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Números 22 | Salmos 62–63 | Isaías 11–12 | Santiago 5

13 MAYO

Números 22 | Salmos 62–63 | Isaías 11–12 | Santiago 5

Isaías 1–12 forma la primera parte importante del libro; Isaías 11–12 la cierra con una imagen del rey ideal y de los cambios que traerá, con el Señor adorado en Sion.
Se pasa rápidamente de la destrucción de Asiria en Isaías 10 al establecimiento del reino de Dios en el capítulo 11. Ambos acontecimientos están obviamente relacionados teológicamente: ambos tienen lugar por iniciativa del Señor. Sin embargo, en la profecía de Isaías se produce un gran escorzo (acortamiento de la perspectiva de los tiempos) en el proceso histórico.
En la visión por la cual se le llamó al ministerio profético, Isaías vio una semilla brotando de un tocón, el remanente de Israel (6:13). Ahora, Asiria cae como un poderoso bosque derribado por el hacha de Dios (10:33–34) y una vara sale del tronco de Isaí (11:1), es decir, de la dinastía davídica. Si en 4:2 el renuevo se refería al remanente, o a la obra salvadora del Señor por medio de este, aquí lo hace explícitamente al Mesías. “Mesías” significa simplemente “ungido”, por lo que cada rey ungido en el linaje de David era uno de ellos en este sentido. Sin embargo, sólo el Mesías definitivo podía llenar el hueco descrito aquí. Fortalecido de forma única por el Espíritu de Dios (11:2–3a; cp. Juan 3:34), su reinado es impecablemente justo (11:3b–5), la antítesis de la corrupción existente en la nación, que ha atraído el juicio de Dios. El gobierno del Mesías será tan perfecto y absoluto que la muerte y la destrucción morirán: el escenario definitivo que presenta será ideal (11:7–9).
Los versículos 10–16, la segunda parte del capítulo 11, revelan algunos de los elementos simbólicos de los versículos precedentes. El pueblo del pacto de Dios se reúne con él (11:11–16), pero a su alrededor están las naciones que también irán en su busca (11:10). El pendón levantado sobre esta inmensa asamblea (11:10, 12) señala el reinado del Mesías, “y glorioso será el lugar donde repose” (11:10). Por un lado, el “remanente” así reunido se refiere a los supervivientes del Israel histórico (11:12), pero en el escorzo profético también son la generación del pueblo de Dios, escogido y fiel, en los últimos días.
La alabanza del capítulo 12 se dirige al “Santo de Israel”, uno de los títulos de Dios en Isaías. En el capítulo 11, el Mesías está en medio de su pueblo y es alabado. Es fácil ver que la presencia del Mesías y la de Dios son la misma cosa, así como en Isaías 9:2–7 el rey davídico es también el poderoso Dios. Aquí tenemos la consumación de la salvación: “¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡él es mi salvación! Con alegría sacaréis agua de las fuentes de la salvación” (12:2–3).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 133). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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