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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

¡Sólo necesitamos imitar a Jesucristo!

8 SEPTIEMBRE

2 Samuel 2 | 1 Corintios 13 | Ezequiel 11 | Salmo 50

A pesar de que 1 Corintios 13 forma parte de un argumento sostenido desde el capítulo 12 hasta el 14, el pasaje es una unidad tan hermosa con tantos versos maravillosos y evocadores, que ha suscitado innumerables y extensos tratados. Hoy reflexionaré un poco sobre los primeros tres versículos.

Este texto no dice que el amor lo es todo y que las otras cosas mencionadas—hablar en lenguas, el don de profecía, la capacidad de entender los misterios y todo el conocimiento, una fe que mueve montañas, negarse a sí mismo y repartir todas las posesiones por amor a los pobres y sufrir el martirio—no son nada. Más bien, afirma que esas cosas son absolutamente insignificantes a menos que vayan acompañadas de amor. El amor no las desplaza, pero su ausencia les quita el sentido y las vuelve inútiles.

Este párrafo está pensado para humillar a los arrogantes. La historia nos ofrece ejemplos tristes de personas que se han vuelto orgullosas de su don de lenguas, de su don profético, incluso de su filantropía y sacrificio. Pero sería un contrasentido enorgullecerse del amor que uno tiene, al menos en el sentido cristiano del amor. Tal vez esa es una de las razones por las cuales estas otras virtudes quedan anuladas si se hacen sin amor.

Una de las cualidades más impresionantes de esta declaración sobre el amor es que deja fuera de juego a una de las definiciones de amor que todavía persiste en algunos círculos cristianos. En ellos se afirma que el amor cristiano no pertenece al ámbito emocional, sino que es sencillamente una decisión inmutable de buscar el bien del otro. Por eso, dicen, se nos puede ordenar que amemos: a uno le puede caer extraordinariamente mal la otra persona, pero si se compromete conscientemente con el bien de él o de ella, y actúa de esa manera, sigue siendo amor. Francamente, este tipo de casuística no es más que una tontería reduccionista. Lo que han denominado como “amor” no es otra cosa que un altruismo decidido. Pero, en estos versículos, Pablo distingue con firmeza entre el altruismo y el amor: “Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas” (13:3): aquí están tanto el altruismo como el sacrificio, pero Pablo puede visualizar a ambos sin amor. De manera que el amor debe ser algo diferente de—o más que—mero altruismo y sacrificio.

Puede que sea difícil presentar una definición perfecta del amor cristiano, pero es fácil encontrar su ejemplo supremo. El amor de Cristo por nosotros no se fundamenta en nuestra belleza, sino en su propio carácter. Su amor no es meramente sentimental, pero está cargado de afecto incalculable y calidez. Es decidido en su sacrificio, pero jamás es meramente una autodisciplina mecánica. Si queremos conciliarnos con la descripción apostólica del amor cristiano como el “camino más excelente” (12:31b; ver también la meditación de 11 de octubre) que todos los creyentes deben seguir, sólo necesitamos imitar a Jesucristo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 251). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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