14/41 – No Hay Lugar Para Superestrellas

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

14/41 – No Hay Lugar Para Superestrellas

Stephen Davey

Texto: Filipenses 1:27b En este programa continuamos aprendiendo qué es lo más importante que la iglesia puede hacer según el apóstol Pablo. El día de hoy nos enfocamos en la importancia de la unidad en la iglesia. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

 

45 – Las adicciones “Adicción al Trabajo”

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

45 – Las adicciones “Adicción al Trabajo”

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

 https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

Cielos nuevos y tierra nueva

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Cielos nuevos y tierra nueva

Dennis E. Johnson

Nota del editor: Esta publicación es la novena y última parte de la serie «El corazón del evangelio«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Right Now Counts Forever (Este instante cuenta para siempre). El título de la columna del Dr. Sproul en cada edición de la Tabletalk Magazine captura de forma concisa la relación entre el evangelio y los cielos nuevos y la tierra nueva. Las buenas nuevas de la muerte sacrificial de Cristo y Su resurrección gloriosa, tienen ramificaciones eternas para el destino de cada ser humano. Su respuesta a ese mensaje, ya sea con una confianza humilde o con una incredulidad desafiante, hará la diferencia entre una felicidad sin límites más allá de sus mejores sueños y un tormento implacable más allá de sus peores pesadillas.

El Dios viviente, soberano sobre cada átomo en Su universo y cada nanosegundo de la historia, está dirigiendo el cosmos hacia una consumación que muestre la majestad de Su sabiduría, poder, justicia y misericordia para que todas las criaturas de todo el mundo la contemplen. Los cielos y la tierra actuales, manchados por el pecado humano y la maldición a que fueron sometidos, «envejecerán» y “serán mudados» (Heb 1:11-12), temblarán y serán removidos (Heb 12:26-27). Para el primer cielo y tierra, no se encontrará «lugar», sino que en su lugar aparecerán un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 20:1121:1).

La promesa es tan antigua como la profecía de Isaías: «Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria» (Is 65:17-18; véase Is 66:22-23). El apóstol Pedro afirma que la justicia morará en los nuevos cielos y nueva tierra que esperamos (2 Pe 3:13). Pablo agrega que toda la creación, ahora sujeta a vanidad y decadencia, se une a los hijos de Dios en su anhelo de liberación de “la esclavitud de la corrupción» el día de nuestra resurrección (Rom 8:19-22).

¿Cómo describir los cielos nuevos y la tierra nueva? Para describir el cosmos venidero negativamente, podemos decir que las miserias que ahora causan tanto daño y angustia se habrán ido: no habrá duelo, dolor, muerte; no quedará ningún resto de maldición (Ap 21:422:3). Es más difícil describir positivamente lo que será un mundo libre de maldad y aflicción. Los profetas y los apóstoles llevan el lenguaje hasta sus límites para así poder ofrecer vistazos de realidades gloriosas más allá de nuestra experiencia. Podemos decir que la resurrección de Jesús es el primer fruto de la nueva creación consumada, por lo que Su glorioso cuerpo resucitado anuncia la resurrección que le espera a Su pueblo (1 Cor 15:20-22Fil 3:21). Después de levantarse, podía comer y ser tocado (Lc 24:39-43), así que la materialidad de Su cuerpo nos lleva a esperar que el panorama pintado en el libro de Apocalipsis —las hojas curativas y la fertilidad incesante del árbol de la vida, por ejemplo (Ap 22:1-5)— no es totalmente simbólico. Al menos podemos decir que nuestro hogar final no es etéreo e inmaterial, sino una robusta reafirmación del diseño original del Creador, ya que Él declaró el primer cielo y tierra como «muy buenos» (Gen 1:31).

La Palabra de Dios revela lo suficiente acerca de los cielos nuevos y la tierra nueva para hacernos reflexionar en la urgencia de la pregunta: «¿Cómo puedo entrar a esa patria prometida, repleta de puro placer en la presencia de Dios?» Esta pregunta nos lleva al evangelio. Los cielos nuevos y la tierra nueva serán poblados por los «siervos» de Dios (Ap 22:3-5), que se han aferrado a la Palabra de Dios y han confesado a Jesús (Ap 1:2920:4). Han sido redimidos por la sangre del Cordero, y sus nombres están escritos en Su Libro de la Vida (Ap 12:1120:121521:27).

Sin embargo, las visiones de Apocalipsis subrayan la importancia crucial del evangelio desde otra perspectiva muy edificante. Aquellos cuyos nombres no están en el libro del Cordero serán juzgados por sus propias acciones a lo largo de la vida. Sin la cobertura de la sangre expiatoria del Cordero, ellos estarán expuestos a la justa ira de Dios, serán condenados y «arrojados al lago de fuego», la muerte segunda (Ap 20:13-15). Sus almas serán reunidas con los cuerpos de usaron para su rebelión, y en ese lago ardiente experimentarán no solo una incesante angustia física, sino también una absoluta privación de alivio mental y espiritual. Jesús mismo habló de esta muerte terrible y eterna que espera a los rebeldes, un lugar donde «el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga” (Mr 9:43-48Is 66:24).

Esa perspectiva de una aflicción eterna, garantizada por la inquebrantable justicia de Dios, ¿no aterroriza tu corazón? Debería. Ahora es el momento de confiar en el Cordero y Su sangre redentora.

Esos deleites que han de venir en los cielos nuevos y la tierra nueva, ¿no despiertan los anhelos de tu corazón? Deberían. Ahora es el momento de confiar en el Cordero y Su sangre redentora. Este instante realmente cuenta para siempre.

Publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Dennis E. Johnson
Dennis E. Johnson
El Dr. Dennis E. Johnson es profesor emérito de teología práctica en el Westminster Seminary California. Es autor de varios libros, incluyendo Walking with Jesus through His Word [Caminando con Jesús a través de Su Palabra]..

20/27 – Palabras Medidas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Proverbios 31: La mujer contra-cultura

20/27 – Palabras Medidas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/palabras-medidas/

Annamarie Sauter: ¿Por qué parece más fácil derrumbar un hogar que construirlo? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh Demoss: Sin importar cuán bien puedas cocinar, limpiar o coser, Sin importar cuán limpia este tu casa, sin importar cuán bellamente decorado tu hogar puede estar, tú puedes destruirlo todo con un pequeño instrumento llamado la lengua.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia Saladín.

¿Qué pasaría si estuvieras probando una nueva receta, pero no midieras nada, y solo agregaras cualquier cantidad de ingredientes que se te ocurra? Sería un desastre. Si la harina y el azúcar deben medirse, ¿cuánto más importante será medir nuestras palabras? Aprende a hablar cuidadosamente al escuchar a Nancy continuar en una serie llamada La mujer contra-cultura , basada en Proverbios 31.

Nancy: Si yo te dijera que durante la semana pasada teníamos una pequeña grabadora encendida en tu hogar, y ha recogido todo lo que se ha dicho en tu casa durante ese tiempo— todo lo que tus hijos dijeron, sí, todo lo que tu esposo dijo, y todo lo que tú dijiste. Nos las arreglamos para obtener los audios, y vamos a pasarlos en Aviva Nuestros Corazones para que todos los demás los oigan. ¿Tenemos algunos voluntarias? No creo.

Sabes, esta idea de que todo lo que digo está siendo grabado —que Dios lo está grabando— es algo que nos debe poner a pensar ¿No es triste darnos cuenta de que somos mucho más cuidadosas con las palabras que decimos fuera de nuestro hogar que con las que decimos dentro de ellos?

Proverbios capítulo 31 —hemos estado viendo este pasaje por varias semanas, y yo las animo, si aún no han comenzado, a tomar ese texto y empezar a leerlo todos los días por 31 días. Si estás en medio de este reto, no te rindas. Quédate ahí y deja que Dios continúe hablándote directo al corazón a través de este pasaje durante estas semanas.

Y hoy llegamos al versículo 26 hoy donde nos dice que esta mujer virtuosa abre su boca. Este es el primer versículo que menciona a esta mujer hablando. Y eso nos debe decir algo. Esta no es una mujer que habla mucho. No es conocida por su mucho hablar.

Hay otras cualidades por las cuales es conocida—su corazón de sierva, su compasión, su ternura, su diligencia—pero cuando la gente piensa en esta mujer, lo que ella dice no es lo primero que les viene a la mente. “Ella abre su boca con sabiduría y hay enseñanza de bondad en su lengua.”

Y me encanta este versículo. Bueno, quizás no deba decir que me encanta este versículo. Lo que quiero decir realmente es que, yo necesito ese versículo, y es un versículo de Proverbios 31 al que vuelvo una y otra vez, probablemente más que a cualquier otro. “Ella abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza (o la ley de la clemencia) está en su boca.” Sabiduría y bondad o clemencia.

Ahora, permítanme ofrecerles poco del contexto aquí. En primer lugar, estamos hablando acerca de una mujer que está siendo descrita primeramente en el contexto de su hogar. No es el único lugar donde ella está, pero ella es una mujer cuya vida está centrada alrededor de su casa.

Y estamos hablando no solo de la forma en que habla cuando está en la iglesia, no solo como ella habla cuando viene a las sesión de grabación de Aviva Nuestros Corazones, sino de la forma en que ella se expresa cuando está en el hogar con su esposo, con sus hijos, o quizás, algunas de ustedes, con sus compañeras de habitación, o viviendo con familiares o viviendo en cualquier otra situación, pero esta es la forma en que ella habla en su círculo más íntimo de amigos y familiares.

Muchas de nosotras hablamos de forma diferente cuando estamos fuera de nuestros hogares, hablamos en formas que no pensamos hablar dentro de nuestros hogares. ¿Cómo puedo alentar? ¿Cómo puedo hablar palabras que levanten el ánimo? Yo vivo sola, pero me doy cuenta de que cuando voy a visitar mi familia muchas veces noto que no tengo las cortesías comunes con ellos que tengo con los de afuera.

Entonces hay cosas que digo en el contexto de mi hogar que no pensaría decir nunca fuera de ese contexto—también la forma en que reacciono. Si un invitado viene a mi casa y derrama el jabón líquido en la alfombra, u otra cosa, y ellos se sienten mal por haberlo hecho, yo les digo “No te preocupes, eso no es nada”.

Pero que alguien en mi casa o mi oficina o alguien cercano a mi me invada mi espacio o me moleste o haga algo que yo encuentre fastidioso —yo voy a ser más rápida para señalárselo, para criticarlo, o para hablar palabras que no son sabias ni bondadosas. Este es un versículo que probablemente estemos más dispuestas a aplicar fuera de nuestros hogares que en el lugar donde más importa: donde vivimos cada día.

Y quiero decir que no importa cuántas habilidades domésticas tengas, no importa qué tan bien cocinas, limpias o coses, no importa cuán creativa seas, no importa cuán eficiente y organizada eres en tu hogar, no importa cuán capacitada eres en tu trabajo o en el ambiente de tu casa, no importa cuán limpia está tu casa, no importa cuán bellamente decorado puede estar tu hogar, puedes destruirlo todo con un pequeño instrumento llamado tu lengua.

Es algo terrible pensar el daño que nosotras las mujeres hacemos con nuestras lenguas, y por eso es que tengo que volver a este versículo una y otra vez y decir, “Señor, hazme el tipo de mujer que abre su boca con sabiduría y que la enseñanza o la ley de la clemencia está en mi lengua”.

Ahora, esto requiere… Ser este tipo de mujer, requiere auto-control. Nuestro problema es que muy frecuentemente no tenemos dominio propio, así que decimos lo que pensamos. Especialmente cuando estamos con personas que conocemos muy bien, bajamos la guardia, y no estamos tan conscientes de lo que estamos diciendo. Vivimos en una época en que se nos estimula a ser abiertas, a ser auténticas, “solo expresa tus sentimientos”.

Pero el hecho de que tú lo pienses o lo sientas no significa necesariamente que lo debas decir. Ahora, yo no estoy promoviendo la deshonestidad. No estoy promoviendo la hipocresía, lo que estoy diciendo es que hay algunas cosas que siento que no debo decir.

Y tú dices, “Pero mis hijos lo hacen”. ¿Adónde están tus hijos aprendiendo a hacerlo? Ahora, tus hijos necesitan ser entrenados, y yo no estoy diciendo que el hecho de que ellos no tengan auto-control significa necesariamente que tú tampoco lo tengas. Pero te voy a decir algo: si tú quieres ayudar a hijos a que tengan auto-control con sus lenguas, una de las cosas que ayudará mucho es que ellos tengan una mama que permita que el Espíritu controle su lengua.

En el caso de esta mujer: “Ella abre su boca”. En un sentido ella lo hace deliberadamente. Ella abre su boca cuando tiene algo que decir que necesita ser dicho. Ella es una mujer medida en sus palabras. Sus palabras son pensadas antes de ser pronunciadas. Su boca no está siempre abierta.

Ahora, si vamos a ser mujeres que hablan con sabiduría y gentileza, significa que tenemos que tener un corazón sabio y gentil porque nuestras palabras reflejan lo que hay en nuestros corazones. Tú no te despiertas una mañana con un corazón sabio y bondadoso. Eso debe ser cultivado. Tiene que ser atendido. Tiene que ser desarrollado.

Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mat 12:34). ¿Y qué es lo que sale de mi boca? ¿Y si tomáramos esa grabación que te dije que hicimos en tu casa la semana pasada? Quizás tú dirás: “Bueno es que yo no quise decir todo eso…” ¿Sabes lo que es realmente triste? Que todo salió del corazón. De ahí salió.

Así que si quiero que mis palabras sean diferentes, necesito decir: “Señor, necesito un corazón diferente. Necesito que cambies mi corazón.” Eso puede requerir arrepentimiento. Puede significar reconocerlo primero delante del Señor y luego ante tu esposo y ante tus hijos, decirles: “No he tenido palabras sabias ni gentiles, y ha sido un reflejo de un corazón airado o impaciente. Por favor, perdóname.” Y entonces permitirle al Señor que te cambie.

Él puede, y Él te dará ese tipo de corazón que le estás pidiendo. Ahora, no sucede de la noche a la mañana, pero según le permitimos que nos moldee y cambie nuestros corazones, entonces lo que va a salir de nuestras bocas reflejará un corazón arrepentido, bondadoso y sabio que Dios ha puesto en nosotras.

Annamarie: ¿Qué tipo de palabras han estado saliendo de tu boca hoy? ¿Qué revelan esas palabras acerca de tu corazón? Nancy Leigh DeMoss volverá enseguida a decirnos más acerca de la importancia de hablar con cuidado. Ella está enseñando a través de Proverbios 31.

Proverbios 31 te dará sabiduría acerca del tiempo y del dinero. Te ayudará a pensar por adelantado y a organizar tu hogar y, tal y como escuchamos hoy, te ayudará a hablar con sabiduría. Nancy Leigh DeMoss cubre todos estos tópicos y mucho más en esta serie llamada La mujer contra-cultura .

Ella está caminando versículo a versículo a través de Proverbios 31 y enfocándolo de maneras que yo no había escuchado. Creo que puedes concluir lo mismo según vayas escuchando. Si te has perdido algún programa de esta serie, puedes encontrarlo en nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Bueno, hoy estamos en un tema que siempre me hace sentir un poco incómoda, y con razón. En cierto sentido, yo espero que tú también te sientas incómoda porque como mujeres necesitamos un recordatorio constante de parte de Dios acerca de las palabras que hablamos.

Estamos en Proverbios 31:26, uno de los versículos que más convicción me da de todo el pasaje. Habla acerca de la forma que esta mujer usa su lengua. “Ella abre su boca con sabiduría” dice la Escritura. Esta mujer virtuosa, esta mujer de excelente carácter, cuando abre la boca para hablar, es con palabras de sabiduría. “Y en su lengua está la enseñanza o la ley de la clemencia”.

Y algunas de ustedes están enseñado a sus hijos en el hogar. Cualquiera de ustedes que tenga hijos está enseñando sus hijos, aun sin darse cuenta, y les están enseñando muchísimo. Le están enseñando muchísimo de la vida, pero… ¿saben qué? Les están enseñando aún más en las ocasiones en que no se dan ni cuenta de que están enseñando que cuando están sentadas en un tiempo mas formal y estructurado donde dicen: “Esta es nuestra hora de clase”.

Cuando enseñas a tus hijos, ¿lo haces con la ley de clemencia? ¿Y cuando los corriges? A propósito, ellos necesitan ser corregidos; no significa que tú nunca tengas que decirles cosas duras a tus hijos. Pero, cuando los corriges, cuando les señalas cosas en sus vidas que tienen que cambiar, ¿lo haces con gentileza?

Si estás reaccionando a sus acciones, no estarás enseñando con sabiduría y gentileza, pero si puedes retirarte de la situación y buscar la perspectiva de Dios sobre eso, entonces puedes ser controlada por el Espíritu de Dios. No tienes que ser hiriente. No tienes que airarte.

No tienes que decir cosas que luego quisieras no haber dicho porque estarás bajo el control del Espíritu de Dios. Por eso es que es tan importante que antes de que comencemos nuestro día, antes de que abramos nuestras bocas para hablar a otros, primero vayamos a la presencia de Dios y dejemos que Su Palabra entre a nuestros corazones, a nuestras mentes, para que cuando abramos nuestras bocas para hablar, lo que digamos esté controlado por lo que nos está llenando, que en este caso es la Palabra y el Espíritu de Dios.

Como mujer tú necesitas sabiduría. ¿Cómo la obtienes? Bueno, las Escrituras dicen que “El Señor da sabiduría; y de Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia” (Pro 2:6).

¿Tú quieres tener sabiduría para hablarle a los demás? Entonces tienes que entrarte en este Libro —en la Biblia— y entrar el Libro en ti para que puedas saber cómo comunicar una palabra piadosa y edificante a tiempo. Tú sabrás cómo hablar palabras que ministren gracia a los que escuchan y que ministren a la necesidad del momento.

Si quieres ofrecer palabras gentiles, necesitas ser llenada con el Espíritu Santo. ¿Cuál es el fruto del Espíritu? —Amor, gozo, paz, paciencia, bondad. Y tú dices: “Es que mis hijos están actuando de tal o cual forma”. O “Estas personas con quienes trabajo están actuando de tal manera y es demasiado difícil responder con gentileza”.

Puede que sea imposible para ti, pero no es imposible para Dios. Su Santo Espíritu vive dentro de ti, así que Él puede darte en esos momentos una respuesta clemente y bondadosa.

Ahora déjame decirte como te dije anteriormente en otras sesiones: eso no significa que nunca vas a fallar. Tú vas a caer, yo caigo. Ahora, el problema es que después que está dicho, está dicho; pero habiéndolo dicho, devuelvete y enderézalo.

Sea cual sea el principio de la Palabra de Dios que hayas violado al Señor y dile: “Por favor perdóname. Eso no fue gentil. Eso no fue sabio. Eso no fue verdad. Eso no era necesario”,o sea cual sea el principio de la Palabra de Dios que hayas violado y entonces si lo has dicho a alguien más, sea tu compañero o tu hijo o compañero de cuarto o alguien en la iglesia, devuélvete y enderézalo.

Humíllate, y verás que si te humillas cada vez que pecas con tu boca, empezarás a pecar con menos frecuencia con tu lengua. Detente antes de hablar. Piensa y edita antes de hablar. Eso puede significar simplemente decir menos.

Una mujer me escribió recientemente, y decía,

“Fui convencida de mi “pecadito” —como ella le decía— cuando leí las transcripciones de uno de sus programas en Aviva Nuestros Corazónes.” Ella dijo, “ Ahora mismo hay tensión entre mi hija adolescente y yo, y tengo una tendencia a usar demasiadas palabras”.

Y todas podemos entender, ya sea que tengamos hijos adolescentes o no. Ella continuó diciendo,

“Yo nunca consideré que mi uso excesivo de palabras fuera un pecado, pero ahora veo que demasiadas palabras llevan al pecado. De ahora en adelante, antes de pronunciar una palabra a mi hija, quiero consultar con Dios antes de pronunciar las pocas y correctas palabras que debo decir. Y creo que este enfoque ayudará a restaurar una relación correcta entre mi hija y yo.”

Ya ven que esto es importante, y esa es una mujer sabia. ¿Saben que más ella es? Ella es una mujer arrepentida. Es algo que todas debemos estar: arrepentidas— y no solo haberlo sido en el pasado: “Yo me arrepentí cuando me convertí…” No, debo arrepentirme hoy cuando peque con mi lengua y con mis labios, cuando mi espíritu y la forma en que digo las palabras es inapropiada. Si digo demasiadas palabras debo arrepentirme, diciendo: “Señor, lléname con tu Espíritu de nuevo. Dame palabras de sabiduría al hablar”.

Y a propósito, acabo de referirme a la forma en que decimos lo que decimos. Especialmente en nuestros hogares, ese tono de voz es realmente importante. Bondad no es solo lo que dices. Es cómo lo dices.

Y el peligro de hablar demasiado rápido es que muchas veces hablamos en medio de la ira del momento, en la irritación del momento, sin detenernos a dejar que Dios primero calme nuestros corazones. Por eso no es una mala idea detenerse y contar hasta diez antes de abrir la boca— pero también expresarlo con un tono gentil.

Escucha, tus hijos responderán mucho mejor a tu instrucción si viene con un tono amable. Sé que es muy fácil cuando estás con la misma gente todo el tiempo empezar a usar un tono desagradable, que es irritante o que molesta, que es crítico, demandante o que es controlador; pero ahí es donde necesitamos dejar que el Señor nos de Su Espíritu para que cuando hablemos, esas palabras reflejen ese tono amable.

Hace varias sesiones cité un pasaje acerca de Sarah Edwards, quien fue la madre de once hijos y la esposa de Jonathan Edwards —un líder durante el Primer Gran Avivamiento.

Y este escritor dice que,

“Sarah, por lo general se comprometió a hablar bien de todos hasta donde fuese posible, con verdad y justicia para ella y hacia los demás. Ella no era dada a deleitarse en las imperfecciones y debilidades de nadie, y cuando oía a otras personas hablando mal de otros, ella decía lo que ella pensaba que podía decir con verdad y justicia para excusarlos, o simplemente desviaba la difamación mencionando las cosas positivas de esas personas”.

En otras palabras, si ella escuchaba a alguien diciendo algo cruel acerca de otra persona, ella trataba de cambiar o desviar la conversación o decía algo estimulante acerca de esa persona.

Así, ella era cuidadosa del carácter de los demás, aun de los que hablaban mal de ella y la difamaban. Ella podía soportar heridas y reproches con gran calma, sin ninguna disposición a pagar mal por mal, sino por el contrario, estaba dispuesta a compadecerse y a perdonar a los que parecían ser sus enemigos.

Qué compromiso— ¡hablar bien de todos! Eso es lo que la Escritura dice que deberíamos hacer. De hecho, Proverbios dice que si eres del tipo de mujer contenciosa y crítica con tu lengua, llevarás a tu familia al punto de preferir vivir en el techo o en un ático o solos en el desierto, antes de vivir en la misma casa contigo.

Y he estado leyendo el libro de Proverbios recientemente, y este asunto acerca de las mujeres contenciosas me ha impactado verdaderamente— mujeres argumentativas, siempre debatiendo, siempre discutiendo, no abriendo sus bocas con sabiduría y gentileza. Tú puedes alejar a tu esposo y a tus hijos y a tus amigos si tienes ese tipo de espíritu y ese tipo de lengua, así que antes de hablar, pregúntate: “Lo que voy a decir… ¿es sabio? ¿Vale la pena decirlo? ¿Hay necesidad de decirlo?”

Quizás tú dirás: “Mi familia no me conocerá si empiezo a vivir de esta forma”. Bueno, eso está bien. Los influirá también. ¿Es sabio y es gentil? ¿Edifica? ¿Construye? ¿Refresca a los miembros de mi familia? ¿Los estimula?

Es importante que sí digas cosas que estimulen. No solo pienses: “Wow, tengo que ir a casa, y ahora no puedo ni abrir la boca. Ahora que he escuchado esta sesión no puedo decir nada más a mi familia.”

No, esa no es la respuesta. Sí hay cosas que necesitas decir. Alguien vino a mí en el receso, ahora mismo, y me habló palabras de estímulo acerca de lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones. Se acercaron y hablaron palabras de ánimo. Y tú necesitas hacer eso con tu familia.

¿Cuándo fue la ultima vez que tu afirmaste o alabaste a tu marido? Tú necesitas alabar a tus hijos cuando veas cualidades en ellos que son dignas de alabanza —solo simples palabras como “gracias”. “Te lo agradezco.” “Gracias por servirme de esa forma”. “De verdad que lo agradecí cuando hiciste esto”.

¿Sabes? Tú estás instruyendo mucho más—estarás dando una instrucción más efectiva— con este tipo de lenguaje que con palabras que son críticas y destructivas. Así que si no llena ese estándar, si no es sabio, si no es amable, no lo digas. No lo digas.

Annamarie: Creo que todos podremos beneficiarnos de este consejo sabio de Nancy Leigh DeMoss hoy; quizás dentro de la próxima hora. En lo que aprendes a evitar palabras que destruyen a otras personas, ¿Puedes hacer algo más? Comparte Aviva Nuestros Corazones con una amiga. Usa tus palabras para hablarles acerca de un programa que las va a edificar.

Cuando me reuno con un grupo de mujeres, la conversación siempre se va hacia temas como: “¿Quién te corta el pelo? ¿Dónde compras ropa para tus hijos? ¿A qué pediatra vas?” Bueno, junto con las recomendaciones de peluqueras, doctores y tiendas, ¿por qué no decirles a tus amigas dónde hallar enseñanza bíblica práctica que cambiará sus vidas?

En AvivaNuestrosCorazones.com encontrarás muchos recursos para promover este programa. Mientras crecías, te sentías como si tu mamá tuviera ojos en la parte posterior de su cabeza? Eso es en realidad una señal de sabiduría, y oiremos acerca de esto en el próximo programa. Aquí está Nancy para orar y para pedir que aprendamos a hablar palabras de bondad y de sabiduría.

Nancy: Padre, nosotras realmente, realmente, realmente necesitamos Tu ayuda en esto. No podemos hacerlo solas, y estamos rodeadas de personas que sí saben como provocarnos. Generalmente, son la personas con quienes vivimos donde más difícil se nos hace aplicar todo esto.

Señor, no es tan difícil para nosotras cuando estamos sentadas escuchando la Palabra, siendo mujeres que amamos al Señor y que tenemos un interés común en asuntos espirituales. En ese contexto no es difícil hablar palabras de sabiduría y gentileza, pero sé que algunas mujeres viven en hogares, donde tienen miembros en su familia que no hablan con sabiduría y gentileza. Donde se les dicen cosas que son criticas y crueles e hirientes.

Y va a requerir todo el poder de tu Santo Espíritu para que estas mujeres puedan hablar palabras que sean sabias y amables, pero Tú puedes hacerlo en nosotras y a través de nosotras. Oramos que lo hagas por amor a Jesús, Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Toda Escritura ha sido tomada de La Biblia de las Americas a menos que se cite otra fuente.

Música: Bellas Palabras de Vida, Mou, Hinmos De Gloria Y Triunfo, Vol 1 ℗ 2013 Fe y obra music

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Martes 14 Abril

Vino el Señor y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Colosenses 4:17

¡Samuel, Samuel! (5)

Lectura propuesta: 1 Samuel 3:1-21

Pasaje bíblico: Samuel todavía era joven y servía al sacerdote Elí en el templo de Dios. Una noche escuchó que alguien lo llamaba. Pensó que era Elí. Dos veces más escuchó el mismo llamado, pero no era Elí quien lo llamaba. Entonces Elí comprendió que era Dios quien quería revelarse a Samuel, y lo animó a responder. La cuarta vez Samuel escuchó dos veces su nombre: “¡Samuel, Samuel!” (1 Samuel 3:10). E inmediatamente respondió: “Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10). Entonces Dios le habló y le confió una misión de profeta.

Aplicación: Samuel ya servía a Dios sirviendo a Elí. Pero Dios le había preparado otro servicio, y quería revelarse a él personalmente. Lo llamó por su nombre para que Samuel aprendiese a escucharlo.

Cada cristiano es llamado a servir al Señor en sus ocupaciones diarias, es decir, en casa, en el trabajo, entre los creyentes… El Señor también puede llamarnos para un servicio más concreto, más difícil. Entonces su llamado se vuelve apremiante, como si nos llamase dos veces por nuestro nombre.

Es posible que no discernamos ese llamado, o también podemos rehusar oírlo. A veces es necesario que alguien nos ayude, como lo hizo Elí con Samuel.

Estemos disponibles para el Señor y no dudemos en responder: “Habla, porque tu siervo oye”.

(continuará el próximo martes)

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17