Un compañero

Sábado 11 Mayo

Somos hechos participantes (compañeros) de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.

Hebreos 3:14

(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Apocalipsis 3:20

Un compañero

La palabra «compañero» significa «aquel con quien se comparte el pan», con quien se comparte todo, las alegrías y las penas. Este calificativo fue dado por el apóstol Pablo a los creyentes. Somos los participantes o compañeros de Cristo. Cuando éramos sus enemigos, él aceptó soportar en nuestro lugar el juicio que merecíamos. Él era el “compañero” de Dios (Zacarías 13:7), sin embargo se expuso a su ira contra el pecado, tomando sobre sí nuestros propios pecados para expiarlos. Ahora él nos llama sus compañeros, sus hermanos.

Nunca podremos apreciar suficientemente este favor. Porque es un privilegio estar asociados a él. Nos invita a compartir todo con él en la tierra, nuestra vida diaria, nuestra felicidad, nuestras dificultades, nuestra soledad, nuestros interrogantes frente al futuro de nuestras familias. Jesús no tuvo una vida fácil. Él se cansó, fue rechazado y aborrecido sin causa. Nosotros no debemos esperar algo mejor. Pero viviendo en su compañía seremos transformados a su imagen (2 Corintios 3:18) y llevaremos sus caracteres de santidad y compasión en medio de un mundo hostil.

Y además seremos sus testigos. Recordemos a los apóstoles Pedro y Juan: debido a su conducta los reconocían como discípulos de Jesús; “sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

1 Reyes 8:31-66 – Marcos 10:32-52 – Salmo 56:1-7 – Proverbios 15:9-10

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El máximo esfuerzo

Mayo 10

El máximo esfuerzo

Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)

El crecimiento espiritual no es un ejercicio intermitente; debe ocupar todo el tiempo. En realidad, la palabra griega para “prosigo” se empleaba para describir a un corredor de carreras cortas, y se refiere a un enérgico esfuerzo. Pablo estaba corriendo con todas sus fuerzas, distendiendo todos los músculos espirituales a fin de ganar el premio (cp. 1 Co. 9:24-27). También dijo que debemos pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12)

Esa perspectiva no estaba limitada a Pablo. El autor de Hebreos escribió: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1).

Nuestra búsqueda vitalicia es ser semejantes a Cristo. El correr esa carrera exige el máximo esfuerzo en el uso de los medios de gracia Dios nos ha dado.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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El progreso, ¿sinónimo de felicidad?

Viernes 10 Mayo

A las tinieblas (los hombres) ponen término, y examinan todo a la perfección… Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes.

Job 28:3, 12-13

El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.

Job 28:28

El progreso, ¿sinónimo de felicidad?

En el año 1930, para la inauguración del Fondo nacional para las ciencias, Jean Perrin, premio Nobel de física, pronunció un discurso en el cual predecía que los hombres «liberados por las ciencias» vivirían «felices y sanos» en una clase de Edén del futuro. 90 años después, estas palabras casi nos hacen reír. Desde luego, los progresos de la ciencia son indiscutibles. Han mejorado mucho la calidad de vida. En muchos países las hambrunas han desaparecido, ha habido grandes progresos en la medicina y los medios de transporte son muy diferentes a los de 1930. Sin embargo, ¿el hombre se liberó realmente? Por medio de sus progresos técnicos, ¿conoce la felicidad predicha por ese científico? ¿Es feliz?

La Biblia también habla de los progresos del conocimiento humano. Sin embargo dice que ese conocimiento no es sinónimo de sabiduría e inteligencia. La energía nuclear, puesta en evidencia por los trabajos de Jean Perrin, produce la electricidad que se utiliza diariamente, pero también sirve para fabricar bombas destructivas. La liberación y la felicidad no se encuentran en los progresos materiales, pues la ciencia no nos dice lo que debemos hacer con el poder que ella nos da. Necesitamos una sabiduría que no dependa de nuestras mentes limitadas. Esta sabiduría se encuentra en el “temor del Señor”, es decir, en el respeto y el conocimiento de Dios nuestro Creador.

Querido lector, ¿lo conoce usted?

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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No lo que debo ser

Mayo 9

No lo que debo ser

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto. (Filipenses 3:12)

Aun no somos lo que debemos ser, lo que podemos ser ni lo que seremos cuando veamos al Señor. Nuestra carrera espiritual comienza con un sentido de insatisfacción. Pablo comenzó su carrera sabiendo que no había llegado.

Puedo repetir ese testimonio de Pablo. Después de muchos años de andar con el Señor y de participar en el ministerio, estoy muy consciente de que no soy lo que debo ser. Como cualquier otro creyente, sigo en el proceso de crecimiento. Las personas que se sienten satisfechas con lo que son espiritualmente han alcanzado un punto peligroso. Es probable que sean insensibles al pecado y que tiendan a defenderse cuando debieran reconocer su debilidad y buscar ayuda.

El crecimiento espiritual comienza como cualquier carrera. El corredor sabe la distancia que tiene que correr y pone el mayor esfuerzo en la línea de llegada. La meta de Pablo era llegar a ser perfecto, pero el saber que no la había alcanzado no lo desanimaba. Y tampoco debe desanimarlo a usted.

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De las tinieblas a la luz

Jueves 9 Mayo

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció.

Mateo 4:16

(Jesús dijo:) Yo soy la luz del mundo.

Juan 8:12

De las tinieblas a la luz

Un habitante de la isla Nías, frente a Sumatra, habló del cambio que les llevó el Evangelio de Jesucristo:

«Antes de ser alcanzados por el Evangelio, estábamos como atascados en un pantano. Nos hundíamos cada vez más, a punto de perecer de cuerpo y alma. Éramos depravados a causa de los vicios, estábamos carcomidos por el continuo miedo a los malos espíritus y por el terror a la muerte.

Pero escuchamos hablar del Evangelio de Jesucristo. Él murió y resucitó por nosotros. Quitó nuestra culpa y nos da, aquí y desde ahora, la vida eterna».

Por su parte un camerunés recuerda cómo él y los de su tribu, al caer la noche, temblaban a causa de los malos espíritus. Aun durante el día no se sentían tranquilos. Sin embargo, la brillante luz del Evangelio iluminó sus tinieblas y les llevó la libertad. Cuando por primera vez recibieron el Nuevo Testamento en su propio idioma, exclamaron: ¡Ahora vamos a ser fuertes, la Palabra de Dios nos va a fortalecer!

El que cree en el Hijo de Dios recibe el perdón que borra la culpabilidad de toda una vida, la liberación de la influencia del pecado, de los ritos obligatorios y de los miedos supersticiosos. Esta liberación es efectiva y definitiva para cada creyente, sin importar su origen.

“Dando gracias al Padre… el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas” (Colosenses 1:12-13).

1 Reyes 7:23-51 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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¿Es posible la perfección?

Mayo 8

¿Es posible la perfección?

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. (1 Juan 1:8)

La falsa doctrina del perfeccionismo enseña que hay algún momento después de la conversión cuando se erradica la naturaleza pecaminosa del creyente. Pero según el versículo de hoy, y sobre todo en el enfoque del apóstol Pablo al tema de Filipenses 3:12-16, la perfección en esta vida es solo una meta, no una realización. Debemos buscarla, pero nunca la alcanzaremos en la tierra.

Pablo rechazó el perfeccionismo al llamarnos a que busquemos el premio que solo se puede obtener plenamente en el cielo. Confesó que él mismo no había alcanzado la perfección, ¡y escribió a los filipenses casi treinta años después de su conversión! Tal vez fuera el cristiano más consagrado que haya vivido. Si después de treinta años no era perfecto, sin duda ninguno de nosotros puede decir que lo sea.

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¡Usted lo vale!

Miércoles 8 Mayo

Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.

Tito 3:4-5

No elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.

Daniel 9:18

¡Usted lo vale!

Este título hace referencia a una publicidad muy conocida de un producto de belleza. Tuvo gran éxito, y podemos preguntarnos a qué se debe. ¿Será porque la expresión alimenta la buena opinión que cada uno tiene de sí mismo?

¿Qué valemos en realidad? Dios creó a cada ser humano a su imagen, según su semejanza (Génesis 1:26-27). Esto habla de la importancia que él da a cada uno de nosotros. Desde lo más bajo hasta lo más alto de la escala social, cada hombre y cada mujer es objeto de la atención especial de su Creador. Y el hecho de que todos hayamos pecado después de la desobediencia de nuestros primeros padres no cambia en nada el interés de Dios por nosotros. Porque Dios es amor, el pecado no puso fin a su deseo de relacionarse con el hombre. Al contrario, “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Debemos comprender esto: Dios no nos ama debido a nuestros supuestos méritos o cualidades. Para él, todo hombre es pecador. A pesar de esto, él nos ama tal como somos, simplemente porque esta es su naturaleza. Quienesquiera que seamos, él nos ama, y esto no cambia aunque tengamos una vida honorable o un pasado desastroso. Dejemos de pensar en lo que creemos valer o no. Aceptemos simplemente el maravilloso regalo del amor de Dios ofrecido a todos. Vayamos a él para recibir su perdón y su gracia.

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

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Dios puede perdonar gratuitamente

Martes 7 Mayo

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

Romanos 5:18

Dios puede perdonar gratuitamente

Si un árbol produce aunque solo sea una naranja, tendremos la certeza de que es un naranjo. Asimismo, no es necesario que un hombre haga mucho mal para que Dios lo declare pecador. Incluso si hubiéramos desobedecido solo una vez, tendríamos la prueba de que somos pecadores y culpables. ¡Qué terrible sentencia! El árbol es malo.

A veces creemos que nuestras buenas obras podrán interceder por nosotros ante Dios, que Dios piensa como nosotros, y que mucho bien (que pensamos haber hecho) compensa un poco de mal. Pero Dios no obra así. Él es santo y justo; nuestros pocos actos que parecen loables no pueden calmar su ira contra todo lo que hemos hecho mal. No, Dios ofrece su perdón a todos los que se reconocen culpables. No hay diferencia porque todos han desobedecido a Dios; tampoco hay diferencia en el perdón de Dios, el cual es propuesto a todos, sin excepción.

Entonces, ¿por qué Dios puede perdonar gratuitamente, si dijo que toda mala acción sería castigada? Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a sufrir ese castigo en nuestro lugar. Él vino a la tierra y jamás pensó, hizo ni dijo nada malo. Sin embargo, sus contemporáneos lo rechazaron y lo condenaron a muerte. Dios lo castigó y lo azotó en mi lugar y en el lugar de usted. ¡Qué amor el de Dios, quien sacrificó a Jesús por nosotros! ¡Qué amor el de Jesús, quien se dio a sí mismo para ser castigado en nuestro lugar! Esta gracia de Dios es para usted y para mí, si la recibimos simplemente creyendo.

1 Reyes 6 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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Abundante consolación

Mayo 6

Abundante consolación

De la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Corintios 1:5)

Cuando sufrimos, Cristo está con nosotros para consolarnos en nuestra angustia. El grado hasta el cual ha experimentado el mismo sufrimiento, y aun más, es la razón de que pueda consolarnos.

La prueba de su carácter es su reacción ante los tiempos más severos de sufrimiento y persecución. Cuando el sufrimiento se vuelve demasiado intenso, lo más fácil es enojarse y culpar a Dios. Cuando la persecución se vuelve demasiado severa, lo más fácil es transigir en la fe. El reaccionar de cualquiera de esas formas hará que usted se pierda la más abundante comunión que puede tener. Es que los momentos más profundos de comunión espiritual con el Cristo vivo son resultado directo del intenso sufrimiento.

El sufrimiento siempre nos lleva a Cristo porque encontramos en Él a nuestro misericordioso Sumo Sacerdote que se compadece “de nuestras debilidades” (He. 4:15) y que “es poderoso para socorrer a los que son tentados” (2:18). Así que considere sus sufrimientos como oportunidades de ser bendecido por Cristo mientras halla consuelo en su comunión.

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¡Sí, es grave!

Lunes 6 Mayo

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

1 Juan 1:7

¡Sí, es grave!

«El dulce pecado» es el lema de una pastelería ubicada en una esquina. Esta invita al transeúnte a satisfacer su gula calificada como «dulce pecado».

Reflexionando en la asociación de estas dos palabras, pienso en lo que el pecado le costó a mi Salvador: terribles sufrimientos en la cruz, la ira y el abandono de Dios. El clamor desgarrador de Jesús crucificado proclama enérgicamente la terrible gravedad del pecado a los ojos del Dios santo. No, Dios no trata el pecado con ligereza ni indulgencia. Él mide toda su gravedad, no según nuestros criterios, sino según su absoluta santidad. Si él hubiera podido cerrar sus ojos sin condenar el pecado, Jesús jamás hubiera sido crucificado. Dios nunca dice, como nosotros: «No es tan grave». ¡Sí, es grave! Es tan grave que Dios tuvo que sacrificar a su amado Hijo para resolver este terrible asunto.

En los evangelios Jesús revela el amor de Dios hacia el hombre pecador. Sin embargo, en ningún caso deja suponer que se pueda ser tolerante con el pecado. Cuando le llevaron una mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, pero le dijo: “Vete, y no peques más” (Juan 8:11). A lo largo de su vida, Jesús supo lo que le costaría la presencia del pecado en el mundo. Vino para revelar el inmenso amor de Dios y, a la vez, su perfecta santidad ofreciéndose a sí mismo en sacrificio. Y Dios castigó a su Hijo, sin ahorrarle sufrimientos, para perdonar al pecador que se arrepiente.

Dios no puede soportar el pecado. Pero lo borra al precio de la sangre de su propio Hijo.

1 Reyes 5 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35

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