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2 Crónicas 29 | Apocalipsis 15 | Zacarías 11 | Juan 14

24 DICIEMBRE

2 Crónicas 29 | Apocalipsis 15 | Zacarías 11 | Juan 14

Con la excepción de unos pocos versículos, la mayoría del material de 2 Crónicas 29–31 no tiene paralelo en 2 Reyes. Estos capítulos ofrecen un relato detallado de la manera en que el rey Ezequías reinstauró una adoración en el templo que se conformaba a la ley que Dios entregó por medio de Moisés. Luego, el rey congregó al pueblo del pacto, no sólo de Judá, sino incluso de partes de Israel para celebrar la Pascua como hacía tiempo que no se realizaba.

Aquí, podemos centrarnos en 2 Crónicas 29. El paganismo había logrado seducir de tal manera al pueblo, que el servicio del templo había caído en desuso. El templo se había convertido en un almacén de basura; hasta las puertas necesitaban reparación. Con sólo veinticinco años de edad, el rey Ezequías, en el primer mes de su reinado (29:3), abrió las puertas y las arregló. Encontró algunos sacerdotes y levitas, y les instruyó para consagrarse conforme a los ritos establecidos en la ley, y luego limpiar, reparar y volver a consagrar el templo. Más aún, Ezequías reconoció que los fracasos pasados en este aspecto habían provocado la ira de Dios (29:6). No fue tan necio como para pensar que los fracasos fueron meramente un tema de ritual. Tuvo gran visión porque percibió correctamente que el abandono total del ritual demostraba que los corazones de los sacerdotes, levitas, el pueblo y el rey estaban todos enteramente enajenados de Dios. Su intención expresa era modificar este patrón e inaugurar un pacto con el Señor (29:10).

El resto del capítulo narra detalladamente lo que hizo. Más sacerdotes y levitas se unieron. Los instrumentos musicales que David había establecido se restauraron para su uso. Hasta se registraron las desviaciones leves de la ley, como el permiso que se les dio a los levitas para que ayudaran a desollar a los animales de los sacrificios, debido al hecho de que en este momento había muy pocos sacerdotes consagrados (29:32–34).

Así fue como se restableció el culto en el templo del Señor. Y Ezequías y todo el pueblo se regocijaron de que Dios hubiera preparado al pueblo para hacerlo todo con rapidez” (29:35–36).

Así sucede cuando llega un avivamiento de proporciones considerables. Inevitablemente, Dios levanta un líder cuya insistencia profética resulte irresistible, primero a unos pocos y luego a una gran multitud. Y en las mejores instancias, no pasa mucho tiempo antes de que las personas miren hacia atrás y se maravillen por la rapidez con que ha ocurrido un cambio extraordinario en el estado de las cosas. Concluyen correctamente que la única explicación es que Dios mismo lo ha hecho; es decir, que la transformación finalmente no se le puede atribuir al celo reformador o a las destrezas de organización, sino a un Dios que ha cambiado los corazones de la gente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 358). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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