Un tsunami de emociones

Isha – Salmos

DÍA 67 – Salmo 42

Dosis: Fe

Un tsunami de emociones

“Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí.” (Salmo 42:7) (NVI)

De alguna forma en esta vida todas experimentamos dolor emocional y físico que muchas veces nos llega de manera sorpresiva. Como un tsunami. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una traición, problemas con el esposo o con los hijos. Entonces surgen interrogantes como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué parece que Dios no me responde? El salmista no encuentra mejor manera de describir la magnitud de su sufrimiento, que comparándolo con aguas turbulentas que tienen un poder destructivo sobre su vida. ¿Te has sentido también en una tempestad? ¿Caíste en una depresión profunda?

En circunstancias así, muchas veces se nos hace difícil seguir confiando. Pero si en medio de estas circunstancias te preguntan ¿Dónde está tu Dios? Y te tientan a creer que Dios te ha abandonado, la situación será aún más dolorosa. Pues provocar la desconfianza añade más tristeza y desconsuelo si estamos abatidas. ¿Recuerdas al ciervo sediento? Vulnerable y frágil, muriendo de sed, ahora también es perseguido por cazadores que le arrojan flechas.

¿Alguna vez reprocharon tu fidelidad y devoción? ¿Criticaron tu fe? ¿Te hicieron pensar que Dios no te escuchaba ni respondía? El salmista nos recuerda que Dios jamás está en retirada, y quienes lo conocemos sabremos siempre dónde hallarlo en cualquier circunstancia por eso dice: “Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?» Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»”

El salmista sigue dialogando con su alma y se exhorta a sí mismo a no abatirse, a no turbarse, motivándose a seguir esperando en el Señor. Abre su corazón y en una reflexión personal e íntima se dice: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

De esta manera decide seguir confiando en Dios. De un estado anímico débil, depresivo, el salmista en oración avanza hacia la fe. ¿Crees también que Dios es tu roca? ¿Experimentas estabilidad y fortaleza en su presencia? Recuerdas su promesa: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas… Porque sólo Dios puede darnos esa capacidad de trasladarnos de la angustia a la seguridad y la esperanza.

Oración: Señor enséñame a confiar y a aferrarme a ti en cualquier tormenta de mi vida. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 82). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Como ciervas sedientas

Isha – Salmos

DÍA 66 – Salmo 42

Dosis: Comunión

Como ciervas sedientas

“Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios? Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»” (Salmo 42:1–3) (NVI)

¡Qué hermosa metáfora! El salmista compara en este Salmo su necesidad de comunión con Dios con una sed insaciable. Y lo expresa como un deseo vehemente de la presencia de Dios en su vida. Se cree que se encontraba en la zona montañosa al sur del Monte Hermón, donde en los últimos meses de verano había sequías, quizá vio a un venado jadear muerto de sed buscando alguna corriente de agua. Entonces descubrió que él moría de sed también por su Dios. Se dice que el ciervo tiene más sed cuando huye presuroso de sus cazadores y la cierva tiene aún más sed que el ciervo cuando cría. Ambos braman por el agua. En aquel tiempo, la sed se saciaba con el agua de los pozos y los manantiales, pero hay un tipo de sed espiritual que sólo puede ser saciada en un íntimo diálogo con su Dios. O mejor dicho por Dios mismo ¿Sientes esa sed? ¿Cómo la sacias?

Si leemos todo el Salmo vamos a encontrar un reflejo del corazón del salmista lleno de temores y a la vez de esperanzas, alegrías y tristezas en conflicto, y hasta un profundo dolor; pero que finalmente se resuelven poniendo su confianza en Dios: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Ese reflejo puede ser también el espejo de nuestro propio corazón que necesita fortalecer cada día la fe y la esperanza.

¿Estás sufriendo? ¿Se ha nublado tu presente? El salmista sufre y evoca mejores tiempos con Dios: “Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios.

Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme?

¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán, desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar.

¡Tremenda enseñanza! Cuando nos debatimos entre el temor y la esperanza, el pesar y el gozo, cuando nuestros sentimientos entran en conflicto, debemos aprender a mirar nuestras circunstancias “desde las alturas de la fe”, solidificándola recordando todas las bendiciones recibidas. Para lograrlo, necesitamos cultivar una vida devocional que nos ayude a fortalecer nuestra fe y mantener su frescura. Necesitamos oír la voz de Dios cada día guiándonos, y correr a Él como ciervas sedientas.

Oración: Señor enséñame a saciar mi sed espiritual en tu santa presencia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 81). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Llamada de Auxilio

Isha – Salmos

DÍA 65 – Salmo 41

Dosis: Solidaridad

Llamada de Auxilio

“Dichoso el que piensa en el débil; el SEÑOR lo librará en el día de la desgracia. El SEÑOR lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios. El SEÑOR lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor. (Salmo 41:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa expresión de solidaridad humana, recordándonos, que si tenemos un estilo de vida generoso, vamos a ser personas bienaventuradas y dichosas, receptoras de la misericordia divina. Pero también es una súplica o lamento por una enfermedad en medio de una situación de abandono. La persona enferma describe su dolor y dice que no solamente sus amigos lo han abandonado sino que sus enemigos lo persiguen. Se siente débil y necesitado, por eso clama e implora la misericordia de Dios.

El día de ayer mientras meditaba en los Salmos recibí un mail cuyo asunto decía: “Preciso de ti”. Era como una llamada de auxilio, un clamor en medio del sufrimiento, de una persona que quiero mucho. Ella me escribía tras el impacto de conocer la noticia de un cáncer terminal, en un familiar muy cercano. Se sentía frágil, y sin esperanzas. Se preguntaba ¿por qué? Si la persona enferma era tan generosa e íntegra. Sentí mucha tristeza y me pregunté una vez más ¿cómo consolar? ¿Cómo dar esperanza? La única forma que encontré de hacerlo fue repitiendo las promesas de Dios para el que sufre.

El salmista se debate otra vez entre el dolor y la fe y en su evaluación personal, una vez más vemos la asociación de la enfermedad con el pecado: “Yo he dicho: «SEÑOR, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado.» ¡Cuánta sinceridad puede surgir de nuestro corazón cuando es afectada nuestra salud y valoramos cuán generoso ha sido Dios con nosotros y cuántas veces le hemos fallado!

Parece ser que a su condición física se agrega una carga emocional por la traición de sus amigos y la persecución de sus enemigos: “Con saña dicen de mí mis enemigos: «¿Cuándo se morirá? ¿Cuándo pasará al olvido?» Si vienen a verme, no son sinceros; recogen calumnias y salen a contarlas. Mis enemigos se juntan y cuchichean contra mí; me hacen responsable de mi mal. Dicen: «Lo que le ha sobrevenido es cosa del demonio; de esa cama no volverá a levantarse.» Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla.”

Expresiones que revelan la fragilidad y la vulnerabilidad de quien experimenta el dolor y necesita de nuestro consuelo. Aunque la gracia y la compasión provienen de Dios y su misericordia y su paz siempre serán el consuelo más efectivo, Dios nos ha puesto en esta vida para ser solidarias en el dolor, para ser una extensión de su amor y su misericordia. Este Salmo me recuerda que debo visitar al enfermo, orar por los que sufren y pedirle a Dios que me use como un instrumento de fe y esperanza. Que debo estar pendiente de quien “precisa de mí”.

Oración: Señor enséñame a ser solidaria con el que sufre, a no esperar una llamada de auxilio sino a estar cerca y presente. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 80). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En Terreno Firme

Isha – Salmos

DÍA 64 – Salmo 40

Dosis: Gratitud

En Terreno Firme

“Puse en el SEÑOR toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el SEÑOR.” (Salmo 40:1–3) (NVI)

Este es un Salmo de gozo y gratitud. Dios libró a David y él le agradece y lo alaba. Cómo hemos visto, David enfrentó situaciones de crisis, problemas complejos, amenazas de muerte, traición y persecución, y en este salmo reconoce que la fe y la espera paciente siempre serán premiadas.

¿Has tenido tu propio pozo de la desesperación? ¿Te hundiste en el lodo cenagoso? ¿Experimentaste ya lo que es pisar terreno firme a pesar de la complejidad de tus problemas? David dice: “Dichoso el que pone su confianza en el SEÑOR” Porque él endereza nuestros pasos y pone nuestros pies sobre una peña. ¡Qué hermosa manera de expresar la estabilidad que necesitamos, la seguridad, la firmeza y la fortaleza que nos lleva a entonar un cántico de alabanza con una actitud de gozo y alegría.

David empieza a recordar todas las maravillas y bendiciones que ha recibido de Dios. Y dice que ¡es imposible contarlas!: “Muchas son, SEÑOR mi Dios, las maravillas que tú has hecho. No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro. Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar.

¿Puedes contar las maravillas que Dios ha hecho con tu vida? ¿Las tienes presente? David expresa su gratitud y describe el efecto que ha causado en su corazón gozar de esa misericordia de Dios: “Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí.» En medio de la gran asamblea, he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, SEÑOR, que no he sellado mis labios. No escondo tu justicia en mi corazón, sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación. No oculto en la gran asamblea tu gran amor y tu verdad”.

En los siguientes versículos leemos que los problemas de David no habían terminado, pero su esperanza es que si Dios lo libró en el pasado puede hacerlo en el presente y en el futuro. “No me niegues, SEÑOR, tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad.”

Oración: Señor enséñame a confiar que tú tienes el poder de enderezar mis pasos y poner mis pies en un terreno firme. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 79). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Reaccionando al Dolor

Isha – Salmos

DÍA 63 – Salmo 39

Dosis: Esperanza

Reaccionando al Dolor

“Me dije a mí mismo: «Mientras esté ante gente malvada vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré una mordaza en la boca.» Así que guardé silencio, me mantuve callado. ¡Ni aun lo bueno salía de mi boca! Pero mi angustia iba en aumento; ¡el corazón me ardía en el pecho! (Salmo 39:1–3) (NVI)

¿Cómo reaccionas frente al sufrimiento? ¿Qué haces cuando un fuerte dolor emocional oprime tu pecho? ¿Lloras, clamas, culpas a Dios, culpas a otros? ¿Pecas con tus labios? ¡Todas somos vulnerables frente al dolor y tenemos distintas reacciones! El salmista intenta ser cauto y lucha entre las pasiones que se encienden en su corazón y la fe y la paciencia.

Por eso, este salmo resulta una oración muy íntima. David sufre en silencio, frente a la maldad de otros. Decide “no pecar con su lengua”, no ser imprudente ni decir algo de lo cual más tarde deba arrepentirse. Aunque no puede evitar sentir dolor, calla frente a los demás, pero reflexiona con Dios sobre la fragilidad y la brevedad de la vida humana: “Al meditar en esto, el fuego se inflamó y tuve que decir: «Hazme saber, SEÑOR, el límite de mis días, y el tiempo que me queda por vivir; hazme saber lo efímero que soy. Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. Un soplo nada más es el mortal, un suspiro que se pierde entre las sombras.”

¡Qué interesante que en vez de responder a quienes lo provocaban él decide nuevamente hablarle a Dios y abrirle su corazón! Esta es una gran enseñanza para nosotras. Nos alienta a ser cautas, prudentes y sabias. ¡Y qué aleccionador que en sus reflexiones medite sobre la brevedad de la vida! ¿Se sentía David al borde de la muerte? ¿Lo aturdían los placeres efímeros de este mundo? ¿Anhelaba ya estar en la presencia de Dios dónde sabía que no habría sufrimiento? ¿O es que le aquejaba alguna enfermedad? Lo interesante es que en medio de la debilidad física o emocional decide pedirle ayuda a Dios. Expresa una vez más su fe frente a la debilidad y la impotencia: “Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quién se quedará con ellas». Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!

Lidiar con la vida no es fácil. El salmista nos recuerda que es corta y transitoria: “Un soplo nada más es el mortal” Por eso pide apoyo y fortaleza al Señor, porque está seguro que Dios lo escucha: «SEÑOR, escucha mi oración, atiende a mi clamor; no cierres tus oídos a mi llanto. Ante ti soy un extraño, un peregrino, como todos mis antepasados. No me mires con enojo, y volveré a alegrarme antes que me muera y deje de existir.»156 ¡Todos somos peregrinos en esta tierra! Pero qué alentador es recordar, sobre todo en medio de las crisis, que Dios tiene el poder de transformar nuestras circunstancias, hacernos experimentar su paz y confiar en la promesa de la vida eterna.

Oración: Señor enséñame a no desesperar en el dolor, a valorar la vida y a confiar en la promesa de la vida eterna. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 78). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Clamor y Arrepentimiento

Isha – Salmos

DÍA 62 – Salmo 38

Dosis: Fe y Esperanza

Clamor y Arrepentimiento

“SEÑOR, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas me han atravesado, y sobre mí ha caído tu mano. Por causa de tu indignación no hay nada sano en mi cuerpo; por causa de mi pecado mis huesos no hallan descanso. Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada. Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.” (Salmo 38:1–4) (NVI)

¿Alguna vez te sentiste tan mal que pensaste que las flechas de Dios te atravesaban? ¿Concebiste tu situación como un castigo divino? Quien escribe este Salmo estaba en una situación agobiante. Sufría físicamente una enfermedad muy dolorosa, lo habían abandonado familiares y amigos, y sus enemigos maquinaban contra él. Por eso siente que la mano de Dios ha caído sobre él, y decide presentar su causa en oración como un lamento:

“Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado. Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo. Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.” Enfermedad, dolor, soledad, abandono y temor ¡Qué situación más desesperante! ¿Te identificas con él? Si es posible que lo hagas en el dolor, sería hermoso que también lo hicieras en su oración.

Muchas veces el dolor y la enfermedad nos llevan a una evaluación personal. Teológicamente este Salmo plantea la posibilidad que algunas enfermedades además de ser un problema físico y clínico, pueden tener un componente espiritual. En la sociedad israelita las personas hacían este tipo de plegarias para pedir la misericordia divina. Parece ser que el salmista asocia el origen de su enfermedad a su condición espiritual, a un pecado del cual debe arrepentirse y confesar.

Hace poco conversé con una mujer que estaba sufriendo una enfermedad crónica. Un cuadro de hipertensión aparentemente inexplicable la oprimía y estaba cayendo en depresión. Cuando evaluamos su vida, tenía motivos poderosos que causaban grandes preocupaciones, como consecuencias de decisiones erradas. ¡Por eso estaba enferma! Mientras no resolviera sus problemas o aprendiera a confiar en Dios, posiblemente la presión arterial seguiría alterada. Sin embargo, debemos aclarar que no todas las enfermedades son una respuesta divina, ni un juicio por el pecado. La totalidad de la Biblia no enseña esto.

Frente a las crisis de la vida el salmista nos enseña a apelar a la misericordia divina. Está enfermo, solo y angustiado pero clama, espera y confía en que Dios tiene la capacidad de responderle y lo que empieza como un llanto y un clamor termina siendo una afirmación de fe y esperanza: “Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.” “Yo, SEÑOR, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.”151 “SEÑOR, no me abandones; Dios mío, no te alejes de mí. Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!”

Oración: Señor gracias porque en medio de cualquier circunstancia oscura puedo apelar a tu misericordia y tú nunca me abandonas. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 77). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Confiar y Esperar

Isha – Salmos

DÍA 61 – Salmo 37

Dosis: Promesas Divinas

Confiar y Esperar

“Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados; porque el brazo de los impíos será quebrado, pero el SEÑOR sostendrá a los justos. El SEÑOR protege la vida de los íntegros, y su herencia perdura por siempre. En tiempos difíciles serán prosperados; en épocas de hambre tendrán abundancia” (Salmo 37:16–19) (NVI)

Hemos leído que no tendríamos motivos para envidiar la prosperidad de quienes no temen a Dios. Sin embargo “engañoso es el corazón más que todas las cosas”. Cada una de nosotras debemos aprender a cuidar nuestros corazones, a confiar y esperar.

David enfatiza que no tendríamos motivo de envidiar riquezas mal habidas, ya que los que confiamos en Dios “heredaremos la tierra” es decir todas las bendiciones y sus promesas. Pero debemos mantenernos fieles y tener paciencia: “Dentro de poco los malvados dejarán de existir; por más que los busques, no los encontrarás. Pero los desposeídos heredarán la tierra y disfrutarán de gran bienestar.” Esto nos alienta a tener presente que el bien que Dios quiere darnos, trasciende lo material, pues hay riquezas en los cielos, y la mejor herencia es experimentar la paz interior y una buena consciencia.

El Salmo nos asegura que aunque la gente malvada quiera dañar u oprimir a la gente justa con violencia, no solamente no lo logrará sino el mal que planearon para gente inocente se volverá contra ellas mismas: “Los malvados sacan la espada y tensan el arco para abatir al pobre y al necesitado, para matar a los que viven con rectitud. Pero su propia espada les atravesará el corazón, y su arco quedará hecho pedazos.” ¡Justicia divina! En un contexto donde hay tanta justicia humana, Dios nos asegura que la maldad regresa y destruye a quien la maquina.

¿Has sido víctima de alguna injusticia? ¿Estás sufriendo por la maldad de otros? Recuerda que tus acciones bondadosas, tu justicia está delante de sus ojos. Él te toma de la mano y no permitirá que caigas, confía en esta promesa: El SEÑOR afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el SEÑOR lo sostiene de la mano.

Pero aún hay una bendición adicional en este salmo. Dios promete no solamente bendecirte a ti sino a tus generaciones: “He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan. Prestan siempre con generosidad; sus hijos son una bendición.” Te animo a que leas el Salmo completo, y puedas saborear las promesas que se cumplirán en tu vida y en la de tu familia, si aprendes a esperar y a confiar en Él.

Oración: Señor trabaja en mi corazón la paciencia y la confianza en ti y ayúdame a serte fiel. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 76). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Deleitándonos en Él

Isha – Salmos

DÍA 60 – Salmo 37

Dosis: Llenura Espiritual

Deleitándonos en Él

“Confía en el SEÑOR y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía.” (Salmo 37:3–6) (NVI)

Este es uno de mis salmos preferidos. Un poema sapiencial. Y la verdad no hallo la forma de resumir tanta riqueza. Este hermoso poema trata un tema controversial, el sufrimiento de la gente justa e inocente frente a la prosperidad de los que no temen a Dios. Nos enseña a no envidiar la prosperidad de otros.

Lo primero que nos dice el salmista es: no te impacientes, no te irrites. Apunta a nuestro carácter que debe contrastar con el carácter de quien se conduce injustamente: “No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto.” Estas palabras apelan a un examen personal. ¿Envidias la prosperidad de otros? ¿Tienes contentamiento? Y a la vez nos recuerda que la prosperidad material es efímera y nos insta a mirar con los ojos de la fe confiando, esperando y deleitándonos en el Señor. Él sabe lo que queremos y necesitamos y Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón.141

David había aprendido a vivir alimentándose de las promesas de Dios, por eso nos anima a vivir una vida de plena confianza en Él: “Guarda silencio ante el SEÑOR, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados. Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal. Porque los impíos serán exterminados, pero los que esperan en el SEÑOR heredarán la tierra.”

Frente a los placeres humanos, el salmista describe un deleite diferente. Nos insta a “deleitarnos en el Señor” a saborear nuestra comunión con Él, a vivir agradándole y agradándonos en Él, quien finalmente es el único capaz de conceder los deseos más íntimos de nuestro corazón. Amada yo he experimentado esta verdad de una manera maravillosa, a veces no he llegado a pronunciar mi oración, sólo he deseado algo en mi corazón y Dios me lo ha concedido como una evidencia de su amor. Pero antes aprendí que solamente Él puede llenar mi alma, Él satisfizo mi corazón, lo llenó por completo. Experimenté el placer y la satisfacción más grande deleitándome en su presencia, amándolo y aprendiendo a vivir agradándole. ¡Cristo llena!

Permitamos que sea nuestro guía, encomendándole nuestros caminos, sometiendo a su dirección todos nuestros asuntos y deseos. Confiando en la promesa que Él actuará, hará que resplandezca nuestra justicia como el alba y nuestra causa justa como el sol del mediodía. ¡Qué más podemos desear!

Oración: Señor enséñame a deleitarme en tu presencia y a llenarme de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 75). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Un río de deleites

Isha – Salmos

DÍA 59– Salmo 36

Dosis: Amor y Fidelidad

Un río de deleites

“Dice el pecador: «Ser impío lo llevo en el corazón.» No hay temor de Dios delante de sus ojos. Cree que merece alabanzas y no halla aborrecible su pecado. Sus palabras son inicuas y engañosas; ha perdido el buen juicio y la capacidad de hacer el bien. Aun en su lecho trama hacer el mal; se aferra a su mal camino y persiste en la maldad.” (Salmo 36:1–4) (NVI)

Este Salmo describe las características del pecador, cómo son sus palabras, pensamientos y motivaciones. Cómo maquina maldad aún estando en su cama y en su arrogancia piensa que actúa sabiamente y no recibirá castigo. ¿Conoces a personas que se jactan de su habilidad para el mal?

Luego de describir la raíz y los frutos de la impiedad, David se anima a orar enfatizando varios de los atributos de Dios, como su amor, misericordia, bondad y justicia: “Tu amor, SEÑOR, llega hasta los cielos; tu fidelidad alcanza las nubes. Tu justicia es como las altas montañas; tus juicios, como el gran océano. Tú, SEÑOR, cuidas de hombres y animales; ¡cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus alas.

No sé si has experimentado este mismo fervor que describe el salmista alguna vez contemplando la naturaleza. Yo suelo caminar por la orilla del mar cada año entonado ese cántico que dice: “Dios grande es tu amor, tu gran amor por mí, admirable amor, que durará sin fin, es sublime y santo, ancho cual es el mar, alto más que los cielos es tu amor por mí…” Me uno al cántico del mar para alabarle. Y aunque siempre es la misma canción, cada año llevo hasta la orilla de su gracia nuevos motivos de alabanza y gratitud. Cada año reconozco su misericordia y fidelidad y me amparo a la sombra de sus alas sintiéndome amada y protegida.

David destilaba gozo y alabanza, se deleitaba en Dios y reconocía todas las evidencias de su amor. Por eso cantaba y dejó escrito: “Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites. Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz. Extiende tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.”

Oración: Señor enséñame a reconocer el río de deleites que tienes para mí y a saciarme de la fuente de tu luz. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 74). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Poderoso defensor

Isha – Salmos

DÍA 58 – Salmo 35

Dosis: Justicia

Poderoso defensor

”Defiéndeme, SEÑOR, de los que me atacan; combate a los que me combaten. Toma tu adarga, tu escudo, y acude en mi ayuda. Empuña la lanza y el hacha, y haz frente a los que me persiguen. Quiero oírte decir: «Yo soy tu salvación.» (Salmo 35:1–3) (NVI)

¿Alguna vez te sentiste tan vulnerable al punto de necesitar que alguien te defienda? Parece ser que David era víctima de persecución, ataques e injusticias por parte de enemigos que él no había buscado. Entonces apela al Juez justo de los cielos con una súplica conmovedora, que vindique su inocencia. En su oración le pide a Dios que sea Él quien pelee a su favor y que frustre los planes malvados que quieren terminar con su vida:

“Queden confundidos y avergonzados los que procuran matarme; retrocedan humillados los que traman mi ruina. Sean como la paja en el viento, acosados por el ángel del SEÑOR; sea su senda oscura y resbalosa, perseguidos por el ángel del SEÑOR. Ya que sin motivo me tendieron una trampa, y sin motivo cavaron una fosa para mí, que la ruina los tome por sorpresa; que caigan en su propia trampa, en la fosa que ellos mismos cavaron.”

Este es una oración imprecatoria y extraña, en boca de alguien que intenta cumplir el principio de paz y “amor a los enemigos”. Pero nos confirma que no debemos tomar la venganza o la revancha en nuestras manos sino “estad quietos” y esperar en fe que sea Dios quien obre la liberación que necesitamos. Una vez que David encomienda su causa a Dios no duda que éste lo ayudará: “Así mi alma se alegrará en el SEÑOR y se deleitará en su salvación; así todo mi ser exclamará: «¿Quién como tú, SEÑOR? Tú libras de los poderosos a los pobres; a los pobres y necesitados libras de aquellos que los explotan.»

Pero tal vez lo que más conmueve es el lamento de David, por sus adversarios, ya que éstos antes fueron sus amigos, o personas a las que él les había dado pruebas de amistad y solidaridad: “Se presentan testigos despiadados y me preguntan cosas que yo ignoro. Me devuelven mal por bien, y eso me hiere en el alma; pues cuando ellos enfermaban yo me vestía de luto, me afligía y ayunaba. ¡Ay, si pudiera retractarme de mis oraciones! Me vestía yo de luto, como por un amigo o un hermano. Afligido, inclinaba la cabeza, como si llorara por mi madre.”

Si te has sentido traicionada a este extremo, si personas que cobijaste o ayudaste te dieron la espalda, aprende a confiar como David en la acción de Dios, Él puede desbaratar cualquier complot contra tu vida. Si lees el salmo completo, comprobarás que David describe todas las maldades que le hacen pero finalmente alaba a Dios anticipándose a la victoria que Él le dará: “Pero lancen voces de alegría y regocijo los que apoyan mi causa, y digan siempre: «Exaltado sea el SEÑOR, quien se deleita en el bienestar de su siervo.»

Con mi lengua proclamaré tu justicia, y todo el día te alabaré.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti en mis batallas personales y líbrame de injusticias. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 73). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.