23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

22/41 – La Verdad Acerca de Nuestras Tendencias

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

22/41 – La Verdad Acerca de Nuestras Tendencias

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:12-13

Todos nosotros tenemos ciertas tendencias que se interponen en el camino de la humildad y la obediencia. Así que, a través de este pasaje, Pablo va a señalar esas tendencias y proveer soluciones para que podamos crecer en nuestro proceso de santificación.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

¿Qué dice la biblia acerca de la popularidad / deseo de ser popular?

Got Questions

¿Qué dice la biblia acerca de la popularidad / deseo de ser popular?

Todos anhelamos la aceptación por parte de los demás. Los bebés se socializan cuando aprenden a leer las señales de aquellos que quieren agradar y ajustan su comportamiento como corresponde. Sin embargo, cuando buscamos la mayor parte de nuestra aprobación y autoestima en las opiniones de otras personas, estamos en el camino equivocado. La opinión popular cambia constantemente, y cuando ponemos demasiada importancia en eso, nos estamos preparando para una continua decepción. Mientras persigamos la popularidad como un medio para la felicidad, estamos entrando en la idolatría. Cuando encontramos nuestro valor personal en algo o en alguien aparte de Dios, estamos creando un ídolo. Un ídolo es alguna cosa o persona que usamos para satisfacer profundas y sinceras necesidades que sólo Dios puede suplir.

El deseo de ser popular es más que simplemente querer que otros tengan un buen concepto de nuestro carácter. Tenemos que desear tener un buen testimonio en el mundo (Filipenses 2:15). Un enfoque en la popularidad es una obsesión con uno mismo. El ansia de popularidad es parte del “orgullo de la vida” que se menciona en 1 Juan 2:16. El ego se siente bien cuando nos considerarnos populares, y tendemos a disfrutar ese sentimiento, en lugar de tratar honestamente con nosotros mismos respecto a nuestras propias debilidades. Esto conduce al orgullo. El orgullo infla la visión que tenemos de nuestra propia importancia y nos ciega a nuestros pecados y faltas (Proverbios 16:18; Romanos 12:3).

La popularidad es un dios escurridizo que muchos han perseguido para su propia destrucción. El rey Herodes estaba disfrutando de popularidad en el momento mismo de su espantosa muerte pública (Hechos 12:19-23). Los falsos maestros siempre son populares con las multitudes que tiene “comezón de oír” (2 Timoteo 4:3). Un triste ejemplo de escoger la popularidad por encima de Dios, se encuentra en Juan 12:42-43: “Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”. Todos los que desean ser populares muchas veces tendrán que elegir entre la aprobación de los demás y la aprobación de Dios. El plan de Dios y el plan del mundo para nosotros a menudo está en conflicto (1 Juan 2:15). Para ser “popular”, debemos elegir el mundo. Pero al hacerlo, estamos dando a entender que Jesús no es Señor de nuestra vida, sino que somos nosotros (Lucas 9:23).

Gálatas 1:10 dice, “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. Según este versículo, no podemos siempre complacer a Dios y al mundo. El deseo de la popularidad está arraigado en nuestra vieja naturaleza pecaminosa. Cuando cedemos a ella, estamos viviendo “según la carne” (Romanos 8:5, 12). Incluso los líderes cristianos pueden caer presa de este deseo seductor. Los maestros o predicadores que se intoxican con su propia popularidad, están en riesgo. Si no se controla, el deseo de ser popular puede llevarlos a que se conviertan en aquellos que complacen a los hombres, que enseñen herejías (2 Pedro 2:1), y que diseñen sus ministerios para complacer a la mayoría de la gente (2 Timoteo 4:3) en lugar de permanecer fiel a “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27).

Jesús es nuestro modelo. Él era el favorito tanto con Dios como con los hombres en la medida que crecía (Lucas 2:52). Sin embargo, nunca hubo una lucha en Su mente acerca de lo que iba a elegir, y eso lo demostró una y otra vez (Juan 8:29; Marcos 1:11). Él no dejó que la popularidad temporal lo influenciara o lo distrajera de Su propósito (Juan 6:15). Él nunca evadió las duras verdades, incluso cuando eso significó el rechazo (Juan 6:66), las amenazas (Juan 11:53-54) y, finalmente, la muerte (Juan 19:16).

Jesús nos da un ejemplo perfecto de la manera que Él quiere que nos relacionemos con los demás. No estamos aquí para hacernos famosos. Estamos aquí en una misión de nuestro Padre celestial (Hechos 1:8; Mateo 28:19). Las personas pueden amarnos, o pueden odiarnos, pero nuestro compromiso con nuestro objetivo nunca debe flaquear (Hebreos 12:1-3). Cuando decidimos dejar que Dios defina nuestro valor en lugar de otras personas, nos libramos para cumplir todo lo que Jesús nos llama a hacer. Él sabía que iba a ser difícil, pero nos dio el mejor consejo cuando dijo, “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos…” (Mateo 5:11-12).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Los discípulos aman la sana doctrina

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Los discípulos aman la sana doctrina

C.N. Willborn

Nota del editor: Este es el décimo quinto capítulo en la serie «Discipulado», publicada por la Tabletalk Magazine.

Hace algunos años, mi esposa, mi hija pequeña y yo vivíamos en Filadelfia, donde era un nuevo estudiante de Doctorado en el Seminario Teológico de Westminster. Después de adorar en una iglesia local, recibimos una visita cordial de un par de los ancianos de la iglesia. Mientras hablábamos, el mayor de los dos comentó sobre mis libros (mi esposa tuvo que decorar la casa con mis libros debido a la falta de espacio en aquellos días). Estaba particularmente contento de ver la Colección de escritos de John Murray en mis estanterías. «¿Los has leído?», preguntó. Pude responder afirmativamente, gracias a Dios. «¿Recuerdas haber leído sobre el Sr. Murray enseñando una clase de escuela dominical juvenil en nuestra iglesia?», preguntó. Yo sí había leído sobre eso. «Bueno, soy el estudiante mencionado. ¡Soy Bobby! «, respondió con una sonrisa. Entonces este santo envejecido comenzó a contarnos cómo el profesor Murray les enseñó el libro de Romanos (esto fue mientras escribía su célebre comentario). «Nunca lo olvidaré. Cuando era adolescente, aprendí a estudiar la Palabra de Dios por medio del profesor Murray», dijo Bobby. Luego agregó: «Todavía amo la doctrina».

Un obrero se embarca en una tarea y permanece allí hasta que la completa.

El apóstol Pablo exhortó a su hijo espiritual Timoteo a ser diligente en el estudio de la Palabra de Dios (2 Tim 2:15). El cristiano no debe ser un investigador casual de la Palabra de Dios. No, Pablo describe a aquel que es diligente como «un obrero». Un obrero se embarca en una tarea y permanece allí hasta que la completa. Recientemente, leí una recomendación de un empleado por parte de su empleador: «Ella tiene una gran ética de trabajo y una mentalidad de cumplimiento de la tarea». A eso es a lo que Pablo llama a Timoteo cuando se trata de «la Palabra de verdad». No estamos lidiando con una novela, ni siquiera con una novela de William Faulkner o Gabriel García Márquez. Estamos tratando con «la Palabra de verdad», que es la misma Palabra del infinito, eterno e inmutable Dios trino.

Puede haber algunos que piensan que esta exhortación fue para Timoteo y, por lo tanto, es relevante solo para los ministros o pastores. Seguramente, dicen, Dios no espera que todos los cristianos sean obreros diligentes cuando se trata de la Palabra de Dios. Bueno, recuerda quién enseñó a Timoteo su doctrina a temprana edad. Recuerda quiénes fueron sus mentores antes que Pablo. Su abuela Loida y su madre Eunice son mencionadas, incluso recomendadas (2 Tim 1: 5), por conocer y enseñar «las Sagradas Escrituras» a Timoteo (3:15).

Cuando abres tu Biblia y comienzas a leer, ¿tienes una «mentalidad de cumplimiento de la tarea»? Quizás dices: «La Biblia es como medio lenta; a veces puede hasta parecer polvorienta o confusa». Recuerda las palabras del profesor Murray: «El polvo tiene su lugar, especialmente cuando es polvo de oro». Bobby nunca había perdido su devoción por el polvo de oro. ¿Y tú?

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
C.N. Willborn
C.N. Willborn
El Dr. C.N. Willborn es pastor principal de Covenant Presbyterian Church en Oak Ridge, Tenn., Y profesor adjunto de teología histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary en Greenville, S.C.

 

 

 

30 CARACTERÍSTICAS DE UNA PERSONA ORGULLOSA

Alimentemos El Alma

30 CARACTERÍSTICAS DE UNA PERSONA ORGULLOSA

Stuart Scott

El orgullo ciega. Este hecho es porque frecuentemente es difícil ver el orgullo en nosotros mismos, y es aun tan fácil verlo en otros.

He aquí una lista de ejemplos de manifestaciones del orgullo que pueden fácilmente despejar el humo de cualquier justicia propia.

1. Quejarse contra o pasar juicio sobre Dios. Una persona orgullosa en una situación difícil piensa, “Mira lo que Dios me hecho después de todo lo que yo he hecho por Él” (Números 14:1–4, 9, 11; Romanos 9:20).

2. Una falta de gratitud en general. Las personas orgullosas usualmente piensan que merecen lo que es bueno. El resultado es, que ellos no ven ninguna razón para estar agradecidos por lo que han recibido.

De hecho, pueden hasta quejarse porque piensan que merecen lo mejor. Tienden a ser críticos, quejosos, malagradecidos y descontentos.

La persona orgullosa no tiene la práctica de estar agradecidos hacia Dios o hacia otros (2 Crónicas 32:25).

3. Ira. Una persona orgullosa es regularmente una persona enojada. Nuestra ira puede incluir arranques de ira, aislamiento, hacer mala cara, o frustración.

Una persona mayormente se enoja porque sus “derechos” o expectativas no son satisfechas (Mateo 20:1–16).

4. Verte a ti mismo mejor que los demás. Un orgulloso usualmente está en la cima menospreciando a otros.

El orgulloso se disgusta fácilmente y tiene poca tolerancia por las diferencias (Lucas 7:36–50).

5. Teniendo una vista inflada de tu importancia, dones, y habilidades. Muchos orgullosos tienen una percepción muy equivocada de si mismos.

Ellos necesitan una amorosa dosis de la realidad. Necesitan oír, “¿Qué tienes que Dios no te haya dado?” (1 Corintios 4:7).

6. Estando enfocado en la falta de tus dones y habilidades. Algunos orgullosos parecen no ser orgullosos, porque siempre están lamentando su condición. Esto es todavía evidencia de orgullo porque está enfocado en si mismo y quiere ser elevado.

Tener una actitud de “Ay, de mi” es autocompasión, lo cual es orgullo (1 Corintios 12:14–25).

7. Perfeccionismo. Las personas que se esfuerzan para que todo esté perfecto frecuentemente lo hacen para el reconocimiento. Puede que lo hagan para sentirse bien acerca de ellos mismos.

Cualquiera que sea la razón, esta conducta es muy egoísta y orgullosa. El problema principal es hacer las cosas que son menos importantes, mas importantes (Mateo 23:24–28).

8. Hablar mucho. Las personas orgullosas que hablan mucho frecuentemente lo hacen porque piensan que lo que ellos tienen que decir es más importante que lo que alguien mas tenga que decir.

Cuando hay muchas palabras, el pecado es generalmente inevitable (Proverbios 10:19).

9. Hablar mucho de ti mismo. Un orgulloso puede centrarse en si mismo en la conversación.

Compartir los logros personales y las buenas cualidades personales con otros puede ser alarde o jactancia (Proverbios 27:2; Gálatas 6:3).

10. Buscar independencia o control. Algunas personas orgullosas encuentran extremadamente difícil trabajar bajo alguien más o someterse a una autoridad. Ellos tienen que ser su propio jefe.

Podrían decir, “No necesito a nadie,” o “No necesito dar cuenta por mi fe y doctrina.”

Son frecuentemente rígidos, testarudos, cabeza duras, e intimidantes. También podrían decir, “Es a mi manera o nada” (1 Corintios 1:10–13; Efesios 5:21).

11. Estar consumidos por lo que otros piensan. Algunos orgullosos están demasiado preocupados por la opinión de los demás. Muchas de sus decisiones están basadas en lo que otros podrían pensar.

Algunos están en búsqueda constante de ganar la aprobación y la estima de los demás.

Enfocarse en lo que otros piensan de ti o tratar de impresionarlos es ser un temeroso del los hombres en vez de un temeroso de Dios (Gálatas 1:10).

12. Estar devastado o enojado por las críticas. Los orgullosos con frecuencia luchan mucho con la crítica.

Tales personas no pueden tolerar que no son perfectos o que tienen debilidades porque no pueden aceptar quienes realmente son (Proverbios 13:1).

13. Siendo poco enseñable. Algunos individuos lo saben todo. Son superiores. Parece que no pueden aprender algo de alguien más. No respetan a nadie (Proverbios 19:20; Juan 9:13–34).

14. Siendo sarcástico, hiriente, o degradante. Las personas orgullosas pueden ser personas muy duras. Aquellos que minimizan a otros usualmente quieren alzarse a si mismos sobre los demás.

Muy frecuentemente esto puede ser hecho muy hábilmente a través de la burla. Pueden excusarse a si mismos diciendo, “Es la manera en que soy. Esa es mi personalidad” (Proverbios 12:18, 23).

15. Una falta de servicio. Los orgullosos no pueden servir porque no están pensando en los demás, o porque quieren ser persuadidos para servir y no quieren continuar si no hay alabanza de por medio.

Necesitar reconocimiento es una señal segura de los motivos equivocados en el servicio (Gálatas 5:13; Efesios 2:10).

16. Una falta de compasión. Una persona orgullosa raramente se preocupa por los demás y sus problemas.

Ellos no pueden ver más allá de sus propios deseos (Mateo 5:7; 18:23–35).

17. Estando a la defensiva o echando la culpa a otros. Con frecuencia oirás a personas orgullosas decir, “¿Estás diciendo que es mi culpa?” o “Bueno, ¿Y qué acerca de ti?” (Génesis 3:12–13; Proverbios 12:1).

18. No admitir cuando estás equivocado. Una persona orgullosa pondrá muchas excusas tales como, “Estaba cansado,” o “Estaba teniendo un mal día” (Proverbios 10:17).

19. No pedir perdón. Los orgullosos raramente admiten su pecado o piden perdón a otros.

Ellos no pueden ver su pecado porque están cegados por su orgullo, o simplemente no pueden humillarse ante alguien mas y pedir perdón (Mateo 5:23–24).

20. Una carencia de oración bíblica. La mayoría de los orgullosos oran muy poco, o nada.

Los orgullosos que oran usualmente centran sus oraciones en ellos mismos y sus deseos, en vez de Dios y los demás (Lucas 18:10–14).

21. Resistiendo a la autoridad o siendo irrespetuosos. Un orgulloso puede detestar que le digan que tiene que hacer. Podríamos decir que el o ella tiene un problema de sumisión.

Lo que en verdad tiene, sin embargo, es un problema de orgullo. Simplemente se manifiesta en una falta de sumisión (1 Pedro 2:13–17).

22. Vociferando preferencias u opiniones cuando no se les pide. Un orgulloso no podría mantener sus preferencias u opiniones para si mismo. El las ofrecerá cuando no le son preguntadas.

Estas preferencias son usualmente vociferadas sin consideración a los demás (Filipenses 2:1–4).

23. Minimizando tu propio pecado y faltas. Un orgulloso típicamente cree que su pecado no es la gran cosa.

Piensan que tienen pocos pecados y los demás tienen muchos. (Mateo 7:3–5).

24. Maximizando el pecado y las faltas de otros. Para el orgulloso, el problema son las demás personas.

Pueden magnificar o llamar la atención al pecado de otros al chismear acerca del pecado del otro (Mateo 7:3–5; Lucas 18:9–14).

25. Siendo impaciente e irritable con otros. Un orgulloso podría estar enojado con otras personas porque se preocupan de que sus propios horarios o planes están siendo arruinados.

Son frecuentemente poco flexibles en asuntos de preferencia (Efesios 4:31–32).

26. Estando celosos o envidiosos. Frecuentemente cuando ellos no disfrutan los mismos beneficios, los orgullosos tienen dificultad de estar alegres por los éxitos y bendiciones de los demás (1 Corintios 13:4).

27. Usando a otros. El orgulloso usualmente ve a los demás en términos de que esas personas pueden hacer por ellos y sus intereses.

Su enfoque no es en ministrar a otros. Todo es para ellos y en relación a ellos (Mateo 7:12; Filipenses 2:3–4).

28. Siendo engañosos al encubrir pecados, faltas, y errores. Algunos orgullosos harán cualquier cosa para que otros no descubran cosas negativas acerca de ellos (Proverbios 11:3; 28:13).

29. Usando tácticas para llamar la atención. Un orgulloso tratará de atraer atención sobre el a través del vestir, un comportamiento extravagante, siendo rebelde, siempre hablando de sus problemas, etc. (1 Pedro 3:3–4).

30. No teniendo relaciones cercanas. Los orgullosos frecuentemente no hacen uso de relaciones cercanas, pensando que el problema pesa más que los beneficios.

Pueden verse a si mismos como tan autosuficientes que no necesitan a otras personas (Proverbios 18:1–2; Hebreos 10:24–25).

El orgullo es un pecado con el cual debemos luchar día a día como cristianos, arrepíntamonos y busquemos vivir agradando a Dios quitando todo orgullo de nuestra vida. Que el Señor nos de fortaleza, crecimiento y madurez.

 

Tomado de: http://www.evangelioreal.com

15/18 – Tiempo de celebrar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”

15/18 – Tiempo de celebrar

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tiempo-de-celebrar/

Carmen Espaillat: En el libro de Ester, Mardoqueo y otros judíos tenían razón para lamentar, y tenían razón para celebrar. Nancy Leigh DeMoss señala que nosotros tenemos razones para celebrar también.

Nancy Leigh DeMoss: ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por sus circunstancias? Y le preguntamos: “¿Qué estás haciendo ahí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?” Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador!

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El libro de Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. ¿Tienes este balance en tu vida? Lloramos por los que están perdidos y por nuestros propios pecados. Al mismo tiempo, necesitamos celebrar con gozo el perdón y la bondad de Dios. Hoy Nancy Leigh DeMoss continúa con la serie de Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios , y nos invita a celebrar.

Nancy: Si has leído reportes acerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, acordarás que las noticias corrieron rápido. El 7 de mayo del 1945, Alemania oficialmente se rindió ante los Aliados, y el 8 de Mayo —el siguiente día —fue declarado “Día de victoria en Europa”.

Ese anuncio causó celebraciones desenfrenadas alrededor del mundo —la gente cantaba, bailaba, festejaba; habían fiestas en las calles. Algunas 500,000 personas llenaron las calles de la ciudad de Nueva York. Quizás has visto esas fotos de Times Square— todo este gran derramamiento de emoción.

Era “Día de victoria en Europa”. Pero la guerra aún no terminaba al otro lado del Pacifico. Japón no se rindió hasta tres meses después. Pero la gente sabía que la victoria estaba asegurada. Y así fue que la noticia corrió rápidamente y las celebraciones prorrumpieron.

En Europa, cuando el primer ministro Winston Churchill anunció el fin de la guerra en Inglaterra, por primera vez desde que la guerra empezó las campanas de las iglesias resonaron en toda Europa. Había celebración por todas partes.

Esas fueron las imágenes que vinieron a mi mente al leer el capítulo 8 del libro de Ester. Vemos lo que sucede ahora que Amán ha sido ahorcado. El hombre equivocado es sacado del palacio… Y Mardoqueo está dentro del palacio.

El viejo edicto de aniquilar a los judíos no puede ser revocado, pero el rey ha dado permiso a Mardoqueo para promulgar un nuevo edicto el cual decía que los judíos podían unirse para defenderse en aquella fecha destinada como su día de destrucción. Ahora podrían defenderse a sí mismos.

Aunque la batalla aún no había terminado, la gente estaba emocionada. Están emocionados porque saben que su victoria está a la mano. Saben que hay esperanza.

Y así, vemos en Ester capítulo 8 versículo 15 que:

“Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey [apenas habiendo recibido permiso para promulgar este nuevo edicto] en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y purpura.”

Por cierto, esto es un contraste total de cómo vimos a Mardoqueo vestido al principio del capítulo 4, donde él estaba vestido de cilicio y de cenizas; él no podía ni acercarse a la puerta del palacio del rey. Ahora él está vestido de ropas reales.

Amán había conspirado y había tramado para obtener estas cosas. Recuerda que él trato de conseguirlas cuando pensó que él sería el hombre que el rey quería honrar. “Permite que alguien vista las ropas del rey”. Él nunca consiguió lo que él quiso, pero Mardoqueo, quien nunca buscó obtener estas cosas, las recibió como un regalo inesperado. De nuevo, esto es solo un recordatorio de que Dios humilla al altivo y Él exalta al humilde.

Mientras Mardoqueo salió de la presencia del rey (continúa diciendo el versículo 15), “la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó”.

Vimos a la ciudad de Susa antes en un estado de confusión, en pánico y alboroto. Pero ahora la ciudad está alegre y regocijándose. Esta es la ciudad capital del Imperio Persa, donde vivían quizás hasta medio millón de judíos.

“Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo.” (versos 16-17)

¡El día de la victoria! Ahora bien, la guerra no había terminado. Aún no habían librado la batalla en contra de sus opresores. Pero ahora que este nuevo edicto había sido promulgado, sabían que había esperanza. Así que de esa esperanza brota gozo y alegría y celebración. Una celebración exuberante irrumpió y cubrió el vasto imperio.

Hasta este punto ha habido poca razón para celebrar. Pero ahora hay una gran causa de alegría, de gozo y de regocijo.

Si recuerdas bien, el capítulo 8 empezó con Ester lamentándose, yendo frente al rey, suplicándole de parte de su pueblo. “¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?” Ella está lamentándose frente al rey.

Como hemos dicho, la torta se ha volteado. Los judíos se regocijan y celebran.

Hay un salmo que viene a mi mente mientras leo este pasaje. Déjame leerte del Salmo 30.

“Te ensalzaré, Oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro.” (versos 1-3).

Fue como si hubieran resucitado a nueva vida. O sea, sus vidas habían terminado, se habían acabado, hasta que Dios les trajo esta nueva esperanza.

“Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos y alabad su santo nombre. Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría” (verso 4).

Y luego los versículos 11-12 del Salmo 30:

“Tú has cambiado mi lamento [mi aflicción, mi dolor] en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría, para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. ¡Oh SEÑOR, Dios mío te alabare por siempre!”

¿Puedes ver el avance? Esto fue cierto, no solo para los judíos, sino que también es cierto para el pueblo de Dios. Aquí vemos el poder transformador del Evangelio, el Evangelio de Jesucristo que cambia al pobre en príncipes. Aquellos que habían recibido una sentencia de muerte ahora han sido liberados de la prisión. Aquellos que habían sido condenados ahora son exaltados.

El lamento ha sido cambiado en danza, el ayuno en festejo, la confusión en regocijo, la oscuridad en luz, el cilicio en ropas reales. ¿No es eso lo que el Evangelio hace por nosotras?

Sobre nosotras pesaba una condena de muerte. Éramos prisioneras. No teníamos esperanza. Estábamos sin Dios, sin ninguna esperanza en el mundo. Y luego Dios a su tiempo, en la plenitud del tiempo, mandó a Jesucristo a este mundo, quien se entregó a sí mismo como un sacrificio, como una ofrenda por nuestros pecados, y ahora nos ha resucitado a una nueva vida en Cristo.

¿Cuál debe ser la consecuencia de esto, el resultado?

¡Canto! ¡Deleite! ¡Alegría! ¡Gozo! No, la batalla no ha terminado. Todavía vivimos en esta carne. Todavía tenemos pecado morando en nosotros. Todavía tenemos que tratar con eso. Pero conocemos el resultado. Tenemos esperanza. Tenemos los medios para obtener la victoria.

El gozo y la alegría en este punto en la historia de Ester son una expresión de fe. El decreto de Amán todavía está en efecto. Pero ahora los judíos saben que tienen una salida. ¡Que tienen esperanza!

No puedo evitar el preguntarme mientras leo esta historia y leo el Salmo 30 y veo el gozo que viene, el agradecimiento, la alabanza, la celebración de los prisioneros cuando son liberados. Tengo que preguntar, “¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde está el regocijo? ¿Dónde está la celebración? ¿Dónde está el festejo entre el pueblo de Dios hoy?”

En lugar de esto, si ves a tu alrededor… Y si recibieras los correos que yo recibo, si leyeras las cartas que yo leo, y hablaras con muchas de las personas con las que yo hablo, lo que encuentras muy seguido entre los creyentes es depresión, desánimo, ataduras, temor, tristeza y perdición.

Yo sé que todavía no estamos en el cielo. No ha llegado todavía la hora de la celebración final. No será ahora. Será después. Y todavía vivimos en un mundo caído. Todavía tenemos que lidiar con nuestra carne. Todavía tenemos que lidiar con los enemigos; con Satanás y con este mundo. Estas son cosas serias. Todavía no todo momento es para festejar y celebrar.

Pero, ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por las circunstancias? Y nos preguntamos: “¿Qué estás haciendo allí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?

Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador! Él ha escrito y firmado y sellado un decreto que dice que puedes tener victoria sobre la ley del pecado, victoria sobre la muerte. Él ha promulgado un decreto que anuncia nuestra libertad.

¿No crees que deba haber algo de gozo? ¿No debe haber algo de alegría? Nuestras iglesias… ¿no deberían ser lugares donde hay gozo y alegría?

Vemos a la iglesia promedio de hoy —y yo hablo mucho frente a la gente, así que veo las caras de las personas… Las personas lucen como que iban rumbo a la morgue y que se perdieron en el camino, viniendo a dar a la iglesia. Sus caras lucen como si estuvieran tomando puro jugo de limón.

Ves a algunos cristianos y piensas, “no le desearía lo que ellos tienen ni a mi peor enemigo”.

No estoy hablando de poner una sonrisa superficial en tu cara o de siempre andar frívolamente. Todavía vivimos en un mundo muy turbado, y hay muchas cosas por las cuales estamos afligidas. Mi corazón frecuentemente se siente oprimido sobre las circunstancias de este mundo y por la condición de la iglesia y la necesidad de avivamiento que hay hoy en día.

Pero no debemos vivir atadas a la depresión ni al desánimo ni al temor. Cristo, nuestro Mardoqueo, nos ha dado razón para celebrar, razón para tener gozo y alegría.

Compara lo que está pasando ahora en el capítulo 8 de Ester al primer edicto que fue promulgado. El primer edicto trajo confusión y consternación. Ahora la noticia de que la justicia ha prevalecido trae gran gozo y celebración.

Y te diré también qué otra cosa trajo. Trajo la conversión de muchos extranjeros que estaban dominados por el miedo por lo que habían visto.

El versículo 17 nos dice, “Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron Judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos.”

Así que las cosas dieron un giro de 180 grados. Y hoy venimos al capítulo 9, que de acuerdo a la manera que han calculado los historiadores y los eruditos de la Biblia, toma lugar el 7 de marzo del año 473 a.C.

Ester capítulo 9, versículo 1:

“En el mes doce es decir, el mes de Adar, el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y el edicto del rey.”

¿Qué mandato y qué edicto es ese? Es el edicto de Amán. Es el que dice que los judíos serían destruidos y aniquilados.

En ese mismo día.

¿Cómo llegaron a ese día? ¿Te acuerdas? Habían echado suertes. Amán había echado suertes. Él era supersticioso. Él pensó que era cosa de casualidad. Él consultó con sus amigos astrólogos y ellos dijeron, “este es el día más propicio”.

Habían echado suertes once meses antes. Pero la Escritura dice que el Señor determina el resultado de las suertes. De hecho, eso fue lo que paso.

De modo que ahora llegó el día. Estamos llegando al momento culminante. ¿Qué pasará?

De nuevo, a veces no vemos a las Escrituras con suficiente asombro porque hemos leído estas historias una y otra vez. Las hemos escuchado desde que éramos niñas. Se nos olvida cómo pudo haber sido el estar viviendo estas historias.

Pero al leer historias como éstas, nos recordamos que con nuestras propias historias, cuando no sabemos lo que va a pasar, Dios sí lo sabe; Él es quien lo está orquestando. Y al fin tendrá un buen resultado.

Ahora es el duodécimo mes, el mes de Adar, el día decimotercero. El edicto del rey de destruir a los judíos está a punto de ser ejecutado.

“El mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario”. (versículo 1)

Sucedió lo contrario. ¡Solo Dios! El nombre de Dios no estará en el libro de Ester, pero Su huella está por todos lados. Sucedió lo contrario. Los judíos obtuvieron el dominio sobre los que los odiaban.

Esto era una imposibilidad absoluta, pero Dios lo había hecho posible. Con Dios todas las cosas son posibles.

Así que aunque Amán estaba muerto, todavía había mucha gente que quería hacerle daño a los judíos. Este siempre ha sido el caso en la historia del mundo desde los días de Abraham. Siempre ha habido aquellos que han querido atacar al pueblo de Dios.

Mientras estábamos en el receso alguien me preguntó, “¿Por qué? ¿Por qué a la gente le gustará hacer eso? ¿Por qué le tienen tanto odio al pueblo de Dios?

Básicamente yo pienso que la respuesta es porque la gente odia a Dios.

No quieren que Dios gobierne sobre ellos.

Ellos quieren ser Dios.

Ellos quieren ser su propio Dios.

Ellos quieren dirigir sus propias vidas.

Ellos quieren gobernar la tierra por ellos mismos.

Ellos no quieren doblegarse ante Dios.

Así que, con el propósito de atacar a Dios, ellos siempre tratan de llegarle a la niña de Sus ojos. El pueblo escogido de Dios, los judíos y el pueblo de Dios, los que son creyentes en Jesucristo siempre serán objeto de odio, de rencor y de ataque.

Así que cuando suceda, entiende que es parte de vivir en un mundo caído. Hay aquellos que quieren tener dominio sobre el pueblo de Dios. Pero ahora ha habido un giro. Los judíos han ganado dominio sobre sus enemigos, sobre aquellos quienes pudieron haberlos destruido.

Los judíos, recuerda, son una pequeña minoría. Pudieron haber sido tanto como unos 15 millones de personas, pero se encontraban dispersos por todo el Imperio Persa, el cual era un imperio inmenso que iba desde lo que hoy es Pakistán hasta el norte de la península de Sinaí — esto es, Etiopía, Sudán y Egipto. Quince millones de judíos dispersados por todo este imperio que tenía una población aproximada de 100 millones de personas.

Esta fue una intervención a favor de ellos. Dios estaba peleando por Su pueblo. Y Dios pelea por ti. No siempre Dios gana las batallas de las formas en que nosotros nos gustaría que lo hiciera, pero al final Él es victorioso.

Así que el versículo 2 dice:

“Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño.”

Al leer este capítulo, fíjate como los atacantes son descritos. Son descritos como los enemigos de los judíos. Son descritos, aquí en el versículo 2, como aquellos que buscaban su daño.

“Y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los Judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos” (versos 2-3).

¿Es este un cambio de circunstancias o qué? Mardoqueo no había temido a nadie más que a Dios, pero ahora otros le tenían miedo.

Pensé en lo diferente que es esto a las formas del mundo cristiano hoy en día. Muchos cristianos de hoy viven atemorizados de la cultura, con miedo de ser conquistados por ella. Debería ser al revés.

Debería de haber tal evidencia de la presencia y del poder de Dios en medio de Su pueblo que la cultura tema a Dios y tenga miedo de nosotros —no porque seamos crueles o malos o vengativos, sino porque ven el poder de Dios en nuestro medio.

¿Acaso no es eso lo que Pablo describe en 1era Corintios capítulo, 14 versículo 25? Donde dice que cuando un incrédulo entra a tu iglesia, si ésta está funcionando de la manera adecuada, como debe funcionar una iglesia del Nuevo Testamento, él dice que, “él se postrará de cara al piso y dirá: ‘en verdad Dios está en este lugar’” (parafraseado).

¿Qué tan frecuente vemos eso pasar en nuestras iglesias? En cambio pasamos el tiempo encogiéndonos de miedo por los ataques de un mundo perdido. En última instancia estamos en el lado ganador. Nuestra victoria es segura, y debemos de andar con esa convicción.

“Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas la provincias, porque Mardoqueo se hacía mas y mas grande.” (verso 4)

Pensé en esto como si fuera un retrato de Cristo en el Antiguo Testamento —no que Cristo crezca más y más poderoso sino que Su fama continúa extendiéndose. Él será amado y reverenciado y adorado. Un día toda rodilla se doblará y toda legua confesará que Jesucristo es Señor.

“Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban.” (versículo 5)

Esto era una defensa. Esta no era una guerra agresiva. No era vengativa o una vendetta privada. De forma controlada se estaban defendiendo de aquellos que buscaban destruirlos.

“En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai, y Vaizata.” (versículos 6-9)

Dirás, “¿Quiénes son, y porque están todos esos nombres allí?” Mira el versículo 10.

“…los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos.”

En el texto hebreo, los nombres de los diez hijos de Amán están escritos en orden y de forma tal que visualmente representan una horca (no puedes ver esto en la Biblia en español). Es una ilustración que lo que le sucedió a ellos.

En la fiesta de Purim, de la que hablaremos en la próxima sesión, los judíos celebran su victoria sobre sus enemigos los Persas, ellos leen el libro de Ester de principio a fin. El lector lee los diez nombres de los hijos de Amán de un tirón, sin tomar aliento, como lo acabo de hacer yo, simbolizando que los diez hijos de Amán murieron juntos.

Al destruir los diez hijos de Amán, los judíos finalmente llevaron a cabo las ordenes que Dios había dado a Saúl cientos de años antes. Ellos cumplieron las intenciones claramente reveladas acerca de la destrucción de los amalecitas.

“Aquel mismo día comunicaron al rey el numero de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias de rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy”. (versículos 11-13)

En otras palabras “Dános un día más para terminar el trabajo. Todavía hay enemigos que quieren destruir al pueblo judío.”

“Y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.”

“El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes.” (versículos 13-15)

Vemos esto tres veces en este texto. Fueron autorizados a tomar los despojos, echar mano a los bienes, al igual que Saúl, cien años antes, cuando luchó contra los amalecitas, y retuvo un poco de los despojos. Pero esta no era una guerra agresiva. Esta guerra era en defensa propia en contra de sus enemigos, así que no echaron mano a esos bienes. Ellos no estaban tratando de hacerse ricos acosta de sus enemigos.

“Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes.” (versículo 16)

Así que la matanza fue limitada a un día en todas las provincias, dos días en la capital, y luego pararon. Solo mataron hombres; mientras que el edicto en contra de ellos había autorizado a sus enemigos a matar hombres y mujeres y niños y jóvenes y viejos.

Se alinearon con Dios en contra de Sus enemigos. Y se nos recuerda que tenemos algunos enemigos —la carne, el mundo, el Diablo— y estamos combatiendo en una batalla. Dios nos llama en el nombre de Jesucristo a hacer batalla, a hacer guerra, sabiendo que el día llegará cuando el triunfo de Cristo será completado sobre todos Sus enemigos.

Si quieres leer acerca de esto, lee el libro de Apocalipsis. Hay dos temas principales en el libro de Apocalipsis. Uno es adoración, pero el otro es guerra. Hay guerra en contra de los enemigos de Dios. Los que se oponen, se declaran enemigos de Dios, Dios mismo hará guerra contra ellos.

Nos unimos en Su nombre, no a ser belicosos, no para atacar a las personas que no están de acuerdo con nosotras, pero para hacer batalla en contra de nuestra carne pecaminosa, a hacer batalla en el reino espiritual en contra de Satanás en el nombre de Jesús, y a resistir este sistema mundano que se opone a Dios.

Eso es parte de la vida cristiana —el ser una guerrera, un soldado, estar involucrada en el nombre de Jesús— no el odiar a la gente, no en ser despiadado, no en saquear a la gente, no en ser grosero, no en ofender a la gente. Pero el decir “En el nombre de Jesucristo y en el nombre de Su cruz, queremos verlo victorioso.”

“Y Él estará sobre todos Sus enemigos en la eternidad. Toda rodilla se doblara; toda lengua confesara que Jesucristo es Señor” (Filipenses 2:10-11, parafraseado).

Carmen: Es era Nancy Leigh DeMoss ayudándonos a mantener nuestro enfoque en Cristo mientras vivimos en una cultura hostil.

El libro de Ester tiene todos los elementos de una gran historia, desarrollo de personajes, acción, trama secundaria, presagios. Como hemos visto, su escenario es muy importante. La historia de Ester no sería la misma si no se hubiera tomado a cabo en una tierra hostil a las cosas de Dios.

Bien, es necesario recordar que estamos viviendo como extraños en una tierra extraña, y podemos aprender mucho del libro de Ester acerca de cómo vivir para el reino que vendrá.

Muchas veces celebramos para olvidar. Nos entretenemos para olvidar nuestros problemas. Veremos qué tan satisfactorio puede ser el celebrar para recordar. Espero y puedas regresar con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y quiero ser una mujer verdadera.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Cristo, la Roca (2)

Martes 16 Junio


(Jesús dijo:) Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Mateo 7:24-25

Cristo, la Roca (2)

¡Oh! Qué Roca inquebrantable
La que Dios ha dado
Como abrigo seguro
Para mi corazón cansado.
Mi Roca, mi fortaleza,
Mi refugio protector,
Mi recurso en la tribulación
Es Jesús, mi Redentor.
A mis pies el océano ruge,
El viento silba a mi derredor;
Sobre Cristo, mi Roca, se funda
Mi esperanza y mi fe.
En vano se enfurece el huracán,
No veo el brillo de ninguna luz;
Con paz en medio de la tormenta,
Espero el alba después de la noche.
En medio de la tormenta,
¿Has hallado ese abrigo?
¡Ah! toma la poderosa mano
De Cristo: pues él desea salvarte.

“Será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión… como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:2).

“El Señor es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador… Porque ¿quién es Dios, sino solo el Señor? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (2 Samuel 22:2, 32).

Levítico 25:29-55 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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