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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Job 1:5

25 de diciembre

«Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días».

Job 1:5

Lo que el Patriarca hacía por la mañana temprano después de las fiestas familiares, sería conveniente que lo hiciera para sí el creyente antes de entregarse al reposo de la noche. En medio de la alegría de las reuniones familiares es fácil caer en pecaminosas liviandades y olvidar que somos cristianos. Esto no debiera ser así; pero lo es. Nuestros días de fiesta rara vez son días de placer santificado: muy frecuentemente degeneran en diversión impía. Hay una forma de gozarse que purifica y santifica, como si la persona se bañara en los ríos del Edén. La santa gratitud debiera ser un medio tan enteramente santificador como lo es el dolor. ¡Ay de nuestros pobres corazones, pues los hechos demuestran que la casa del luto es mejor que la casa del banquete! Ven, creyente, ¿en qué has pecado hoy? ¿Has olvidado tu soberana vocación? ¿Has pronunciado palabras ociosas y utilizado un lenguaje obsceno? Entonces confiesa tu pecado y recurre al sacrificio. El sacrificio santifica: la preciosa sangre del Cordero inmolado quita la culpa y limpia la contaminación de los pecados de ignorancia y de negligencia. Esta es la mejor forma de acabar un día de Navidad: lavándonos de nuevo en esa fuente purificadora. Creyente, acércate a menudo a este sacrificio. Si el mismo resulta efectivo para esta noche, lo será también para todas otras las noches. Vivir cerca del altar es privilegio del sacerdocio real. Para los que constituyen este sacerdocio, el pecado, a pesar de ser grave, no es, sin embargo, causa de desesperación, pues los tales se acercan de nuevo a la víctima expiatoria y sus conciencias se limpian de las obras de muerte.

De cuantas faltas hoy he cometido,

perdóname, Señor, por tu Hijo amado;

contigo, con el prójimo y conmigo

quede, antes de dormir, reconciliado.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 370). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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