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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

«Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones»

23 de agosto

«Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones».

Efesios 3:17.

Es de desear que nosotros, los creyentes, tengamos a la persona de Jesús constantemente delante de nuestros ojos para inflamar nuestro amor por él y obtener un conocimiento más profundo suyo. Quiera Dios que mis lectores estén todos matriculados, como aplicados estudiantes, en la Facultad de Jesús: sean estudiantes del Corpus Christi —es decir, del cuerpo de Cristo—, resueltos a alcanzar una alta titulación en la ciencia de la cruz. No obstante, para tener siempre cerca a Jesús, el corazón debe estar lleno de él: de su amor que brota hasta rebosar de nuestro interior. De ahí que el Apóstol ore diciendo: «Que habite Cristo […] en vuestros corazones». Mira cuán cerca desearía él que estuviese Jesús. No podrías contar con alguien más cercano a ti que quien está en tu corazón. «Que habite…». No que pase a verte algunas veces, como lo hace un visitante casual que entra en una casa y se queda en ella a pasar la noche; sino que habite: que Jesús llegue a ser el Señor y el Morador de lo íntimo de tu ser para no irse jamás de allí.

Observa estas palabras: «Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones» —el corazón es la mejor estancia de la casa de un hombre—. No solo en tus pensamientos, sino también en tus emociones; no meramente en las meditaciones de tu mente, sino igualmente en los sentimientos de tu corazón. Debiéramos suspirar por un amor a Cristo de carácter permanente. No uno que alumbra por algún tiempo y luego se apaga lentamente en las tinieblas de unas pocas ascuas; sino una llama persistente, alimentada con combustible sagrado como el fuego del altar, que nunca se apagaba. Esto no puede lograrse sino por la fe. La fe tiene que ser fuerte; de lo contrario el amor no será ferviente. La raíz de la flor debe estar sana; de otro modo no podemos esperar que dicha flor sea fragante. La fe es la raíz del lirio y el amor es su flor. Lector, Jesús no puede estar en el amor de tu corazón si este no lo posee firmemente por la fe. Ruega, pues, que seas siempre capaz de confiar en Cristo para que lo ames perpetuamente. Si tu amor está frío, ten por cierto que tu fe está decayendo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 246). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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