“Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:16).
El tiempo es algo sumamente importante, porque es un regalo que recibimos y porque es irrecuperable. Quiere decir esto que cada día tenemos sólo veinticuatro horas y que cada segundo puede ser bien o mal aprovechado. Cuando alguien pretende ocuparnos con algo que no tiene valor alguno, solemos decirle: No me hagas perder el tiempo.
La sociedad actual dispone de muchos medios para entretener, de modo que el tiempo pasa ocupado en cosas intrascendentes. Algunos jóvenes, y no jóvenes, tienen adicción a los juegos electrónicos, pasando horas delante de la pantalla entretenidos en pulsar botones para acceder a un nivel más alto del juego que les ocupa. Las llamadas redes sociales, invaden también la parcela disponible de tiempo ocupándonos en conocer asuntos personales de los amigos y contestando mensajes, muchas veces, sin valor alguno.
El apóstol se ocupa del problema del buen uso del tiempo. Tan importante es este asunto que comienza con una llamada para prestar atención diligente en como se usa el tiempo: Mirad, que equivale a atended con diligencia. La utilización del tiempo, correcta o incorrectamente, coloca al creyente en dos ámbitos, la necedad y la sabiduría. Las riquezas de la gracia de Dios proveyeron al creyente de sabiduría y entendimiento (Ef. 1:8). Esta capacitación nos permite un correcto examen en relación al modo de vivir y al control del tiempo del que disponemos. Sin el control de la vida cristiana, ésta se convierte en un estilo necio o insensato. La verdadera sabiduría consiste en ajustarse al pensamiento divino en completa sumisión a la voluntad de Dios. La necedad es el rechazo de Dios y la autoexaltación del hombre (Ro. 1:18ss; 1 Co. 1:21).
Pablo exhorta a que los creyentes aprovechen el tiempo para una forma de vida sabia delante de Dios. De ahí que el cristiano deba redimir el tiempo, rescatándolo de la forma mala en que los impíos lo utilizan. Para éstos aprovechar bien el tiempo, es usarlo para practicar el pecado dentro del egoísmo propio. El creyente aprovecha el tiempo cuando lo usa para hacer el bien, en una vida de santificación que es del agrado de Dios. De otro modo, lo que se trata es de aprovechar sabiamente el tiempo para vivir en él conforme a la voluntad de Dios. El tiempo es un bien que pasa y que no es posible recuperar. Cada día Dios presenta oportunidades para hacer el bien y mostrar en nuestra vida la condición de sabios e hijos de luz. Nadie puedeestirar el tiempo, pero todos podemos utilizarlo sacándole el máximo provecho. Cada uno de nosotros tendremos que dar cuenta ante Dios de la administración sabia o necia del tiempo que él nos ha entregado.
Cada día, y este es el problema que motiva la reflexión, recibo mensajes de todo el mundo, procedentes, muchos de ellos, de líderes –o por lo menos así se consideran- en la obra de Dios. Mensajes escritos desde la forma que Pablo califica como uso necio del tiempo. Nacen generalmente de un subjetivismo infantil. Muchos son pura maledicencia. Algunos, basándose en la supuesta defensa de la fe, extienden murmuración, mentiras, falsas acusaciones y medias verdades, en contra de todo aquel que sea más capaz que ellos en la obra de Dios. Siempre estos perdedores de tiempo, hablan mal de otro sin antes haberse puesto en contacto con él. Siguen siendo las mismas aves carroñeras que buscan la putrefacción para extenderla a otros como ellos, sin tener en cuenta que el tiempo ha de ser usado para hacer el bien. Se olvidan estos sabios según el mundo, necios delante de Dios, de la responsabilidad que tienen en administrar el tiempo conforme a lo que la Palabra enseña: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10). Extienden la maledicencia y generan respuestas de otros a quienes sus patrañas hacen perder el tiempo para contestarles. Es sabio dejar de responder a los malignos, porque tienes que bajar a su terreno y siempre te ganan por experiencia. Aprovechar el tiempo es no contestar a insensatos. Estos no dejarán la mala costumbre de perder su tiempo, pero no conseguirán hacernos perder el nuestro.
Otros pierden su tiempo en asuntos que desconocen. Una de las características del necio es la ignorancia, que les hace sentirse sabios en su propia opinión. Estoy recibiendo en los últimos días enlaces de internet, cartas de muchas partes del mundo, criticando y procurando cuestionar versiones de la Biblia. Para estos la única versión válida y correcta es la Reina Valera y, lamentablemente, las críticas a otras versiones no son hechas en una aproximación al texto griego, sino en un contraste con la Reina Valera. Es sorprendente ver la ignorancia de quienes pierden el tiempo con estas cuestiones. Desconocen totalmente lo que es la equivalencia dinámica en la traducción de las versiones más recientes. Se empeñan en sostener que el idioma correcto es el de hace cien años, sin tener en cuenta que muchas palabras no se entienden porque han dejado de usarse. No tienen ningún tipo de conocimiento sobre la crítica textual, por lo que no saben que continuamente aparecen nuevos manuscritos que permiten hacer una mejor traducción, más fiel y más próxima a los originales. Se asustan cuando una versión moderna deja de usar la palabra sodomita y la cambia por homosexual, lo que les vale para acusar a los traductores y editores de estar a favor de la homosexualidad. Desconocen, por ignorancia, que la Reina Valera, se ha producido desde los manuscritos que tenían aquellos hombres, pero que en los más seguros hay algunas frases que no aparecen y que son interpolaciones evidentes. Hace un momento leía una acusación contra la NVI de negar la deidad de Cristo, porque no aparece la palabra Dios en 1 Ti. 3:16. Quien hace esta afirmación ignora totalmente que en el texto griego no aparece esa palabra, simplemente está el pronombre relativo el que, el cual, de manera que el sujeto Dios, se le añade para mayor comprensión. Lo que están haciendo es perder su tiempo y hacerlo perder a los demás. Yo uso la RV60, siempre; es el texto bíblico que aparece en mi comentario al Nuevo Testamento, pero no significa que no me de cuenta, y así lo hago notar, de las variantes que tiene RV en relación con el texto griego.
Los creyentes debemos aprovechar el tiempo. Casi siempre estos elementos que lo hacen perder a tantos hermanos, proceden de quienes no tienen en que ocupar su tiempo. No tienen trabajo en sus congregaciones porque están en franca decadencia. No dedican tiempo a la evangelización y plantación de nuevas iglesias porque no tienen planes para la obra. No se dedican a estudiar la Biblia porque creen que lo saben todo. Están plenamente dentro del campo que Pablo dice: Mirad que no uséis el tiempo como necios.
El apóstol concluye con una advertencia. El secreto para utilizar bien el tiempo está en conocer continuamente cual es la voluntad del Señor, que está sólo en lo bueno, lo agradable y lo perfecto (Ro. 12:2), en todo momento y en toda situación. Al entender cual es la voluntad de Dios, el cristiano actúa en sabiduría. La voluntad personal o voluntad propia en relación con el aprovechamiento correcto del tiempo, es necedad, porque nos impide orar como el Señor enseñó: “…hágase Tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:10). Pedir por obediencia, es decir, para hacer la voluntad de Dios, compromete al que ora, que acepta voluntariamente una posición de obediencia plena. Lo que pide a Dios que se haga en todos, lo hará primeramente él mismo.
No hay disculpa para no vivir aprovechando el tiempo, porque conocemos la voluntad de Dios. Mientras tanto, no permitamos que nos hagan perder el nuestro. Hay un recurso inmediato que se llama papelera de reciclaje, a donde debe pasar todo aquello que no sirva para nuestra edificación. No dejes que te ocupen el tiempo que debes dedicar al servicio del Señor, a la edificación de la iglesia y a la atención de los tuyos, por quienes no tienen otra cosa que hacer que perder el tiempo.
