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Meditar y cantar

12 Septiembre 2017

Meditar y cantar
por Charles R. Swindoll

Salmos 63

Durante su experiencia en el desierto, David tomó cinco decisiones que le ayudarían a profundizar su conexión con Dios. Primero, decidió imaginar la presencia física del Señor. Luego decidió expresar alabanza a Dios en voz alta. Su tercera decisión fue dedicarse a participar de una disciplina mental que muchos en el siglo XXI no entienden claramente: la meditación. David decidió meditar en el Señor (v. 6).

Cuando en mi cama me acuerdo de ti
medito en ti en las vigilias de la noche.

La meditación hindú y la meditación budista dicen que hay que aclarar la mente de todas las distracciones, incluyendo el pensamiento consciente. Aunque ciertamente es bueno hacer a un lado el congestionamiento mental de las rutinas diarias, el propósito de la meditación hebrea no es ese. Más bien es ocupar ese tiempo pensando en Dios. El término hebreo “meditar” significa analizar, tramar, pensar detenidamente. Se basa en un verbo que originalmente denotaba la idea de un sonido bajo característico de una paloma o el sonido de un león sobre su presa”.

Es como si alguien cerrara los ojos y dijera: “Hmmmm…”

Esta clase de meditación se realiza de manera conciente y considerando la información reunida durante el día. David, “recuerda”, a Dios y luego analiza la información para poder tener una mayor comprensión del Señor y de sus caminos. Según el Salmo 49: 3, la boca habla sabiduría cuando el corazón medita en la Palabra de Dios y de allí viene el entendimiento.

Me parece interesante notar que el versículo 6 se refiere a las vigilias de la noche y su meditación antes de acostarse. Esto sugiere que uno de los mejores momentos para analizar la Palabra de Dios y meditar en Él, es cuando nos vamos a acostar. David dice que ese era el momento cuando él recordaba al Señor. Una noche agitada puede ser calmada por momentos de meditación.

Él decidió cantar con gozo (7-8)

Porque tú eres mi socorro,
bajo la sombra de tus alas cantaré de gozo.
Mi vida está apegada a ti;
tu mano derecha me sostiene.

David se encontraba en el desierto. No tenía ninguna audiencia, ni estaba buscando alguna. Dios era su único objetivo de adoración y su alma se aferraba a Él. David, en su deseo de reforzar su relación con Dios, canta con gozo. Son pocos pero muy bendecidos aquellos discípulos de David que descansan lo suficiente en la presencia de Dios como para cantarle.

Cuando yo estaba en el ejército de infantería viviendo en Okinawa, me hice amigo de un misionero de los Navegantes llamado Bob Newkirk. Él me ayudó en mi desarrollo espiritual en una época cuando necesitaba un mentor. Su vida también estaba pasando por un momento crítico mientras soportaba una prueba severa. Lo supe porque él me lo compartió. Y vi cómo reaccionó ante ella. Él no parecía estar desanimado o perder su amor por Dios. Una noche fui a su casa y su esposa me contó que todavía no había llegado. Me dijo que él estaba en una oficina pequeña en la ciudad de Naha. Tomé el autobús esa noche lluviosa y fui a su oficina. Estaba sacudiéndome los zapatos cuando lo escuché cantando un himno:

Fuente de la vida eterna
y de toda bendición,
ensalzar tu gracia tierna
debe todo corazón.
Tu piedad inagotable
se deleita en perdonar;
sólo tú eres adorable;
gloria a ti debernos dar.
De los cánticos celestes
te quisiéramos cantar,
entonados por las huestes
que viniste a rescatar.
De los cielos descendiste
porque nos tuviste amor;
tierno te compadeciste
y nos diste tu favor.
Toma nuestros corazones,
llénalos de tu verdad,
de tu Espíritu los dones,
y de toda santidad.
Guíanos en la obediencia,
humildad, amor y fe;
nos ampare tu clemencia;
Salvador, propicio sé.

Mi amigo misionero se encontraba cantando a solas en su oficina. Él había aprendido la verdad de este versículo del Salmo 63. En medio de las tensiones de la prueba, mi amigo cantaba con gozo. Mientras le escuchaba sentía como si estuviera en terreno sagrado.

Afirmando el alma
La meditación, esa disciplina mental de comprender a Dios y sus caminos, requiere de silencio y tiempo a solas. Esta noche, antes de que se vaya a dormir, dedique unos treinta minutos a analizar la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que Dios trató de enseñarme hoy? Es más, intente hacer esto durante las próximas noches.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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