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El precio amargo de un pecado escondido

15 Agosto 2017

El precio amargo de un pecado escondido
por Charles R. Swindoll

Salmos 32

La celebración de David del perdón de Dios da un giro macabro cuando él recuerda su angustiado pasado. Quizás acompañado por una nota musical sombría, David recuerda los días de miseria que él pasó en el aislamiento de su pecado escondido.

Reflexión de los pecados pasados

Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
mi vigor se convirtió en sequedades de verano.

ei pecado te declaré
y no encubrí mi iniquidad.
Dije: “Confesaré mis rebeliones al Señor”.
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado (vv. 3-5).

David nos lleva a aquellos días trágicos cuando rehusaba reconocer su maldad (vv. 3-4). Estas asombrosas estrofas describen lo que ocurría dentro del compositor durante sus días de tormento al no confesar su pecado. David admite que “callar” su pecado le costó caro. Él tuvo que pagar un precio amargo por preservar su secreto. El conflicto interno le causó una enfermedad psicosomática. Su mente atormentada, llena de conflictos emocionales y mentales eran consecuencia de rehusar enfrentarse de manera completa y honesta al pecado y esto terminó causándole varias enfermedades físicas.

Su cuerpo “envejeció”.
Gemía “todo el día”.
Tenía que sufrir “de día y de noche”.
Su vigor “se secó”.
Tenía fiebre como las “sequedades del verano”.

Abruptamente, David añade “Selah “. Haga una pausa y considere lo leído.

Obviamente, durante este periodo miserable, la mano de Dios había caído sobre él. Proverbios 13:15 dice: “El camino de los traicioneros es duro”. Al igual que un árbol que está intentando sobrevivir sin el agua de la lluvia, David se sentía sumamente miserable y espiritualmente estéril en este estado pecaminoso.

Finalmente, David encuentra alivio mediante la confesión (Salmo 32: 5).

Abiertamente habla de su condición pecaminosa. Note el ascenso:
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
Confesaré mis rebeliones al Señor.
No encubrí mi iniquidad.
Reconocí mi pecado.

Así como una ducha fría en un día caluroso, el perdón de Dios lavó los pecados de David y también silenció su culpabilidad tormentosa. El Señor penetró en las profundidades del interior del poeta para proveerle el alivio maravilloso que solo Él puede dar: PAZ.  Dios le perdonó completamente porque David confesó su pecado completamente.

Si usted está ocultando algún pecado, si sigue manteniendo áreas secretas de maldad, no espere vivir libre de la culpabilidad. Existe un principio que aparece en las páginas de Escritura como si fuera un hilo invisible: un pecado escondido no puede coexistir con la paz interna. Pocos afanes son más mortificantes que una conciencia atormentada. Es algo terrible. En contraste, pocas alegrías son más emocionantes que recibir el perdón de pecados.

Afirmando el alma
La confesión comienza cuando admitimos completamente la verdad con nosotros mismos. Si usted ha estado luchando con un pecado oculto, escríbase una carta asimismo mencionando tal actividad pecaminosa, describa su efecto en su vida y anticipe las consecuencias potenciales del futuro si sigue haciéndolo. Luego, en oración, presénteselo a Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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