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Deuteronomio 3 | Salmo 85 | Isaías 31 | Apocalipsis 1

30 MAYO

Deuteronomio 3 | Salmo 85 | Isaías 31 | Apocalipsis 1

Aunque Isaías 31 comienza en un plano histórico, el texto se fija en un horizonte más distante y en una esperanza más amplia, como ocurre tantas veces en esta profecía.

Por un lado, Isaías sigue pronunciando lamentos divinos sobre “los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra… pero no toman en cuenta al Santo de Israel, ni buscan al Señor” (31:1). El profeta recurre al sarcasmo: Dios “es también sabio, y traerá calamidad” (31:2), así como a la metáfora: el Señor puede asemejarse a un león perfectamente capaz de luchar (31:4) o a una bandada de aves que saben cómo proteger a los suyos (31:5). Esta idea lleva al lector a los versículos esenciales de este capítulo, los únicos escritos en prosa: “Israelitas, ¡volveos a aquel contra quien os habéis rebelado tan abiertamente! Porque en aquel día cada uno de vosotros rechazará los ídolos de plata y oro que vuestras propias manos pecadoras fabricaron” (31:6–7).

No hay alternativa al arrepentimiento, no hay otra forma de experimentar la bendición del Señor. La naturaleza del arrepentimiento en la Escritura descarta el sinsentido de un arrepentimiento parcial o supeditado. El arrepentimiento genuino no se aparta de un pecado mientras sigue en los demás; si este fuese parcial, sería tan incongruente como un embarazo parcial. La lealtad a Dios solo en áreas selectivas no es lealtad, sino traición. Arrepentirse de ser desleal en ciertos aspectos, prefiriendo seguir siéndolo en otros, no es en absoluto arrepentimiento. Dios no nos pide que dejemos a este ídolo o a aquel, permitiéndonos seguir alimentando a muchos otros; él exige que abandonemos totalmente la idolatría y volvamos al Dios contra el que nos hemos “rebelado tan abiertamente”, porque él es más que capaz de defender a su pueblo del poder de Asiria, de blandir una espada “no de hombre” (31:8). El cumplimiento literal de esta promesa es 37:36 (véase la meditación del 5 de junio).

Los indicios de una liberación aún mayor en un futuro lejano no son difíciles de encontrar. Una vez más, Isaías predice lo que ocurrirá “en aquel día” (31:7), esa significativa expresión que señala tan habitualmente el escorzo profético. Aunque la pérdida de casi doscientos mil soldados asirios, referida en 37:38, tuvo lugar en 701 a.C., la caída definitiva de Asiria y de su capital, Nínive, descrita en los versículos finales de este capítulo, no ocurriría hasta un siglo después (612). Además, las referencias al fuego de Dios en Sion (31:9) recuerdan 4:2–6 y 29:5–8, visiones de la destrucción de todos los enemigos de Sion y del reinado futuro del Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 150). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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