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«El que parte leña, en ello peligra»

17 de noviembre

 

«El que parte leña, en ello peligra».

Eclesiastés. 10:9

Los tiranos podían conseguir aquello que querían de los pobres y necesitados con la misma facilidad con que se corta la leña en el bosque; pero tenían que pensárselo bien, pues este es un asunto peligroso y, muchas veces, una astilla que salta de un árbol ha matado al leñador. Jesús se siente perseguido en cada santo al que se injuria, pero es poderoso para defender a sus amados. Debería temblarse ante el éxito obtenido en la vejación del pobre y del necesitado. Si los perseguidores no corriesen peligro aquí, lo correrían en mayor escala en el Más Allá.

Cortar leña es un trabajo común de todos los días; sin embargo, tiene sus peligros. Así también, querido lector, hay peligro en relación con tu llamamiento y con tu vida diaria, y sería conveniente que te dieras cuenta del mismo. No nos referimos a los peligros de la tierra y el mar, de la enfermedad y la muerte repentina, sino a los peligros de orden espiritual. Quizá tu ocupación sea tan humilde como el cortar leña; pero, sin embargo, el diablo puede tentarte en ella. Tal vez seas un sirviente, un jornalero del campo o un mecánico, y posiblemente no corras el riesgo de verte tentado por los vicios más groseros; sin embargo, algún pecado secreto puede perjudicarte. Los que están en casa y no se mezclan con el mundo malvado pueden, no obstante, hallarse en peligro por su mismo aislamiento. En ninguna parte está seguro el que piensa estarlo. El orgullo puede entrar en el corazón de un hombre pobre; la avaricia predominar en el pecho de un aldeano; la impureza introducirse en el hogar más tranquilo; y la ira, la envidia y la malicia insinuarse en las residencias más rústicas. Podemos pecar aun hablando unas pocas palabras a algún sirviente. Una simple compra en algún comercio es susceptible de convertirse en el primer eslabón de una cadena de tentaciones. El solo mirar a través de una ventana puede ser el principio de un mal. ¡Oh Señor, cuán expuestos estamos! ¿Cómo nos protegeremos? El cuidarnos a nosotros mismos es un trabajo demasiado difícil para nosotros; solo tú puedes preservarnos en un mundo lleno de peligros. Extiende tus alas sobre nosotros,

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 332). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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