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«Tú eres eternamente»

18 de noviembre

«Tú eres eternamente».

Salmo 93:2

Cristo es eterno; de él podemos cantar como David: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo». Regocíjate, creyente, en Jesucristo, que es «el mismo ayer, y hoy y por los siglos». Jesús siempre fue: el niño nacido en Belén era uno con el Verbo, el cual existía desde el principio y por quien fueron hechas todas las cosas. El título por el cual Cristo se reveló a Juan en Patmos fue: «El que es y que era y que ha de venir». Si él no fuera Dios desde la eternidad, no podríamos amarlo tan devotamente, ni comprobar si tuvo alguna parte en el amor eterno que es la fuente de todas las bendiciones del pacto. Pero, puesto que él era desde toda eternidad con el Padre, descubrimos que la fuente del amor divino debemos atribuírsela tanto a él —que es el Hijo— como al Padre y al Espíritu Santo. Y como nuestro Señor siempre fue, así también es para siempre: Jesús no está muerto. Él vive por siempre para interceder por nosotros. Acude a él en todo tiempo de necesidad, pues él está aguardando para bendecirte más aún. Además, Jesús, nuestro Señor, siempre será. Si el Señor preserva tu vida hasta los 70 años, hallarás que su purificadora fuente aún se halla abierta y que su preciosa sangre no ha perdido su virtud; descubrirás también que el Sacerdote que llenó con su sangre la fuente de la salvación, vive para limpiarte de toda iniquidad. Cuando solo te quede por pelear la última batalla, hallarás que la mano de tu glorioso Capitán no se ha debilitado y que el Salvador viviente alienta al santo que agoniza. Cuando entres en el Cielo, encontrarás allí a Jesús exhibiendo el rocío de su juventud; y, a lo largo de la eternidad, el Señor Jesús seguirá siendo la fuente perenne del gozo, de la vida y de la gloria de su pueblo. De esta fuente sagrada puedes sacar aguas vivas. Jesús siempre fue, siempre es y siempre será. Él es eterno en todos sus atributos, en todas sus funciones, en todo su poder; y está deseoso de bendecir, consolar, guardar y coronar a su pueblo elegido.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 333). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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