueces humanos.

En la iglesia, sigue habiendo un espacio para el discernimiento y el juicio: ¡lee la meditación de mañana! Pero siempre hay multitud de críticos que van mucho “más allá de lo que está escrito” (4:6) con pruebas legalistas que ellos mismos han inventado y se aferran a sus gurús a la vez que abominan a los demás. Suelen pensar que son proféticos cuando, en efecto, sus pretensiones están muy cerca de usurparle el puesto a Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 242). Barcelona: Publicaciones Andamio.