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Números 23 | Salmos 64–65 | Isaías 13 | 1 Pedro 1

14 MAYO

Números 23 | Salmos 64–65 | Isaías 13 | 1 Pedro 1

La segunda sección importante de Isaías, los capítulos 13–27, se centra en las naciones. Esta palabra del Señor por medio de Isaías no se entrega realmente a las naciones, sino que se pronuncia contra ellas ante el pueblo de Judá y Jerusalén. En un sentido general, el mensaje es parecido al de la primera parte del libro (caps. 1–12): la salvación pertenece únicamente al Señor, por lo que solo se debe confiar en él. La denuncia de las naciones incluye, por tanto, paréntesis tranquilizadores para Judá (p. ej., 14:1–2) y acaba con la liberación del pueblo de Dios (caps. 26–27).

Isaías 13 es un oráculo contra Babilonia. Debido a que en la época de Isaías la principal amenaza militar era Asiria y no Babilonia, muchos críticos piensan que este capítulo es una interpolación posterior, escrita siglo y medio más tarde (alrededor de 550 a.C.), cuando Babilonia no solo había alcanzado la supremacía, sino que ya estaba en declive, ante el empuje del imperio medopersa (véase 13:17). Esta opinión es demasiado escéptica. La introducción al oráculo afirma sin ambigüedades que Isaías, hijo de Amoz, vio esta visión (13:1). Además, Isaías 39 muestra que incluso en la época de este profeta, aunque Babilonia no constituía una amenaza como Asiria, ya era un poder emergente. Sin embargo, lo más importante quizás es que la historia de los babilonios se remontaba a la torre de Babel (Génesis 10:9–10; 11:1–9) y, por tanto, podía servir como símbolo de todas las naciones que desafían al Dios de Israel, un simbolismo que persiste incluso en el Nuevo Testamento (p. ej., Apocalipsis 17–18), mucho después de la desaparición histórica de esa nación. El desplome definitivo de “Babilonia” tiene lugar cuando “LA GRAN BABILONIA, MADRE DE LAS PROSTITUTAS Y DE LAS ABOMINABLES IDOLATRÍAS DE LA TIERRA”, que “se había emborrachado con la sangre de los santos y de los mártires de Jesús” (Apocalipsis 17:5–6), es destruida en el triunfante amanecer del reinado del Señor Dios Todopoderoso (Apocalipsis 19:6), de aquel que es llamado “Fiel y Verdadero” y cuyo nombre es “el Verbo de Dios” (Apocalipsis 19:11, 13).

Nótense tres características de este oráculo: (a) una vez más, el “día del Señor” (Isaías 13:6) no sólo está vinculado con la venida del Señor, sino con su juicio. Es un día “cruel, de furor y ardiente ira” (13:9) para los que se oponen al Dios viviente; (b) como algo típico de la poesía hebrea, este día está relacionado con las señales celestiales; es como si toda la naturaleza tuviese que unirse a estos acontecimientos, porque su importancia es universal (13:10; cp. Hechos 2:20); (c) La raíz del pecado que debe destruirse es la arrogancia (13:11, 19).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 134). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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