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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

La única “manera digna” de acercarse a esta Cena es la contrición y la fe

6 SEPTIEMBRE

1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

Tres observaciones sobre la Cena del Señor, de las muchas que pueden surgir de la exposición de Pablo al respecto (1 Corintios 11:17–34):

Primero, es una ordenanza temporal. Ha de observarse “hasta que él venga” (11:26). En parte, esto se debe a su función como “memorial” (“haced esto en memoria de mí”, 11:24). En el nuevo cielo y la nueva tierra, los creyentes transformados no necesitarán un rito como este para “recordar” a Jesús, pues él será perpetuamente el centro de su existencia y adoración. Al saber esto, cada vez que participamos de la Cena del Señor, esta nos ayuda no sólo a mirar hacia atrás al cuerpo quebrantado de Jesús, sino hacia delante a la consumación.

Segundo, si se observa correctamente, la Cena del Señor debe tener una función kerygmática. Esta palabra viene del verbo kerysso, que significa “proclamar”. Pablo dice que, mediante esta Cena, proclamamos la muerte del Señor hasta que él venga (11:26), aunque aquí usa un verbo diferente. Por lo general, este verbo se utiliza en el contexto evangelístico: proclamamos o anunciamos el evangelio a los que aún no se han convertido. Si Pablo se refiere a esto, entonces una de las funciones de la Cena del Señor—su función kerygmática—es la evangelización. Ciertamente, he estado en iglesias en que sucede así. Los no creyentes son parte del culto. Se les advierte que no participen, pero se les anima a observar y reflexionar sobre lo que ven y escuchan. Se explica algo sobre la importancia del rito, tal vez su función como testimonio de Jesús, el pan de vida que da su vida por la del mundo (Juan 6:51). La ordenanza y la palabra juntas proclaman la muerte del Señor.

Tercero, el acercamiento a la Cena del Señor suministra una oportunidad para que cada cristiano se examine antes de comer el pan y beber la copa (11:27–28). Los intérpretes están en desacuerdo en cuanto al significado de no discernir el cuerpo del Señor (11:29). No es posible evaluar las alternativas en este contexto. Sencillamente, compartiré mi conclusión: Pablo advierte que “el que come y bebe sin discernir el cuerpo del Señor”, que fue ofrecido en la cruz y de lo cual este ritual testifica, “come y bebe su propia condena”. ¿Cómo no va a ser así? Decir mediante la participación que “recordamos” y “proclamamos”, a la vez que disfrutamos del pecado, es acercarse a esta mesa de manera indigna. Es “pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor” (11:27). Sea o no correcta esta interpretación particular, la advertencia se debe tomar muy en serio. No se trata de ser suficientemente bueno, porque nadie lo es. La única “manera digna” de acercarse a esta Cena es la contrición y la fe.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 249). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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