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«Me seréis testigos»

7 de noviembre

«Me seréis testigos».

Hechos 1:8

Para aprender a cumplir tus deberes como testigo de Cristo, ten a Cristo mismo como ejemplo. Él está siempre testificando: ya sea junto al pozo de Samaria o en el templo de Jerusalén; bien junto al lago de Genesaret o bien en la cumbre del monte. Él testifica de día y de noche: las poderosas oraciones de Jesús son tan expresivas para Dios como su servicio diario. Él testifica bajo cualquier circunstancia. Los escribas y los fariseos no pueden cerrarle la boca. Aun delante de Pilato Cristo testificó de la buena profesión. Él testifica tan clara y distintamente que no comete ningún error. Cristiano, haz de tu vida un testimonio diáfano. Sé como un arroyo transparente y cristalino en cuyo fondo puedas ver cada una de las piedras, y no como un turbio riachuelo del cual lo único que ves es la superficie. Así, el amor de tu corazón hacia Dios y hacia los hombres será manifiesto a todos. No es necesario que digas: «Soy sincero»; sé sincero. No te jactes de que eres íntegro: sé íntegro. De este modo tu testimonio resultará tan evidente que los hombres no podrán dejar de verlo. Nunca, por temor al débil mortal, refrenes tu testimonio. Tus labios han sido encendidos con un carbón sacado del altar: deja, pues, que hablen como deben hablar unos labios tocados por el Cielo. «Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano». No mires a las nubes o al viento; testifica de tu Salvador a tiempo y fuera de tiempo. Y si aconteciera que por causa de Cristo y del evangelio tuvieses que soportar algún sufrimiento, no retrocedas, sino regocíjate por el honor que se te concede de ser tenido por digno de sufrir con tu Señor, y gózate también en esto: en que tus sufrimientos, tus pérdidas y tus persecuciones te prepararán una plataforma desde la cual, con más vigor y poder, podrás testificar a favor de Cristo Jesús. Medita en tu gran Ejemplo y sé lleno de su Espíritu. Recuerda que necesitas mucha instrucción, mucha perseverancia, mucha gracia y mucha humildad para que tu testimonio redunde en la gloria de tu Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 322). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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