Plegaria pidiendo protección contra enemigos ocultos

Salmos 64-66

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Plegaria pidiendo protección contra enemigos ocultos

Al músico principal. Salmo de David.

64:1 Escucha, oh Dios, la voz de mi queja;
    Guarda mi vida del temor del enemigo.

2 Escóndeme del consejo secreto de los malignos,
De la conspiración de los que hacen iniquidad,

3 Que afilan como espada su lengua;
Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,

4 Para asaetear a escondidas al íntegro;
De repente lo asaetean, y no temen.

5 Obstinados en su inicuo designio,
Tratan de esconder los lazos,
Y dicen: ¿Quién los ha de ver?

6 Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta;
Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo.

7 Mas Dios los herirá con saeta;
De repente serán sus plagas.

8 Sus propias lenguas los harán caer;
Se espantarán todos los que los vean.

9 Entonces temerán todos los hombres,
Y anunciarán la obra de Dios,
Y entenderán sus hechos.

10 Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él;
Y se gloriarán todos los rectos de corazón.

La generosidad de Dios en la naturaleza

Al músico principal. Salmo. Cántico de David.

65:1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios,
    Y a ti se pagarán los votos.

2 Tú oyes la oración;
A ti vendrá toda carne.

3 Las iniquidades prevalecen contra mí;
Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.

4 Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti,
Para que habite en tus atrios;
Seremos saciados del bien de tu casa,
De tu santo templo.

5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia,
Oh Dios de nuestra salvación,
Esperanza de todos los términos de la tierra,
Y de los más remotos confines del mar.

6 Tú, el que afirma los montes con su poder,
Ceñido de valentía;

7 El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas,
Y el alboroto de las naciones.

8 Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas.
Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.

9 Visitas la tierra, y la riegas;
En gran manera la enriqueces;
Con el río de Dios, lleno de aguas,
Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.

10 Haces que se empapen sus surcos,
Haces descender sus canales;
La ablandas con lluvias,
Bendices sus renuevos.

11 Tú coronas el año con tus bienes,
Y tus nubes destilan grosura.

12 Destilan sobre los pastizales del desierto,
Y los collados se ciñen de alegría.

13 Se visten de manadas los llanos,
Y los valles se cubren de grano;
Dan voces de júbilo, y aun cantan.

Alabanza por los hechos poderosos de Dios

Al músico principal. Cántico. Salmo.

66:1  Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.

2 Cantad la gloria de su nombre;
Poned gloria en su alabanza.

3 Decid a Dios: !!Cuán asombrosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.

4 Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah

5 Venid, y ved las obras de Dios,
Temible en hechos sobre los hijos de los hombres.

6 Volvió el mar en seco;
Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.

7 El señorea con su poder para siempre;
Sus ojos atalayan sobre las naciones;
Los rebeldes no serán enaltecidos. Selah

8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
Y haced oír la voz de su alabanza.

9 El es quien preservó la vida a nuestra alma,
Y no permitió que nuestros pies resbalasen.

10 Porque tú nos probaste, oh Dios;
Nos ensayaste como se afina la plata.

11 Nos metiste en la red;
Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.

12 Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Y nos sacaste a abundancia.

13 Entraré en tu casa con holocaustos;
Te pagaré mis votos,

14 Que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca, cuando estaba angustiado.

15 Holocaustos de animales engordados te ofreceré,
Con sahumerio de carneros;
Te ofreceré en sacrificio bueyes y machos cabríos. Selah

16 Venid, oíd todos los que teméis a Dios,
Y contaré lo que ha hecho a mi alma.

17 A él clamé con mi boca,
Y fue exaltado con mi lengua.

18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
El Señor no me habría escuchado.

19 Mas ciertamente me escuchó Dios;
Atendió a la voz de mi súplica.

20 Bendito sea Dios,
Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

 


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