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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí

29 de julio

«Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí».

Juan 6:37

Esta declaración implica la doctrina de la elección: hay algunas personas que el Padre le ha dado a Cristo. También comporta la doctrina del llamamiento eficaz: aquellos dados a Jesús deben venir y vendrán a él. Aunque se opongan tenazmente, sin embargo, serán trasladados de las tinieblas a la maravillosa luz de Dios. Esta declaración divina nos enseña la indispensable necesidad de la fe: pues aun aquellos que le son dados a Cristo no son salvos a menos que vengan a Jesús. Aun ellos deben venir, pues en el Cielo no se puede entrar por otro lugar sino por la puerta, que es Cristo Jesús. Todo lo que el Padre le da a nuestro Redentor debe venir a él; por consiguiente, ninguno puede ir al Cielo si no acude a Cristo.

¡Ah, qué poder y majestad hay en la palabra «vendrá»! Jesús no dice que ellos tengan virtud en sí mismos para venir, o que pueden venir si quieren hacerlo, sino que «vendrán». El Señor, por medio de sus mensajeros, de su Palabra y de su Espíritu, constriñe benigna y dulcemente a los hombres para que entren al festín y participen del banquete de boda. El Señor hace esto, no violando la libre mediación del hombre, sino por el poder de su gracia. Yo puedo ejercer dominio sobre la voluntad de otro hombre y, no obstante, la voluntad de ese hombre ser perfectamente libre, porque el dominio se ejerce de una manera acorde con las leyes de la mente humana. El Señor Jesús sabe cómo rendir al hombre entero con argumentos irresistibles dirigidos al entendimiento, con poderosas razones que apelan a los sentimientos y con la misteriosa influencia del Espíritu Santo que actúa sobre todas las facultades y pasiones del alma para que esta, que una vez fue rebelde, se someta ahora alegremente a su dirección, rendida por su amor soberano. No obstante, ¿cómo se conocerá a aquellos a quienes Dios ha elegido? Por el siguiente resultado: que voluntaria y alegremente aceptan a Cristo y vienen a él con fe sincera y genuina, descansando en él como el todo de su salvación y el todo de sus deseos. Lector, ¿has venido así a Jesús?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 220). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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