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Jesús sana al siervo del centurión

Lucas 7-9

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Jesús sana al siervo del centurión

alimentemos_el_alma7 Cuando Jesús terminó todas sus palabras al pueblo que le oía[a], se fue a Capernaúm.

Y el siervo de cierto centurión, a quien éste apreciaba mucho[b], estaba enfermo y a punto de morir. Al oír hablar de Jesús, el centurión envió a El unos ancianos de los judíos, pidiéndole que viniera y salvara[c] a su siervo. Cuando ellos llegaron a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: El centurión es digno de que le concedas esto; porque él ama a nuestro pueblo[d] y fue él quien nos edificó la sinagoga. Jesús iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso ni siquiera me consideré digno de ir a ti, tan sólo di la[e] palabra y mi siervo[f] será sanado. Pues yo también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: “Ve”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la multitud que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado una fe tan grande. 10 Y cuando los que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al siervo.

Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

11 Aconteció poco después[g] que Jesús fue a una ciudad llamada Naín; y sus discípulos iban con El acompañados por[h] una gran multitud. 12 Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, he aquí, sacaban fuera a un muerto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella.13 Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. 14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate! 15 El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. 16 El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo. 17 Y este dicho que se decía de El, se divulgó por toda Judea y por toda la región circunvecina.

Jesús y los discípulos de Juan

18 Entonces los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas. 19 Y llamando Juan a dos[i] de sus discípulos, los envió al Señor, diciendo: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro[j]? 20 Cuando los hombres llegaron a El, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: “¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?” 21 En esa misma hora curó a muchos de enfermedades y aflicciones, y malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista. 22 Y respondiendo El, les dijo: Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio. 23 Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí.

Jesús habla de Juan el Bautista

24 Cuando los mensajeros de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25 Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que visten con esplendor y viven en deleites están en los palacios de los reyes. 26 Pero, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y uno que es más que un profeta. 27 Este es aquel de quien está escrito:

He aqui, yo envio mi mensajero delante de tu faz,
quien preparara tu camino delante de ti.”

28 Os digo que entre los nacidos de mujer[k], no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. 29 Cuando todo el pueblo y los recaudadores de impuestos[l] le oyeron, reconocieron la justicia de Dios[m], siendo bautizados con el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y los intérpretes de la ley[n] rechazaron los propósitos de Dios para con ellos, al no ser bautizados por Juan[o]. 31 ¿A qué, entonces, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? 32 Son semejantes a los muchachos que se sientan en la plaza y se llaman unos a otros, y dicen: “Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos endechas, y no llorasteis.” 33 Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan, ni bebe vino, y vosotros decís: “Tiene un demonio.”34 Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.”35 Pero[p] la sabiduría es justificada por todos sus hijos.

Jesús perdona a una pecadora

36 Uno de los fariseos le pedía que comiera con él; y entrando en la casa del fariseo, se sentó[q] a la mesa. 37 Y he aquí, había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado[r] a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y poniéndose detrás de Ela sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume. 39 Pero al ver esto el fariseo que le había invitado, dijo para sí[s]: Si éste fuera un profeta[t], sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, que es una pecadora. 40 Y respondiendo Jesús, le dijo: Simón, tengo algo que decirte: Y él dijo*: Di, Maestro.41 Cierto prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios[u] y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó generosamente a los dos. ¿Cuál de ellos, entonces, le amará más? 43 Simón respondió, y dijo: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Y Jesús le dijo: Has juzgado correctamente. 44 Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado[v] de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume. 47 Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados. 49 Los que estaban sentados[w] a la mesa con El comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados? 50 Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Mujeres que servían a Jesús

8 Y poco[x] después, El comenzó a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del reino de Dios; con El iban los doce, y tambiénalgunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana, y muchas otras que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos.

Parábola del sembrador

Habiéndose congregado una gran multitud, y los que de varias ciudades acudían a El, les habló por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron. Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno. Y al hablar estas cosas, Jesúsexclamaba: El que tiene oídos para oír, que oiga.

Explicación de la parábola

Sus discípulos le preguntaban qué quería decir esta parábola, 10 y El dijo: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Dios, pero a los demás les hablo en parábolas, para que viendo, no vean; y oyendo, no entiendan. 11 La parábola es ésta: la semilla es la palabra de Dios. 12 Y aquéllos a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. 13 Y aquéllos sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo; pero[y] éstos no tienen raíz profunda; creen[z] por algún tiempo, y en el momento de la tentación sucumben.14 Y la semilla que cayó entre los espinos, éstos son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura. 15 Pero la semilla en la tierra buena, éstos son los que han oído la palabra con corazón recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con su perseverancia.

16 Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz.17 Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz. 18 Por tanto, tened cuidado de cómo oís; porque al que tiene, más le será dado; y al que no tiene, aun lo que cree que tiene[aa] se le quitará.

La madre y los hermanos de Jesús

19 Entonces su madre y sus hermanos llegaron a donde El estaba, pero no podían acercarse a El debido al gentío. 20 Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte. 21 Pero respondiendo El, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen.

Jesús calma la tempestad

22 Y[ab] uno de aquellos días, entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y se hicieron a la mar. 23 Pero mientras ellos navegaban, El se durmió; y una violenta tempestad[ac] descendió sobre el lago, y comenzaron a anegarse y corrían peligro. 24 Y llegándose a El, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y El, levantándose, reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma. 25 Y El les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciéndose unos a otros: ¿Quién, pues, es éste que aun a los vientos y al agua manda y le obedecen?

El endemoniado gadareno

26 Navegaron hacia la tierra de los gadarenos[ad] que está al lado opuesto de Galilea; 27 y cuando El bajó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios, y que por mucho tiempo no se había puesto ropa alguna, ni vivía en una casa, sino en los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, gritó y cayó delante de El, y dijo en alta voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo[ae], Jesús, Hijo del DiosAltísimo? Te ruego que no me atormentes. 29 Porque El mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces[af] se había apoderado de él, y[ag] estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; a pesar de todo rompía las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos. 30 Entonces Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él. 31 Y le rogaban que no les ordenara irse al abismo. 32 Y había una piara de muchos cerdos paciendo allí en el monte; y los demonios le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos[ah]. Y El les dio permiso. 33 Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por el despeñadero al lago, y se ahogaron. 34 Y cuando los que los cuidaban vieron lo que había sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. 35 Salió entonces la gente a ver qué había sucedido; y vinieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio, y se llenaron de temor. 36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo el que estaba endemoniado había sido sanado[ai]. 37 Entonces toda la gente[aj] de la región alrededor de los gadarenos le pidió a Jesús que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de un gran temor. Y El entrando a una barca, regresó. 38 Pero el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarle[ak]; mas El lo despidió, diciendo: 39 Vuelve a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas[al] Dios ha hecho por ti. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas[am] Jesús había hecho por él.

Jairo ruega por su hija

40 Cuando Jesús volvió, la multitud le recibió con gozo, porque todos le habían estado esperando. 41 Y he aquí, llegó un hombre llamado Jairo, que era un oficial[an] de la sinagoga; y cayendo a los pies de Jesús le rogaba que entrara a su casa; 42 porque tenía una hija única[ao], como de doce años, que estaba al borde de la muerte. Pero mientras El iba, la muchedumbre le apretaba.

Jesús sana a una mujer

43 Y una mujer que había tenido un flujo de sangre por doce años y que había gastado en médicos todo cuanto tenía[ap] y no podía ser curada por nadie, 44 se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de su manto, y al instante cesó el flujo de su sangre. 45 Y Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Mientras todos lo negaban, Pedro dijo, y los que con él estaban[aq]: Maestro, las multitudes te aprietan y te oprimen. 46 Pero Jesús dijo: Alguien me tocó, porque me di cuenta que de mí había salido poder. 47 Al ver la mujer que ella no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y cayendo delante de El, declaró en presencia de todo el pueblo la razón por la cual le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48 Y El le dijo: Hija, tu fe te ha sanado[ar]; vete en paz.

Jesús resucita a la hija de Jairo

49 Mientras estaba todavía hablando, vino* alguien de la casa del oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50 Pero cuando Jesús lo oyó, le respondió: No temas; cree solamente, y ella será sanada[as]. 51 Y cuando El llegó a la casa, no permitió que nadie entrara con El sino sólo Pedro, Juan y Jacobo[at], y el padre y la madre de la muchacha. 52 Todos la lloraban y se lamentaban; pero El dijo: No lloréis, porque no ha muerto, sino que duerme. 53 Y se burlaban de El, sabiendo que ella había muerto. 54 Pero El, tomándola de la mano, clamó, diciendo: ¡Niña, levántate! 55 Entonces le volvió su espíritu, y se levantó al instante, y El mandó que le dieran de comer. 56 Y sus padres estaban asombrados; pero El les encargó que no dijeran a nadie lo que había sucedido.

Misión de los doce

9 Reuniendo a los doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja[au], ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno. En cualquier casa donde entréis, quedaos allí, y sea de allí vuestra salida. Y en cuanto a los que no os reciban, al salir de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Entonces salieron, e iban por las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.

Herodes oye hablar de Jesús

Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que estaba pasando, y estaba muy perplejo, porque algunos decían que Juan había resucitado de entre los muertos,otros, que Elías había aparecido, y otros, que algún profeta de los antiguos había resucitado. Entonces Herodes dijo: A Juan yo lo hice decapitar; ¿quién es, entonces, éste de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.

Alimentación de los cinco mil

10 Y cuando los apóstoles regresaron, dieron cuenta a Jesús[av] de todo lo que habían hecho. Y El, tomándolos consigo, se retiró aparte a una ciudad llamada Betsaida. 11 Pero cuando la gente[aw] se dio cuenta de esto, le siguió; y Jesús, recibiéndolos, les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados. 12 El día comenzaba a declinar, y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores, y hallen alojamiento y consigan alimentos[ax]; porque aquí estamos en un lugar desierto. 13 Pero El les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimentos para toda esta gente. 14 (Porque había como cinco mil hombres.) Y Jesús dijo a sus discípulos: Haced que se recuesten en grupos como de cincuenta cada uno.15 Así lo hicieron, haciendo recostar a todos. 16 Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a[ay] la gente. 17 Todos comieron y se saciaron; y se recogieron de lo que les sobró de los pedazos: doce cestas llenas.

La confesión de Pedro

18 Y[az] mientras Jesús[ba] oraba a solas, estaban con El los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las multitudes que soy yo? 19 Entonces ellos respondieron, y dijeron: Unos, Juan el Bautista, otros, Elías, y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Y El les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Y Pedro respondiendo, dijo: El Cristo[bb] de Dios. 21 Pero El, advirtiéndoles severamente, les mandó que no dijeran esto a nadie, 22 diciendo: El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. 24 Porque el que quiera salvar su vida[bc], la perderá, pero el que pierda su vida[bd] por causa de mí, ése la salvará. 25 Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si[be] él mismo se destruye o se pierde?26 Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y la del Padre, y la de los santos ángeles. 27 Pero en verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.

La transfiguración

28 Y[bf] como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo[bg], y subió al monte a orar. 29 Mientras oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa se hizo blanca y resplandeciente[bh]. 30 Y he aquí, dos hombres hablaban con El, los cuales eran Moisés y Elías, 31 quienes apareciendo en gloria[bi], hablaban de la partida de Jesús[bj], que El estaba a punto de cumplir en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros habían sido vencidos por el sueño, pero cuando estuvieron bien despiertos, vieron la gloria de Jesús[bk] y a los dos varones que estaban con El. 33 Y sucedió que al retirarse ellos de El, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es que estemos aquí; hagamos tres enramadas[bl], una para ti, otra para Moisés y otra para Elías; no sabiendo lo que decía. 34 Entonces, mientras él decía esto, se formó una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35 Y una voz salió de la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Escogido[bm]; a El oíd. 36 Después que la voz se oyó[bn], Jesús fue hallado solo. Ellos se lo callaron, y por aquellos días no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho endemoniado

37 Y aconteció que al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud le salió al encuentro. 38 Y he aquí, un hombre de la multitud gritó, diciendo: Maestro, te suplico que veas a mi hijo, pues es el único que tengo[bo], 39 y sucede que un espíritu se apodera de él, y de repente da gritos, y el espíritu le hace caer con convulsiones, echando[bp] espumarajos; y magullándole, a duras penas se aparta de él. 40 Entonces rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, y no pudieron. 41 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.42 Cuando éste se acercaba, el demonio lo derribó y lo hizo caer con convulsiones. Pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 43 Y todos estaban admirados de la grandeza[bq] de Dios.

Jesús anuncia otra vez su muerte

Mientras todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: 44 Haced[br] que estas palabras penetren en vuestros oídos, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 45 Pero ellos no entendían estas palabras[bs], y les estaban veladas para que no las comprendieran; y temían preguntarle acerca de ellas[bt].

El mayor en el reino de los cielos

46 Y se suscitó[bu] una discusión entre ellos, sobre quién de ellos sería el mayor.47 Entonces Jesús, sabiendo lo que pensaban en[bv] sus corazones, tomó a un niño y lo puso a su lado, 48 y les dijo: El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el que es más pequeño[bw] entre todos vosotros, ése es grande.

49 Y respondiendo Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no anda con nosotros. 50 Pero Jesús le dijo: No se lo impidáis; porque el que no está contra vosotros, está con vosotros.

Jesús reprende a Jacobo y a Juan

51 Y sucedió que cuando se cumplían los días de su ascensión[bx], El, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de El; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53 Pero no le recibieron, porque sabían que había determinado ir a[by]Jerusalén. 54 Al ver esto, sus discípulos Jacobo[bz] y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma[ca]? 55 Pero El, volviéndose, los reprendió, [cb]y dijo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois,56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.

Lo que demanda el discipulado

57 Y mientras ellos iban por el camino, uno le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y Jesús le dijo: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 A otro dijo: Sígueme. Pero él dijo: Señor[cc], permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre.60 Mas El le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú, ve y anuncia por todas partes el reino de Dios. 61 También otro dijo: Te seguiré, Señor; pero primero permíteme despedirme de los de mi casa. 62 Pero Jesús le dijo: Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

Notas al pie:

  1. Lucas 7:1 Lit., a oídos del pueblo
  2. Lucas 7:2 Lit., para quien él era honorable
  3. Lucas 7:3 O, sanara
  4. Lucas 7:5 O, nuestra nación
  5. Lucas 7:7 Lit., mas habla con una
  6. Lucas 7:7 Lit., muchacho
  7. Lucas 7:11 Algunos mss. dicen: al día siguiente
  8. Lucas 7:11 Lit., y
  9. Lucas 7:19 Lit., ciertos dos
  10. Lucas 7:19 Algunos de los mss. más antiguos dicen: uno diferente
  11. Lucas 7:28 Lit., mujeres
  12. Lucas 7:29 O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos, y así en el vers. 34
  13. Lucas 7:29 O, justificaron a Dios
  14. Lucas 7:30 I.e., expertos en la ley de Moisés
  15. Lucas 7:30 Lit., él
  16. Lucas 7:35 Lit., Y
  17. Lucas 7:36 Lit., se recostó
  18. Lucas 7:37 Lit., recostado
  19. Lucas 7:39 Lit., para sí diciendo
  20. Lucas 7:39 Algunos mss. dicen: el profeta
  21. Lucas 7:41 Un denario valía aprox. 4 gramos de plata, o el equivalente al salario de un día
  22. Lucas 7:45 Lit., no cesaba
  23. Lucas 7:49 Lit., reclinados
  24. Lucas 8:1 Lit., Y sucedió
  25. Lucas 8:13 Lit., y
  26. Lucas 8:13 Lit., quienes creen
  27. Lucas 8:18 O, parece tener
  28. Lucas 8:22 Lit., Y sucedió que
  29. Lucas 8:23 Lit., tempestad de viento
  30. Lucas 8:26 Otros mss. dicen: guerasenos, o, guerguesenos, y así en el vers. 37
  31. Lucas 8:28 Lit., ¿Qué a mí y a ti
  32. Lucas 8:29 Algunas versiones traducen: que hacía mucho tiempo
  33. Lucas 8:29 O, le había atacado con fuerza, y
  34. Lucas 8:32 Lit., a ellos
  35. Lucas 8:36 Lit., salvado
  36. Lucas 8:37 Lit., multitud
  37. Lucas 8:38 Lit., estar con El
  38. Lucas 8:39 O, todo lo que
  39. Lucas 8:39 O, todo lo que
  40. Lucas 8:41 O, principal
  41. Lucas 8:42 O, sólo una hija
  42. Lucas 8:43 Algunos mss. antiguos no incluyen: y que había…cuanto tenía
  43. Lucas 8:45 Algunos mss. antiguos no incluyen: y los…estaban
  44. Lucas 8:48 Lit., salvado
  45. Lucas 8:50 Lit., salvada
  46. Lucas 8:51 O, Santiago
  47. Lucas 9:3 O, mochila, o, bolsa
  48. Lucas 9:10 Lit., El
  49. Lucas 9:11 Lit., las multitudes
  50. Lucas 9:12 Lit., provisiones
  51. Lucas 9:16 Lit., pusieran delante de
  52. Lucas 9:18 Lit., Y sucedió que
  53. Lucas 9:18 Lit., El
  54. Lucas 9:20 I.e., Mesías
  55. Lucas 9:24 O, alma
  56. Lucas 9:24 O, alma
  57. Lucas 9:25 Lit., y
  58. Lucas 9:28 Lit., Y sucedió que
  59. Lucas 9:28 O, Santiago
  60. Lucas 9:29 Lit., centelleando como el rayo
  61. Lucas 9:31 O, relampagueante
  62. Lucas 9:31 Lit., El
  63. Lucas 9:32 Lit., El
  64. Lucas 9:33 O, tiendas sagradas
  65. Lucas 9:35 Algunos mss. dicen: Amado
  66. Lucas 9:36 Lit., ocurrió
  67. Lucas 9:38 O, es mi unigénito
  68. Lucas 9:39 Lit., con
  69. Lucas 9:43 O, majestad
  70. Lucas 9:44 Lit., Poned
  71. Lucas 9:45 Lit., esta palabra
  72. Lucas 9:45 Lit., esta palabra
  73. Lucas 9:46 Lit., se introdujo
  74. Lucas 9:47 Lit., el razonamiento de
  75. Lucas 9:48 O, humilde
  76. Lucas 9:51 Lit., su recepción arriba
  77. Lucas 9:53 Lit., porque su rostro iba hacia
  78. Lucas 9:54 O, Santiago
  79. Lucas 9:54 Algunos mss. agregan: como lo hizo también Elías
  80. Lucas 9:55 Muchos mss. antiguos no incluyen las palabras: y dijo: Vosotros…sino para salvarlas, de los vers. 55 y 56
  81. Lucas 9:59 Algunos mss. no incluyen: Señor
La Biblia de las Américas (LBLA)Copyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation

 

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