9/12 – “¡Si Dios Quiere…!”

Estudio libro de Santiago

Serie: Cuando aumenta la presión

9/12 – “¡Si Dios Quiere…!”

Santiago 4:13–17

¿Qué enseña la Biblia en cuanto a los planes para el futuro? ¿Debe un cristiano hacer planes, o debe dejar todo en las manos del Señor?
Durante más de diez años he enseñado cursos y seminarios acerca de la administración. Un aspecto importante de la administración es la planificación. En muchas ocasiones alguien se me ha acercado a preguntar cómo me defiendo bíblicamente al enseñar la necesidad de la planificación, cuando este pasaje enseña que no se debe hacer planes para mañana.
Se siente el mismo concepto cuando se habla con un hermano. Al despedirnos, acostumbramos a decir: “Nos veremos el domingo”. Muchas veces el hermano responde: “¡Si Dios quiere!”
¿Serán estos conceptos los que Jacobo quería enseñarnos al corregir el problema de los hermanos que sufrían persecución? Estudiemos esta porción para aplicar mejor la enseñanza a nuestra vida.
Jacobo les esta llamando a una mayor confianza en el Señor frente a la persecución. La fe que él quiere ver es una fe viva, que se manifieste en obras. Esa fe producirá paz en medio de las aflicciones (3:13–5:6).
Sin embargo, entre estos hermanos no ha habido paz. Más bien, lo que ha surgido son conflictos y pleitos. En vez de ver las pruebas desde el punto de vista de Dios y gozar la paz que El provee, han seguido el ejemplo del mundo y se han dedicado a pelear para salirse con la suya.

EL RECURSO DIVINO 3:13–18
La sabiduría de Dios resulta de ver las cosas desde el punto de vista de Dios. Al reconocer la soberanía de Dios y poner los ojos en El, no hay necesidad de luchar. Dios hace todo para nuestro bien, conforme a Su plan para nuestra vida. Esta actitud produce paz.

LA LUCHA HUMANA 4:1–6
La realidad para estos hermanos en su aflicción estaba lejos de la paz que la sabiduría de Dios produce. Se caracterizaban por luchas y pleitos. A pesar de tanta lucha, no estaban contentos. No encontraron lo que buscaban.
En vez de buscar lo que Dios quiere para su bien, persiguen sus propios deseos y privilegios. Quieren mejorar su situación. Por eso, están frustrados.

LA SOLUCIÓN PARA LOS PLEITOS 4:7–5:6
Jacobo nos presenta la solución para el problema de los pleitos: la sumisión. El autor señala cuatro áreas en las cuales nosotros debemos someternos:
1. Debemos someternos a Dios 4:7–10
2. Debemos someternos los unos a los otros 4:11–12
3. Debemos someter nuestros planes a Dios 4:13–17
4. Debemos someter nuestros bienes a Dios 5:1–6

LA SUMISIÓN AL SEÑOR 4:7–10
La solución para su frustración empieza con la sumisión al Señor. Esta es la esfera principal. Si ellos aplican los principios específicos que él les presenta, Dios les dará paz y encontrarán la satisfacción verdadera que buscan.

LA SUMISIÓN DE LOS UNOS A LOS OTROS 4:11–12
El segundo paso mayor para resolver los conflictos y pleitos es mostrar respeto el uno al otro. Lo más fácil, especialmente en medio de la aflicción, es criticar y juzgar a los demás. Ellos deben dejar de criticarse, Dios es él único Juez verdadero. El les juzgará con justicia y les dará a cada uno lo que merece.

DEPENDENCIA DEL SEÑOR 4:13–5:6
El tercer paso para resolver los conflictos y pleítos es la dependencia total del Señor.
-No de sus propios planes 4:13–17
-No de su propio dinero 5:1–6

DEPENDER DE DIOS Y NO DE NUESTROS PLANES
La dependencia del Señor se relaciona primero con sus planes (4:13–17). Se debe observar que el pasaje no se dirige al creyente por hacer planes. Indica que sus planes tienen dos propósitos específicos, dice: “Traficaremos y ganaremos”. Sus planes son auto-céntricos; buscan una ganancia personal. Finalmente, estos planes no toman en cuenta a Dios.
Estas tres características son las mismas que se encuentran en los planes que el mundo hace también:
1. Son auto-céntricos.
2. Buscan ganancia personal.
3. No toman en cuenta a Dios.
De nuevo se observa el concepto ateo que un cristiano puede manifestar. No es que no crean en Dios. Es que creen en El, pero en las luchas prácticas de la vida se comportan como si no existiera. Hacen sus propios planes sin tomarlo en cuenta, tal como los demás hombres que no lo conocen. Ellos deben vivir de otra manera que refleje su fe en Dios.

LA INSEGURIDAD DE LA VIDA 4:13–14
Su plan para viajar a otra ciudad y ganar dinero probablemente refleja un deseo de escaparse a otro lugar donde nadie los conoce y donde pueden empezar de nuevo. Parece que han decidido “ir al otro lado”. Ahí, tal vez puedan esconderse entre la multitud de la gente y nadie se dará cuenta. Entonces, podrán ganar dinero de nuevo y así resolver su problema.
Están luchando para encontrar una salida por sus propios esfuerzos. Jacobo les recuerda la inseguridad de la vida. La vida es corta y no pueden estar seguros de lo que puede resultar mañana. En vez de confiar en sus propios planes egoístas, que fácilmente les pueden fallar, ellos deben confiar en el Señor para resolver su problema.

¡Pensemos!

Al contemplar la inseguridad de la vida, aprendemos algunas lecciones importantes para nuestra vida, especialmente en cuanto a los planes que podemos hacer. ¿Cuáles son las implicaciones de esta verdad que debemos tomar en cuenta al hacer nuestros planes para mañana? ¿Qué diferencia debe haber entre los planes de los hijos de Dios y los de los demás a la luz de esta verdad?

LA SOBERANÍA DE DIOS 4:15
Dios conoce su situación y controla todo el mundo. El tiene un plan perfecto para su vida y sabe lo que está haciendo. Por eso, sería mejor que se entregaran en manos de El y que dejaran que El les diera la solución.
Al indicarles que deben decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”, el autor no está diciéndoles que repitan esta frase cada vez que hablen de sus planes para mañana. Mucha gente lo ha tomado así y lo repiten como si fueran loros, pero sin pensar en lo que dicen. Santiago no dice que hagan esto como un rito.
El quiere que ellos reconozcan la soberanía de Dios y que sometan sus planes al plan de Dios para su vida. Cuando hagan sus planes para mañana, se deben preguntar: “¿Qué es lo que Dios quiere que yo haga?” A lo menos si están buscando alternativas, las deben someter a la voluntad de Dios. De otra manera, la solución resultará en mayor frustración.

¡Pensemos!

Todos debemos aprender a pensar de esta manera. ¿Qué decisión tiene que tomar usted durante los próximos días? ¿Cómo puede aplicar esta verdad a la decisión que tendrá que tomar? ¿Qué diferencia se debe ver entre esta decisión y las que hacen los que son del mundo todavía?

EL PELIGRO DE LA SOBERBIA 4:16
El autor considera que su deseo y sus planes para escaparse de lo que Dios ha incluido como parte de Su plan para ellos son una manifestación egoísta. Lo trata como orgullo. Parece que lo toma así porque ellos creen que tienen una idea mejor que la de Dios para su vida. Piensan cambiar y mejorar las condiciones en las cuales Dios les ha colocado.
Por lo tanto, Jacobo les advierte del peligro del orgullo. Ellos piensan lograr más para sí mismos de lo que Dios ha logrado. El les señala que esa clase de orgullo es malo.

LA OBEDIENCIA A DIOS 4:17
Lo mejor sería reconocer la sabiduría y la soberanía de Dios, encomendarse en Sus manos y dejar que El les diera la mejor solución. Quien entiende esta verdad debe ponerla en práctica. El no hacerlo es pecado.

APLICACIÓN
De nuevo observamos que la solución a sus problemas no difiere de las soluciones que el mundo presenta. Ellos se ven en una situación difícil. Por eso, empiezan a luchar hasta no encontrar la salida. Buscan la forma de mejorar su situación y de ganar más para ellos mismos. En el proceso ni toman en cuenta a Dios, ni los buenos propósitos que Dios puede tener para su vida aun en medio del sufrimiento.
Santiago nos presenta un mejor camino. Debemos reconocer que Dios está en control. Aunque el mundo le ataque a El y nos haga sufrir, El no les ha cedido control. Su plan para Sus hijos siempre es bueno. Todas las cosas en nuestra vida nos ayudan a bien (Ro. 8:28, 31–39).
En vez de luchar por encontrar una salida, debemos someternos a Dios y a Su plan. Debemos dejar que la paciencia en medio de la aflicción produzca su obra completa en nosotros, sin tratar de escapar de ella (Stg. 1:4).
Cuando suba la presión en nuestra vida, tenemos dos alternativas distintas. Se puede luchar por encontrar una salida. Esta es la alternativa que el mundo nos ofrece. La otra alternativa es confiar en Dios y permitirle a El enseñarnos Su plan, en su tiempo. Esta es la alternativa del hombre que tiene una fe viva en Dios. ¿Cuál camino elegiremos nosotros?

¡Pensemos!

Volvamos a la pregunta inicial de este estudio. ¿Se observa alguna diferencia mayor entre nuestras actitudes y las del mundo? ¿Qué diferencia hace el Espíritu Santo en nuestra vida?
Haga una lista de las aflicciones comunes que los hermanos en su propia sociedad tienen que enfrentar hoy. Elija dos o tres de estos problemas y apunte las soluciones que se emplean para tratar de resolverlos.
Después de hacer esta lista de soluciones identifique las soluciones que son iguales a las que el mundo emplea. ¿Cuáles son las soluciones distintas, las que sólo quien confía en Dios empleará?
¿En cuáles maneras debemos cambiar nuestra forma de enfrentarnos a la presión actual? ¿Qué podría hacer esta semana para mostrar que usted es un hijo de Dios y que confía en El?

Porter, R. (2003). Estudios Bı́blicos ELA: Cuando aumenta la presión (Santiago) (pp. 66–72). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

Atributos de Dios – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 4/26

Atributos de Dios – Parte 2

Introducción

¿Existe un Dios? Y de existir, ¿cómo es? Estas son, quizá, las dos preguntas más importantes que una persona puede llegar a hacer. La semana pasada consideramos la existencia de Dios. La Biblia no argumenta la existencia de Dios, la asume. Dios se ha revelado de manera general en la creación e historia; proposicionalmente en su Palabra inspirada; personalmente en Jesucristo, el Verbo hecho carne; y salvíficamente a través de la obra de su Espíritu Santo.

Y puesto que se ha dado a conocer, podemos saber cómo es él. Esto hace surgir el tema de los atributos de Dios. En primer lugar, estudiamos que Dios es independiente, completamente autosuficiente y autónomo. En segundo lugar, vimos que Dios es inmutable. No cambia. Es perfectamente consistente, confiable y fiel. Y aprendimos que Dios es infinito. Eso quiere decir que tiene poder ilimitado sobre todas las cosas. Su presencia está en todas partes. Y es eterno, no está limitado por el tiempo, no tiene principio ni fin.

Dios es infinitamente grande. Podríamos pasar años, décadas y siglos intentando examinar las profundidades de su grandeza, y un día lo haremos. Pero en la mañana de hoy, queremos usar nuestro tiempo para explorar más atributos de Dios que él ha revelado en su Palabra. ¿Por qué? Porque conocer a Dios es la más grande alegría de nuestras vidas. Este no es un simple ejercicio «abstracto». La teología es práctica, es devocional, nos enseña quién es el Dios en quien confiamos en todas las pruebas de la vida, y debería avivar nuestros corazones para amar, adorar y alabar a Dios.

Entonces, veremos más atributos de Dios el día de hoy, aunque los primeros dos temas que exploraremos son más descripciones de la naturaleza esencial de Dios que atributos. Después de todo, los atributos de Dios no son varios sombreros que él usa en diferentes ocasiones. Dios no está dividido. Él es, por siempre y para siempre, TODOS estos atributos. Cada tributo es sencillamente una categoría bíblica que nos provee lenguaje para describir varios aspectos interrelacionados y unidos del carácter y la grandeza de Dios.

En ese sentido, es apropiado comenzar con:

  1. La unidad de Dios

Dios es el único ser divino. Posee una unidad de carácter total. En otras palabras, todo lo que hace es completamente consistente con todos sus atributos; no hay contradicciones en su carácter. No tiene un «lado bueno» o un «lado malo», él es todo bueno. No es diferente en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Él es uno en esencia, es indivisible. Esto es conocido a menudo como la simplicidad de Dios, que básicamente significa que los atributos de Dios no son pequeñas partes que sumas para obtener a Dios, como las partes de un carro. En cambio, cada atributo es íntegramente verdadero acerca de Dios y de todo su carácter.

Vemos esto en Éxodo 34:6-7«¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadosa; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación». Dios es misericordioso y justo, aunque dichas cualidades parecieran contradecirse, funcionan en Jesús, quien murió misericordiosamente en lugar de los pecadores, vindicando así las declaraciones de la justicia de Dios.

Dios es uno, y no es un Dios esquizofrénico. Él siempre es, y siempre actúa de acuerdo con su carácter unido. Pero eso no es todo. Dios se ha revelado claramente en tres personas distintas:

  1. Dios es trino

Sé que al estudiar la doctrina de la Trinidad pareciera que nuestros cerebros comenzaran a colapsar, y muchos concluyen que esta es una idea abstracta dejada a filósofos en librerías repletas. Parece aislada de nuestras vidas cristianas cotidianas. Pero eso no podría estar más lejos de la verdad. Sí, la naturaleza trina de Dios expande nuestro entendimiento. Es misteriosa. Pero el Dios trino es hermoso, encantador y digno de nuestra admiración. Hace toda la diferencia del mundo el hecho de que Dios no es un ser solitario, sino una trinidad en unidad, existente en amor y comunión eternos que extiende ese amor armonioso a nosotros. No exagero cuando digo que la Trinidad diferencia al cristianismo verdadero de las falsas comprensiones acerca de Dios.

Existen muchos libros que han sido escritos acerca de esta doctrina central. Permíteme recomendar solo uno: Delighting in the Trinity de Michael Reeves. No solo explica la trinidad, agita nuestros corazones para ver la naturaleza trina de Dios como una noticia hermosa y maravillosa.

Veamos la Trinidad, apropiadamente, al responder tres preguntas:

A. ¿Qué significa la doctrina de la Trinidad?

La definición de Wayne Grudem es excelente: «Dios existe eternamente como tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y cada persona completamente Dios, y existe un solo Dios»[1]. Esto quiere decir que Dios es uno en esencia. Teólogos en el siglo IV alegaron en base a la Escritura que el Hijo y el Espíritu son iguales en sustancia al Padre. Es decir, que existe un solo ser conocido como Dios. La Escritura afirma esto consistentemente. Deuteronomio 6:4 dice: «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». Isaías 45:5: «Yo soy Jehová, y ninguno más hay», versículo 21: «No hay más Dios que yo».

Pero este Dios es una unidad de tres personas «distintas». El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Pero el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu, y el Espíritu no es ni el Padre ni el Hijo. Cada persona desempeña un rol distinto en la armoniosa obra de la redención. La Confesión de Fe Bélgica de 1561 declara: «El Padre es la causa, origen y principio de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. El Hijo es el Verbo, la Sabiduría y la Imagen del Padre. El Espíritu Santo es el eterno poder y potencia, procediendo del Padre y del Hijo. De tal manera, sin embargo, que esta distinción no hace que Dios sea dividido en tres, ya que la Sagrada Escritura nos enseña que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, cada uno tiene su independencia, distinta por sus atributos; de tal manera, no obstante, que estas tres personas son un solo Dios… Estas personas, tan distintas, no están divididas, ni tampoco mezcladas entre sí».

Por tanto, las tres personas de la Trinidad son distintas, eternamente. No son simples formas que Dios ha adoptado en diferentes etapas de la historia. Han existido juntas como un solo Dios desde siempre en completo amor, unidad y deleite.

Demasiado para una definición, ¿cierto? Pregunta B: ¿De qué manera la Escritura enseña la doctrina de la Trinidad?

¡Buena pregunta! No encontrarás la palabra «trinidad», en ninguna parte de la Escritura. Fue empleada por primera vez por Tertuliano después de la generación de los apóstoles. Pero es una palabra útil. Resume todo lo que la Escritura habla con respecto a la relación de la Deidad. La Biblia enseña claramente que solo hay un Dios, como ya hemos visto en los versículos citados anteriormente. Sin embargo, también enseña que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. No hay mucha contraversia en relación al Padre siendo Dios. Jesús dice: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre».

Pero la Escritura enseña que el Hijo y el Espíritu Santo también son Dios. Aunque exploraremos todos esos versículos en las próximas clases cuando estudiemos la persona de Cristo y la persona del Espíritu Santo, he aquí un breve adelanto: Jesús es el Verbo de Dios, que «es Dios» según Juan 1:1-4, que es llamado «Dios Fuerte» en Isaías 9:6, y que es llamado «nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» en Tito 2:13. El Hijo perdona los pecados y acepta adoración, solo Dios puede hacer ambas cosas. Por otro lado, el Espíritu Santo está presente en todas partes según el Salmo 139, comprende y revela los pensamientos de Dios de acuerdo a 1 y 2 Corintios, crea vida y nueva vida según Génesis 1 y Juan 3, y a través de la Escritura tales cosas solo son ciertas respecto a Dios.

Por último, observamos que hay varios pasajes clave donde vemos mencionadas a las tres personas de la Trinidad en conjunto y diferenciadas la una de la otra.

Mateo 3:16«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz desde los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».

Aquí las tres personas de la Deidad desempeñan roles distintos. Dios el Padre habla desde el cielo, Dios el Hijo es bautizado para cumplir la voluntad del Padre, y Dios el Espíritu unge al Hijo para autorizar su ministerio.

Piensa también en Mateo 28:19, Jesús dice: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Observa que Jesús no enseña a sus discípulos a bautizar a nuevos creyentes en los «nombres» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como si se tratase de tres seres distintos, sino en el «nombre», que es singular.

Tal vez el lugar más maravilloso para ver la Trinidad en la Escritura es Juan 14-17. El clímax es el capítulo 17, donde vemos el amor que ha caracterizado a la Trinidad desde el principio de los tiempos: Jesús ora en el versículo 24: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo».

Por tanto, la Trinidad es una doctrina bíblica de principio a fin. No es algo que podemos descifrar por nuestra cuentra, y no tiene analogía alguna en la naturaleza. Todas las ilustraciones tontas que escuchas acerca de las tres fases del agua, o las tres partes de un huevo, fracasan eventualmente . La Trinidad excede nuestra capacidad de comprender plenamente, con todo, ha sido revelada como claramente cierta. Este hecho debería ser de gran estimulo para nosotros, lo que nos lleva a una última pregunta:

C. ¿Por qué la doctrina de la Trinidad importa?

Dicho de manera sencilla, la naturaleza trina de Dios no debería hacernos huir de Dios, al contrario, debería hacernos correr a él como nuestro amoroso, Creador, Redentor y Dador de vida. La Trinidad nos ayuda a entender que Dios no está solo. Él no creó el universo porque necesitara amigos. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ya disfrutaban de una perfecta comunión. Crucialmente, Dios no necesitaba crearnos para ser un Dios amoroso. Un dios de una  sola persona, como Alá en el Islam, jamás podría ser eternamente amoroso porque no tendría a nadie más a quien amar. Él, extrañamente, necesitaría a su creación para ser amoroso. Dios como Trinidad, no obstante, ha sido siempre una fuente de amor, por ende, es entendible que las tres personas de la Deidad puedan desbordarse en amor hacia nosotros. Como la Trinidad, Dios nos salva de nuestro amor propio. Eso es lo que vemos en Efesios 1:3-14, fácilmente uno de los pasajes más gloriosos de la Escritura: el Padre nos predestina para ser adoptados como hijos, el Hijo derrama su sangre para redimirnos, y el Espíritu sella nuestra herencia. Así que deberíamos adorar y amar a nuestro Dios trino.

Los últimos tres temas han estado enfocados en la esencia o el ser de Dios, ahora pasaremos a observar algunos atributos que tienen que ver más con el conocimiento de Dios.

  1. La omniciencia de Dios – Su perfecto conocimiento

Omniciente significa «conocedor de todo». En Juan 3:20 leemos que: «[Dios] sabe todas las cosas», el pasado, el presente y el futuro. Pero Dios no solo sabe lo que sucederá, sino lo que sucedería si tuviéramos que ir a la iglesia una hora más tarde y no asistir al seminario básico. Él sabe lo real y lo posible. Mateo 11:21 Jesús dice: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros   que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza». Una cosa es saberlo todo. Pero otra es conocer los resultados reales y posibles de miles de millones de personas que toman miles de decisiones cada día… Alucinante.

El conocimiento de Dios no es como el nuestro. No se obtiene de la experiencia o la observación. Dios conoce todos nuestros pensamientos antes de que los pensemos. Él conoce todos nuestros actos antes de que los hagamos. Dios sabe cuando naciste porque te unió en el vientre de tu madre. Y sabe cuándo vas a morir porque ha numerado tus días. Esto significa que nada lo sorprende. Las sorpresas nos estremecen, pero no a Dios.

No conocemos nuestro futuro, pero Dios sí, lo que debería motivarnos a una confianza suprema. Jesús dice en Mateo 6:31ff«No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o que vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Dios contesta las oraciones, pero nuestras oraciones no proveen información nueva a Dios. Dios sabe todo lo que necesitamos, lo que significa que no debemos entrar en pánico como si Dios no lo supiera. En cambio, nuestras oraciones son las humildes peticiones de personas débiles y necesitadas ante el todopoderoso y sabio Dios que se deleita en escuchar las necesidades de sus hijos.

  1. La verdad de Dios

Dios es verdadero, y todos sus conocimientos y palabras son el máximo estándar de la verdad. Esto significa no solo que todo lo que Dios nos dice es correcto, sino que él será fiel a todas sus promesas. Así, Proverbios 30:5 nos recuerda: «Toda palabra de Dios es limpia; él es escudo a los que en él esperan».

Entonces, hermano o hermana, Dios es infinitamente confiable. Satanás te mentirá cada vez que pueda para que desconfíes de Dios. Ese ha sido su camino desde el huerto. Pero Dios nunca te mentirá. Hebreos 6:18 dice que es imposible que Dios mienta.

Los políticos, empleadores y familiares hacen promesas todo el tiempo y luego rompen esas promesas. Dios nunca rompe una promesa. Cuando él promete nunca dejarte ni abandonarte, ¡nunca lo hará! Cuando dice: «Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:2-3), eso es exactamente lo que está haciendo incluso ahora.

  1. La sabiduría de Dios

Pero Dios también es sabio. La sabiduría es el uso práctico del conocimiento. Es conocimiento aplicado. Por tanto, la sabiduría de Dios significa que Dios siempre elige los mejores objetivos y los mejores medios para alcanzarlos. Hablaremos de esto en las próximas semanas cuando estudiemos la providencia de Dios.

La Escritura afirma esta sabiduría de Dios. Job dice que la sabiduría de Dios es profunda (Job 9:4) y que suyos son el consejo y la comprensión (Job 12:13).

Podemos ver esta sabiduría mostrada en la creación. En Jeremías 10:12-13 leemos: «El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría». También vemos la sabiduría de Dios en el plan de redención. La sabiduría y el poder de Dios se muestran perfectamente en el evangelio donde vemos que «la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios» (1 Co. 1:18). 1 Corintios 1-3 aborda la sabiduría de Dios en el evangelio.

Nosotros debemos reflejar a Dios siendo sabios. La sabiduría no es solo algo que los ancianos deberían tener, o que los súper espirituales deberían aspirar. Todo el libro de Proverbios elogia la sabiduría, porque Dios es sabio y nos llama a la alegría y el deleite que podemos conocer cuando caminamos según su sabiduría.

Veamos ahora varios atributos que hablan del carácter y los estándares morales de Dios.

  1. La santidad de Dios

En primer lugar, la santidad. La santidad se refiere a la «alteridad» de Dios o su majestad. El hecho de que no es como nosotros. Él es trascendente. Es la asombrosa visión de Isaías 6, donde los serafines se cubren la cara y exclaman: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria».

La santidad también hace referencia a la «pureza» de Dios. Él es éticamente distinto de nosotros, separado del pecado. Por eso Isaías continuará en esa visión: «¡Ay de mí! Que soy hombre muerto, porque siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos». Dios es completamente diferente a nosotros, totalmente limpio y radiante, sin mancha ni defecto, puro e inocente.

Sin embargo, aunque Dios en su santidad es totalmente inaccesible, también es irresistiblemente hermoso. Él no está manchado por el pecado. Él es la fuente de luz. Jonathan Edwards dijo que la santidad «es como la belleza y dulzura de la naturaleza divina»[2]. La santidad de Dios es impresionante, como estar parado frente al Gran Cañón o las Cataratas del Niágara. Es abrumadora, pero no puedes apartar la mirada. ¿Y por qué su santidad es tan hermosa? Edwards nos devuelve a la Trinidad: «La santidad de Dios consiste en su amor, especialmente en la perfecta e íntima unión y amor que hay entre el Padre y el Hijo»[3]. Eso es lo irresistible y distinto de Dios: su perfecto amor.

Como él es santo, nosotros también debemos ser santos. Ahora bien, los fariseos veían la santidad como lo que uno no hace. Lamentablemente, así es como muchas personas piensan acerca de la santidad. Pero cuando miramos la zarza ardiente de Éxodo 3, lo que hace que ese terreno sea sagrado es la presencia de Dios. Es que él ha entablado una relación con su pueblo. Entonces, la santidad no se define primero por lo que hacemos o no hacemos, sino a quién pertenecemosNo es solo estar separado de algo, sino dedicado a alguien (Dios). Fundamentalmente, procurar la santidad, lo cual hacemos porque el Espíritu Santo vive en nosotros, es cómo podemos revelar cada día que el cielo es nuestra esperanza. Que vivimos para mejores deseos, porque tenemos un mejor salvador.

  1. La justicia y rectitud de Dios

Pero Dios no solo es santo, sino justo y recto. En el inglés común, pensamos en la justicia como «pública», y la rectitud como «privada». Pero no es así en lo que respecta a Dios. La justicia y la rectitud se derivan de las raíces de palabras similares en el griego. Se refieren a la adhesión estricta a una ley o estándar. Dios siempre tiene razón y siempre actúa de acuerdo con lo que es bueno, correcto y justo.

La justicia y la rectitud de Dios también son nuestra garantía de que los pecados y los males serán resueltos algún día. [Piensa en los crímenes más prominentes y actos de terrorismo recientemente…] Pero Dios es justo. Él juzgará. Así que no necesitamos desesperarnos. Romanos 12:19«Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor».

Por supuesto, la justicia de Dios se aplica a todos sin favoritismo, incluidos nosotros. Él nos tratará según nuestra adhesión o falta de conformidad con sus leyes. Por esa razón, envió a Cristo a ser un sacrificio por los pecadores. El propio Hijo de Dios recibió la sentencia de justicia que nosotros merecíamos. Romanos 3:25«Dios puso [a Cristo Jesús] como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús».

  1. La bondad y el amor de Dios

Finalmente, Dios es un Dios de bondad y amor. Él es perfectamente bueno. Él siempre hace lo mejor y es la fuente de todo lo bueno. En Santiago 1:17, leemos: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces».

La bondad de Dios se manifiesta de varias maneras. Él es benevolente y se preocupa por su creación en su gracia común, como vemos en el Salmo 147. La bondad de Dios también se demuestra en su amor y gracia hacia los que no lo merecen. Se muestra en su sufrimiento; Él es lento para enojarse (Éxodo 34:6).

A modo de aplicación, ¿qué significa la bondad de Dios para nosotros? Piensa en todas las formas en que dudamos de la bondad de Dios. Cuando pecamos. Cuando tememos por el futuro. Cuando tememos a los hombres más que a Dios. Cuando nos preocupamos. La bondad de Dios nos invita a confiar en él porque él se preocupa por nosotros. Nos recuerda que siempre hará lo mejor. Él es un Dios bueno.

Cuando se trata del amor, tenemos dificultades para pensar bíblicamente. Hoy las personas no se sorprenden cuando les dices: «Dios te ama». Pero se enfurecen cuando les dices que Dios es un juez santo y justo. Eso es porque hemos separado el amor divino de las otras verdades complementarias acerca de Dios. Sí, él es amoroso, pero siempre ama en armonía con su justicia.

Cuando la Escritura habla acerca del amor de Dios, se refiere a él en al menos cuatro formas diferentes. Esto proviene del libro extremadamente útil de Don Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God [La difícil doctrina del amor de Dios], que es breve y fácil de leer.

  1. Primero, está el amor único intratrinitario entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  2. Segundo, el amor providencial de Dios sobre todo lo que ha hecho. Génesis 1, hizo que toda la creación fuera buena. Mateo 6, él alimenta incluso a los gorriones.
  3. Tercero, la postura salvífica de Dios hacia un mundo caído. Juan 3:16,  Mostró su amor por el mundo al enviar a Cristo, y amorosamente invita a todos a arrepentirse.
  4. Pero cuarto, la Escritura también resalta el amor particular, efectivo y selecto de Dios hacia sus escogidos, en pasajes como Deuteronomio 7, Efesios 1, 1 Juan 4:10 y muchos más.

Así que no queremos absolutizar ninguna de estas formas de hablar acerca del amor de Dios. El amor de Dios no es sentimental ni cálido. El amor de Dios se refiere a cómo él busca tiernamente el bien de sus criaturas. ¿Y dónde se puede encontrar tal bien? Solo en Dios mismo. En su amor, él se da a sí mismo. En su amor, nos aleja de nosotros mismos y nos acerca a él. Y al hacernos como él, encontramos que lo amamos y amamos a los demás, tal como Jesús enseñó: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).

Conclusión

Los atributos de Dios revelan su trascendencia e inmanencia. Para un primer siglo, la trascendencia judía era un hecho: el significado, Dios es santo, apartado, totalmente distinto de nosotros. Hoy en día, a Dios se lo considera en gran parte como exclusivamente inmanente: está aquí, presente, consolándonos. Es informal. Dios es nuestro amigo, nuestro compañero, alguien con quien compartimos.

Estos atributos nos ayudan a comprender que Dios es tanto inmanente como trascendente. Él es inmanente en Cristo, en la presencia interior y amorosa del Espíritu Santo. Pero Dios sigue siendo Dios, no hay nadie como él, puro, justo y poderoso. Evoca asombro y admiración. Por tanto, debemos respetar a Dios y, sin embargo, Dios también nos invita a una relación con él. Antes de que te vayas, hazte esta única pregunta. En vista de todo esto, ¿por qué te sentirías tentado a poner tu amor, seguridad y bienestar en alguien más que en nuestro glorioso Dios?

Oremos.

[1]Systematic Theology (Zondervan, 1994).

[2]Religious Affections, en Works, 2:201.

[3] «Writings on the Trinity, Grace, and Faith» en Works, 21:186.

 

 

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¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

Soldados de Jesucristo

¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

John Piper Responde

Episodio 39

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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La plenitud de gozo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La plenitud de gozo

R.C. Sproul

«Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Juan 15:2).

No tengo habilidad para la jardinería, y mi conocimiento en horticultura es muy rudimentario. Sin embargo, he experimentado el proceso de cultivar rosas, y he aprendido que después de que florecen pueden decaer si no las cortas en cierta parte del tallo. Si soy diligente en podar las partes muertas del rosal, el florecimiento se vuelve más hermoso con el tiempo.

Este proceso me parece contrario a mi intuición; creería que cortando partes del tallo estaría hiriendo o incluso destruyendo el rosal. Sin embargo, el proceso de poda concentra los nutrientes del rosal, o del arbusto, causando que este produzca fruto consistentemente. Este proceso es especialmente importante en el cuidado de los viñedos, el cual es el ejemplo de la vid que vemos en la metáfora de Jesús.

Continuando con el capítulo de Juan, Jesús dijo: “Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado” (v. 3). Aquí Él se está dirigiendo a sus discípulos, a los creyentes, y a aquellos que ya disfrutaban de la comunión con Él y tenían una relación de salvación con Él. Él dijo que ellos ya habían sido “limpios”, y luego agrega: “Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí” (v. 4).

Entonces ¿qué pasa con las ramas que son podadas del árbol o del arbusto? Después de que son cortadas, ellas se marchitan y mueren, pues han sido separadas de su suministro de vida. Obviamente, esas ramas muertas no producirán fruto alguno. Se vuelven impotentes.

Necesitas la iglesia de Cristo. Necesitas la comunión de los santos y la asamblea de la gente de Dios. No somos individualistas llamados a vivir en aislamiento.

Un día, durante una comida al aire libre en la casa de unos de sus miembros, un ministro se acercó a la parrilla para hablarle al anfitrión, el cual había dejado de ir al servicio semanal. El ministro esperaba animarlo a comenzar a asistir una vez más, pero cuando el ministro le preguntó al anfitrión por qué no había vuelto, el hombre respondió: “Soy cristiano, pero no siento que deba ir a la iglesia. Puedo hacerlo solo. Soy un tipo de persona independiente. No necesito de comunión con otros para estimular mi caminar con el Señor”.

Mientras el ministro escuchaba las explicaciones de este hombre, notó que el carbón de la parrilla estaba al rojo vivo. Sin decir nada, el ministro cogió un cubierto de tenazas y apartó de los otros uno de los carbones encendidos, y siguió la conversación con el feligrés. Sin embargo, minutos después el ministro cogió el carbón que había apartado, miró al hombre y le dijo: “¿Viste lo que acaba de pasar? Hace un par de minutos yo no me hubiera atrevido a tocar este carbón porque estaba muy caliente, pero apenas lo separé de los otros, dejó de arder y enfrió. Ya no podrá ayudar a cocinar las carnes de la parrilla. Eso es lo que te va a pasar a ti, pues tú necesitas el cuerpo de Cristo. Tú necesitas la iglesia de Cristo. Tú necesitas la comunión de los santos y la asamblea de la gente de Dios. No somos individualistas llamados a vivir en aislamiento”.

El ministro tenía razón. La compañía de otros creyentes mantiene nuestra fe viva y activa. Pero si nos enfriamos cuando nos alejamos de la conexión con otros cristianos, ¿cuánto más nos marchitaremos si nos alejamos de la verdadera fuente de poder, que es Cristo mismo?

Ese es el punto que Jesús está haciendo aquí. Seremos infructuosos y nos marchitaremos espiritualmente si no permanecemos en Cristo, la vid verdadera.

La palabra griega traducida como “permanecer” es meno, la cual también puede traducirse como “remanente” o “quedarse”. Si queremos ser productivos, no podemos simplemente visitar a Jesús de vez en cuando. Necesitamos permanecer en Él.

Déjame enfatizar que Jesús no estaba hablando en esta parábola sobre perder la salvación. Ese es otro asunto. Pero nos estaba recordando que somos propensos a divagar, a dejar de aprovechar la fuente de nuestro poder y nuestra vitalidad espiritual, que es Cristo mismo.

Así que la enseñanza de Jesús es mantenernos cerca: “Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí” (v. 4). En pocas palabras, todos los esfuerzos que hacemos para estar gozosos, para ser productivos, o para lograr algo que valga la pena en el reino de Dios, son ejercicios inútiles si tratamos de hacerlos en nuestra propia fuerza.

Los cristianos debemos entender que sin una conexión fuerte con Cristo, que es el suministro de energía, seremos completamente infructuosos.

Jesús continuó diciendo:

«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto» (v. 5-11).

Fue solo en el versículo final de este pasaje que Jesús explicó por qué había enseñado esto a los discípulos: “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto”. Nota tres cosas importantes en esta lección.

Primero, el gozo que Jesús quiere ver en nosotros es su gozo. Anteriormente Jesús le habló a sus discípulos acerca de la paz, diciendo: “La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Entonces, ¿de dónde viene la paz del cristiano? Viene de Él; de hecho, es Su paz. Y así mismo, su propio gozo está disponible para nosotros, y Él quiere verlo habitando en nosotros.

Segundo, Él quiere que su gozo permanezca en nosotros. Él quiere que tengamos un gozo permanente, no una montaña rusa de emociones oscilando entre gozo y miseria. Si nosotros queremos estar consistentemente gozosos, necesitamos habitar en Él.

Tercero, Él distingue entre su gozo y nuestro gozo, y expresa el deseo de que “nuestro gozo sea cumplido”. ¿No es acaso eso lo que queremos? No queremos una copa parcial del fruto del Espíritu. No queremos solo un poquito de gozo. Queremos todo el gozo que el Padre haya guardado para sus hijos. Esa plenitud de gozo viene de Cristo. Es primero su gozo el que Él nos da, y cuando estamos conectados a Él, este gozo que proviene de Él crece, aumenta, y se llena.

Ninguno de los que están leyendo este articulo ha experimentado el nivel más alto de gozo disponible para los hijos de Dios. Hay más gozo disponible que el que tienes en este momento. Hay una plenitud que nos espera mientras el fruto del Espíritu es nutrido por la vid verdadera.

Este es un extracto del libro gratis de R.C. Sproul: «¿Puedo tener gozo en mi vida?». Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

A24 -Tus palabras revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A24 -Tus palabras revelan tu corazónel hermoso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Tus-palabras-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.

Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.

Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.

Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:

“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos’ a estas personas”.

Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.

Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.

Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.

Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?

Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.

Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.

En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.

Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].

Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.

Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.

A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?

Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.

Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?

Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:

Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).

¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.

El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías…?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.

Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.

La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.

Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.

¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.

Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.

Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.

Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”

Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,

Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.

Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.

Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”

Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.

Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios  (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.

Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La persona más importante

Viernes 31 Julio
(Jesús dijo:) Entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista.
(Juan el Bautista dijo:) Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
La persona más importante

Juan el Bautista fue enviado para preparar al pueblo de Israel ante la inminente llegada de Jesús, su Mesías. Vino “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). Jesús dio un testimonio excepcional de Juan (primer versículo citado).

Juan el Bautista cumplió su misión de una manera destacable. Nunca se puso en primer lugar. Cuando los judíos le preguntaron, resaltó más bien lo que no era, y no lo que era. Desvió las miradas de sobre sí mismo, para dirigirlas hacia aquel a quien había venido a anunciar. Estaba satisfecho de ser solo una “voz” por medio de la cual Dios hablaba a su pueblo. Su actitud, sus palabras, y toda su manera de ser transmitían un mensaje esencial: La persona importante no soy yo, ¡es Jesús!

Tan pronto como vio a Jesús, Juan lo señaló a todos con un corazón vibrante: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sus propios discípulos lo dejaron para seguir a Jesús. Juan no intentó retenerlos, sino que expresó su gozo diciendo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

Todos los pensamientos de ese hombre de Dios estaban vueltos hacia la Persona gloriosa de Cristo, de quien su corazón estaba lleno. Este es el resultado de tal olvido de sí mismo, el que caracteriza a un fiel siervo de Dios. En lugar de atraer las miradas y los corazones hacia sí mismo, los dirige hacia Jesucristo, la persona más importante.

Cristianos, ¡sigamos el ejemplo de Juan el Bautista!