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Éxodo 22 | Juan 1 | Job 40 | 2 Corintios 10

11 MARZO

Éxodo 22 | Juan 1 | Job 40 | 2 Corintios 10

Dios da a Job la oportunidad de responder hacia la mitad de su largo discurso. Tras una pregunta retórica (“¿Corregirá al Todopoderoso quien contra él contiende?”), Dios dice: “¡Que le responda a Dios quien se atreve a acusarlo!” (Job 40:2).

Resulta vital para la comprensión de este libro no malinterpretar esta exhortación. Dios no está retirando a Job su estima inicial (1:1, 8). Incluso bajo el terrible hostigamiento de Satanás y los tres “miserables consoladores “, la integridad fundamental de Job y su lealtad básica al Todopoderoso no se han debilitado. No ha seguido el consejo de su mujer, que le insta a maldecir a Dios y morir, ni el de sus amigos, que le dicen simplemente que reconozca estar sufriendo debido a sus pecados no confesados, por lo que debe arrepentirse. Sin embargo, ha estado a punto de culpar a Dios por sus sufrimientos, o mejor dicho, ha insistido en pedir audiencia ante el Señor para justificarse. Implícitamente, y en ocasiones de forma explícita, Job ha acusado a Dios de ser injusto o de estar tan lejos que los justos y los impíos parecen abocados al mismo destino. En sus mejores momentos, Job se aparta de su retórica menos contenida, pero siente que, como mínimo, Dios le debe una explicación.

Sin embargo, ahora el Señor está diciendo que quien quiera “contender” con él, debatir algún asunto, no debe comenzar dando por hecho que Dios está cometiendo un error, ni acusar al Todopoderoso de no hacer bien las cosas. Ese ha sido el sentido de las preguntas retóricas (caps. 38–39): Job no tiene el conocimiento ni el poder necesarios para resistir el juicio de Dios.

Llegados a este punto, parece que Job ha aprendido la lección: “¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno? ¡Me tapo la boca con la mano! Hablé una vez, y no voy a responder; hablé otra vez, y no voy a insistir” (40:4–5). No obstante, surge una pregunta: ¿está Job verdaderamente convencido de su equivocación? ¿Cree realmente ahora que, por muy justo que haya podido ser, no tiene derecho a hablar así a Dios? ¿O simplemente, como hombre piadoso que es, se ha visto obligado a conformarse?

Dios no quiere correr riesgos: presenta a Job dos capítulos más de preguntas retóricas. Una vez le dice que “se prepare”, y después comienza: “¿Vas acaso a invalidar mi justicia? ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?” (40:8). Es como si el Señor quisiese algo más de él, algo que Job sólo reconoce en el último capítulo del relato.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 70). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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