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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El camino de Dios nunca es abdicar de la responsabilidad que se nos ha ordenado bíblicamente.

9 SEPTIEMBRE

2 Samuel 3 | 1 Corintios 14 | Ezequiel 12 | Salmo 51

Aún después de la muerte del Rey Saúl, David no se convirtió inmediatamente en el rey de Israel. Al principio, le ungieron como rey sobre Judá (2 Samuel 2:1–7) y sólo Judá: incluso Benjamín, que permaneció con Judá tras la división entre “Israel” y “Judá” cuando murió Salomón, estaba aliado en ese momento con las otras tribus (2:9).

Abner, el comandante de lo que quedaba del ejército de Saúl, instaló a Isboset—el hijo superviviente de Saúl—como rey de Israel (2:8–9). Se multiplicaron las luchas entre los ejércitos de David y los de Isboset. En muchas batallas de esos días, las tropas enemigas se enfrentaban en un choque brutal, seguido por persecución: uno de los bandos huía y el otro lo perseguía. En uno de estos enfrentamientos, Abner mató a uno de los tres hijos de Sarvia, Asael, del ejército de David (2:17–23). La muerte fue “limpia”; es decir, se cumplieron las reglas de la guerra y no fue un asesinato. Sin embargo, esta muerte precipitó algunos de los eventos más importantes de 2 Samuel 3.

Unir las diferentes zonas del país para ser leales a David fue un asunto turbio y a veces innoble, lo cual nos recuerda que en ocasiones, Dios utiliza la necedad y la maldad de la gente para cumplir sus buenos propósitos. Abner se acostó con una mujer que fue concubina de Saúl (3:6–7). Esto no sólo era una infracción de la ley moral, sino que, en el simbolismo de la época, Abner estaba tomando para sí el derecho a la realeza. Era un fuerte insulto y un reproche para Isboset. Por lo tanto, las razones de Abner para llevarle las once tribus a David tenían poco que ver con la integridad y el deseo de reconocer el llamado de Dios, y mucho más con la frustración contra Isboset y su propia sed de poder. Luego, Joab y sus hombres asesinan a Abner (3:22–27), puesto que Joab era uno de los hermanos de Asael. Pero esto sí fue asesinato y un desafío al salvoconducto de David.

Su manera de manejar esta crisis nos revela las grandes fortalezas de David y una de sus peores debilidades, fortalezas y debilidades que volverán a aparecer. Políticamente, David es muy astuto. Se distancia por completo de la acción de Joab e insiste en que este y otros líderes formen parte de la comitiva fúnebre de Abner. “La gente prestó atención, y a todos les pareció bien. En realidad, todo lo que hacía el rey les agradaba” (3:36). Por otro lado, David no le exigió cuentas a Joab; evadió su responsabilidad afirmando que “estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para mí” (3:39). En otras palabras, elude su responsabilidad tal como lo haría más adelante con su hijo Amnón (2 Samuel 13). Las consecuencias de esto último provocaron la revuelta de Absalón y casi le cuesta el trono a David. El camino de Dios nunca es abdicar de la responsabilidad que se nos ha ordenado bíblicamente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 252). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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