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«Y os daré un corazón de carne».

15 de agosto

«Y os daré un corazón de carne».

Ezequiel 36:26

Un corazón de carne se conoce por su sensibilidad con respecto al pecado. El haber tolerado un pensamiento impuro, el haber permitido (siquiera por un momento) un mal deseo, es más que suficiente para hacer que el corazón de carne se apesadumbre delante del Señor. Para el corazón de piedra, una gran iniquidad es como una nonada; pero no acontece así con el corazón de carne.

Si me descarrío a diestra o a siniestra,

repréndeme, Señor;

quiero deplorar mi vida extraviada

que agravió tu amor.

El corazón de carne es sensible a la voluntad de Dios. Mi señor Voluntad Propia es un gran fanfarrón: resulta difícil sujetarlo a la voluntad de Dios, pero cuando se nos da un corazón de carne, la voluntad se mueve como un álamo cimbreante con cada soplo del Cielo, y se inclina como un sauce ante cualquier brisa del Espíritu de Dios. La voluntad natural es fría, dura como el hierro que no se puede forjar; pero la voluntad renovada, como el metal fundido, está pronta a dejarse moldear por la mano de la gracia. El corazón de carne se caracteriza por la sensibilidad de los sentimientos. El corazón duro no ama al Redentor, pero el renovado arde en amor por él. El corazón duro es egoísta y dice fríamente: «¿Por qué tengo que llorar por el pecado? ¿Por qué debo amar al Señor?». Pero el corazón de carne dice: «Señor, tú sabes que yo te amo; ayúdame a amarte más». Muchos son los privilegios de este corazón renovado: «Es en él donde el Espíritu habita; es en él donde Jesús descansa». Ese corazón está en condiciones de recibir toda bendición espiritual y toda bendición llega hasta él. Está preparado para producir toda clase de frutos celestiales para honra y alabanza de Dios; por eso el Señor se complace en él. Un corazón sensible es la mejor defensa contra el pecado y la mejor preparación para el Cielo. Un corazón renovado está en su atalaya aguardando la venida del Señor Jesús. ¿Tienes tú ese corazón de carne?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 238). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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