La debida justicia

Mayo 4

La debida justicia

No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo. (Filipenses 3:9)

Conocer a Jesucristo es tener su justicia, su santidad y su virtud imputadas a nosotros, lo que nos hace justos delante de Dios.

En los primeros años de su vida, el apóstol Pablo trató de alcanzar la salvación por el apego estricto a la ley. Pero cuando fue confrontado por la admirable realidad de Cristo, estuvo dispuesto a cambiar toda su justicia propia y moralidad externa, buenas obras y ceremoniales religiosos por la justicia concedida a él mediante la fe en Cristo. Pablo estuvo dispuesto a perder la débil y descolorida vestidura de su reputación si podía ganar el espléndido e incorruptible manto de la justicia de Cristo.

Ese es el mayor de todos los beneficios porque garantiza nuestra posición delante de Dios. Es el don de Dios para el pecador el apropiarse por fe de la obra perfecta de Cristo, que satisface la justicia de Dios.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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”Buscando un falso Mesías”

”Buscando un falso Mesías”

por SYDNEY J. HARRIS
Octubre de 1972
Estrictamente personal

La gente continúa diciendo «Necesitamos un líder», o «Necesitamos mejor
dirección», pero eso no es, en realidad, lo que quieren decir. Lo que la
mayoría busca no es realmente un líder, sino un Mesías.
Quieren alguien que les dé la Palabra. Y la Palabra, para ellos, significa
aquello que les agrada y apela a sus preferencias y prejuicios, de modo que
puedan seguirla de todo corazón.
Pero eso no es lo que un verdadero líder hace; un líder dice a las gentes
verdades duras, les muestra un camino difícil a seguir, demanda sus más
elevadas cualidades, nunca los más bajos instintos. Un verdadero líder no nos
dice lo que queremos oír, sino lo que debemos oír.
En verdad, ésa es la diferencia entre un verdadero y un falso Mesías. Un
falso mesías —tal como Hitler, en nuestro tiempo— se acomoda e inflama los
temores, odios, iras y resentimientos de su pueblo y les guía a la destrucción
en lugar de la salvación o autorrealización.
Un verdadero Mesías —como Jesús, aun tomado en un plano mundano—
reprende a su pueblo, le muestra sus errores, hace que deseen ser mejores, no
más fuertes o más ricos, y les pide que se sacrifiquen por el bien común y por
el bien de sus propias almas. Nunca es seguido por muchos, comúnmente
muerto por la mayoría, y venerado solamente cuando está muerto de seguro y
no es necesario que se le tome seriamente.
Lo que buscamos, me temo, no es ni un verdadero líder ni un verdadero
Mesías, sino un falso mesías: un hombre que nos dé respuestas sobresimplificadas, que justifique nuestro modo de ser, que castigue a nuestros
enemigos, que defienda nuestro egoísmo como modo de vida y nos haga
sentir cómodos dentro de nuestros prejuicios y premisas.
Buscamos la clase de dirección que reconcilie lo irreconciliable, moralice lo
inmoral, racionalice lo irrazonable y prometa una sociedad donde podamos
seguir siendo tan estrechos, envidiosos y miopes como nos gustaría ser sin
sufrir las consecuencias. En resumen, estamos invocando la magia, estamos
orando por la venida del Brujo.
Pero no hay Brujo. Solamente hay falsos profetas y vienen lo mismo de la
derecha que de la izquierda, del centro como de abajo. De dondequiera que
venga, no importa en qué se diferencien, todos se distinguen por la misma
señal: los que nos gustan nos hacen sentir mejor, en vez de peor. Queremos
seguirles porque «nos entienden».
Pero todos los verdaderos profetas, desde el Antiguo Testamento hasta
Jesús, nos hacían sentir peor. Sabían y decían que el mal no estaba en
nuestros enemigos, sino en nosotros mismos. Demandaban que nos
despojásemos de lo viejo y nos hiciésemos hombres nuevos. Y eso es lo último
que deseamos hacer. Lo que buscamos es un líder que nos muestre cómo ser
los mismos viejos hombres y mujeres sólo más exitosamente, y su nombre
antiguo es Satanás.

Sydney J. Harris (14 de septiembre de 1917 – 7 de diciembre de 1986) fue un periodista estadounidense para el Chicago Daily News y, más tarde, el Chicago Sun-Times . Escribió 11 libros y su columna del día de la semana, “Estrictamente personal”, se distribuyó en aproximadamente 200 periódicos de los Estados Unidos y Canadá . 

Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Sábado 4 Mayo

Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Isaías 25:4

Será aquel varón (Jesucristo) como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión.

Isaías 32:2

Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho.

Salmo 62:2

Un refugio en la hendidura de la roca

Viajando por el campo en las cercanías de Burrington, el poeta y pastor inglés Augustus Toplady (1740-1778) fue sorprendido por una violenta tempestad. Truenos, relámpagos y trombas de agua bajaban por los acantilados haciendo el lugar particularmente inhóspito. ¿Dónde encontrar un refugio? Fue entonces cuando descubrió, en el despeñadero circundante, una gran hendidura en la roca. Sin dudar se refugió en la cueva providencial (donde actualmente se encuentra una placa conmemorativa). Sintiendo de una manera particularmente intensa el valor de ese refugio, pensó en el abrigo que todo cristiano encuentra en la obra de Jesucristo. Esta liberación inspiró las palabras del cántico “Rock of Ages” (Roca de la eternidad), cuyas palabras traducimos aquí:

Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí;
Sé mi escondedero fiel; solo encuentro paz en Ti:
Eres puro manantial en el cual lavado fui.
Aunque yo aparezca fiel, y aunque llore sin cesar,
Del pecado no podré justificación lograr;
Solo en Ti, teniendo fe, puedo mi perdón hallar.
Mientras deba aquí vivir, mi postrer suspiro al dar,
Cuando vaya a responder a tu augusto tribunal:
Sé mi escondedero fiel, Roca de la eternidad.

 

1 Reyes 3 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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