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«El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría»

25 de septiembre

«El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría».

1 Corintios 1:30

El intelecto del hombre busca la tranquilidad, pero, por naturaleza, la busca lejos del Señor Jesucristo. Los hombres cultos, aun cuando sean conversos, son propensos a considerar con poca reverencia y afecto la sencillez de la cruz de Cristo. Están atrapados en la antigua red que lo fueron también los griegos, y evidencian una marcada voluntad de mezclar la filosofía con la revelación. El hombre de pensamiento refinado y de elevada cultura tiene la tentación de apartarse de la sencilla verdad de Cristo e idear una doctrina (como expresa el término) más intelectual. Esto condujo a las iglesias cristianas primitivas al gnosticismo y las embelesó con toda suerte de herejías. Ahí tenemos la raíz de la Neología y de las otras exquisiteces que en días pasados estaban tan de moda en Alemania y que ahora entrampan a cierta clase de teólogos. Quienquiera que seas, querido lector, y cualquiera que sea tu preparación, ten por cierto que si eres del Señor no encontrarás ninguna tranquilidad en la teología filosófica. Puedes recibir tal o cual dogma de este gran pensador o tal o cual desvarío de aquel otro filósofo profundo, pero como la paja es al trigo, así serán esas cosas al lado de la pura Palabra de Dios. Todo lo que la razón (cuando está muy bien guiada) puede resolver es simplemente el abecedario de la verdad y, aun en eso, carece de certeza; mientras que en Cristo «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2:3). Cualquier tentativa por parte de los cristianos de satisfacerse con sistemas que merezcan la aprobación de los pensadores unitarios y de la Iglesia en general está abocada al fracaso. Los genuinos herederos del Cielo tienen que volver a esa realidad tan sencilla que hace brillar de gozo el ojo del gañán y alegra el corazón del pobre piadoso: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores». Cuando se le recibe con fe, Jesús satisface al intelecto más preparado; sin embargo, fuera de él, la mente del regenerado no encontrará sosiego. «El principio de la sabiduría es el temor del Señor. Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos» (Sal. 111:10, LBLA).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 279). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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