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2 Reyes 23 | Hebreos 5 | Joel 2 | Salmo 142

10 NOVIEMBRE

2 Reyes 23 | Hebreos 5 | Joel 2 | Salmo 142

Las palabras del Salmo 2:7, “Tú eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado” son citadas tres veces en el Nuevo Testamento: (a) en Hechos 13:33, donde sirve como una especie de texto-prueba para justificar la resurrección de Jesús; (b) en Hebreos 1:5, donde el autor infiere que por ser Jesús el único Hijo de Dios, es superior a los ángeles, y (c) en Hebreos 5:5, donde se cita para probar que al igual que Aarón no tomó el sumo sacerdocio por sí mismo, sino que Dios lo llamó para esa tarea, así también Jesús fue nombrado por Dios para su sumo sacerdocio.

De manera que el Salmo 2:7 se usa de diferentes maneras para apoyar la resurrección de Jesús, su superioridad sobre los ángeles y para demostrar que cuando Jesús se convirtió en sumo sacerdote, no se asignó la tarea a sí mismo, sino que fue nombrado por Dios. Sin embargo, ninguna de estas aplicaciones del Salmo 2:7 resulta muy obvia.

Es útil recordar dos cosas: Primero, el Salmo 2:7 es un salmo de coronación. Celebra el nombramiento del próximo rey davídico. En ese momento, el hombre se convierte en “hijo de Dios”. En el mundo antiguo, los hijos solían terminar haciendo lo mismo que sus padres. Dios reina con justicia y equidad; el rey, funcionando como “hijo” de Dios, debía hacer lo que hace Dios: entre otras cosas, reinar con justicia y equidad. Y este linaje davídico termina en uno que es el “Hijo” por excelencia.

Segundo, y con el riesgo de simplificarlo demasiado, la cristología del Nuevo Testamento cae dentro de uno de dos patrones. En el primero, el relato de Cristo comienza en la eternidad pasada, desciende en su humillación en este mundo y en la ignominia y vergüenza de la cruz, y se eleva mediante la resurrección y exaltación de Cristo al triunfo. Podemos referirnos a este como el modelo “sube, baja y sube”. Filipenses 2:6–11 y Juan 17:5 son ejemplos memorables. En el segundo, no se menciona el origen de Jesús en la eternidad pasada: es un modelo “baja y sube”. Todo el enfoque está en su triunfo mediante la muerte, resurrección, ascensión y exaltación. Este gran evento redentor alcanza su punto álgido cuando Jesús es nombrado rey, cuando comienza su papel sacerdotal, cuando es “declarado con poder Hijo de Dios por la resurrección” (Romanos 1:4). Esto no quiere decir que no haya cierto sentido en el que Jesús es el Hijo, o el rey, o ejercita funciones sacerdotales, antes de la cruz y de la resurrección. Pero este modelo de cristología no tiene duda alguna en cuál es el momento decisivo de la historia.

Estas son las presuposiciones que existen detrás de los tres usos del Salmo 2:7. Es un ejercicio útil reflexionar sobre ellos otra vez, con estas estructuras en mente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 314). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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