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1 Crónicas 5–6 | Hebreos 10 | Amós 4 | Salmos 148–150

15 NOVIEMBRE

1 Crónicas 5–6 | Hebreos 10 | Amós 4 | Salmos 148–150

Hebreos 10 une muchos de los argumentos anteriores de este libro, a la vez que presenta algunos nuevos. También marca una transición: del 10:19 en adelante, cambia el equilibrio entre la explicación y la exhortación. Ahora, hay mucho más de esta y menos de aquella.

El resumen de la instrucción anterior se encuentra al principio del capítulo: “La ley [mediante la cual el autor se refiere a todo el pacto-ley, incluyendo especialmente al tabernáculo, el sistema sacerdotal y los sacrificios] es sólo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades. Por eso nunca puede, mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que adoran” (10:1).

Por otra parte, “mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo [no en el Lugar Santísimo del antiguo tabernáculo o del templo, sino en la misma presencia del Dios viviente], por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina” (10:19–20). Esto genera una secuencia de cinco declaraciones exhortativas.

(1) Acerquémonos, pues, a Dios (10:22). Si un sacrificio tan pleno y final se ha ofrecido a favor nuestro, aprovechémoslo, acercándonos a este Dios santo “con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe”, precisamente porque nuestras conciencias han sido purificadas.

(2) Mantengamos firme la esperanza que profesamos (10:23). Lo que Cristo llevó a cabo en la cruz es el cumplimiento de los modelos y las predicciones del Antiguo Testamento, pero el punto culminante de lo que él inauguró permanece en el futuro. Nuestra reivindicación y transformación final aún está por venir. Ahora bien, esta esperanza es tan certera como efectivo fue el triunfo de Cristo, “porque fiel es el que prometió” (10:23).

(3) Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras (10:24). No buscamos la consumación como llaneros solitarios del mundo espiritual; los cristianos ahora viven en la comunidad de la iglesia, y en el futuro vivirán en la comunidad de la ciudad celestial.

(4) No dejemos de congregarnos (10:25). Que algunos se batan en retirada no es razón para que lo hagamos nosotros, si verdaderamente comprendemos la grandeza de la salvación de la cual somos partícipes y la gloria que aún está por revelarse.

(5) De manera exhaustiva, animémonos unos a otros; de hecho, y más al ver “que aquel día se acerca” (10:25). Todo el mundo se cansa de vez en cuando, o cae en estados de inquietud o ensimismamiento. Si todos los creyentes se comprometen a animarse unos a otros en el evangelio y todos sus beneficios y promesas, habrá muchos menos fracasos individuales, sobre los cuales el autor advierte en los restantes versículos de este capítulo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 319). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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