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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Una fe grande como un agujero en el techo

Abril 30

Una fe grande como un agujero en el techo

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Lectura bíblica: Marcos 2:1–12

Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Marcos 2:5

a1—¡Oye! ¿qué pasa ahí arriba? —se para repentinamente un escriba vestido de una magnífica túnica, interrumpiendo a Jesús que está enseñando. Señala enojado a un palo que aparece por el techo de la casa repleta de gente. Otros líderes de aspecto importante se levantan alterados, observando cómo el palo va abriendo un agujero grande, derramando adobe y polvo sobre los que están abajo.

El público mira fijamente el agujero donde se ven cuatro pares de manos rompiendo las baldosas del techo. Enseguida esas manos bajan una litera; en ella está un hombre que no se puede mover. El hombre paralítico está sufriendo físicamente. Tiene que depender de sus familiares y amigos en todo lo que necesita. También sufre espiritualmente porque es un pecador que necesita perdón.

Esos son los datos principales del hombre en la litera, pero ¿quiénes eran los cuatro señores que hicieron un agujero en el techo para poner a su amigo enfrente de Jesús?
La Biblia no nos da nombres, pero es lógico suponer que eran hombres comunes que tenían un amigo que necesitaba a Jesús. Eran como nosotros: personas comunes con amigos necesitados.

Y estos hombres comunes pudieron valerse del poder de Jesús.

Lo hicieron así. Tenían una fe bastante grande como para creer que Jesús haría algo por su amigo que sufría… bastante grande como para cortar un agujero en el techo… bastante grande como para derramar trozos de adobe y polvo sobre la gente abajo, luego mirar en la habitación con esperanza, mientras Jesús enfocaba su atención en el paralítico. Jesús, que tiene poder sobre la enfermedad y el pecado, vio la fe de ellos y usó su autoridad para sanar al paralítico.

Piénsalo. El hombre está acostado de espalda, sin poder mover un músculo. Quizá hacía años que estaba así. Entonces Jesús dice: “A ti te digo, ¡levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!” (Marcos 2:11). Y, de pronto, el hombre se pone de pie y se está moviendo como todos los demás en el cuarto. ¡Qué poder!

Jesús tiene todo el poder de Dios. Aun así, no tienes que preocuparte de que Jesús irrumpa en tu vida, invada tus actividades y te obligue a recibir su ayuda. Él es el único ser en el universo que necesitas para derrotar todos los obstáculos de la vida: físicos, mentales y espirituales. Pero él no te va a empujar. Tiene paciencia. Se mantiene listo. Está disponible para aplicar su autoridad en tu vida y en la de tus amigos y familiares. Lo único que tienes que hacer es pedirle que lo haga.

PARA DIALOGAR
¿Qué cosas difíciles estás viviendo en este mismo momento en que podrías aprovechar la ayuda de Jesús?

PARA ORAR
Túrnense para orar por las necesidades mutuas.

PARA HACER
¿Tienes algún amigo que necesita el poder de Jesús? Puedes empezar a ayudar orando. Luego traza planes para explicarle cómo Jesús está listo para ayudar.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

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