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2 Crónicas 24 | Apocalipsis 11 | Zacarías 7 | Juan 10

20 DICIEMBRE

2 Crónicas 24 | Apocalipsis 11 | Zacarías 7 | Juan 10

A través de todo el libro de Apocalipsis, hay visiones esporádicas del fin o del trono de Dios que anticipan los últimos dos capítulos. En otras palabras, el desarrollo de Apocalipsis no siempre es lineal. La anticipación de la victoria, la gloria y la perspectiva del Todopoderoso, a veces se ubica en el contexto de las escenas más oscuras de juicio: por ejemplo, Apocalipsis 14:1–5 en el contexto de los capítulos 12–14.

Cuando suena la séptima trompeta (Apocalipsis 11:15–19), el velo se descorre un poco para permitirnos una ojeada de este tipo de escena. En este caso, no se trata del nuevo cielo y la nueva tierra, sino del reinado de Dios sobre estas escenas de terrible juicio. Quiero centrar nuestra atención en dos elementos.

Primero, la noción del reino de Dios es dinámica y su significado preciso cambia en varios contextos. Aquí, fuertes voces en el cielo proclaman: “El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos” (11:15). Esto sugiere que hubo una época anterior en la cual este “reino” divino sobre el mundo perdido no había comenzado. Evidentemente, entonces, aquí no se habla del reino universal del gobierno providencial de Dios. Tampoco se trata del comienzo del reinado de Jesús, inaugurado por medio de su resurrección y exaltación. Es cierto que, en ese momento, toda la autoridad en el cielo y en la tierra se hizo suya (Mateo 28:18). Sin embargo, ese reinado se ejerce de tal manera, que todavía se disputa. Lo que sugieren los siguientes versículos es que Dios toma ahora su gran poder de manera que aniquile a aquellos que destruyeron a su pueblo. Ha llegado “el momento de juzgar a los muertos, y de recompensar a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, sean grandes o pequeños, y de destruir a los que destruyen la tierra” (11:18). Lo que esto anuncia es la inminencia del ejercicio final de autoridad que quebranta toda oposición residual y juzga a todos con justicia perfecta.

Segundo, ya hemos visto que las metáforas mixtas son características de la literatura apocalíptica. Aquí, en 11:19, se abre el templo de Dios en el cielo y se ve, dentro del templo, el arca del pacto, junto a una tormenta impresionante. Las tormentas terribles que acompañan los grandes actos de la revelación de Dios surgen de lo que sucedió en el Sinaí; algo parecido se encuentra en la visión de 4:5. El sentido del templo, el arca y la tormenta en este versículo es que Dios mismo está presente y reinando. Por otro lado, en la visión de los capítulos 21 y 22, no hay necesidad de templo en el cielo, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo (21:22). Sólo los pedantes percibirán una contradicción.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 354). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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