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Josué 12–13 | Salmo 145 | Jeremías 6 | Mateo 20

10 JULIO

Josué 12–13 | Salmo 145 | Jeremías 6 | Mateo 20

Algunas reflexiones acerca de las advertencias de Jeremías 6:

(1) Benjamín (6:1), que junto a Judá permaneció leal a la dinastía davídica, no siendo por tanto deportada por Asiria junto a los otras 10 tribus, se encuentra al norte de Jerusalén. Así pues, cuando las hordas enemigas se acercaban “desde el norte”, podríamos pensar que Jeremías les aconsejó huir hacia el sur hasta Jerusalén, la ciudad mejor defendida de toda la región. Sin embargo, el profeta dice a Benjamín que huya de ella, lo cual constituye esencialmente una predicción de que la propia Jerusalén sería totalmente destruida y nadie podría refugiarse en ella.

(2) El texto hebreo del versículo 4 dice literalmente: “¡Santificad batalla contra ella!”. Toda guerra era “sagrada” en el antiguo Oriente Próximo. Los poderosos ejércitos paganos disponían de astrólogos y luchaban bajo la protección de diversas deidades. Las siguientes líneas describen una batalla típica. Los confrontaciones comenzaban por la mañana después de que ambos bandos hiciesen sus preparativos, continuando durante todo el día hasta el crepúsculo, momento en que los contendientes se retiraban habitualmente del campo de batalla. No obstante, aquí el enemigo prosigue con su ataque por la noche (6:5), indicando una lucha de crueldad y ferocidad inusitadas.

(3) La raíz de la acusación contra los ciudadanos de Jerusalén y Judá es que no prestan atención alguna a la palabra del Señor. Cuando el profeta pronuncia advertencias, sus oídos están “tapados” (6:10), literalmente “incircuncisos”, “y no pueden comprender (véase la meditación de ayer). ¿Por qué? ¿Cuál es el problema? No están sordos físicamente, pero “la palabra del Señor los ofende; detestan escucharla” (6:10). Entretanto, los profetas y sacerdotes, según el Señor, “curan por encima la herida de mi pueblo, y les desean: ‘¡Paz, paz!’ ” (6:14). En otras palabras, la mayor parte de los líderes religiosos no están ocupándose de los pecados del momento no buscando reformar al pueblo de Dios. Más bien, dan charlas relajadas para personas ocupadas, evitando sobre todo temas como el juicio y el castigo. Su conducta es vergonzosa (6:15), porque no están advirtiendo ni reformando al pueblo, pero, lejos de sentirse avergonzados, “ni siquiera saben lo que es la vergüenza” (6:15). Se engañan creyendo que están haciendo lo correcto. Sin embargo, el profeta de Dios debe preguntar “por los senderos antiguos” y “por el buen camino”, no apartándose del mismo (6:16). No se trata de un llamamiento al tradicionalismo sin límites, sino a la revelación del pacto heredada, de la Palabra de Dios, que se está abandonando en favor de una ilusión consoladora. El pueblo dijo: “No prestaremos atención” (6:17). Dios dice: ellos “rechazaron mi enseñanza” (6:19).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 191). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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