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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Carta de recomendación

14 SEPTIEMBRE

2 Samuel 10 | 2 Corintios 3 | Ezequiel 17 | Salmos 60–61

En cierta forma, Pablo se encuentra en una posición desconcertante. Si no respondía a algunas de las preocupaciones que tenían los corintios sobre él y su ministerio, podría perderlos: no personalmente (eso no le hubiera molestado), pero sí perder su lealtad hacia él y, por lo tanto, al mensaje que él predicaba. Por otro lado, si hablaba largo y tendido acerca de sí mismo, al menos algunos de sus críticos dirían que estaba ensimismado, o inseguro, o que un verdadero apóstol no tendría que defenderse, o algo por el estilo.

Justamente, no sabemos con certeza cuál era su acusación. Resulta bastante obvio en varias partes de la correspondencia corintia, particularmente en 2 Corintios 3:1–3, que Pablo es consciente de este peligro. Al final del capítulo 2, había insistido en que “nosotros [ya sea un ‘nosotros’ litera rio o una referencia a los apóstoles]… hablamos con sinceridad delante de él en Cristo, como enviados de Dios que somos” (2:17): para nada como traficantes que trabajan por ganancia. Ahora pregunta retóricamente: “¿Acaso comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos?” (3:1). La frase “otra vez” nos revela que Pablo se ha enfrentado a este problema anteriormente con los corintios. Pregunta de manera aún más específica: “¿O acaso tenemos que presentaros o pediros a vosotros cartas de recomendación, como hacen algunos?” (3:1). Suena como si “algunos” hubieran intentado establecer sus credenciales trayendo cartas de presentación. Ellos o los corintios luego se vuelven desdeñosos hacia Pablo porque él no encaja ni en el patrón cultural de demostrar sus credenciales al solicitar una paga muy alta (cap. 2), ni trae consigo papeles—de Jerusalén o algún otro centro de autoridad—para establecer su fiabilidad.

Pero Pablo no responde defendiendo su estatus como apóstol en términos de la revelación directa del Cristo resucitado a él. (No obstante, en otro lugar, eso es justamente lo que hace, y aun en este capítulo insiste en que su competencia viene del mismo Dios, 3:5) Aquí adopta sabiamente una postura que, a la vez, apunta a la naturaleza peculiar de su propio ministerio y anima con gentileza a los corintios a reconocer que no están en condiciones de pensar de manera distinta. Lo que les dice es, en efecto, que su existencia como cristianos constituye para ellos suficiente credencial de Pablo. Pablo les predicó el evangelio. Ellos son su “carta de recomendación”, el resultado de su ministerio (3:1, 3). Y puesto que la conversión genuina es obra del Espíritu de Dios, ellos, como cartas de recomendación de Pablo, deben verse como escritos “no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente” y no en una hoja de papiro ni en una tabla de piedra, sino en el corazón humano (3:3).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 257). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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