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1 Crónicas 11–12 | Hebreos 13 | Amós 7 | Lucas 2

18 NOVIEMBRE

1 Crónicas 11–12 | Hebreos 13 | Amós 7 | Lucas 2

La bendición de Hebreos 13:20–21 nos invita a una prolongada reflexión. Algunas observaciones:

(1) La idea central de la oración es doble: primero, que Dios “os” capacite (a los lectores cristianos) “en todo lo bueno para hacer su voluntad”; y segundo, que él haga “en nosotros lo que le agrada” (13:21, énfasis añadido). En otras palabras, se enfatiza en gran manera hacer la voluntad de Dios, en vivir de manera que le agrademos a él. Aunque la oración es para los cristianos, todo está enfocado en Dios y lo que a él le agrada. La oración más importante para los cristianos es que ellos hagan la voluntad de Dios, que Dios obre en ellos lo que le agrada a él.

(2) El cambio de persona, de vosotros a nosotros no significa que la primera petición es únicamente para los lectores y la segunda sólo para el autor. El nosotros seguramente es inclusivo; es decir, que abarca tanto al autor como a sus lectores y, por tanto, implícitamente a todos los cristianos. El giro de vosotros a nosotros bien podría estar motivado, al menos en parte, por un deseo de evitar dar la impresión de que el autor está orando para que otros hagan la voluntad de Dios sin orar lo mismo para sí.

(3) Se hace referencia a Dios como el “Dios de paz” (13:20), lo cual no alude principalmente a una paz psicológica. Se trata de la paz fundamental con Dios (como presuponen los capítulos 9–10), la reconciliación de los rebeldes culpables con su Hacedor y Redentor. El autor le pide al Dios que reconcilia a los pecadores que los capacite para ser conformados a su voluntad.

(4) Este Dios “levantó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo” (13:20). En cierta manera, este es un tema bastante asiduo en el Nuevo Testamento: Dios levantó a Jesús de entre los muertos. Pero este pasaje estipula que Dios lo hizo “por la sangre del pacto eterno” (13:20). La referencia es a la sangre de Jesús, a su muerte que inaugura el nuevo pacto (como demuestran los capítulos 8–10) y este nuevo pacto no es un recurso temporal, sino “eterno” en su autoridad vinculante. Al principio, parece extraño pensar que Dios resucitó a Jesús por la sangre del mismo Jesús y mediante su muerte. Pero probablemente, el pacto eterno inaugurado por la muerte victoriosa de Jesús, su sacrificio completado, su expiación perfecta, expresado por su grito triunfante “¡Consumado es!”, sirve de fundamento para el pacto y establece que es correcto que Dios levante a Jesús y lo vindique.

(5) El propio Jesús es ese “gran Pastor de las ovejas”. Muchas imágenes vienen a nuestra mente. Dios mismo prometió pastorear a su pueblo; de hecho, dijo que enviaría al rey davídico a ejercer este papel (Ezequiel 34). Sobre todo, el Buen Pastor da su vida por las ovejas (Juan 10; ver meditación del 20 de marzo). No debe sorprendernos, entonces, que la oración se ofrezca “por Jesucristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos” (13:21).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 322). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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