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Números 24 | Salmos 66–67 | Isaías 14 | 1 Pedro 2

15 MAYO

Números 24 | Salmos 66–67 | Isaías 14 | 1 Pedro 2

El pequeño párrafo de 1 Pedro 2:13–17 está lleno de amonestaciones morales que se encuentran en otros pasajes del Nuevo Testamento. En la meditación de hoy, clarificaremos brevemente los puntos principales y observaremos los temas de apoyo en dicho texto.

Primero, como Pablo en Romanos 13, Pedro dice a sus lectores que se sometan a toda autoridad humana debidamente constituida y que lo hagan “por causa del Señor” (2:13–14). Implícitamente, Pedro reconoce que Dios establece tales autoridades humanas y que sus funciones correctas (o al menos una de ellas) es fomentar la justicia. Segundo, la voluntad de Dios es siempre que los cristianos hagan “callar la ignorancia de los insensatos” (2:15) haciendo el bien. Un comportamiento sellado por la cortesía, el respeto y la integridad no predica el evangelio por sí solo pero consigue oyentes para el mismo, preparándole al mismo tiempo el camino y confiriéndole autoridad. Tercero, nuestra libertad de la ley-pacto nunca debe volverse una excusa para el libertinaje: debemos vivir “como siervos de Dios” (2:16). Finalmente, siempre es bueno y correcto mostrar el debido respeto a todo el mundo. Dios nos creó a todos a su imagen. Sin embargo, el significado de “debido” puede adquirir diferentes matices en distintos niveles: “Dad a todos el debido respeto: Amad a los hermanos, temed a Dios, respetad al rey” (2:17).

Los versículos anteriores y posteriores refuerzan esta perspectiva. (a) Los cristianos son “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios”, cuya existencia tiene un propósito, declarar la alabanza de aquel que los llamó “de las tinieblas a su luz admirable” (2:9). La transformación de su conducta es el testimonio que acredita su verdadera pertenencia a Dios (2:10, 25). (b) Esto significa también que ya no pertenecemos al mundo. Aquí vivimos como “extranjeros y peregrinos” (2:11). Si no pensamos en esos términos, y estamos francamente cómodos con el mundo y sus caminos, deberíamos preguntarnos si formamos parte realmente del “pueblo que pertenece a Dios”. Esta es la suposición que Pablo hace cuando escribe: “Mantened entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque os acusen de hacer el mal, ellos observen vuestras buenas obras y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (2:12). (c) Si cualquiera de estas cosas implica dificultades o sufrimiento, como ocurrió especialmente en el caso de los esclavos cuyos amos eran crueles e injustos, nunca podemos olvidar que seguimos a un Maestro que sufrió de la forma más injusta. No existen valores morales que hagan que suframos lo merecido. Demostramos ser seguidores de Jesucristo cuando sufrimos de forma injusta y lo soportamos fielmente. “Para esto fuisteis llamados; porque Cristo sufrió por vosotros, dándoos ejemplo, para que sigáis sus pasos” (2:21).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 135). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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