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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Esperad en él en todo tiempo

1 de septiembre

«Esperad en él en todo tiempo»

Salmo 62:8

La fe es la norma tanto de la vida temporal como de la vida espiritual. Tenemos que tener fe en Dios para nuestros asuntos terrenales y para los celestiales. Solo cuando aprendamos a confiar en Dios para la provisión de todas nuestras necesidades diarias, viviremos por encima del nivel del mundo. No hemos de ser ociosos, lo cual demostraría que no confiamos en Dios —quien «hasta ahora trabaja» (Jn. 5:17)— sino en el diablo, que es el padre de la ociosidad. No debemos ser imprudentes o temerarios, pues entonces demostraríamos confiar en el azar, no en el Dios viviente, que es un Dios de orden. Hemos de confiar en el Señor, sencilla y enteramente, en todo tiempo, actuando con toda prudencia y rectitud.

Permíteme recomendarte una vida de confianza en Dios en relación con las cosas temporales. Si confías en Dios no tendrás necesidad de lamentarte por haber usado medios pecaminosos para enriquecerte. Sirve a Dios con integridad y, si no tienes éxito en tus empresas, por lo menos tu conciencia estará tranquila. El que confía en la astucia navegará hoy por este lado y mañana por el otro, como un barco de vela sacudido por un viento variable. No obstante, el que confía en el Señor es como un barco de vapor que atraviesa las olas, desafía al viento y va marcando una recta y brillante estela de plata hasta llegar al puerto. Sé un creyente con principios vivos, que no se somete a las fluctuantes costumbres de la sabiduría mundana. Anda en los caminos de integridad con paso firme y demuestra que, con el poder que solo la confianza en Dios puede dar, eres invenciblemente fuerte. Así, confiando en el Señor, serás librado de la penosa ansiedad, no te verás turbado por malas noticias y tu corazón se afirmará. ¡Cuán grato es flotar en los ríos de la Providencia! No hay norma de vida más bendita que aquella que depende del Dios que cumple su pacto. No tenemos ansiedad porque él tiene cuidado de nosotros; no experimentamos turbaciones, porque echamos nuestras cargas sobre el Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 255). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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